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Juan Valera
Amor puesto a prueba

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  • Acto II
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Escena IV

Dichos, LUISA y RAMONA.

LUISA Y RAMONA (A dúo.) ¡Gloria, al vencedor! ¡Bien por Currito!

 

RAMONA (Adelantándose.)  Señor Marqués, éste es justo castigo que se le impone por haber escalado mi casa, por haberse fiado de una infiel y pérfida servidora, y por haber querido ganarse mi voluntad, apelando a la astucia, a la violencia y a otros medios inicuos. Breves instantes permanecerá usted encerrado ahí si nos promete perdonar el pequeño agravio que se le ha hecho y no aspirar a la venganza. De lo contrario mi abuelito lo sabrá todo y daremos parte al señor Alcalde, y nosotras dos y las criadas de casa, y la misma   [332]   chacha Jacintica, arrepentida de su fechoría, declararemos que Currito le encerró a usted ahí creyéndole un malhechor y para defender nuestra vida, nuestra hacienda y nuestro decoro. Créanos usted, pelillos a la mar y perdone la broma, aunque algo pesada. En los lugares, como no hay teatros ni bailes ni grandes tertulias, es necesario apelar, para entretenerse, a este y otros candorosos jugueteos. Con que... sea usted magnánimo... y perdónenos.

 

LUISAÉcheme usted a mí toda la culpa, señor marqués; dénos su palabra de caballero de que nos perdona, y al punto se le dejará salir.

 

MARQUÉSCruel ha sido la burla, pero reconozco que lo mejor es aguantarla y perdonarla. Doy mi palabra de honor de que la perdono y de que no procuraré vengarme.

 

LUISA.  Entonces, yo te absuelvo, te liberto y te redimo.  (LUISA abre la puerta de la alacena y pone en libertad al MARQUÉS.) 

 

MARQUÉS.  Después de todo, aun tendré que dar a ustedes las gracias.

 

LUISA.  Pues con mayor motivo me las dará cuando sepa la ventura que le tengo preparada. Don Tadeo duerme a pierna suelta en un extremo de esta casa, sin oír ni sospechar el jaleo que estamos armando. En la sala estrado que está inmediata, se encuentra la chacha Jacintica, como   [333]   venerable dueña, muy a propósito para imponer respeto a ustedes y para refrenar en otros la maledicencia. Vayan ustedes, pues, a la sala estrado y entreténganse conversando entre sí y con la chacha Jacintica, como los cuatro más juiciosos personajes del mundo. Yo necesito quedarme aquí sola, por breves instantes, para dar cima a una aventura que tengo empezada. Yo también tengo aventuras. No es sólo mi señora doña Ramona quien las tiene. Ea, largo de aquí.  (LUISA empuja a los tres y los echa de la escena por el lado izquierdo.) 

 




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