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François-Marie Arouet de Voltaire
La Henriada

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Idea de la Henriada

     La materia de la Henriada es el sitio de París, comenzado por Enrique de Valois y Enrique el Grande, y acabado por este último solo.

     El lugar de la escena no se extiende sino de París a Ivri, donde se dio aquella famosa batalla que decidió de la suerte de la Francia y de la Familia Real.

     El Poema está fundado sobre una historia conocida, cuya verdad se ha conservado en los sucesos principales, dejando otros menos respetables, o suprimidos, o acomodados a la verisimilitud que exige un poema. Se ha procurado evitar el defecto de Lucano, que no hizo más que una gaceta inflada, y se han tenido por garantes de ello los siguientes versos de M. Despréaux.



                              

Loin ces rimeurs craintifs, dont l'esprit flegmatique,

          

Garde dans ses fureurs un ordre didactique:

 

Qui, chantant d'un héros les exploits éclatans,

 

Maigres historiens, suivront l'ordre des tems.

 

Ils n'osent, un moment, perdre un sujet de vue.

 

Pour prendre Dole, il faut que Lille soit rendue:

 

Et que leur vers exact, ainsi que Mezerai,

 

Ait fait tomber déjà les remparts de Courtrai, etc.



                              

Afuera esos cobardes rimadores

 

De espíritu flemático, que guardan,

 

En sus furores mismos, un calmoso

 

Didascálico método: que hazañas

 

Cuando cantan ruidosas de algún héroe,

 

Secos historiadores, no traspasan

 

De los tiempos el orden, y ni un punto

 

Perder osan de vista lo que tratan;

 

Que para tomar Dole, necesario

 

Juzgan que quede ya Lila entregada,

 

Y que, cual Mezeré, su exacto verso,

 

Los muros de Curtré primero abata.



     Nada más se ha hecho en este punto que lo que se practica en todas las tragedias, en que los sucesos se conforman a las reglas del teatro.

     Por lo restante, este POEMA no es más histórico que otro cualquiera. Camoens, que es el Virgilio de los Portugueses, celebró un suceso de que él mismo había sido testigo. El Tasso ha cantado una Cruzada conocida de todo el mundo, y en que no se han omitido, ni los ermitaños ni las procesiones. Virgilio ha construido su fábula de la Eneida, de las recibidas en su tiempo, que corrían por la historia verdadera de la venida de Eneas a Italia.

     Homero, contemporáneo de Hesiodo, y que por consiguiente vivía cerca de cien años después de la guerra de Troya, podía fácilmente haber visto en su juventud ancianos que hubiesen conocido los héroes de aquella guerra. Lo que más debe agradar en Homero, es que el fondo de su obra no sea un simple romance; que los caracteres no sean obra de su sola imaginación; que haya pintado los hombres tales cuales eran, con sus malas y buenas calidades, y que su libro, en fin, sea un monumento de las costumbres de aquella remota edad.

     Compónese la HENRIADA de dos partes, es a saber, de sucesos reales como los que acabamos de indicar, y de ficciones. Éstas son todas tomadas del sistema de lo maravilloso, tales como la profecía de la conversión de Enrique IV, la protección que le dispensa San Luis, su aparición, y el fuego del cielo destruyendo aquellas observaciones mágicas, que eran entonces tan comunes, etc. Las otras, son puramente alegóricas. De este número son, el viaje de la Discordia a Roma, la Política y el Fanatismo personificados, el Templo del Amor, y las Pasiones, en fin, y los Vicios,-



Prenant un corps, une ame, un esprit, un visage.



Tomando un rostro, un cuerpo, un genio, un alma.



     Si en algunos lugares, se han dado a estas pasiones personificadas los mismos atributos que les dieron los Paganos, fue por ser dichos atributos alegóricos demasiadamente conocidos para haber de alterarlos. En nuestras obras las más cristianas, en nuestros cuadros, y en nuestras tapicerías, tiene el amor sus flechas, y la justicia su balanza, sin que estas representaciones ofrezcan la menor tintura de paganismo. La palabra Amfitrite en nuestra poesía, nada más significa que la mar, y no la esposa de Neptuno. El campo de Marte, sólo quiere decir la guerra, etc. Si alguno hubiere de contrario dictamen, es necesario volver a enviarle a aquel gran maestro del arte, M. Despréaux, que dice:



                              

C' est d' un scrupule vain s' alarmer sottement,

 

Et vouloir aux lecteurs plaire sans agrément.

 

Bientót ils défendront de peindre la Prudence,

 

De donner a Thémis ni bandeau ni balance;

 

De figurer aux yeux la Guerre au front d' airain;

 

Ou le Tems qui s' enfuit une horloge a la main;

 

Et par-tout, des discours, comme une idolàtrie,

 

Dans leur faux zèle, iront chasser l' allégorie.



                              

Es escrúpulo vano, tontamente

 

Alarmarse, y querer sin ciertas gracias

 

Agradar al lector. Ellos, bien pronto

 

De la Prudencia, harán queden vedadas

 

Las pinturas: a Thémis, que una venda

 

Se le , privarán, y una balanza:

 

Que la guerra, de bronce a nuestros ojos

 

Se figure también con una cara;

 

O el tiempo, que escapándose, en la mano

 

Un reloj lleve asido, y en la falsa

 

Presunción de su celo, por do quiera,

 

De todos los discursos desterrada

 

Correrán a dejar la alegoría,

 

Cual si una idolatría fuese insana.



     Habiendo dado cuenta de lo que contiene esta obra, creemos deber decir algo del espíritu con que ha sido compuesta. No se ha intentado lisonjear ni maldecir en ella. Los que encuentren aquí los malos hechos de sus mayores, nada más les resta que hacer, que repararlos por sus virtudes; y aquellos cuyos abuelos son citados con elogios, ningun reconocimiento deben al autor, que no tuvo en ellos otra mira que la de la verdad, y el único uso que deben hacer de tales elogios, es el de merecerlos iguales.

     Si en esta nueva edición se han suprimido algunos versos que contenían verdades duras contra aquellos Papas que en otro tiempo deshonraron con sus crímenes la Santa Silla, no ha sido por pensar con injuria de la Corte de Roma, que aun quiere hacer respetable la memoria de estos malos Pontífices. Los Franceses, que condenan las maldades de Luis XI y de Catalina de Médicis, pueden sin duda hablar con horror de Alejandro VI. Si el autor ha descartado aquel trozo de su Poema, fue solo por ser sobradamente largo, y por incluir versos de que no estaba satisfecho.

     Con este solo designio ha reemplazado muchos nombres a otros que se hallaban en las primeras ediciones, según los ha juzgado o más oportunos al asunto, o más armoniosos y sonoros. La sola política en un poema es hacer buenos versos. Se ha callado la muerte de un joven llamado Boufflers, que se suponía muerto por Enrique IV, porque dicha muerte en las circunstancias parecía hacer a Enrique un poco odioso, sin presentarlo por otro lado más grande. Se ha hecho pasar a Duplessis Mornay a Inglaterra cerca de la Reina Isabel, porque efectivamente fue enviado allí, y porque aún se conserva la memoria de su negociación. Se ha hecho así mismo uso de dicho Duplessis en todo el resto del Poema, porque habiendo representado el papel de confidente del Rey en el primer canto, hubiera sido ridículo introducir otro en los siguientes; así como sería impertinente en una tragedia, Berenice por ejemplo, que Tito se confiase de Paulino en el primer acto, y de otro en el quinto. Si algunos quisieren dar interpretaciones malignas a estas variantes, el Autor no debe inquietarse por ello, pues sabe que cualquiera que escribe se expone a los dardos de la malicia.

     El punto más importante es la Religión, que hace en gran parte el asunto del Poema, y que es su único desenlace. El Autor se lisonjea de haberse explicado en muchos lugares con una precisión tan rigurosa, que no puede dejar pábulo alguno a la censura. Tal es, por ejemplo, este pasaje sobre la Trinidad.



                              

La puissance, l'amour, avec l'intelligence,

                         

Unis et divisés, compossent son essence.



                                  

De su Divinidad forman la esencia

 

Poder, saber, y Amor, a un mismo tiempo

 

Unidos y distintos..........

 

                          Henr: Canto 10 cerca del fin.



Y este otro



                              

Il reconnait l'Église ici-bas combattue,

 

L'Église toujours une, et partout étendue,

 

Libre, mais sous un chef, adorant en tout lieu

 

Dans le bonheur des Saints la grandeur de son Dieu.

 

Le Christ, de nos péchés victime renaissante,

 

De ses élus chéris nourriture vivante,

 

Descend sur les autels a ses yeux éperdus,

 

Et lui découvre un Dieu sous un pain qui n'est plus.



                                   

La Iglesia combatida reconoce,

 

Una siempre en el suelo, y dél extensa

 

Por el ámbito todo; Iglesia libre,

 

Bajo de un Jefe empero; donde quiera,

 

Y en la perenne dicha de los Santos,

 

De su Dios adorando la grandeza.

 

El Cristo renaciente y viva hostia

 

De los pecados nuestros, que alimenta

 

Sus caros escogidos, sobre el ara

 

Desciende, y a su vista absorta y ciega,

 

Bajo un pan, que no existe, un Dios descubre.

 

                                     Henr: al fin del Canto 10.



Si el Autor no ha podido explicarse por todo el Poema con esta misma exactitud teológica, el lector razonable debe suplirla. Sería sin duda una extrema injusticia, examinar la obra como una tesis de Teología. Este Poema no respira más que amor a la Religión y a las Leyes. Se detestan igualmente en él la rebelión y la persecución. Es menester no juzgar, por una sola palabra, un libro escrito con tal espíritu.




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