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«De
males el exceso a que la Francia
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Entregada se mira, horrible es,
Reina;
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Y horrible tanto más, cuanto es
sagrada
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Su fuente comunal. Celo
inhumano,
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Furor
de Religión fue, quien la daga
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En la mano libró del Francés
Pueblo.
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Entre
Ginebra y Roma jamás nada
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Decidir osaré; más por divinos
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Que
los renombres sean, a que a entrambas,
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De uno y otro partido los
secuaces
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Con extremos hipérboles exaltan,
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Yo, no obstante, el furor, yo el
sutil dolo
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Vi
que a los dos denigran y difaman.
|
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Si del error es hija la
perfidia,
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Si
entre las controversias, que desgarran
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Y la Europa sumergen, las
traiciones,
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Los aleves puñales, las cábalas
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Infame sello son, que la mentira
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Tan cruel como pérfida
contrastan,
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Ambos
partidos pérfidos y crueles,
|
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|
Iguales
en los crímenes y manchas,
|
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|
Del ominoso error entre
tinieblas
|
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|
Ambos,
al parecer, iguales andan. 7
|
|
|
Francés, soldado y Rey, solo
adoptando
|
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|
Del trono la defensa y de la
patria,
|
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|
Su venganza dejando al cielo
solo,
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|
Nunca se habrá notado que
violada
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|
De mi poder legítimo la linea,
|
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|
Con una mano osase temeraria
|
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Profanar del levita el
incensario.
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|
Perezca para siempre, si, mal
haya
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|
La perversa política, que
intenta
|
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|
Un despótico imperio sobre el
alma:
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|
Que racionales pechos solicita
|
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Convencer
por la fuerza de las armas:
|
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|
Que
de herética sangre los altares
|
|
|
De un culto dulce y puro, feroz
mancha;
|
|
|
Y de intereses sórdidos del
mundo,
|
|
|
O frenesí fanático guiada,
|
|
|
De paz a un Dios benigno solo
sangre,
|
|
|
Solo homicidios bárbaros
consagra.
|
|
|
«Pluguiera
a este Dios mismo omnipotente,
|
|
|
Cuya ley busco yo, que así
pensara
|
|
|
La corte de Valois; pero a ambos
Guisas, 8
|
|
|
Los escrúpulos míos no
embarazan.
|
|
|
De
esos jefes de un crédulo gentío
|
|
|
La profunda ambición, sagaz
disfraza
|
|
|
Su profano interés con el del
cielo.
|
|
|
Cae un furioso pueblo en su vil
malla,
|
|
|
Y
contra mí, los pérfidos, el odio
|
|
|
De
su cruel piedad concitan y arman.
|
|
|
Yo vi correr por celo a
degollarse,
|
|
|
Volar vi mis patriotas con la
llama
|
|
|
Al combate empuñada y al
incendio,
|
|
|
Por vanos argumentos que no
alcanzan.
|
|
|
Vos
conocéis el pueblo, ilustre Reina;
|
|
|
Cuál es su arrojo, cuál su
audacia,
|
|
|
Desde
el terrible punto en que le imbuyen
|
|
|
Y a persuadirse llega que es la
causa
|
|
|
Del ultrajado cielo la que
venga.
|
|
|
De la fe con la venda densa y
sacra
|
|
|
Ceñidos
ya sus ojos, desde entonces,
|
|
|
De la obediencia rompe el freno
y valla.
|
|
|
De
vos, gran Isabel, estas verdades
|
|
|
Conocidas
muy bien, bien meditadas,
|
|
|
Vuestra sabia cautela de
antemano
|
|
|
Oportuno remedio al mal prepara,
|
|
|
Prontamente ahogándole en su
cuna.
|
|
|
La tempestad, apenas fue formada
|
|
|
En
los Estados vuestros: la previera
|
|
|
Vuestro espíritu próvido, y la
calman
|
|
|
Vuestras
prendas, por fin, vuestros talentos:
|
|
|
El fruto ya gozáis de virtud
tanta.
|
|
|
Vos,
Señora, reináis: Londres es libre,
|
|
|
Y
vuestras leyes florecientes campan.
|
|
|
Rumbos
siguió la Médicis diversos. 9
|
|
|
De
narración tan mísera tocada
|
|
|
Mandaréisme,
tal vez, que un fiel retrato
|
|
|
Del
carácter de Médicis os haga.
|
|
|
Oídlo ya de un labio ingenuo al
menos:
|
|
|
Muchos,
Reina, de Médicis parlaban;
|
|
|
Pocos empero bien la conocieran:
|
|
|
Sondaron
pocos bien las ensenadas,
|
|
|
Los
obscuros secretos y repliegues
|
|
|
De
sus ondas maléficas entrañas.
|
|
|
Yo,
que de cuatro lustros por espacio,
|
|
|
De
sus hijos criado en cortes varias,
|
|
|
Bajo sus mismos pies, por tanto
tiempo
|
|
|
Ir formándose he visto las
borrascas,
|
|
|
Con demasiado riesgo a conocerla
|
|
|
Aprendido he, por fin, y a
descifrarla.
|
|
|
«La
aventurera muerte de su esposo,
|
|
|
Que
de su edad la flor segó temprana,
|
|
|
Dejó precipitado y libre curso
|
|
|
A
toda su ambición, y sujetada
|
|
|
De
sus hijos, el uno en pos del otro,
|
|
|
La regia educación a su tirana
|
|
|
Tutelar dictadura: al que sin
ella
|
|
|
El cetro ya empuñar, reinar
osaba,
|
|
|
Desde aquel mesmo instante le
persigue,
|
|
|
Por odioso enemigo le declara.
|
|
|
Alrededor del solio derramando
|
|
|
De
discordia y de envidias la cizaña,
|
|
|
Oponiendo incesante y harto
astuta
|
|
|
A los Condés los Guisas, Francia
a Francia,
|
|
|
Con sus mismos contrarios más
discordes
|
|
|
Pronta siempre a ligarse, y en
mudanza
|
|
|
De
enemigos perpetua, de rivales,
|
|
|
De
intereses, de bandos y de causas,
|
|
|
Del deleite y placer, si bien no
tanto 10
|
|
|
Como de la ambición, sensual
esclava,
|
|
|
Y para colmo, además,
supersticiosa, 11
|
|
|
Y a su culto también mil veces
falsa;
|
|
|
La Médicis, Señora, por decirlo
|
|
|
Sin
explicarme más, en dos palabras,
|
|
|
Poseía, por fin, del sexo propio
|
|
|
Con muy poca virtud todas las
faltas...
|
|
|
Se deslizó mi lengua. La
franqueza
|
|
|
Perdonadme, gran Reina.
Computada
|
|
|
No sois ya sobre todo en ese
sexo.
|
|
|
Dél no tiene Isabel más que las
gracias.
|
|
|
El cielo, que os formó porque
supieseis
|
|
|
Imperios
dirigir, nos echa en cara
|
|
|
A
todos vuestro ejemplo, y en la lista
|
|
|
Ya la Europa os admira numerada
|
|
|
De
los hombres más célebres y grandes.
|
|
|
«De una imprevista suerte fiera saña,
|
|
|
De Francisco segundo, con
Enrique
|
|
|
La reunión en la tumba
ejecutara.
|
|
|
Francisco,
niño feble, que de Guisa
|
|
|
Los caprichos seguía y adoraba;
|
|
|
Joven, cuyas virtudes, cuyos
vicios
|
|
|
Igualmente secretos, se
ignoraban.
|
|
|
Carlos, más mozo aun, tan solo
el nombre
|
|
|
Poseía de Rey. Solo reinaba
|
|
|
Médicis
a placer, y a su ley sola
|
|
|
Todo se humilla ya, todo se
espanta.
|
|
|
En
dejar su poder asegurado
|
|
|
Bien presto su política afanada,
|
|
|
De
un hijo, en demasía blando y dócil,
|
|
|
La infancia al parecer
eternizaba.
|
|
|
De la voraz discordia por su
mano
|
|
|
En la Francia encendiendo la
atroz hacha,
|
|
|
Con sangre, de su nuevo y duro
imperio
|
|
|
Los
principios la Médicis señala.
|
|
|
De
dos furiosas sectas enemigas,
|
|
|
La
cólera y los celos mueve y arma.
|
|
|
Las
campiñas de Dreux, que al viento vieron
|
|
|
Sus funestas banderas
desplegadas,
|
|
|
Primer teatro infausto, campo
horrible
|
|
|
De
los trofeos fueron de sus tramas.
|
|
|
En
tan triste jornada, Montmorenci, 12
|
|
|
Caudillo que peinaba antiguas
canas,
|
|
|
Del luctuoso paraje poco lejos
|
|
|
Do
el panteón de los Reyes se levanta,
|
|
|
Alcanzado, por fin, y mal herido
|
|
|
Del mortífero plomo que arrojara
|
|
|
Una guerrera mano, de cien años
|
|
|
De marciales trabajos terminada
|
|
|
Su carrera vio allí; y de
Orleans cerca
|
|
|
Fue asesinado Guisa. Por
desgracia, 13
|
|
|
La vida de mi caro infeliz
padre, 14
|
|
|
Siempre a la aleve corte
encadenada,
|
|
|
Siempre, y a su pesar, sirviendo
humilde
|
|
|
A la cruel Catalina su tirana,
|
|
|
Siempre sobrado feble, entre
ignominias
|
|
|
Su indecisa fortuna tras sí
arrastra;
|
|
|
Y siempre por su mano preparando
|
|
|
Sus
desdichas él propio y sus infamias,
|
|
|
Ha combatido y muerto de sus
mismos
|
|
|
Fieros perseguidores por la
causa.
|
|
|
Condé, que tierno vástago me
mira
|
|
|
Que de su hermano huérfano
restara,
|
|
|
Oficioso adoptandome, sirviome
|
|
|
De
padre y de señor. De sus campañas
|
|
|
El suelo fue mi cuna. Entre
guerreros
|
|
|
Allí
criado y en fatigas varias,
|
|
|
De la corte, a su ejemplo,
desdeñando
|
|
|
Una indolencia obscura, a tantos
grata,
|
|
|
Y del verde laurel de amargo
fruto
|
|
|
Prefiriendo gozar la sombra
clara,
|
|
|
De
juegos a mi infancia y de recreos
|
|
|
Sirvieron
desde entonces sus batallas.
|
|
|
«¡O
llanos de Jarnac! ¡o en demasía
|
|
|
Inhumana,
alevosa y vil espada!
|
|
|
Bárbaro
Montesquieu, que de asesino, 15
|
|
|
Más
bien que de soldado nombre alcanzas!
|
|
|
Condé,
que moribundo, que cubierto
|
|
|
De
gloriosas heridas ya encontraras,
|
|
|
De
tu golpe cayó bajo la furia.
|
|
|
Yo descargar lo vide. Yo segada
|
|
|
Su vida he visto allí... ¡ah!,
que harto joven
|
|
|
De
flaco brío aún y estéril saña,
|
|
|
No pudo ¡ay Dios! no pudo allí
mi brazo,
|
|
|
Ni prevenir su muerte, ni
vengarla.
|
|
|
«El
cielo, protector de mi flaqueza,
|
|
|
De héroes al celo ardiente y vigilancia,
|
|
|
Mi débil juventud, siempre
piadoso,
|
|
|
Confiar felizmente decretara;
|
|
|
Y
de Condé, por fin, sucesor digno,
|
|
|
La defensa, Coliñi, al punto
abraza 16
|
|
|
De mi persona a un tiempo y de
mi bando.
|
|
|
Yo se lo debo todo, si. Tan
grata
|
|
|
Confesión de mi deuda, es bien
forzosa;
|
|
|
Pues si la Europa ve, si acaso
alaba
|
|
|
De
virtud en mis hechos algún rasgo;
|
|
|
Si esa Roma procaz, que me
amenaza,
|
|
|
Si aun esa Roma misma, muchas
veces
|
|
|
El
mérito apreció de mis hazañas,
|
|
|
¡Vos sois, vos sombra ilustre, a
quien lo debo!
|
|
|
«Crecí bajo sus ojos. Allí hallara
|
|
|
Mi juvenil ardor por tiempo
largo,
|
|
|
De la guerra la escuela dura y
brava.
|
|
|
Él mismo, a cada paso, de los
héroes,
|
|
|
Con su ejemplo el gran arte me
enseñara.
|
|
|
Yo he visto a este guerrero
encanecido
|
|
|
En
trabajosas lides y hechos de armas,
|
|
|
Sobre
sus fatigados nobles hombros,
|
|
|
A una vez sostener con fuerza y
calma,
|
|
|
De la causa común, contra la
Reina
|
|
|
Y la fortuna infiel toda la
carga.
|
|
|
En su bando querido, y del
adverso
|
|
|
No menos respetado, injurias
agrias
|
|
|
De la fortuna a veces
soportando;
|
|
|
Más siempre, a su pesar, por su
constancia
|
|
|
Igualmente temido y peligroso;
|
|
|
De destreza, por fin, no menos
sabia
|
|
|
Al
mandar retiradas que combates;
|
|
|
Y
en sus mismas derrotas, harto infaustas
|
|
|
Más
grande, más glorioso, y más temible,
|
|
|
Que Dunois o Gastón serlo
lograran,
|
|
|
En el triunfante curso de la
dicha,
|
|
|
Que
coronó el suceso de sus armas.
|
|
|
«Al cabo de dos lustros ya cumplidos
|
|
|
De
prósperas empresas y desgracias,
|
|
|
Médicis,
que a ver torna renaciente
|
|
|
Un partido que crédula contaba
|
|
|
Para
siempre deshecho, y cuyas tropas
|
|
|
Ya
de Francia los campos inundaban,
|
|
|
De
infructíferos triunfos y combates
|
|
|
Dados en guerra abierta al fin
cansada,
|
|
|
Por último maquina, intenta
aleve,
|
|
|
Sin
más vanos esfuerzos en campaña,
|
|
|
En
el seno apacible de los pueblos,
|
|
|
Y
en su mísera sangre, sufocada
|
|
|
De un golpe dejar ya la civil
guerra.
|
|
|
La
corte, desde entonces, de sus gracias
|
|
|
Seductores halagos nos ofrece.
|
|
|
De
vencernos, por fin, desesperada,
|
|
|
Engañarnos procura, y con
propuestas
|
|
|
De
una paz lisonjera nos aplaca;
|
|
|
Más! que paz, justo Dios a quien
atesto!
|
|
|
¡Cuanta sangre, gran Dios de las
venganzas,
|
|
|
Presto inundó, manchó su
infausta oliva!
|
|
|
¿Y
será fuerza ¡cielos! que la raza
|
|
|
De
los supremos jefes de los hombres,
|
|
|
Del delito las sendas allanadas
|
|
|
A sus súbditos deje con su
ejemplo?
|
|
|
«Allá
en su corazón fe le guardaba
|
|
|
Coliñi a su señor. Lágrimas
tiernas
|
|
|
De profundo dolor le cuesta
Francia,
|
|
|
Aun cuando, a su pesar, por su
bien solo
|
|
|
En
combatir Franceses se empleara.
|
|
|
De
este bien arrastrado, abraza, acepta,
|
|
|
Y aún la ocasión previene, que
ostentaba
|
|
|
Asegurar propicia del Estado
|
|
|
La concordia común tan
suspirada.
|
|
|
En el pecho del héroe, raras
veces
|
|
|
Halla abrigo la vil desconfianza.
|
|
|
Coliñi, entre alevosos enemigos,
|
|
|
De una seguridad sobrado incauta
|
|
|
Conducido por fin, a París
viene,
|
|
|
Y allí fija su fúnebre morada.
|
|
|
Del Louvre a un tiempo mismo
allá hasta el fondo
|
|
|
Mis
pasos dirigió. Médicis falsa,
|
|
|
Recíbeme llorando entre sus
brazos;
|
|
|
Ternezas me prodiga, me agasaja
|
|
|
Cual madre largo tiempo, y a
Coliñi
|
|
|
La más fina amistad le
protestaba.
|
|
|
Que a lo adelante quiere por su
sabio
|
|
|
Consejo gobernarse, le declara;
|
|
|
Cólmale
de favores, y a sublimes
|
|
|
Dignidades sus méritos exalta.
|
|
|
Muestra a los míos todos,
deslumbrados
|
|
|
De dulces lisonjeras esperanzas,
|
|
|
Fascinantes y astutas
apariencias
|
|
|
De
las gracias del Rey más señaladas.
|
|
|
Esperábamos ¡ha! creído hubimos,
|
|
|
Gozar
de ellas en paz edad más larga.
|
|
|
«Sospecharon no pocos la perfidia
|
|
|
De estos presentes, si. Se
recordaran
|
|
|
Cuan temible era el don del
enemigo;
|
|
|
Más siempre a sus recelos
igualaban
|
|
|
Del Rey los artificios. Poco
hacía,
|
|
|
Que de un secreto obscuro allá a
la capa,
|
|
|
Al perjurio, la Médicis, y al
fraude
|
|
|
Iba el hijo formando. Preparaba
|
|
|
A
crímenes atroces de aquel joven
|
|
|
El fácil corazón, y por
desgracia,
|
|
|
El Príncipe infeliz, a sus
lecciones
|
|
|
Dócil
en demasía, y a observarlas
|
|
|
Por su genio feroz harto
excitado,
|
|
|
En
su culpable escuela aprovechaba,
|
|
|
Y excesivos progresos
consiguiera.
|
|
|
«Porque,
a un misterio vil de horrible cara,
|
|
|
Hermoso y noble velo astuto
echase,
|
|
|
Su hermana me concede, y ya me
llama
|
|
|
Su hermano ¡O falso nombre, y
cuán funesta
|
|
|
Ha sido tu ilusión, tu fe cuán
vana!
|
|
|
O himeneo fatal, primer presagio
|
|
|
De
nuestros males todos! Turbias llamas
|
|
|
De
tu antorcha, soplada y encendida
|
|
|
Del cielo por las iras, de mi
amada,
|
|
|
De mi infelice madre ¡o amarga
pena! 17
|
|
|
A estos mis propios ojos
alumbraban
|
|
|
La tumba funeral. Ligero,
injusto
|
|
|
No intento ser, Señora, en esta
causa.
|
|
|
Yo de imputar no acabo a
Catalina,
|
|
|
De mi madre la muerte acelerada.
|
|
|
Su misteriosa muerte, no
pretendo
|
|
|
Sin
más pruebas cargarle. Tal vez, varias
|
|
|
De
legales indicios de mí aparto.
|
|
|
Es
bien inútil ¡Reina! es excusada
|
|
|
La pena de buscar a Catalina,
|
|
|
Más
número de crímenes y faltas.
|
|
|
Murió, Señora, al fin murió mi
madre...
|
|
|
Perdonadme unas lágrimas, que
arranca
|
|
|
A mi dolor, tan tierno y fiel
recuerdo,
|
|
|
Todo se apresta en tanto. Ya es llegada
|
|
|
Del desenlace cruel la fatal
hora,
|
|
|
Que
Médicis muy antes reservara.
|
|
|
«A
favor de las sombras de la noche,
|
|
|
Sin estrépito fue la seña dada.
|
|
|
De aquel mes, de memoria a
Francia horrenda
|
|
|
La nuncio desigual que retirara
|
|
|
A la tierra de espanto, parecía,
|
|
|
De su manchada faz la luz
plateada.
|
|
|
Del reposo en los brazos
dulcemente
|
|
|
El incauto Coliñi se entregaba,
|
|
|
Y
un sueño engañador, de adormidera
|
|
|
Sus órganos con flores
recargara.
|
|
|
Más de alaridos, pronto, un rudo
estruendo
|
|
|
Interrumpió, turbó tan dulce
calma,
|
|
|
Y a
arrancar vino de ella sus sentidos.
|
|
|
Arrójanle del lecho las alarmas.
|
|
|
Escucha: observa atento, y por
do quiera,
|
|
|
Sólo mira asesinos, que con
rabia,
|
|
|
Que con paso veloz todo lo
corren.
|
|
|
Brillando ve mil teas y mil armas.
|
|
|
Arder ve su palacio: un pueblo
inmenso
|
|
|
Vagando ve entre undosas
asonadas:
|
|
|
Sangrientos sus sirvientes
ahogarse
|
|
|
Mira
entre fuego y humo: en cruel matanza
|
|
|
Verdugos
de tropel ve encarnizados,
|
|
|
Y en voz alta gritando
«perdonada
|
|
|
Una vida no sea, que es Dios
mismo,
|
|
|
La
Médicis y el Rey, quienes lo mandan.»
|
|
|
Resonar de Coliñi el nombre
siente;
|
|
|
Y allá al joven Teliñi, a una
distancia,
|
|
|
Divisa al mismo tiempo; aquel
Teliñi, 18
|
|
|
A quien la mano fiel de su hija
cara
|
|
|
Amor librara en premio; aquel
Teliñi,
|
|
|
Horror el más precioso de su
casa,
|
|
|
Y de su bando todo, a un tiempo
mismo,
|
|
|
El lisonjero apoyo y la
esperanza;
|
|
|
A quien, todo sangriento y
desgarrado,
|
|
|
Los asesinos bárbaros arrastran,
|
|
|
Y al amoroso padre en tanta
angustia,
|
|
|
Su socorro pidiéndole y
venganza,
|
|
|
Ensangrentados brazos le tendía.
|
|
|
Más
el héroe infeliz, inerme se halla;
|
|
|
Y en tan duro conflicto
templando,
|
|
|
Que es fuerza perecer, sin que
alcanzara
|
|
|
Dignamente vengarse, quiere al
menos
|
|
|
Morir como viviera, siempre
intactas
|
|
|
Su gloria y su virtud. Ya
numerosa
|
|
|
Cohorte de asesinos amenaza
|
|
|
Romper con insolente tropelía,
|
|
|
Las
puertas del salón que le encerraba.
|
|
|
Él mismo se las abre. Se
presenta;
|
|
|
Y
sobre todos tiende unas miradas
|
|
|
De tanta calma llenas, y con
frente
|
|
|
No menos majestuosa y sosegada,
|
|
|
Que
cuando, allá algún día en los combates
|
|
|
Dueño de su valor, con dócil
saña,
|
|
|
O el degüello, benigno detenía,
|
|
|
O con rigor guerrero apresuraba.
|
|
|
«A
su aire venerable y faz augusta,
|
|
|
Sorprendida de súbito, y
cambiada
|
|
|
En
confusión no menos que en respeto,
|
|
|
De aquellos carniceros la
arrogancia,
|
|
|
Por una fuerza oculta
suspendieron
|
|
|
Inmóviles
sus pasos y su rabia,
|
|
|
«¡Camaradas!
les dice, ¿que os detiene?
|
|
|
Vuestra obra dejad presto
acabada;
|
|
|
Y
con la yerta sangre de mis venas,
|
|
|
Manchad, inexorables, estas
canas,
|
|
|
Que en la larga carrera de ocho
lustros,
|
|
|
La
suerte respetó de las batallas.
|
|
|
Vuestra misión cumplid. Vuestros
aceros
|
|
|
Descargad; herid ya. No temáis nada.
|
|
|
Coliñi os lo perdona. Poco importa,
|
|
|
Leve cosa es mi vida. A vuestra
saña
|
|
|
La abandono. Perderla más
quisiera
|
|
|
Por vosotros lidiando en las
campañas.
|
|
|
A
estas razones, los sangrientos tigres
|
|
|
Caen
atolondrados a sus plantas.
|
|
|
Del uno, aquí, el espanto saltar
hace
|
|
|
El puñal, que a su pecho ya
tocaba,
|
|
|
Allí
postrado en tierra, los pies otro
|
|
|
De Coliñi abrazando, en llanto
baña,
|
|
|
Y
rodeado en tal lance aquel gran hombre,
|
|
|
De una banda confusa y humillada
|
|
|
De
sus mismos brutales enemigos,
|
|
|
A un poderoso Rey se asemejaba,
|
|
|
De su pueblo querido y adorado.
|
|
|
Pero el malvado Besma, que
aguardara 19
|
|
|
En el patio su víctima,
impaciente
|
|
|
De
que tal lentitud le dilataba
|
|
|
Su meditado crimen, indignado,
|
|
|
Sube, corre afanoso, y la
tardanza
|
|
|
Del alevoso golpe resolviendo
|
|
|
Remediar por su mano, a los pies
halla
|
|
|
De
aquel héroe, sus propios asesinos
|
|
|
Temblando
y consternados. En tan blanda
|
|
|
Tan patética escena, a Besma
solo,
|
|
|
Al inhumano solo no embargaban
|
|
|
Sentimientos de lástima, a que
siempre
|
|
|
Su pecho inaccesible se
mostrara;
|
|
|
Desagradar creyendo con un
crimen
|
|
|
De alta traición a Médicis, si
su alma,
|
|
|
De algún remordimiento el más
liviano,
|
|
|
Sorprendida en tal caso se
notara.
|
|
|
Por
entre los soldados pasa, corre
|
|
|
Hacia el bravo Coliñi, que le
aguarda
|
|
|
Con sereno semblante; y de
repente,
|
|
|
El furibundo monstruo con su
daga
|
|
|
Le atraviesa, desviando dél la
vista,
|
|
|
Llevado del temor, de que una
ojeada
|
|
|
De aquel augusto rostro, su vil
brazo
|
|
|
Estremecer
hiciese, y su villana,
|
|
|
Su selvaje fiereza congelase.
|
|
|
«Tal
del hombre más grande de la Francia,
|
|
|
La funesta catástrofe a ser
vino.
|
|
|
Con sevicia feroz, con ciega
rabia,
|
|
|
Después
que ya por tierra yace yerto,
|
|
|
Aún
le insultan impíos y le arrastran.
|
|
|
De heridas traspasado su
cadáver,
|
|
|
Sin común sepultura le colgaran,
|
|
|
De
los voraces buitres por vil pasto.
|
|
|
Su
cabeza a la Médicis regalan
|
|
|
Y a
sus plantas ofrecen, cual trofeo
|
|
|
Digno
de la impiedad de sus entrañas,
|
|
|
Y del índole fiera de un Rey
hijo,
|
|
|
Que
por desgracia en ellas se formara.
|
|
|
Con tan fría indolencia la
recibe,
|
|
|
Que no gozar la pérfida indicaba
|
|
|
De su aleve venganza el fruto
inicuo.
|
|
|
Como de largo tiempo
acostumbrada
|
|
|
A presentes iguales, ya sin
gustos,
|
|
|
Ya sin remordimientos, dominara
|
|
|
Las impresiones todas del
sentido,
|
|
|
Que afligirla pudieran, o
turbarla.
|
|
|
«¿Quién
podría fielmente los estragos,
|
|
|
Cuya imagen tristísima ostentaba
|
|
|
Aquella noche atroz, decir
bastante?
|
|
|
La muerte de Coliñi aunque harto
infausta
|
|
|
Primicia de horror tanto, ensayo
débil
|
|
|
De
sus crueldades era y sus venganzas.
|
|
|
De un pueblo de asesinos, ya sin
freno,
|
|
|
La
vil haz en matar encarnizada
|
|
|
Por deber y por celo, allí
corría
|
|
|
Mortal hierro blandiendo, y
vivas brasas
|
|
|
De
furor fulminando de sus ojos,
|
|
|
Por
rimas de cadáveres, formadas
|
|
|
De sangrientos hermanos, con pie
impío
|
|
|
Los verdugos, trepando,
caminaban.
|
|
|
Guisa estaba a su frente. Guisa,
hirviendo
|
|
|
De cólera, con sangre que
derrama
|
|
|
De
cuantos encontraba de los míos,
|
|
|
De
su padre los manes aplacaba.
|
|
|
Nevers, Gondí, Tavanne, por su
parte, 20
|
|
|
Sus dagas empuñando, ardor más daban
|
|
|
De
su inhumano celo en los transportes;
|
|
|
Y llevando delante pregonada
|
|
|
La
lista de sus crímenes, conducen
|
|
|
A
la muerte, y sus víctimas marcaban.
|
|
|
«Pintaros no pretendo, ilustre Reina,
|
|
|
Los
raudales de sangre, que arroyaba,
|
|
|
El tumulto, los gritos, los
gemidos,
|
|
|
Los horrores, las muertes y las
llamas,
|
|
|
Que del triste París, por todos
lados,
|
|
|
Se
vieron en tal noche. Asesinada
|
|
|
La hija de su madre sobre el
cuerpo;
|
|
|
Bajo el del hijo el padre que expiraba;
|
|
|
Al lado del hermano, boqueando
|
|
|
Aún caliente el cadáver de la
hermana;
|
|
|
Esposos abrazados, bajo el techo
|
|
|
Del desplomado hogar agonizaban;
|
|
|
Desde
las altas torres y azoteas,
|
|
|
Sobre la dura piedra
ensangrentada
|
|
|
Estrellados
¡que horror! niños de cuna...
|
|
|
Del odio humano, sí, de su cruel
saña
|
|
|
Tanto es lo que esperarse puede
y debe.
|
|
|
Más lo que no podrán sin
repugnancia
|
|
|
Creer los venideros, lo que
apenas
|
|
|
Aún ahora vos misma, en mi
palabra,
|
|
|
Podréis
creer, Señora, es, que los monstruos,
|
|
|
Ferozmente sedientos en su
rabia,
|
|
|
Cebándose insaciables a porfía
|
|
|
En
la mísera y triste sangre humana,
|
|
|
Que
a derramar concita en todas partes
|
|
|
La voz del sacerdote
sanguinaria;
|
|
|
Al Señor invocaban fervorosos,
|
|
|
Mientras
que sus hermanos degollaban,
|
|
|
Y con mano alevosa y parricida,
|
|
|
En
sangre de inocentes tan manchada,
|
|
|
Esta ofrenda, este incienso
abominable,
|
|
|
Consagrar en su altar a Dios
osaban.
|
|
|
¡Cuantos
héroes envueltos allí fueron
|
|
|
En
las lúgubres sombras de la parca!
|
|
|
Renél,
y Pardellán, allí bajaron 21
|
|
|
A
habitar de los muertos las estancias.
|
|
|
Allí, tú pereciste ¡bravo
Guerchi! 22
|
|
|
Y
tú ¡Lavardín sabio, de más larga 23
|
|
|
Y
más próspera vida y suerte digno!
|
|
|
Entre tanto infeliz, víctima
tanta,
|
|
|
Que noche tan sangrienta en los
horrores
|
|
|
De una eterna dejado ha
sepultada,
|
|
|
Subissa,
y Marsillac, ambos proscritos 24
|
|
|
De
su vida los días con audacia
|
|
|
Aun defender supieran tiempo
largo;
|
|
|
Más sangrientas, al fin,
acribilladas,
|
|
|
Ya respirando apenas, y a
empellones,
|
|
|
Sus
personas acosan, las arrastran
|
|
|
Del Luvre abominable hasta las
puertas,
|
|
|
Y del palacio odioso las
entradas
|
|
|
Con su sangre regando, en vano
imploran
|
|
|
Un
Rey cuya traición les inmolara.
|
|
|
«Tempestad tan horrenda de la altura
|
|
|
Del palacio excitando,
contemplaba
|
|
|
A
su sabor la Médicis su fiesta.
|
|
|
De diversión curiosa con
miradas,
|
|
|
Sus
dignos e inhumanos favoritos,
|
|
|
De
sangre ven las olas, que resaltan,
|
|
|
Que a sus ojos bullendo aun humo
elevan;
|
|
|
Y
de todo París, envuelto en llamas,
|
|
|
Los
míseros despojos y ruinas,
|
|
|
A estos héroes triunfal pompa
labraban.
|
|
|
«¿Pero
qué digo? ¡o crimen! ¡o vergüenza!
|
|
|
¡O
de los males nuestros extremada,
|
|
|
Fiera y nefanda suerte! El Rey,
Señora, 25
|
|
|
Él mismo, entre verdugos se mezclaba,
|
|
|
Y el tropel persiguiendo
fugitivo
|
|
|
De
míseros proscritos, torpe mancha,
|
|
|
De
sus propios vasallos en la sangre,
|
|
|
Una mano a guardarla consagrada.
|
|
|
Y ese mismo Valois, a quien hoy
sirvo,
|
|
|
Ese Rey, que hoy, Señora,
vuestra gracia
|
|
|
Implora por mi labio, parte
habiendo
|
|
|
De su bárbaro hermano en unas
tramas
|
|
|
Tan negramente aleves y
afrentosas,
|
|
|
Su cólera excitaba a la
venganza;
|
|
|
No
porque de Valois impías fuesen,
|
|
|
A
pesar de hechos tales, las entrañas:
|
|
|
En sangre rara vez tiñó su mano;
|
|
|
Más ejemplos del crimen le
sitiaran
|
|
|
En su primera edad. Su crueldad
misma,
|
|
|
De
flaqueza de espíritu no pasa.
|
|
|
«Entre
la multitud de asesinados,
|
|
|
Algunos el furor burlar lograran
|
|
|
Del asesino acero. Prodigiosa,
|
|
|
Célebre será siempre, y
trasladada
|
|
|
A la futura edad de labio en
labio,
|
|
|
De
Comont, tierno niño, la más rara 26
|
|
|
Favorable aventura. Su buen
padre,
|
|
|
Que
el peso de los años abismaba,
|
|
|
Entregárase al sueño, y a su
lado
|
|
|
Dos
tiernos caros hijos acostara.
|
|
|
Un solo común lecho, aquella
noche,
|
|
|
Al padre y ambos hijos cobijaba.
|
|
|
Fogosos matadores forajidos,
|
|
|
A quienes cruel cólera cegara,
|
|
|
Sobre ellos velozmente
descargaron
|
|
|
Un granizo feroz de puñaladas.
|
|
|
Por el lecho al azar la muerte
vuela.
|
|
|
En
sus potentes manos sólo guarda
|
|
|
La
suerte de los hombres el Eterno:
|
|
|
Él sobre nuestros días, si le
agrada,
|
|
|
Velar sabe, al momento en que
las furias
|
|
|
Del sangriento homicida ciegas
andan.
|
|
|
Ningun golpe a Comont hiere ni
toca.
|
|
|
Un invisible brazo le amparaba
|
|
|
En
su defensa armado, y de las iras
|
|
|
De tanto matador libra su
infancia.
|
|
|
A su lado su padre moribundo
|
|
|
Y
de heridas cubierto, le tapaba
|
|
|
Con su cuerpo, expirando, todo
entero;
|
|
|
Y del Rey y del Pueblo así
engañada
|
|
|
La bárbara crueldad, a su hijo
ha dado
|
|
|
Segunda vez la vida con su maña.
|
|
|
«¿Y qué hacía, qué hacía yo
en momentos
|
|
|
De tanto horror colmados y
desgracia?
|
|
|
De
juramentos ¡ha! los más solemnes
|
|
|
Por demás entregado a la fe
santa,
|
|
|
Del Louvre allá en el fondo
descansando,
|
|
|
Muy distante del ruido de las armas,
|
|
|
Aún del dulce reposo mis
sentidos
|
|
|
Los encantos pacíficos gozaban.
|
|
|
¡O sueño el más funesto! ¡O
noche horrenda!
|
|
|
Lúgubres
aparatos de la parca,
|
|
|
Al
despertar mis ojos perturbaron.
|
|
|
Mis
más caros domésticos se hallaban
|
|
|
Asesinados ya. Por todos lados,
|
|
|
Mis pórticos la sangre ya
inundaba;
|
|
|
Y
mis ojos abrí para ver solo
|
|
|
Mis
míseros sirvientes, que acababan
|
|
|
De ser bárbaramente degollados,
|
|
|
Tendidos sobre el mármol de su
estancia.
|
|
|
Los sangrientos verdugos ya se
acercan
|
|
|
A mi lecho furiosos; ya se
avanzan.
|
|
|
Sus parricidas manos, atrevidos,
|
|
|
Contra mi pecho y cuello ya
levantan.
|
|
|
Ya el momento llegara en que
debía
|
|
|
Mí suerte terminar; ya
presentara
|
|
|
Mi cabeza al cuchillo; ya la
muerte
|
|
|
Resignado por puntos esperaba;
|
|
|
Cuando, o fuese tal vez porque
el respeto,
|
|
|
Que de antiguo a la sangre
tributaran
|
|
|
De
mis regios abuelos, sus Señores,
|
|
|
A mi favor entonces aún hablara
|
|
|
De aquellos alevosos asesinos
|
|
|
Al brutal corazón, o que la
rabia
|
|
|
Ingeniosa
de Médicis, por dulce
|
|
|
Para mí por demás consideraba
|
|
|
Una rápida muerte; o porque un
puerto
|
|
|
En tanta tempestad se reservara,
|
|
|
Guardándome por rehenes la
prudencia
|
|
|
De su sagaz furor, yo
preservadas
|
|
|
Para
nuevos reveses vi mis horas;
|
|
|
Pues mi muerte cambiar Médicis
manda,
|
|
|
Más
que la muerte dura, en cadenas.
|
|
|
«Con suerte, a la verdad, menos amarga
|
|
|
Y
de envidia más digna, aquella noche,
|
|
|
Expirando Coliñi, al menos, nada
|
|
|
En
ella más perdiera, que la vida.
|
|
|
Su libertad y gloria
inmaculadas,
|
|
|
Le han seguido al sepulcro...
Vos, Señora,
|
|
|
Vos,
os estremecéis a tan ingrata
|
|
|
Bárbara narración. Horrores
tantos
|
|
|
Os
sorprenden, sin duda, y os espantan.
|
|
|
Hasta aquí, sin embargo, solo
oísteis
|
|
|
De ellos la menor parte. Se
pensara,
|
|
|
Que
del Luvre fatal desde las torres,
|
|
|
La seña Catalina diera infausta 27
|
|
|
Aquella propia noche al Reino
entero.
|
|
|
Todo imita a París. La muerte
asalta,
|
|
|
Sin resistencia cubre a un
tiempo mismo,
|
|
|
La vasta superficie de la
Francia.
|
|
|
Cuando un Rey quiere el crimen,
ya lo impera
|
|
|
Y obedecido es harto. Su cruel
saña,
|
|
|
Por
cien mil asesinos fue servida;
|
|
|
Y
las sangrientas enturbiadas aguas
|
|
|
De los ríos de Francia, al mar
pasmado,
|
|
|
Solamente cadáveres rastraban.»
|