|
Escena II
LUISA seguida de CURRITO que aparece con la
guitarra y armado de un fiero garrote.
LUISA.
Qué tontería, muchacho. Si no fuese por la guitarra te parecerías a la sota de
bastos.
CURRITO.
Hombre prevenido nunca fue vencido. Este bastoncito me presta cierta
autoridad y me sirve de apoyo.
LUISA.
Conste que yo no sabía que venías tan bien armado. Si lo hubiera sabido no te
dejo que entres.
CURRITO.
No tendrás de qué arrepentirte. Yo no abusaré de mis fuerzas ni de mis armas, y
las emplearé sólo en caso de absoluta necesidad y para mi propia defensa.
[329]
LUISA.
Eres buen chico. El cielo, por mi medio, premiará tu paciencia, tu prudencia y
todas tus otras virtudes. Esta noche verás y hablarás a Doña Ramona; pero
conviene aguardar la ocasión propicia. Escóndete en esta alacena. (Le
lleva hacia ella, abre, le hace entrar y entorna la puerta.) No te
encierro. La puerta queda entornada; pero no salgas mientras yo no te llame o
mientras no creas que alguna persona, de ti muy querida, se halla en peligro
inminente.
CURRITO.
(Desde dentro de la alacena entornada.) Mi guitarra queda
fuera, sobre una silla. El garrote me lo guardo por lo que pueda ocurrir.
LUISA. Ten calma y juicio. (Retirándose y hablando consigo misma.) Esta chacha Jacintica es peor que Barrabás. Tiene citado
al Marqués para que conquiste por asalto el vellocino de oro. Dentro de poco
escalará la tapia del jardín y subirá por este balcón. No quiero que me halle
aquí. Ramona y yo estaremos a la mira. Bueno será que reciba una lección, pero
que no sea muy dura. (Vase por el lado izquierdo.)
|