|
|
«Cuando fúnebres días se
cumplieran,
|
|
|
En que a tanta crueldad, del
hado impío
|
|
|
Libre curso el decreto
permitiera;
|
|
|
Y
de asesinas turbas, fatigadas
|
|
|
De incendios y homicidios, a la
fiera,
|
|
|
Ya embotada cuchilla del
degüello,
|
|
|
Más inocentes víctimas no
restan;
|
|
|
El obcecado pueblo, cuyo brazo
|
|
|
Con bárbara impiedad armó la
Reina,
|
|
|
Abre
por fin los ojos, y el fiel lienzo
|
|
|
Hace
de sus delitos, que suceda
|
|
|
Fácilmente su lástima a sus
iras.
|
|
|
De la Patria el clamor hiere su
oído;
|
|
|
Y bien presto de horror el mismo
Carlos
|
|
|
Sobrecogido todo, se sublevan
|
|
|
Allá en su corazón
remordimientos,
|
|
|
Que
áspides lo devoran y envenenan.
|
|
|
Del Rey la educación, aunque
infelice,
|
|
|
Aunque
a él mismo y sus pueblos tan funesta,
|
|
|
En
sus primeros años de su genio
|
|
|
El nativo carácter corrompiera:
|
|
|
Nunca en él, sin embargo,
sufocara
|
|
|
Aquella voz del cielo y la
conciencia,
|
|
|
Que sobre el solio mismo logra
oírse,
|
|
|
Y a los Reyes espanta y
atormenta.
|
|
|
Y
si bien, torpes máximas y ejemplos
|
|
|
De
su madre nutriéranle en la escuela,
|
|
|
Todavía
en los crímenes y vicios
|
|
|
Su corazón no estaba, cual el de
ella,
|
|
|
Irreparablemente empedernido.
|
|
|
De
sus mejores días la flor llegan
|
|
|
A
marchitar tristezas y pesares,
|
|
|
Y mortal languidez su aliento
abrevia.
|
|
|
El
formidable Dios de las venganzas,
|
|
|
Desplegando, por fin, la más
severa,
|
|
|
A este Rey moribundo, de su
enojo
|
|
|
Con
patentes y horribles marcas sella;
|
|
|
Aterrar meditando, en su
escarmiento,
|
|
|
Cualquiera
que en pos dél, osado fuera
|
|
|
Por
sus huellas marchar. Vile expirando;
|
|
|
Y su
asombrosa imagen aún creyera
|
|
|
Delante
aquí tener de estos mis ojos,
|
|
|
Que el recuerdo enternece de su
pena.
|
|
|
A
gruesos borbotones, por los poros
|
|
|
De
su cuerpo, la sangre de las venas
|
|
|
Lanzándose copiosa, la francesa,
|
|
|
Que con tanta impiedad el rigor
fiero
|
|
|
De
sus atroces órdenes vertiera,
|
|
|
Parecía querer dejar vengada.
|
|
|
Herido se sentía y se confiesa
|
|
|
De una invisible mano; y
aturdido
|
|
|
De catástrofe el Pueblo tan
horrenda,
|
|
|
Llora una juventud, gime una
vida
|
|
|
En
su abril agostada; un Rey que viera
|
|
|
Por perversos al crimen
arrastrado,
|
|
|
Y
que indicios, al fin, de penitencia,
|
|
|
De un imperio más dulce, a lo
adelante
|
|
|
Tal cual feble esperanza
prometieran.
|
|
|
«Allá
del Norte helado desde el fondo,
|
|
|
De su muerte al fragor, que allí
resuena,
|
|
|
Impaciente Valois, rápido parte,
|
|
|
Precipitadamente al punto llega
|
|
|
A apoderarse al suelo, en que
aun bullía
|
|
|
Del carnicero estrago sangre
fresca,
|
|
|
De la sangrienta herencia de su
hermano.
|
|
|
«Por
común elección, con la diadema
|
|
|
De su Reino, aquel tiempo, la
Polonia,
|
|
|
Del dichoso Valois la sien
ciñera;
|
|
|
De Jagellon al trono le llamara,
|
|
|
De su primera edad marciales
prendas,
|
|
|
Que,
sin duda, más célebre y temible
|
|
|
De
Enrique de Valois el nombre hicieran,
|
|
|
Que
los más fuertes Príncipes, los votos
|
|
|
De
cien vastas provincias le granjean,
|
|
|
Y al solio le proclaman con
aplauso.
|
|
|
¡O lisonjera fama, y cuánto
pesas
|
|
|
Cuando sobradamente eres
temprana!
|
|
|
Tan peligrosa carga, no supiera
|
|
|
Sobrellevar
Valois. Jamás de Enrique
|
|
|
Su disculpa se espere. Norabuena
|
|
|
Sacrifíquele yo vida y reposo.
|
|
|
Todo le inmolaré, mientras no
sea
|
|
|
La
verdad, que amo más, y le prefiero.
|
|
|
Mi corazón le llora y le
reprueba
|
|
|
Al paso que le auxilio y soy su
apoyo.
|
|
|
«Como
sombra fugaz, pasada fuera
|
|
|
De
Enrique de Valois la primer gloria.
|
|
|
Mudanza grande, sí; pero no
nueva.
|
|
|
Visto se ha más de un Rey, de
nuestra vida
|
|
|
En
la siempre voluble y leve rueda,
|
|
|
De
un vencedor pasar en la campaña,
|
|
|
A un esclavo en la Corte. Sólo
¡o Reina!
|
|
|
En
el humano espíritu fundado
|
|
|
Está el digno valor. No
recibiera
|
|
|
Del Cielo, sino en parte, las
virtudes
|
|
|
El infeliz Valois. No se le
niega
|
|
|
La insigne de animoso; pero
feble,
|
|
|
Y
más que Rey, soldado, en él firmeza
|
|
|
Solo en días se ha visto de
combates.
|
|
|
Adulando vilmente su indolencia,
|
|
|
Vergonzosos y pérfidos privados,
|
|
|
A su antojo gobiernan, doquier
llevan
|
|
|
De un corazón tan débil la
inconstancia.
|
|
|
De palacio en el fondo le
reservan;
|
|
|
Y
allí con él cerrados, y allí sordos
|
|
|
Al
clamor de los pueblos, que la pena
|
|
|
De su opresión arranca, por su
labio
|
|
|
Su voluntad maléfica y funesta
|
|
|
A su arbitrio dictaban. Del
tesoro
|
|
|
De la Francia, y su pública
opulencia,
|
|
|
Los
restos y despojos miserables,
|
|
|
Pródigos dilapidan en torpezas;
|
|
|
Y consumiendo al pueblo, que
suspiros
|
|
|
Al viento exhala en vano, se
lamenta
|
|
|
De
su lujo, y pagaba sus placeres.
|
|
|
«Mientras
que bajo el yugo, que impusieran
|
|
|
Sus codiciosos dueños, así
oprime
|
|
|
Al Estado Valois, así exaspera
|
|
|
Con enormes tributos, llega
Guisa.
|
|
|
El inconstante pueblo, a su
presencia,
|
|
|
Los ojos vuelve al punto sobre
un astro,
|
|
|
Que espléndido y propicio se le
muestra.
|
|
|
De su padre la gloria, sus
hazañas,
|
|
|
Su
bravura, sus gracias, su belleza,
|
|
|
Y de agradar, al fin, el don
dichoso,
|
|
|
Que
más que la virtud, se enseñorea
|
|
|
Del corazón del hombre, por
encanto
|
|
|
Los
populares votos tras sí llevan.
|
|
|
»Nadie mejor que Guisa el feliz arte
|
|
|
Supo
de seducir. Nadie obtuviera
|
|
|
Sobre toda pasión igual imperio.
|
|
|
Ninguno con más maña ni
destreza,
|
|
|
Bajo exteriores supo más
falaces,
|
|
|
Abrigar
de las miras más inmensas
|
|
|
La
obscuridad más lóbrega y profunda.
|
|
|
De un índole imperiosa, altiva y
fiera,
|
|
|
Más
popular, afable y dulce a un tiempo,
|
|
|
Las graves vejaciones, las
miserias
|
|
|
De
los pueblos en público declama.
|
|
|
El
rigor de las cargas que le aquejan,
|
|
|
Con horror maldecía. Todo pobre
|
|
|
Venturoso a su hogar de verle
llega.
|
|
|
Sabía prevenir del vergonzante
|
|
|
Ciudadano la tímida pobreza.
|
|
|
Su mano liberal, sus beneficios,
|
|
|
En
París anunciaban su asistencia.
|
|
|
De
los Grandes, que le eran más odiosos,
|
|
|
Ganábase el amor como por
fuerza;
|
|
|
Terrible y sin regreso, desde el
punto
|
|
|
En que alguno era herido de su
ofensa:
|
|
|
Harto
astuto y prudente en sus ficciones;
|
|
|
Audaz y temerario en sus
empresas;
|
|
|
Brillante
en sus virtudes y en sus vicios;
|
|
|
Conocedor del riesgo que
desdeña;
|
|
|
Príncipe grande, en fin, feliz
soldado,
|
|
|
Mal ciudadano, empero, Guisa
fuera.
|
|
|
«Cuando
ya su poder por algún tiempo
|
|
|
Ensayado tenía, y cuando piensa
|
|
|
Fija del ciego pueblo la
inconstancia,
|
|
|
Ya no se oculta más; ya osado
ostenta
|
|
|
De su ambición rebelde el
atentado;
|
|
|
Y con resolución firme y
abierta,
|
|
|
El fundamento mismo, los
cimientos
|
|
|
Del trono de su Rey minar
intenta.
|
|
|
En París, a este fin, forma la
Liga,
|
|
|
Que fatal y veloz, recorre e
infesta
|
|
|
De Francia el resto todo:
monstruo horrendo,
|
|
|
Que
los Grandes y Pueblos alimentan,
|
|
|
En
tiranos fecundo, y que en carnaje
|
|
|
De
humanales cadáveres se ceba.
|
|
|
«Desde entonces, la Francia desgarrada,
|
|
|
Con dolor en su seno a mirar
llega
|
|
|
Dos
Monarcas; el uno, que de serlo
|
|
|
Insignias solo frívolas
conserva;
|
|
|
Y el otro, que el terror y la
esperanza
|
|
|
Por doquier inspirando, tiene
apenas
|
|
|
Necesidad del título, que solo
|
|
|
Llevaba
aquél de Rey en apariencia.
|
|
|
Aunque sobrado tarde,
finalmente,
|
|
|
Conmuévese Valois. Valois
despierta
|
|
|
Del
seno de embriaguez en que yacía.
|
|
|
El inminente riesgo, que le
cerca
|
|
|
El soberbio aparato y estampido,
|
|
|
Sus recargados ojos
entreabrieran;
|
|
|
Más de una nueva luz, que le
importuna,
|
|
|
Deslumbrada su vista, aún en la
fuerza
|
|
|
De la extrema borrasca, no
divisa
|
|
|
El rayo, que amagaba a su
cabeza,
|
|
|
Que
sobre ella tronaba; y de un momento,
|
|
|
Cansada de vigilia su
indolencia,
|
|
|
Nuevamente
arrojándose en los brazos
|
|
|
Del perezoso sueño, de
halagüeñas
|
|
|
Delicias
y privados entre arrullos,
|
|
|
Con mayor languidez todo se
enerva,
|
|
|
Y al borde espantador del
precipicio,
|
|
|
Adormida de nuevo su alma queda.
|
|
|
«En tan mísero estado, en
tal conflicto,
|
|
|
Aún
de Enrique el amor y fe le restan.
|
|
|
Pronto ya a perecer, yo soy tan
solo
|
|
|
El único socorro con que cuenta.
|
|
|
Sucesor
de Valois, era de Francia
|
|
|
El trono, a falta de él, mi
augusta herencia:
|
|
|
Mi afecto y mi interés súbito
armaron
|
|
|
Mi brazo, sin dudar, en su
defensa.
|
|
|
Un necesario apoyo, que le
libre,
|
|
|
Apresúrome a dar, a su flaqueza,
|
|
|
Y con paso veloz a vencer corro,
|
|
|
O con él a morir en la palestra.
|
|
|
«Pero,
para dañar por demás hábil,
|
|
|
Allá en secreto, Guisa, astuto
inventa
|
|
|
Al uno por el otro derribarnos.
|
|
|
El seduce ¡que digo! a Valois
fuerza
|
|
|
Del único socorro a enajenarse,
|
|
|
De salvarle capaz. Al fin,
maneja
|
|
|
De Religión pretextos
ordinarios,
|
|
|
Políticos pretextos, con que
piensa
|
|
|
Tender del vil misterio sobre
horrores
|
|
|
El más honroso velo. Al pueblo
inquieta,
|
|
|
La
hoguera de sus iras encendiendo
|
|
|
Aún no bien apagada. Le recuerda
|
|
|
De
sus padres el culto, los ultrajes,
|
|
|
Que
de las nuevas sectas extranjeras,
|
|
|
De
sufrir acababan templos y aras,
|
|
|
Que
de antiguo adoró la grey francesa:
|
|
|
Y a mí me pinta, en fin, como a
un profano
|
|
|
Enemigo de Dios y de su Iglesia.
|
|
|
Sus
errores, les dice, a cualquier parte
|
|
|
Que su planta dirige, tras sí
lleva.
|
|
|
Ejemplos
de Isabel sigue arriesgados.
|
|
|
Templos mil a su culto alzar
proyecta,
|
|
|
De
ruinas y escombros sobre montes,
|
|
|
Que
maquina abatir de iglesias vuestras;
|
|
|
Y esas predicaciones criminales,
|
|
|
Presto en París veréis como
resuenan.
|
|
|
De su hipócrita celo a estas
palabras,
|
|
|
El Pueblo se enfurece, el Pueblo
tiembla
|
|
|
Por su altar en peligro, y al
palacio
|
|
|
Del Rey corre alarmado. Miedo
afecta
|
|
|
La fanática Liga, que insolente,
|
|
|
En voz alta de Roma a nombre
llega
|
|
|
Intimando a su Rey, que ya por
Roma
|
|
|
Toda reunión conmigo se le veda.
|
|
|
Feble
el Rey por demás ¡ah! de la Liga
|
|
|
A tan audaz insulto se doblega;
|
|
|
Sin réplica obedece, y cuando
vuelo
|
|
|
A
vengar sus injurias, tristes nuevas
|
|
|
A conocer me dan que ya mi
hermano
|
|
|
A la Liga sumiso, se aviniera
|
|
|
Para perderme a mí con su
enemigo.
|
|
|
A
su pesar sus tropas de la tierra
|
|
|
Ya
los campos cubrían, y de miedo
|
|
|
Declárame una guerra injusta y
necia.
|
|
|
«Con
lágrimas sinceras lamentando
|
|
|
De su mísero acuerdo
consecuencias,
|
|
|
Sin nada contemplar, corro a
batirle
|
|
|
En
lugar de vengarle. Ya en diversas
|
|
|
Ciudades
de la Francia, y por cien lados,
|
|
|
De la Liga el alarma produjera
|
|
|
Contra mí gruesas haces; y
ministro
|
|
|
Precipite Joyeuse de flaquezas
|
|
|
Indignas
de su Rey, rápidamente
|
|
|
Sobre mí con ardor caer intenta.
|
|
|
Guisa, por otra parte, nada
menos
|
|
|
Prudente que esforzado, me
dispersa,
|
|
|
Cortándoles el paso, mis amigos.
|
|
|
Numerosos en Francia, por
doquiera,
|
|
|
Enemigos
y ejércitos me oprimen;
|
|
|
Más, sin embargo, yo, todas sus fuerzas
|
|
|
A un tiempo desafiando, me
apresuro
|
|
|
A tentar decidido de la guerra,
|
|
|
Propicia a los audaces la
fortuna.
|
|
|
«Yo
allá en Coutrás busqué, y hallar quisiera
|
|
|
Al
soberbio Joyeuse. Ya sabríais 28
|
|
|
La
rota, que en Coutrás sufrió completa.
|
|
|
De aquel Caudillo intrépido la
muerte,
|
|
|
Sin duda no ignoráis. No debo,
Reina,
|
|
|
Con vanas relaciones
molestaros.»
|
|
|
«Yo
no os admito, Enrique, esas modestas
|
|
|
Delicadas escusas, le replica;
|
|
|
¿Queréis, dice Isabel, negar con
ellas
|
|
|
A mi curioso anhelo,
narraciones,
|
|
|
Que igualmente me ilustran, que
interesan?
|
|
|
No; de Coutrás el día, aquel
gran día
|
|
|
En
olvido no echéis, y de las penas,
|
|
|
De
los trabajos vuestros, y virtudes,
|
|
|
De
Joyeuse y su muerte dadme cuenta.
|
|
|
Vos, ¡insigne Guerrero! el autor
solo
|
|
|
De
hazañas de tal brillo, y tal grandeza
|
|
|
Contarlas
podrá bien, y quizá digna
|
|
|
De
escucharlas soy dél.» Dijo: a tan bella
|
|
|
Lisonjera demanda, sintió el
Héroe,
|
|
|
Que de un noble sonrojo era cubierta
|
|
|
De
su frente la tez, y a pesar suyo
|
|
|
A
hablar ya de sus glorias y proezas
|
|
|
De la Reina obligado, el hilo
sigue
|
|
|
De la historia fatal de esta
manera.
|
|
|
«De
cuantos caballeros en la corte
|
|
|
Del infatuado Rey ídolos eran,
|
|
|
Entre
cuantos adulan su molicie,
|
|
|
Y le imponen la ley con
insolencia,
|
|
|
Por
su estirpe, Joyeuse, en Francia ilustre,
|
|
|
De
favor y privanza tan suprema
|
|
|
Era el menos indigno. Le
adornaban
|
|
|
Virtudes diferentes, y si
adversa,
|
|
|
No cortase la parca en aquel día
|
|
|
De
sus más florecientes la carrera,
|
|
|
Con un alma, sin duda, ya
formada
|
|
|
A grandiosas e intrépidas
empresas,
|
|
|
A su tiempo, Señora, del de
Guisa
|
|
|
Igualado la gloria y nombre
hubiera;
|
|
|
Más en medio criado de una
corte,
|
|
|
Entre la femenil delicadeza,
|
|
|
En
el seno ablandado de placeres,
|
|
|
Y en brazos del amor, solo
conserva
|
|
|
Excesos
que oponerme de bravura,
|
|
|
Peligrosa ventaja, que acelera
|
|
|
Tal
vez de un joven héroe la desgracia.
|
|
|
A su suerte adherida, gran
caterva
|
|
|
De
nobles cortesanos, que de abismos
|
|
|
Salían
de deleites y flaquezas,
|
|
|
Galante se avanzaba hacia la
muerte.
|
|
|
Por
prendas en sus trajes de terneza,
|
|
|
Con
amorosas cifras, de sus Damas
|
|
|
Señalados
los dulces nombres llevan.
|
|
|
Relumbraban
sus armas entre rayos
|
|
|
De diamantes, que adorno inútil
eran
|
|
|
De brazos,
que enervara un muelle lujo.
|
|
|
Fogosos
y desnudos de experiencia,
|
|
|
En tumulto conducen al combate
|
|
|
Su fiereza imprudente y
altanera.
|
|
|
Con su pompa orgullosos, y
pagados
|
|
|
De un numeroso campo, sin más
regla,
|
|
|
Sin
más orden, avanzan y se arrojan
|
|
|
Con impetuoso paso a la pelea.
|
|
|
«De
distinto esplendor hiere sus ojos
|
|
|
De mi ejército el campo. Sus
hileras,
|
|
|
En silencio extendidas a su
vista,
|
|
|
Solo por todos lados les
presentan
|
|
|
Ásperos combatientes, al trabajo
|
|
|
Endurecidos ya, que envejecieran
|
|
|
En
las marciales lides, a la sangre
|
|
|
Avezados
de lejos, y de feas
|
|
|
Cicatrices y heridas matizados;
|
|
|
De
hacer gala se corren, se desdeñan
|
|
|
De
otro adorno, que espadas y mosquetes.
|
|
|
Yo, como ellos vestido, sin
riqueza,
|
|
|
Yo sin pompa, y de un hierro
igual armado,
|
|
|
Polvoroso conduzco a la refriega
|
|
|
Mi sufridor soldado, y de mil
muertes
|
|
|
La tempestad horrísona y
sangrienta
|
|
|
Arrostrando como él, dél me
distingo
|
|
|
Sólo en marchar al frente. Yo
desechas,
|
|
|
Yo tan brillantes huestes vi
rendidas;
|
|
|
Expirando las vi; vilas por
tierra
|
|
|
Bajo el golpe mortal de nuestro
acero.
|
|
|
En horrible desorden vi
dispersas
|
|
|
Sus
reliquias en fin, y a pesar mío,
|
|
|
En
sus senos clavé daga, que fuera
|
|
|
Mejor
haber manchado en sangre hispana.
|
|
|
«Confesaros aquí forzoso es, Reina,
|
|
|
Que
entre los cortesanos que ha abatido
|
|
|
De
su edad en la flor la segur nuestra,
|
|
|
Ninguno herido fue sino de
golpes
|
|
|
De
militar honor, gloria y braveza.
|
|
|
Todos
allí impertérritos y firmes,
|
|
|
De heroica constancia dieron
pruebas.
|
|
|
Todos allí en su puesto
imperturbables,
|
|
|
Con magnánimo pecho y faz serena
|
|
|
Hacia ellos la muerte correr
vieron
|
|
|
Sin que ni un solo paso hacia
tras dieran,
|
|
|
Ni sus ojos alguno hacia otro
lado
|
|
|
En el mayor peligro revolviera.
|
|
|
Este el carácter es ¡Princesa
ilustre!
|
|
|
Esta la nacional fiera nobleza
|
|
|
Del Francés cortesano. No
afemina
|
|
|
Su ordinario valor la paz. Él
vuela
|
|
|
Del sombrío reposo a los
combates;
|
|
|
Y
el vil adulador en París, llega
|
|
|
En
los campos de Marte a ser un héroe.
|
|
|
«Entre el confuso horror, con que era envuelta,
|
|
|
La encarnizada lid, en balde
mando
|
|
|
Cuartel dar a Joyeuse. Me lo
llevan
|
|
|
Bien pronto los soldados, ya
cubierto
|
|
|
De
la lúgubre sombra y macilenta
|
|
|
Palidez
de la muerte; cual se mira
|
|
|
Tierna
flor, que nacer alegre viera
|
|
|
La
mañana, de llantos de la aurora
|
|
|
Y
de besos del céfiro; que bella
|
|
|
Brilla y luce un momento a
nuestra vista,
|
|
|
Y
cae antes de tiempo a la violencia
|
|
|
De los vientos, o al corte de un
acero.
|
|
|
«¿Más, a qué recordar
tristes escenas
|
|
|
De triunfo tal? ¡Que yo de la
memoria
|
|
|
De este horrible suceso, antes
no pueda
|
|
|
Borrar los sanguinarios
monumentos!
|
|
|
Hasta ahora mi brazo de
francesa,
|
|
|
De patria sangre sólo se ha
teñido.
|
|
|
Nada
tiene de grata y lisonjera
|
|
|
Mi grandeza a tal precio. De mi
duelo,
|
|
|
Mi sangriento laurel lágrimas
riegan.
|
|
|
Este infeliz combate, el triste
abismo
|
|
|
De
que en vano Valois salir intenta,
|
|
|
No hizo más que excavar. Más
despreciado
|
|
|
En
sus reveses fue. Menos le presta
|
|
|
Su sumisión París. La fiera Liga
|
|
|
Su orgullo más exalta y su
protervia,
|
|
|
Y su amargo dolor más agravando
|
|
|
Del de Guisa la gloria, sus
afrentas
|
|
|
No
menos redobló, que sus desgracias.
|
|
|
Con más dichosa mano, Guisa
venga
|
|
|
De
Vimori en los campos, sobre huestes
|
|
|
Que el Germano en mi pro marchar
hiciera,
|
|
|
De
Joyeuse la muerte, que las mías,
|
|
|
Si
bien a mi pesar, en Coutrás dieran.
|
|
|
Abismando
en Onó mis auxiliares,
|
|
|
De laureles cubierto, se
presenta
|
|
|
En
París vencedor, y allí aparece
|
|
|
Cual un Dios tutelar. Valois
observa
|
|
|
De su enemigo audaz los altos triunfos,
|
|
|
Y éste insultando siempre con
fiereza
|
|
|
Al Príncipe abatido, más
vencerle
|
|
|
Que
servirle en tal lance osado muestra.
|
|
|
«Siempre, al fin, la vergüenza irrita y punza
|
|
|
Al pundonor más feble. De la
mengua
|
|
|
El apático Rey por fin se
siente,
|
|
|
Y refrenando al cabo la
insolencia
|
|
|
De
un vasallo felón, en París quiere
|
|
|
Su autoridad probar; más ya, ya
no era
|
|
|
El
oportuno tiempo. En sus vasallos
|
|
|
Ya su temor y afecto se
extinguieran.
|
|
|
Su audaz Pueblo, al motín
siempre propenso,
|
|
|
Desde el punto en que el Rey
reinar decreta,
|
|
|
Tiénele por tirano. Se hacen
juntas,
|
|
|
Se conspira, y veloz la alarma
vuela.
|
|
|
Todo habitante entonces fue
soldado;
|
|
|
París todo fue ya campo de
guerra.
|
|
|
Mil vallas, de un momento raro
aborto,
|
|
|
Amenazan del Rey, las guardias
cercan. 29
|
|
|
«Tranquilo
entonces Guisa, fiero, ufano,
|
|
|
En medio la borrasca, o bien
refrena,
|
|
|
O del Pueblo las furias
precipita.
|
|
|
Él,
de la sedición es quien gobierna
|
|
|
Los
secretos resortes, y a su antojo
|
|
|
Mueve la enorme masa. Se endereza
|
|
|
Con furor a palacio el Pueblo
todo.
|
|
|
A un acento de Guisa no
existiera
|
|
|
La
vida de Valois; y de sus ojos
|
|
|
Cuando una imperceptible leve
seña
|
|
|
A abismarlo en la nada bastaría,
|
|
|
Se satisface solo, se contenta
|
|
|
Con hacerlo temblar, y
deteniendo
|
|
|
De
los amotinados la carrera,
|
|
|
Él mismo, para huir, a Valois
libre,
|
|
|
De lástima, el poder y paso
deja.
|
|
|
Cualquiera
que el plan fuese del de Guisa,
|
|
|
Para vasallo, al fin, sobrado
atenta,
|
|
|
Más poco por demás para tirano.
|
|
|
Cualquiera audaz mortal, que por
fin llega
|
|
|
A forzar al temor a su Monarca,
|
|
|
Todo temerlo debe, si se queda,
|
|
|
Y hasta violarlo todo no se
arroja.
|
|
|
Sostenido ya Guisa con firmeza
|
|
|
En
sus grandes designios, desde entonces,
|
|
|
De ofender y mostrarse solo a
medias
|
|
|
Que ya el tiempo pasara,
reflexiona,
|
|
|
Y
con sagaz audacia de ver echa,
|
|
|
Que remontado, en fin, a altura
tanta,
|
|
|
Más sobre un precipicio, ya era
fuerza,
|
|
|
O subir presto al solio, o al
cadalso.
|
|
|
Despótico ya dueño de la ciega
|
|
|
Revolución de un Pueblo; de
esperanza
|
|
|
Y
de temeridad el alma llena;
|
|
|
De
Roma en sus empresas apoyado;
|
|
|
En ellas socorrido de la Iberia;
|
|
|
Ídolo el más querido de la
Francia,
|
|
|
Y
ayudado, además, de la influencia
|
|
|
Que
sus hermanos logran sobre el Pueblo,
|
|
|
Aquel vasallo altivo presumiera
|
|
|
Haber antiguos tiempos renovado,
|
|
|
En
que de la primer estirpe regia
|
|
|
Indignos y cobardes
descendientes,
|
|
|
Cuasi al nacer caídos de la
esfera
|
|
|
Del supremo poder, bajo lo
odioso
|
|
|
De una capilla hundían sus
diademas,
|
|
|
Y
por violentos votos entre sombras
|
|
|
Lamentando de un claustro su
flaqueza,
|
|
|
En
las tiranas manos de opresores,
|
|
|
Del Gobierno las riendas
depusieran.
|
|
|
Sin embargo, Valois, que la
venganza
|
|
|
De Guisa allá en su pecho
difiriera,
|
|
|
Estados de la Francia generales
|
|
|
Convoca para Blois, y allí celebra.
|
|
|
De esta asamblea, Reina, la
noticia
|
|
|
Bien puede ser que ya nueva no
os sea.
|
|
|
De
mejora y reformas harto urgentes,
|
|
|
Varias
leyes allí se propusieran,
|
|
|
Que sin ejecución al fin
quedaron,
|
|
|
Y
la pomposa estéril elocuencia
|
|
|
De diputados mil, detalle inútil
|
|
|
De
los abusos nuestros hizo en ella;
|
|
|
Pues
de asambleas tantas y consejos
|
|
|
El frecuente suceso que se
observa,
|
|
|
Es
el de revistar los males todos,
|
|
|
Pero sin reformar ni uno
siquiera.
|
|
|
«En augusta sesión de estos
estados,
|
|
|
Del altanero Guisa la soberbia,
|
|
|
Con
desdén de su Príncipe abatido,
|
|
|
La regia majestad a insultar
llega.
|
|
|
Asiento va a tomar cerca del
trono,
|
|
|
Y bien asegurado de su empresa,
|
|
|
En cada diputado ve un vasallo.
|
|
|
Ya
sus indignas tropas, con vileza
|
|
|
Del tirano vendidas a intereses,
|
|
|
De un imperio absoluto se
aceleran
|
|
|
A poner en su mano el duro
cetro;
|
|
|
Cuando de su temor y su
indulgencia
|
|
|
Hacia el soberbio Guisa
fatigado,
|
|
|
Medita ya, por último, y se
arresta
|
|
|
Valois
a reinar libre, y dél vengarse.
|
|
|
Su rival cada día más se esmera
|
|
|
En mover y exaltar su justo
enojo,
|
|
|
E insolente enemigo, le desdeña,
|
|
|
Sin que ni aún sospeche su
arrogancia
|
|
|
En el Príncipe airado, la
firmeza,
|
|
|
Que a un vil asesinato era
bastante.
|
|
|
Ciégale su destino. Se le acerca
|
|
|
Su hora al deslumbrado, y con
indigna,
|
|
|
Con villana perfidia, de
sorpresa,
|
|
|
A sus ojos el Rey manda
inmolarle.
|
|
|
Su cuerpo allí traspasan y
laceran
|
|
|
De
acerados puñales mil heridas;
|
|
|
Más su orgullo al morir no se
abatiera.
|
|
|
La
frente, que aún Valois temía acaso,
|
|
|
Toda pálida ya, toda sangrienta,
|
|
|
Su dueño al parecer aún amenaza.
|
|
|
Esta fue la final trágica escena
|
|
|
De aquel vasallo infiel,
omnipotente,
|
|
|
Que
un cúmulo brillante en sí reuniera
|
|
|
De
virtudes y vicios. El Rey débil,
|
|
|
A quien la autoridad robó
suprema,
|
|
|
Cobarde en demasía le ha
sufrido,
|
|
|
Y no menos cobarde dél se venga.
|
|
|
«Corre
presto en París el caso horrible,
|
|
|
Y el asombrado Pueblo el aire
atruena
|
|
|
De
horrísonos clamores. Los ancianos
|
|
|
De
pesar abatidos, y las hembras
|
|
|
Lágrimas arroyando, cual
perdidas,
|
|
|
A abrazar, por do quiera,
corren, vuelan
|
|
|
Del desgraciado Guisa las
estatuas.
|
|
|
Y
de ilusiones lleno París piensa,
|
|
|
Que
en situación tan crítica, tenía
|
|
|
Que vengar a su padre, y de su
Iglesia
|
|
|
La causa sostener. Mayenne, entonces,
|
|
|
Digno hermano de Guisa, se
acelera,
|
|
|
Del Pueblo airado en medio, a
transportarle
|
|
|
A la feroz venganza de su
ofensa,
|
|
|
Y
más por su interés que por su duelo,
|
|
|
De aquel enorme incendio con
violencia
|
|
|
Rápido discurriendo por cien
lados,
|
|
|
Soplaba la voraz horrible
hoguera.
|
|
|
Mayenne, largo tiempo ya de
Marte 30
|
|
|
En
alarmas nutrido, por sus sendas
|
|
|
Bajo el soberbio Guisa audaz
trepara.
|
|
|
Que
en su gloria, por tanto, y sus empresas
|
|
|
Le
suceda resuelven. De la Liga
|
|
|
Pasa el cetro a sus manos. Tal
grandeza,
|
|
|
Dulce a su corazón e ilimitada,
|
|
|
Fácilmente la pérdida consuela
|
|
|
De un hermano inmolado. A pesar
suyo,
|
|
|
A Guisa por su jefe obedeciera,
|
|
|
Y
aunque en triste ocasión de tanto luto,
|
|
|
Ya
vengarle le agrada y lisonjea
|
|
|
Mucho
más que servir bajo su mando.
|
|
|
Heroico valor el jefe alienta.
|
|
|
Se lo confieso, sí. Feliz y
sabia
|
|
|
Su conducta política, a ver
llega
|
|
|
Bajo su sola ley servir unida
|
|
|
Esa turba de espíritus inmensa,
|
|
|
De
su dueño enemiga, y de tiranos
|
|
|
A un tiempo torpemente esclava
ciega.
|
|
|
Él, con sagacidad distinguir
sabe
|
|
|
Los
variados talentos que en sí encierra,
|
|
|
Y con crítico tino de ellos
todos
|
|
|
En
oportunos casos se aprovecha.
|
|
|
De
los mismos reveses, sus ventajas
|
|
|
Sacar a veces logra su destreza.
|
|
|
Con
aura más brillante y seductora,
|
|
|
De admiración la Francia dejó
llena;
|
|
|
Los ojos fascinara el otro
Guisa,
|
|
|
Que
más grande y más héroe en verdad fuera;
|
|
|
Pero no que su hermano, más
temible.
|
|
|
Tal,
señora, es Mayenne, y tal su fuerza.
|
|
|
Cuanto de lisonjeras esperanzas
|
|
|
Funda esa altiva Liga en su
prudencia,
|
|
|
Otro tanto de orgullo y de
bravura
|
|
|
De
todos en los ánimos subleva,
|
|
|
De ese joven Aumale el
presuntuoso 31
|
|
|
Soberbio corazón. Es su fiereza
|
|
|
El broquel del partido, que
hasta el día
|
|
|
De
invencible el renombre le conserva.
|
|
|
Mayenne,
que a las lides le conduce,
|
|
|
De
la Liga es el alma que proyecta;
|
|
|
Aumale, empero, el brazo, que
ejecuta.
|
|
|
«Ese
opresor político del Belga,
|
|
|
Ese vecino, en tanto, peligroso,
|
|
|
Católico
tirano y Rey, que encierra
|
|
|
Su principal apoyo en su
artificio;
|
|
|
Ese enemigo vuestro, gran
Princesa,
|
|
|
Y aún más mío, Felipe,
voluntario 32
|
|
|
De Mayenne abrazando las
querellas,
|
|
|
De
los rivales nuestros torpemente
|
|
|
La causa criminal insta y
fomenta,
|
|
|
Y
Roma, que apagar de males tantos
|
|
|
Debía el voraz fuego, Roma misma
|
|
|
La tea atiza más de la
discordia.
|
|
|
El
que de los cristianos nombre lleva
|
|
|
Todavía
de padre, entre las manos
|
|
|
De
sus hijos libró daga sangrienta.
|
|
|
Del un término al otro de la
Europa,
|
|
|
Registraron mis ojos con
sorpresa,
|
|
|
Que
a un tiempo las desgracias todas juntas
|
|
|
De tropel a París sobrevinieran.
|
|
|
Rey, por fin, sin vasallos,
perseguido,
|
|
|
Sin tener quien le asista ni
defienda,
|
|
|
Vese Valois por último forzado
|
|
|
A
implorar el socorro de mis fuerzas.
|
|
|
Creyome generoso, y no se
engaña.
|
|
|
Del estado desastres solo
aquejan
|
|
|
Mi corazón, Señora, y de su
trono
|
|
|
Los peligros mi cólera sosiegan.
|
|
|
Ya no he visto en Valois más que
un hermano:
|
|
|
Mi deber lo ordenaba. Se sujetan
|
|
|
A
su ley mis enojos, y Rey, vuelo
|
|
|
A vengar de otro Rey cetro y
diadema.
|
|
|
Sin guardias, pues, sin rehenes,
sin tratados,
|
|
|
A hablar llego a Valois. La
suerte vuestra,
|
|
|
Está, señor, le digo, en vuestro
aliento.
|
|
|
Que a vencer o morir vengáis es
fuerza,
|
|
|
Del
rebelde París en las murallas.
|
|
|
Súbito de Valois el alma eleva,
|
|
|
Sus espíritus hinche un noble
orgullo.
|
|
|
Yo no me lisonjeo de que hubiera
|
|
|
Capaz sido mi ejemplo, de
inspirarle
|
|
|
De un guerrero valor llama tan
bella.
|
|
|
Las desgracias, sin duda, a
fuertes golpes
|
|
|
Su dormida virtud, al fin,
despiertan.
|
|
|
El reposo lamenta que a tal
punto
|
|
|
Abatídole había. A Valois era
|
|
|
Tan penoso infortunio necesario.
|
|
|
La suerte muchas veces más
adversa,
|
|
|
Es a los soberanos muy precisa.»
|
|
|
Tal
ha sido de Enrique a aquella Reina.
|
|
|
La
simple narración, mientras promueve
|
|
|
Del Britano el socorro. Ya
altaneras
|
|
|
Voces
de la victoria, de las torres
|
|
|
Del rebelado muro al Héroe
apremian
|
|
|
Porque a su campo torne. Tras
sus pasos
|
|
|
Mil jóvenes isleños, con
presteza,
|
|
|
De
los mares el seno a hendir se alistan,
|
|
|
Y
los combates de la Francia anhelan.
|
|
|
A su frente al de Essex llevan ufanos;
|
|
|
Al
de Essex, cuyo espíritu y braveza, 33
|
|
|
De
los fieros y altivos castellanos
|
|
|
Confundir supo un día la
prudencia:
|
|
|
Al
de Essex, que orgulloso mal podría
|
|
|
Creer que un hado indigno se
atreviera
|
|
|
A marchitar laureles que su mano
|
|
|
Ya consagrado había a su cabeza.
|
|
|
Enrique activo jefe, cuyo
impulso
|
|
|
Nada parar podía, a Essex no
espera.
|
|
|
De
lidiar y vencer todo impaciente,
|
|
|
Por regresar a Francia se
desvela.
|
|
|
«Id, Héroe digno, andad, la
Reina dice.
|
|
|
Bien presto, a la voz mía,
vuestras huellas
|
|
|
Siguiendo
mis guerreros, esos mares
|
|
|
Atravesando irán; más no los
lleva
|
|
|
El
servir a Valois; a vos os siguen.
|
|
|
Mi amistad solamente los dispensa
|
|
|
A vuestras generosas
inquietudes.
|
|
|
Vos
les veréis correr a las peleas,
|
|
|
Por socorreros menos que
imitaros.
|
|
|
Hechos, a vuestro ejemplo, de la
guerra
|
|
|
Al gran arte, y sus riesgos y
fatigas,
|
|
|
Ya bajo vuestra sombra, en
vuestra escuela
|
|
|
A servir se instruirán
gloriosamente
|
|
|
Y con mayor ventaja a la
Inglaterra.
|
|
|
Quiera el cielo que a golpes de
este brazo
|
|
|
Prontamente la Liga a expirar
venga.
|
|
|
Al caudillo Mayenne, de la
España
|
|
|
Ese ambicioso Rey, astuto
obsequia,
|
|
|
Vuestra enemiga es Roma. Nuevos triunfos,
|
|
|
Id
a ganar, Enrique, de la Iberia;
|
|
|
Más pensad que, a un gran
hombre, vanos rayos
|
|
|
Temer de Roma ya gran mengua
fuera.
|
|
|
Vengada
por vos quede de los Pueblos
|
|
|
La libertad violada. La fiereza
|
|
|
De
Felipe abatid, y de ese Sixto.
|
|
|
«Felipe, de su padre en la violencia
|
|
|
Tirano sucesor, menos que él
grande,
|
|
|
Menos bravo también; pero en
empresas
|
|
|
Y
en política igual; de sus vecinos
|
|
|
La división tramando, falso
intenta
|
|
|
Sus
cadenas echarles, y del fondo
|
|
|
De
su alcázar el orbe domar piensa.
|
|
|
Desde el polvo hasta el solio
alzado Sixto, 34
|
|
|
Con un poder menor, un alma
encierra
|
|
|
Todavía más fiera. De Montalto
|
|
|
Pastor humilde un tiempo, regias
testas,
|
|
|
Príncipes formidables rivaliza.
|
|
|
Dar la ley en París osado
piensa,
|
|
|
No de distinto tono que allá en
Roma,
|
|
|
Y
de un triple magnífico diadema
|
|
|
Bajo el pomposo fausto y sacro
brillo,
|
|
|
Avasallarlo todo osado intenta,
|
|
|
Y hasta al mismo Felipe. Ese
violento,
|
|
|
Pero
en engaños hábil y en cautelas,
|
|
|
Enemigo
celoso de los fuertes,
|
|
|
Y opresor
de los débiles se ostenta.
|
|
|
Cábalas
y manejos, aquí en Londres,
|
|
|
Y aun en mi misma corte mil
urdiera;
|
|
|
Y el mundo, a quien engaña, se
halla lleno
|
|
|
De
la intriga y la trama en que lo enreda.
|
|
|
«De
vuestros enemigos, Gran Enrique,
|
|
|
Tal es la condición y alta
ralea,
|
|
|
Que
mirar es en vos un deber digno
|
|
|
Con el desdén que yo. Ambos
quisieran
|
|
|
Alzarse contra mí; más uno, en
balde
|
|
|
Con borrascas luchando y la
Inglaterra,
|
|
|
Hizo ver al Océano en su fuga
|
|
|
Sus
míseros naufragios. Las riberas 35
|
|
|
De
esos mares aún cubren los despojos,
|
|
|
Teñidas aún se ven con sangre
fresca
|
|
|
De
sus famosas huestes. Allá en Roma
|
|
|
Mudo, el otro, me teme y me
respeta.
|
|
|
«Vuestros nobles destinos, a
sus ojos
|
|
|
Seguid Enrique, pues, con
entereza.
|
|
|
Sabed, que si una vez el marcial
brío
|
|
|
De ese Mayenne audaz domado
queda,
|
|
|
Presto a Roma en pos dél veréis
sumisa.
|
|
|
El favor o rencor de esta
soberbia
|
|
|
En
los campos podéis reglar vos solo.
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Inflexible
al vencido, y placentera
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Con todo vencedor; siempre a
absolveros
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Como a anatemizaros tan
dispuesta;
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Encender o apagar, en vuestra
mano
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Tenéis,
de sus diplomas las centellas.»
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