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Escena VIII
Dichos y DON TADEO,
la CONDESA y el PADRE CLEMENTE, que entran de súbito por el lado
derecho.
PADRE
CLEMENTE. (Señalando con el dedo el grupo que forman los dos
amantes.) ¿Lo ve usted, señora condesa? ¿Lo ve usted? Era
indispensable que usted lo viese para que se convenciera de que yo no sueño ni
deliro. Su hijo de usted persigue a mi inocente sobrina y quiere hacerla
víctima de su seducción.
CONDESA. ¿Qué abominable
extravío es el tuyo? ¿A qué malvadas desenvolturas te has entregado? [336] (Para
sí.) Y entretanto, ese infame Marqués del Majano, que fingía amarme y
perseguirme, se casará con la millonaria. No sé cómo lo sufro.
DON
TADEO. Caballerito, usted ha faltado al respeto que a mis canas se debe y
ha venido a atropellar y a desautorizar mi casa.
ALFREDO. (Levantándose
y dirigiéndose a los tres.) Ea, señores. Baste ya de reprimendas. Yo no falto al respeto a nadie, ni atropello, ni seduzco,
ni gasto malvadas desenvolturas. Estoy perdidamente enamorado de Luisa y quiero
casarme con ella, y con ella me casaré, esperando que el Padre Clemente me
conceda su mano y que mamá me dé su permiso. Pido, pues, permiso a mamá, y al
Padre Clemente la mano de su sobrina.
PADRE
CLEMENTE. ¿Y tú, Luisita, ¿te callas? Y tú, ¿qué dices?
LUISA. (Que habrá
estado muy modesta, avergonzada y con los ojos bajos.) Yo... ¿qué he
de decir? Que sea lo que Dios quiera... que se
cumpla su santa voluntad.
PADRE
CLEMENTE. Y sobre todo si está de acuerdo con la tuya; pero es el caso
que... mi sobrina no tiene dote. Lo más que puedo yo darle es media peseta de
las dos que gano al día, entre sueldo, pie de altar y otras obvenciones. Brillante papel harán estos
Condes en la corte con tales rentas.
CONDESA. Sí, Alfredito; sí, Luisa; consideradlo bien. Es enorme
desatino lo que pretendéis.
[337]
ALFREDO.
Será desatino enorme, pero es mi voluntad. Mi amor es invencible y de él
depende mi dicha. Yo no necesito ir a la corte. Jamás saldremos de este lugar.
Nuestra vida será un perfecto idilio.
PADRE
CLEMENTE. Pues
si es así, que se casen. ¿Consiente usted en que se casen señora condesa?
CONDESA. Consiento en que se
casen ya que no hay otro remedio.
DON
TADEO. Sí le hay. El remedio le dará doña Ramona. (Alzando la
voz.) Doña Ramona, ven aquí.
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