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Escena IV
Dichos, LUISA y RAMONA.
LUISA Y RAMONA. (A dúo.) ¡Gloria,
al vencedor! ¡Bien por Currito!
RAMONA.
(Adelantándose.) Señor Marqués, éste es justo castigo que se
le impone por haber escalado mi casa, por haberse fiado de una infiel y pérfida
servidora, y por haber querido ganarse mi voluntad, apelando a la astucia, a la
violencia y a otros medios inicuos. Breves instantes permanecerá usted
encerrado ahí si nos promete perdonar el pequeño agravio que se le ha hecho y
no aspirar a la venganza. De lo contrario mi abuelito lo sabrá todo y daremos
parte al señor Alcalde, y nosotras dos y las criadas de casa, y la misma
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chacha Jacintica, arrepentida de su fechoría, declararemos que Currito le
encerró a usted ahí creyéndole un malhechor y para defender nuestra vida,
nuestra hacienda y nuestro decoro. Créanos usted, pelillos a la mar y perdone
la broma, aunque algo pesada. En los lugares, como no hay teatros ni bailes ni
grandes tertulias, es necesario apelar, para entretenerse, a este y otros
candorosos jugueteos. Con que... sea usted magnánimo... y perdónenos.
LUISA. Écheme usted a mí toda la
culpa, señor marqués; dénos su palabra de caballero de que nos perdona, y al punto
se le dejará salir.
MARQUÉS.
Cruel ha sido la burla, pero reconozco que lo mejor es aguantarla y perdonarla.
Doy mi palabra de honor de que la perdono y de que no procuraré vengarme.
LUISA.
Entonces, yo te absuelvo, te liberto y te redimo. (LUISA abre la puerta de la alacena
y pone en libertad al MARQUÉS.)
MARQUÉS. Después de todo, aun
tendré que dar a ustedes las gracias.
LUISA.
Pues con mayor motivo me las dará cuando sepa la ventura que le tengo
preparada. Don Tadeo duerme a pierna suelta en un extremo de esta casa, sin oír
ni sospechar el jaleo que estamos armando. En la sala estrado que está
inmediata, se encuentra la chacha Jacintica, como [333]
venerable dueña, muy a propósito para imponer respeto a ustedes y para refrenar
en otros la maledicencia. Vayan ustedes, pues, a la sala estrado y
entreténganse conversando entre sí y con la chacha Jacintica, como los cuatro
más juiciosos personajes del mundo. Yo necesito quedarme aquí sola, por breves
instantes, para dar cima a una aventura que tengo empezada. Yo también tengo
aventuras. No es sólo mi señora doña Ramona quien las tiene. Ea, largo de aquí.
(LUISA empuja a los tres y los echa de la escena por el lado
izquierdo.)
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