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| Juan Valera El Caballero del Azor IntraText - Concordancias (Hapax Legomena) |
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1 IV | la acusación en palenque abierto contra los defensores de
2 V | Raimundo era un monstruo abominable, por lo cual el rey pudo
3 V | porque don Raimundo era muy aborrecido y porque en aquella edad
4 II | despidió del abad, y éste le abrazó y le bendijo. ~Dos horas
5 I | orden. ~En una tarde de abril, terminadas las vísperas,
6 IV | la inmensa desventura que abrumaba a aquella familia. Don Fruela,
7 I | se hubiera visto correr abundante sudor por sus encendidas
8 I | esmero y recogiendo en ellos abundantes cosechas, y famosa, porque
9 I | llegado a su colmo. Plácido acababa de alcanzar brillante triunfo.
10 I | y enérgicas palabras la acción de todos, ordenó a Plácido
11 III| lebreles y sus monteros se acercaban ya. Afrentado el mozo, aunque
12 III| y espíritus de la selva, acercaron sus rostros y se dieron
13 IV | rodela, en cuya planta de acero figuraba en esmalte, sobre
14 III| la siguió para salvarla y acertó a llegar cuando el caballo
15 V | palenque rompió en estrepitosas aclamaciones y vítores. El Caballero
16 I | apoyado contra el muro y acosado por ellos. ~Fue todo tan
17 I | y aficionados a la vida activa, salían de allí para ser
18 IV | Fruela tan odiado, que nadie acudía a defenderle. Sólo faltaban
19 I | que permanecía cristiana, acudían a instruirse en armas y
20 I | rápido, que nadie había acudido a interponerse y a restablecer
21 III| Plácido se apeó con ligereza, acudió en su auxilio y la levantó
22 V | calumniadores a los que le acusaban y retó a los tres, o sucesivamente
23 IV | estaban prontos a sostener la acusación en palenque abierto contra
24 IV | aquella familia. Don Fruela, acusado de alta traición, estaba
25 IV | ser condenado a muerte. Su acusador era don Raimundo, mayordomo
26 V | Bernardo del Carpio, serás en adelante conocido y famoso en todos
27 I | voz, fue tan imponente el ademán de aquel muchacho, que se
28 | además
29 I | y que candorosamente le admiraba. De aquí la envidia que
30 III| él y de ella se trocó en adoración el afecto y se iluminó y
31 I | monjes, y los belicosos y aficionados a la vida activa, salían
32 III| sorprendido, le castigaba y le afrentaba furioso. La jauría de sus
33 III| ella que por la suya. Era ágil y ligero como un gamo; conocía
34 I | estudio y con la robustez y agilidad que mostró en todos los
35 III| disparasen contra él sus agudas flechas. ~-¡Sálvate, Plácido,
36 V | entonces los ojos con cariñoso ahínco en el rostro hermosísimo
37 V | para Bernardo, muriendo ahogado entre sus brazos hercúleos
38 III| ha salvado de la muerte. Ahora huyo, pero tal vez un día
39 V | provechosamente su justicia mandándole ahorcar, como le ahorcaron con general
40 V | mandándole ahorcar, como le ahorcaron con general regocijo de
41 I | dando al joven poeta mil alabanzas y bendiciones. ~Sus malos
42 III| Desde muy niño, desde el albor de su vida, de que no tenía
43 I | colmo. Plácido acababa de alcanzar brillante triunfo. Había
44 I | novicios, de nobilísima alcurnia francesa, intervino en la
45 III| y ordenó a su mujer que alejase al expósito del trato y
46 | Algo
47 | algunas
48 III| veinte años de edad, con aliento y brío y con caballo y armas, ¿
49 III| Elvira sintieron que sus almas se habían unido con el lazo
50 II | un arroyo, entre cerros altísimos. ~
51 III| El castillo estaba en una altura muy cercana de la costa.
52 I | venerable siervo de Dios, que le amaba como a un hijo y que candorosamente
53 III| humillación le hizo verter amargas lágrimas. ~El feroz don
54 IV | buenaventura en lides y amores que ellas y yo te deseamos. ~
55 V | ciertos vetustos e inéditos Anales de la orden de San Benito,
56 I | apartaron todos, formando ancho cerco en torno suyo. ~Cayó
57 I | ciencia. ~Las cosas del mundo andaban muy mal en aquella edad.
58 IV | supo todo esto, el rencor antiguo se convirtió en lástima
59 V | él y él de ella. ~Por los antiguos romances y por la historia
60 IV | le llevase si por dicha aparecía por el castillo. ~El anciano
61 V | Raimundo fueron sucesivamente apareciendo. Los combates fueron muy
62 I | encararon con él, aunque él se apartaba de ellos con mansedumbre
63 I | vayáis tantos contra él; apartaos; dejádmele a mí solo; yo
64 I | de aquel muchacho, que se apartaron todos, formando ancho cerco
65 IV | don Fruela, el cual había apelado al juicio de Dios. Pero
66 IV | y su hija te declaran y apellidan Caballero del Azor, y te
67 II | pinar espeso y por senda apenas trillada, que iba serpenteando
68 III| el menor daño. Plácido se apeó con ligereza, acudió en
69 III| feroz don Fruela, lejos de apiadarse, le azuzó los perros para
70 I | humildad profunda, con su aplicación constante, con la rara inteligencia
71 I | contra otros tres o cuatro, apoyado contra el muro y acosado
72 III| jugaban los niños y juntos aprendieron a leer y la doctrina cristiana. ~
73 V | de reposar en Oviedo y de aprestarse para el combate, sonaron
74 | aquellos
75 I | abadía de que hablamos al arca santa en que se custodiaban
76 II | cabalgaba Plácido, solo y armado, por medio de un pinar espeso
77 II | Hugo, el capitán de los arqueros, tiene orden mía para entregarte
78 IV | derecho y en su valentía, sin arredrarse, se acercó a la puerta del
79 III| seis años hacía le habían arrojado de otro asilo con severidad
80 II | junto a la orilla de un arroyo, entre cerros altísimos. ~
81 I | enseñaban indistintamente las artes de la paz y de la guerra;
82 III| sombría. En aquella soledad asaltaron a Plácido mil ideas tristes.
83 V | donde estaba encerrado. Se aseó y se atavió con esmero,
84 I | cual paró los golpes que le asestaba, sin recibir ninguno, y
85 | Así
86 IV | cabeza por el capirote y asido por la pihuela a una blanca
87 III| aquellos mares e invadían y asolaban a menudo las costas de España;
88 III| que estaba en la dura y áspera tierra. Una lluvia de infamantes
89 V | encerrado. Se aseó y se atavió con esmero, de suerte que
90 II | todo lo ocurrido y no me atrevo a culparte. La afrenta que
91 I | allí para ser guerreros y aun grandes capitanes. ~Cincuenta
92 | aún
93 IV | pensado en él durante su ausencia, y le dijo que habían dejado
94 III| con ligereza, acudió en su auxilio y la levantó en sus brazos. ~
95 V | Pocos días después pudo averiguarse que don Raimundo, el mayordomo
96 III| lejos de apiadarse, le azuzó los perros para que le devoraran,
97 II | II -~-En balde he esperado, hijo mío, hacer
98 I | defenderse de las invasiones de bandidos, de barones poderosos y
99 I | en aquella edad. Tremenda barbarie había invadido casi todas
100 V | Benito, escritos en latín bárbaro en el siglo X y conservados
101 I | invasiones de bandidos, de barones poderosos y desalmados o
102 I | sacerdotes o monjes, y los belicosos y aficionados a la vida
103 I | Virgen María, tan lleno de bellezas y tan rico de amor místico,
104 I | joven poeta mil alabanzas y bendiciones. ~Sus malos compañeros,
105 II | abad, y éste le abrazó y le bendijo. ~Dos horas después cabalgaba
106 I | una espléndida abadía de benedictinos. El abad Eulogio pasaba
107 V | Anales de la orden de San Benito, escritos en latín bárbaro
108 IV | entrada. El escudo de piedra berroqueña, que había sobre la puerta
109 II | muchas lágrimas de gratitud y besándole respetuosamente las manos,
110 III| sus rostros y se dieron un beso. Plácido se creyó por breves
111 V | y le cubrió el rostro de besos, exclamando: ~-¡Hijo mío,
112 V | con pasmosa destreza y bizarría, logró que en menos de media
113 IV | asido por la pihuela a una blanca mano que parecía de mujer. ~-
114 I | tierra, maltrecho y con la boca ensangrentada, al primero
115 V | magníficas fiestas en Oviedo. Las bodas de Bernardo del Carpio y
116 II | emplear su dinero. Toma esta bolsa llena de oro; Hugo, el capitán
117 I | convirtió entonces de repente en bravo león. Por dicha no tenía
118 V | sabe que aquella lucha a brazo partido, que interrumpió
119 I | nacientes, donde, entre breñas y riscos, se guarecían los
120 I | Plácido acababa de alcanzar brillante triunfo. Había compuesto
121 III| años de edad, con aliento y brío y con caballo y armas, ¿
122 I | semejado dos estatuas de bronce, si no se hubiera sentido
123 I | custodiaban el saber y las buenas costumbres y en que la humana
124 IV | Caballero del Azor, la buenaventura en lides y amores que ellas
125 I | con desdén, le hacían mil burlas y hasta le dirigían improperios,
126 III| tal vez un día vuelva a buscarte y a exigirte su mano como
127 II | bendijo. ~Dos horas después cabalgaba Plácido, solo y armado,
128 I | consagradas a ejercicios caballerescos, vestían el hábito de la
129 II | corceles que hay en nuestras caballerizas. Corre, revístete a escape
130 IV | mayordomo de Palacio. Tres caballeros de la casa de don Raimundo
131 IV | gules, un azor, cubierta la cabeza por el capirote y asido
132 | cada
133 III| a su padre. Plácido dejó caer al suelo el venablo. La
134 I | ambos. Ninguno cejaba ni caía. Hubieran semejado dos estatuas
135 V | del Azor, con la visera calada y la lanza en la cuja. ~
136 I | se la echaron en rostro y calificaron a su madre de la más infame
137 V | inocencia de don Fruela, llamó calumniadores a los que le acusaban y
138 V | introducido en la regia cámara. ~El rey, informado de todo
139 IV | generosa, y resolvió ser el campeón de quien tan rudamente le
140 V | juntos contra él solo. Los campeones de don Raimundo fueron sucesivamente
141 IV | vio ni hombres de armas ni campesinos. El puente levadizo, tendido
142 IV | figuraba en esmalte, sobre campo de gules, un azor, cubierta
143 I | amaba como a un hijo y que candorosamente le admiraba. De aquí la
144 III| Fruela deseaba. En las mentes candorosas de él y de ella se trocó
145 I | entusiasmados los monjes, le habían cantado en el coro, dando al joven
146 IV | cubierta la cabeza por el capirote y asido por la pihuela a
147 II | bolsa llena de oro; Hugo, el capitán de los arqueros, tiene orden
148 I | guerreros y aun grandes capitanes. ~Cincuenta novicios había
149 III| Plácido, recogido por caridad en el castillo, e hijo de
150 III| habían unido con el lazo del cariño más inocente. ~Algo hubo,
151 V | puso entonces los ojos con cariñoso ahínco en el rostro hermosísimo
152 I | convento sin saber de dónde. El caritativo abad le dio asilo, y él,
153 III| le había sorprendido, le castigaba y le afrentaba furioso.
154 I | dejádmele a mí solo; yo le castigaré como merece. ~Fue tan imperiosa
155 III| llegaron ambos a cumplir catorce años. En un día en que salieron
156 III| del alma. El horror que le causaba volver de nuevo contra el
157 V | conservados en el monasterio de la Cava, cerca de Nápoles. ~
158 III| Instintivamente, sin saber qué hacían, cediendo ambos a un impulso irreflexivo,
159 I | mantenían ambos. Ninguno cejaba ni caía. Hubieran semejado
160 I | siguiese, y le llevó a su celda. ~
161 V | del Carpio y de Elvira se celebraron al mismo tiempo que las
162 III| paciente y dulce de los cenobitas. Lanzado ya al mundo de
163 I | separarlos. ~Después de censurar con breves y enérgicas palabras
164 I | mantenían a su servicio centenares de hombres de armas de los
165 III| recuerdo en el lastimado centro del alma. El horror que
166 | cerca
167 III| estaba en una altura muy cercana de la costa. Desde allí
168 I | apartaron todos, formando ancho cerco en torno suyo. ~Cayó entonces
169 II | orilla de un arroyo, entre cerros altísimos. ~
170 I | valieron los puños. Con certero y fuerte golpe derribó por
171 I | prodigio de virtud y de ciencia. ~Las cosas del mundo andaban
172 | ciertos
173 V | prolongado martirio. ~Durante cinco días consecutivos hubo magníficas
174 I | aun grandes capitanes. ~Cincuenta novicios había en la abadía
175 I | sin recibir ninguno, y le ciñó con fuerza terrible en sus
176 V | general regocijo de los ciudadanos de Oviedo, porque don Raimundo
177 III| surgieron en su mente con claridad extraña. ~Recordó que seis
178 III| decidió a hacer la vida del claustro. Hasta el día en que el
179 I | contienda, diciendo: ~-Es cobardía que vayáis tantos contra
180 I | novicios había llegado a su colmo. Plácido acababa de alcanzar
181 V | sucesivamente apareciendo. Los combates fueron muy cortos. ~El Caballero
182 I | fatigada respiración de los combatientes y si no se hubiera visto
183 | cómo
184 I | bendiciones. ~Sus malos compañeros, deseosos de humillarle,
185 I | diluvio de males, pudiera compararse la abadía de que hablamos
186 III| el extremo de evitar por completo que el pajecillo y la niña
187 V | que se descubrieron, se comprendió que don Raimundo era un
188 I | brillante triunfo. Había compuesto un devoto e inspirado himno
189 IV | testimonio de ello esa prenda. Concédate Dios, Caballero del Azor,
190 IV | estaba en Oviedo y debía ser condenado a muerte. Su acusador era
191 IV | donde había pasado la niñez. Confiado en Dios, en su derecho y
192 III| de que no tenía sino muy confusas memorias, se había criado
193 III| ágil y ligero como un gamo; conocía los más intrincados sitios
194 V | Carpio, serás en adelante conocido y famoso en todos países
195 III| de que te maten. ~Plácido conoció entonces lo peligroso, lo
196 I | todos, salvo en las horas consagradas a ejercicios caballerescos,
197 V | martirio. ~Durante cinco días consecutivos hubo magníficas fiestas
198 V | bárbaro en el siglo X y conservados en el monasterio de la Cava,
199 I | profunda, con su aplicación constante, con la rara inteligencia
200 II | no te quiere para la vida contemplativa. Imposible es además que
201 V | años hacía. ~Ya no pudo contenerse doña Ximena; se acercó al
202 V | rodela? ~-Alta señora - contestó Plácido -, porque le tengo
203 I | francesa, intervino en la contienda, diciendo: ~-Es cobardía
204 I | novicios había en la abadía de continuo. Y todos, salvo en las horas
205 I | fertilísimos valles que en sus contornos los monjes habían desmontado,
206 III| trato produjo un efecto contrario al que don Fruela deseaba.
207 III| expósito del trato y de la convivencia de su hija. ~Sumisa doña
208 II | enjaezado el mejor de los corceles que hay en nuestras caballerizas.
209 I | la más infame manera. ~El cordero se convirtió entonces de
210 I | en todos los ejercicios corporales, se ganó la voluntad de
211 II | en nuestras caballerizas. Corre, revístete a escape de tus
212 I | y si no se hubiera visto correr abundante sudor por sus
213 III| Fruela, el caballo de Elvira corrió desbocado y fue a perderse
214 V | Los combates fueron muy cortos. ~El Caballero del Azor,
215 V | ruda la filantropía no era cosa mayor y no infundía repugnancia
216 I | virtud y de ciencia. ~Las cosas del mundo andaban muy mal
217 I | recogiendo en ellos abundantes cosechas, y famosa, porque era como
218 III| altura muy cercana de la costa. Desde allí ora salía don
219 III| y asolaban a menudo las costas de España; eran los idólatras
220 I | salmos, y fueron, según costumbre, a pasar dos horas de recreo
221 I | custodiaban el saber y las buenas costumbres y en que la humana cultura
222 III| dieron un beso. Plácido se creyó por breves instantes transportado
223 I | riscos, se guarecían los cristianos. En medio de aquel diluvio
224 III| paraíso; pero la realidad más cruel hubo de mostrarle enseguida
225 III| o a dar caza a otros más crueles piratas que infestaban aquellos
226 I | solo contra otros tres o cuatro, apoyado contra el muro
227 IV | campo de gules, un azor, cubierta la cabeza por el capirote
228 IV | puerta principal, estaba cubierto de negro paño de luto. ~
229 V | estrechó en sus brazos y le cubrió el rostro de besos, exclamando: ~-¡
230 III| Fruela a pedirle estrecha cuenta de todo? ~
231 III| Elvira -. Si no huyes, mi cuerpo te servirá de escudo y me
232 V | calada y la lanza en la cuja. ~En alta y sonora voz proclamó
233 II | ocurrido y no me atrevo a culparte. La afrenta que te han hecho
234 I | monjes habían desmontado, cultivándolos con esmero y recogiendo
235 I | costumbres y en que la humana cultura podía salvarse del universal
236 III| querida. ~Así llegaron ambos a cumplir catorce años. En un día
237 I | al arca santa en que se custodiaban el saber y las buenas costumbres
238 IV | Era una fuerte rodela, en cuya planta de acero figuraba
239 IV | Caballero del Azor, y te dan en testimonio de ello esa
240 I | habían cantado en el coro, dando al joven poeta mil alabanzas
241 III| fortuna, no se hizo el menor daño. Plácido se apeó con ligereza,
242 III| propiedad, e iba a piratear o a dar caza a otros más crueles
243 IV | traición, estaba en Oviedo y debía ser condenado a muerte.
244 II | hijo mío, hacer de ti un dechado de santidad y de paciencia,
245 III| quería vivir en el mundo, se decidió a hacer la vida del claustro.
246 V | muerte. ~Sólo queda por decir que Bernardo fue felicísimo
247 IV | mi señora y su hija te declaran y apellidan Caballero del
248 IV | odiado, que nadie acudía a defenderle. Sólo faltaban tres días
249 I | prudencia. Y a fin de poder defenderse de las invasiones de bandidos,
250 III| peligroso, lo imposible de la defensa. Temió más por la vida de
251 IV | palenque abierto contra los defensores de don Fruela, el cual había
252 IV | tendido sobre el foso, dejaba franca la entrada. El escudo
253 I | tantos contra él; apartaos; dejádmele a mí solo; yo le castigaré
254 IV | ausencia, y le dijo que habían dejado para él un presente a fin
255 III| salvar a su padre. Plácido dejó caer al suelo el venablo.
256 IV | quedaría manchada. ~Sin demora se dispuso Plácido a salir
257 V | Hijo mío, hijo mío! ~El rey depuso su severidad, y dirigiéndose
258 III| montaba tropezó y cayó, derribándola por el suelo. Elvira, por
259 I | Con certero y fuerte golpe derribó por tierra, maltrecho y
260 I | de barones poderosos y desalmados o de infieles muslimes,
261 III| sendas del bosque, y pronto desapareció como por encanto, no sin
262 III| caballo de Elvira corrió desbocado y fue a perderse en la espesura
263 IV | para tomar indispensable descanso, llegó Plácido a la morada
264 III| castillo, e hijo de padres desconocidos, había sido criado con amor
265 V | hace poco, y recientemente descubiertos en ciertos vetustos e inéditos
266 V | otras muchas maldades que se descubrieron, se comprendió que don Raimundo
267 I | franceses. Tratábanle con desdén, le hacían mil burlas y
268 I | misericordia de Dios, pero no desdeñaban la mundana prudencia. Y
269 V | mandó matar, furioso como desdeñado pretendiente que fue de
270 III| contrario al que don Fruela deseaba. En las mentes candorosas
271 IV | amores que ellas y yo te deseamos. ~
272 I | Sus malos compañeros, deseosos de humillarle, y tal vez
273 III| reflexionó en el peligro ni en lo desigual de la lucha, y venablo en
274 III| espíritu y le excitaron a desistir de vengarse. Y como afrentado
275 I | contornos los monjes habían desmontado, cultivándolos con esmero
276 IV | persona que halló y que al desmontar le tuvo el estribo, se enteró
277 III| insulto hecho a su madre despertó en él de nuevo la ingénita
278 II | respetuosamente las manos, Plácido se despidió del abad, y éste le abrazó
279 I | la rara inteligencia que desplegó en el estudio y con la robustez
280 V | Caballero del Azor, con pasmosa destreza y bizarría, logró que en
281 II | abadía. Pero no saldrás desvalido y sin prendas de mi afecto
282 IV | se enteró de la inmensa desventura que abrumaba a aquella familia.
283 V | lo ansiaba aún su noble y desventurada hermana, la infanta doña
284 IV | IV -~Sin detenerse para tomar indispensable
285 III| azuzó los perros para que le devoraran, y ordenó a los monteros
286 I | triunfo. Había compuesto un devoto e inspirado himno latino
287 I | intervino en la contienda, diciendo: ~-Es cobardía que vayáis
288 III| acercaron sus rostros y se dieron un beso. Plácido se creyó
289 III| severidad y dureza harto diferentes. Desde muy niño, desde el
290 II | afrenta que te han hecho era difícil, era casi imposible de tolerar.
291 I | cristianos. En medio de aquel diluvio de males, pudiera compararse
292 II | nada mejor puede emplear su dinero. Toma esta bolsa llena de
293 I | dónde. El caritativo abad le dio asilo, y él, con su humildad
294 I | hacían mil burlas y hasta le dirigían improperios, que él sufría
295 V | rey depuso su severidad, y dirigiéndose al joven le estrechó también
296 II | escándalo feroz, aunque disculpable. Por otra parte, el mozo
297 III| ordenó a los monteros que disparasen contra él sus agudas flechas. ~-¡
298 III| matarle. Elvira se interpuso, dispuesta a recibir las heridas y
299 IV | manchada. ~Sin demora se dispuso Plácido a salir para Oviedo,
300 III| aprendieron a leer y la doctrina cristiana. ~Plácido y Elvira
301 I | Mal hubiera terminado, sin duda, si no llega precipitadamente,
302 III| fiereza, fue el más paciente y dulce de los cenobitas. Lanzado
303 III| enseguida que estaba en la dura y áspera tierra. Una lluvia
304 III| otro asilo con severidad y dureza harto diferentes. Desde
305 I | obscuridad de su origen, se la echaron en rostro y calificaron
306 IV | Elvira habían ido a Oviedo a echarse a los pies del rey y pedirle
307 V | todos países y en todas las edades. Perdonado tu padre, saldrá
308 I | porque era como casa de educación, donde muchos mozos de toda
309 I | según la índole de cada educando, los pacíficos y humildes
310 V | por lo cual el rey pudo ejercer provechosamente su justicia
311 | ellas
312 | ello
313 III| saquear cuanto podía, ora embarcaba a sus satélites en algunas
314 II | es, y en nada mejor puede emplear su dinero. Toma esta bolsa
315 V | que vivieron siempre muy enamorados ella de él y él de ella. ~
316 III| pronto desapareció como por encanto, no sin exclamar antes con
317 I | era pacífico y sufrido, se encararon con él, aunque él se apartaba
318 IV | anciano servidor le refirió y encareció lo mucho que doña Aldonza
319 V | doña Ximena. Los sicarios, encargados de matar al niño, habían
320 I | abundante sudor por sus encendidas mejillas. ~¡Quién sabe cómo
321 V | castillo de Luna, donde estaba encerrado. Se aseó y se atavió con
322 I | de censurar con breves y enérgicas palabras la acción de todos,
323 II | orden mía para entregarte enjaezado el mejor de los corceles
324 I | maltrecho y con la boca ensangrentada, al primero que le había
325 III| cruel hubo de mostrarle enseguida que estaba en la dura y
326 I | retirarse del mundo. Estos enseñaban indistintamente las artes
327 IV | desmontar le tuvo el estribo, se enteró de la inmensa desventura
328 I | coro, donde habían estado entonando salmos, y fueron, según
329 IV | el foso, dejaba franca la entrada. El escudo de piedra berroqueña,
330 II | arqueros, tiene orden mía para entregarte enjaezado el mejor de los
331 IV | por el presente y se le entregó a Plácido. Era una fuerte
332 IV | quiénes son tus padres. Entretanto, mi señora y su hija te
333 V | sonaron las trompetas y entró en el palenque el Caballero
334 I | rico de amor místico, que, entusiasmados los monjes, le habían cantado
335 V | dijo: ~-Yo te reconozco; eres mi sobrino Bernardo; te
336 | esa
337 II | donde has promovido un escándalo feroz, aunque disculpable.
338 II | caballerizas. Corre, revístete a escape de tus armas, monta a caballo
339 V | la orden de San Benito, escritos en latín bárbaro en el siglo
340 V | por qué llevas un azor esmaltado en la rodela? ~-Alta señora -
341 IV | planta de acero figuraba en esmalte, sobre campo de gules, un
342 III| latigazos cayó sobre sus espaldas. Don Fruela le había sorprendido,
343 I | otros. Este novicio era español. ~Seis años hacía que había
344 I | tenían los otros novicios y especialmente los franceses. Tratábanle
345 II | II -~-En balde he esperado, hijo mío, hacer de ti un
346 IV | perdón, si bien con poquísima esperanza, por ser muy justiciero
347 II | armado, por medio de un pinar espeso y por senda apenas trillada,
348 III| desbocado y fue a perderse en la espesura de un bosque. Plácido la
349 III| religiosos inclinaron su espíritu y le excitaron a desistir
350 III| los invisibles genios y espíritus de la selva, acercaron sus
351 I | fragoso de los Pirineos una espléndida abadía de benedictinos.
352 III| hermoseó con las galas y el esplendor de los sueños la imagen
353 V | prisión y será legítimo esposo de mi hermana. ~En efecto;
354 I | mil años, había en lo más esquivo y fragoso de los Pirineos
355 | ésta
356 IV | la casa de don Raimundo estaban prontos a sostener la acusación
357 I | Mahoma, salvo dos o tres estadillos nacientes, donde, entre
358 I | novicios del coro, donde habían estado entonando salmos, y fueron,
359 V | porque le tengo también estampado en el hombro derecho, como
360 I | caía. Hubieran semejado dos estatuas de bronce, si no se hubiera
361 | Este
362 | éste
363 | Estos
364 I | podía salvarse del universal estrago. Gran fe tenían los monjes
365 III| de don Fruela a pedirle estrecha cuenta de todo? ~
366 V | rodeaba el palenque rompió en estrepitosas aclamaciones y vítores.
367 IV | al desmontar le tuvo el estribo, se enteró de la inmensa
368 I | inteligencia que desplegó en el estudio y con la robustez y agilidad
369 I | de benedictinos. El abad Eulogio pasaba por un prodigio de
370 I | casi todas las regiones de Europa. Por donde quiera, luchas
371 I | él sufría con resignación evangélica. Por esto le llamaban Plácido. ~
372 III| pero no hasta el extremo de evitar por completo que el pajecillo
373 III| inclinaron su espíritu y le excitaron a desistir de vengarse.
374 V | cubrió el rostro de besos, exclamando: ~-¡Hijo mío, hijo mío! ~
375 III| como por encanto, no sin exclamar antes con su voz de niño,
376 III| día vuelva a buscarte y a exigirte su mano como sola satisfacción
377 III| su mujer que alejase al expósito del trato y de la convivencia
378 V | piedad de él y le habían expuesto a la puerta del castillo
379 III| en su mente con claridad extraña. ~Recordó que seis años
380 III| intrincados sitios y las más extraviadas sendas del bosque, y pronto
381 IV | acudía a defenderle. Sólo faltaban tres días para expirar el
382 III| vivió Plácido en fraternal familiaridad con Elvira, la hija de doña
383 V | serás en adelante conocido y famoso en todos países y en todas
384 I | sentido el resoplido de la fatigada respiración de los combatientes
385 I | universal estrago. Gran fe tenían los monjes en sus
386 V | por decir que Bernardo fue felicísimo con su Elvira y que vivieron
387 I | Por donde quiera, luchas feroces, robos y matanzas. Casi
388 I | rica y famosa; rica por los fertilísimos valles que en sus contornos
389 I | de humillarle, y tal vez fiados en que Plácido era pacífico
390 III| él de nuevo la ingénita fiereza, fue el más paciente y dulce
391 V | consecutivos hubo magníficas fiestas en Oviedo. Las bodas de
392 IV | en cuya planta de acero figuraba en esmalte, sobre campo
393 V | aquella edad tan ruda la filantropía no era cosa mayor y no infundía
394 I | los monjes había sabios filósofos y teólogos y no pocos que
395 I | Pasmosa fue la lucha. Firmes se mantenían ambos. Ninguno
396 III| que se contraponía a la firmeza del tono: ~-Ser padre de
397 III| disparasen contra él sus agudas flechas. ~-¡Sálvate, Plácido, sálvate! -
398 I | que se apartaron todos, formando ancho cerco en torno suyo. ~
399 I | infieles muslimes, habían fortificado la abadía como casi inexpugnable
400 III| por el suelo. Elvira, por fortuna, no se hizo el menor daño.
401 IV | levadizo, tendido sobre el foso, dejaba franca la entrada.
402 I | había en lo más esquivo y fragoso de los Pirineos una espléndida
403 IV | tendido sobre el foso, dejaba franca la entrada. El escudo de
404 I | suyo. ~Cayó entonces el francés sobre Plácido, el cual paró
405 I | de nobilísima alcurnia francesa, intervino en la contienda,
406 I | novicios y especialmente los franceses. Tratábanle con desdén,
407 I | donde muchos mozos de toda Francia y de la España que permanecía
408 III| ocho años vivió Plácido en fraternal familiaridad con Elvira,
409 III| y se hablasen. ~La menor frecuencia en el trato produjo un efecto
410 I | recibir ninguno, y le ciñó con fuerza terrible en sus nervudos
411 III| sus satélites en algunas fustas y galeras de su propiedad,
412 III| iluminó y hermoseó con las galas y el esplendor de los sueños
413 III| satélites en algunas fustas y galeras de su propiedad, e iba a
414 III| Era ágil y ligero como un gamo; conocía los más intrincados
415 I | ejercicios corporales, se ganó la voluntad de aquel venerable
416 V | ahorcar, como le ahorcaron con general regocijo de los ciudadanos
417 IV | convirtió en lástima en su alma generosa, y resolvió ser el campeón
418 III| movidos por los invisibles genios y espíritus de la selva,
419 III| Fruela con buen golpe de gente a caballo para penetrar
420 V | herido uno de ellos. ~El gentío que rodeaba el palenque
421 I | que habían militado con gloria en sus mocedades antes de
422 V | lejos de allí, y terminó gloriosamente para Bernardo, muriendo
423 II | llegases a ser mi sucesor en el gobierno de esta abadía. Sé todo
424 I | Plácido, el cual paró los golpes que le asestaba, sin recibir
425 IV | derecho - dijo el anciano - grabado con indeleble marea un azor
426 I | para ser guerreros y aun grandes capitanes. ~Cincuenta novicios
427 II | Vertiendo muchas lágrimas de gratitud y besándole respetuosamente
428 III| olvidó la afrenta jamás, pero guardó oculto su recuerdo en el
429 I | entre breñas y riscos, se guarecían los cristianos. En medio
430 I | salían de allí para ser guerreros y aun grandes capitanes. ~
431 IV | esmalte, sobre campo de gules, un azor, cubierta la cabeza
432 | ha
433 I | más vigorosos, probados y hábiles para la guerra. ~La abadía
434 I | caballerescos, vestían el hábito de la orden. ~En una tarde
435 I | compararse la abadía de que hablamos al arca santa en que se
436 V | infanta antes de que el rey hablase - , ¿por qué llevas un azor
437 III| y la niña se viesen y se hablasen. ~La menor frecuencia en
438 V | Carpio, ignorados hasta hace poco, y recientemente descubiertos
439 | hacia
440 V | mi sobrino Bernardo; te hago merced de la Casa Fuerte
441 IV | criado, única persona que halló y que al desmontar le tuvo
442 II | culparte. La afrenta que te han hecho era difícil, era casi
443 I | I -~Hará ya mucho más de mil años,
444 III| asilo con severidad y dureza harto diferentes. Desde muy niño,
445 | has
446 | hay
447 II | II -~-En balde he esperado, hijo mío, hacer
448 V | ahogado entre sus brazos hercúleos el paladín don Roldán, pues
449 III| dispuesta a recibir las heridas y salvar a su padre. Plácido
450 V | mordiesen el polvo, muy mal herido uno de ellos. ~El gentío
451 III| el afecto y se iluminó y hermoseó con las galas y el esplendor
452 V | cariñoso ahínco en el rostro hermosísimo de Plácido, e imaginó que
453 I | compuesto un devoto e inspirado himno latino a la Santísima Virgen
454 V | antiguos romances y por la historia se sabe que aquella lucha
455 IV | soberano. De todos modos, la honra de la familia quedaría manchada. ~
456 III| lastimado centro del alma. El horror que le causaba volver de
457 I | Ninguno cejaba ni caía. Hubieran semejado dos estatuas de
458 II | esta bolsa llena de oro; Hugo, el capitán de los arqueros,
459 I | buenas costumbres y en que la humana cultura podía salvarse del
460 I | educando, los pacíficos y humildes se hacían sacerdotes o monjes,
461 III| al suelo el venablo. La humillación le hizo verter amargas lágrimas. ~
462 I | compañeros, deseosos de humillarle, y tal vez fiados en que
463 III| entonces Elvira -. Si no huyes, mi cuerpo te servirá de
464 III| salvado de la muerte. Ahora huyo, pero tal vez un día vuelva
465 I | I -~Hará ya mucho más de mil
466 III| asaltaron a Plácido mil ideas tristes. Los recuerdos de
467 IV | Aldonza y Elvira habían ido a Oviedo a echarse a los
468 III| costas de España; eran los idólatras normandos de Noruega y de
469 V | de Bernardo del Carpio, ignorados hasta hace poco, y recientemente
470 II | II -~-En balde he esperado,
471 III| III -~Llegó la noche medrosa
472 III| adoración el afecto y se iluminó y hermoseó con las galas
473 III| esplendor de los sueños la imagen de la persona querida. ~
474 V | hermosísimo de Plácido, e imaginó que veía al conde de Saldaña
475 I | castigaré como merece. ~Fue tan imperiosa la voz, fue tan imponente
476 I | imperiosa la voz, fue tan imponente el ademán de aquel muchacho,
477 I | burlas y hasta le dirigían improperios, que él sufría con resignación
478 III| hacían, cediendo ambos a un impulso irreflexivo, tal vez movidos
479 IV | poderoso y temido, y por su inaudita soberbia era don Fruela
480 III| sentimientos religiosos inclinaron su espíritu y le excitaron
481 IV | Sin detenerse para tomar indispensable descanso, llegó Plácido
482 I | del mundo. Estos enseñaban indistintamente las artes de la paz y de
483 I | sabía. Y luego, según la índole de cada educando, los pacíficos
484 V | descubiertos en ciertos vetustos e inéditos Anales de la orden de San
485 I | fortificado la abadía como casi inexpugnable castillo roquero, y mantenían
486 III| áspera tierra. Una lluvia de infamantes latigazos cayó sobre sus
487 I | calificaron a su madre de la más infame manera. ~El cordero se convirtió
488 III| más crueles piratas que infestaban aquellos mares e invadían
489 I | poderosos y desalmados o de infieles muslimes, habían fortificado
490 V | la regia cámara. ~El rey, informado de todo el suceso, ansiaba
491 V | filantropía no era cosa mayor y no infundía repugnancia la pena de muerte. ~
492 III| despertó en él de nuevo la ingénita fiereza, fue el más paciente
493 I | al último extremo de la injuria. Recordando la obscuridad
494 II | el de obligarte a salir inmediatamente de la abadía. Pero no saldrás
495 IV | estribo, se enteró de la inmensa desventura que abrumaba
496 III| con el lazo del cariño más inocente. ~Algo hubo, de recelar
497 I | llegaron dos de los más insolentes al último extremo de la
498 I | Había compuesto un devoto e inspirado himno latino a la Santísima
499 III| Plácido se creyó por breves instantes transportado al paraíso;
500 III| levantó en sus brazos. ~Instintivamente, sin saber qué hacían, cediendo