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Escena VI
LUISA.
LUISA. Gran curiosidad
tengo de ver lo que pasa en el banquete de hoy. Apuradísimo va a estar el Marqués del Majano. Estará
(aunque sea pícara comparación) como burro, no entre dos, sino entre tres
piensos. ¡Tremendo conquistador es el tal marqués! Pretende a la Condesa, continuando los antiguos coqueteos que tuvo
con ella en Madrid; por sus millones trata de enamorar a Doña Ramona; y lo que
es yo, bien puedo estar orgullosa, ya que, sin antecedentes ni condado, ni
dinero, le he dado flechazo y me requiebra y se me declara cada vez [321] que
me ve. Si Alfredito lo nota va a ponerse celoso y será
capaz de dar un escándalo. (Suena un
campanillazo.) Está de Dios que he de
ser portero en esta casa. Sin duda será
Currito con el ramo de flores, presente del señor cura. Voy a abrirle y voy a dejar la puerta abierta para no tener que
abrir a los convidados, que pronto irán llegando. La gente es
de fiar en esta tierra; y, además, si hubiera ladrones, buen chasco se
llevarían. ¿Qué habían de robar; como no me
robasen a mí o a Alfredito que somos aquí las joyas de mayor precio? (Sale
a abrir y vuelve seguida del marqués.)
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