|
|
Avanzáranse, en tanto, se
aprestaran
|
|
|
Las
máquinas mortales, que en su seno,
|
|
|
De
los tercos rebeldes abrigaban
|
|
|
La fatal perdición; y por do
quiera,
|
|
|
Volando el hierro y fuego, que
arrojaran
|
|
|
Por
bocas cien de bronce, con estruendo
|
|
|
Sus murallas batían y aterraban.
|
|
|
Ni
de los Dez y seis sañosas iras,
|
|
|
Ni
la sagaz prudencia, que inspiraba
|
|
|
Al astuto Mayenne, ni de un
Pueblo
|
|
|
Con insolencia alzado la
arrogancia,
|
|
|
Ni
de escándalo llenos los discursos,
|
|
|
Que
de la ley Doctores divulgaran,
|
|
|
Otros
contra Borbón débiles menos
|
|
|
Menos vanos auxilios
ministraban.
|
|
|
A agigantados pasos la victoria
|
|
|
Del Héroe por las huellas se
avanzaba.
|
|
|
Sixto, Felipe, y Roma, por su
parte,
|
|
|
Hórridos anatemas fulminaran:
|
|
|
Roma, empero, por fin,
dichosamente,
|
|
|
De ser terrible al mundo ya
dejara.
|
|
|
Ya
impotentes sus rayos, en el aire
|
|
|
Con la razón chocando, se
exhalaban.
|
|
|
Por otro lado, a un tiempo, la
indolencia,
|
|
|
La pesadez maligna y ordinaria
|
|
|
Del vicio castellano, a los
sitiados,
|
|
|
Un urgente socorro retardaba.
|
|
|
Errantes
sus soldados por el Reino,
|
|
|
Sus
ciudades, en tanto, desolaban,
|
|
|
Sin que a París jamás socorro
dieran.
|
|
|
El pérfido político esperaba,
|
|
|
Que ya exhausto el Ligado, una
conquista
|
|
|
A su brazo ofreciese poco cara.
|
|
|
El peligroso apoyo, el lazo
astuto
|
|
|
De su falsa amistad, le
preparaba
|
|
|
En
vez de un aliado un señor fiero,
|
|
|
Cuando de un furibundo empresa
infanda,
|
|
|
Cambiar con mano aleve parecía
|
|
|
La suerte por un tiempo de la
Francia.
|
|
|
¡Tranquilos
habitantes, que los muros
|
|
|
De
la ilustre París hoy circunvalan!
|
|
|
Vosotros, que del Cielo
merecisteis
|
|
|
A la predilección, la insigne
gracia
|
|
|
De
nacer en más prósperas edades,
|
|
|
De perdonarme habréis, si aquí
empeñada,
|
|
|
Renovase mi pluma a la memoria,
|
|
|
La historia criminal, do negras
llanas
|
|
|
Ocupan vuestros padres
seducidos.
|
|
|
De
sus atrocidades feas manchas
|
|
|
Sobre vos no recaen, no os
denigran.
|
|
|
Todas las cubre al fin, todas
las lava
|
|
|
Vuestro leal amor a vuestros
Reyes.
|
|
|
Procreado
ha la Iglesia, en eras varias,
|
|
|
Solitarios varones, que reunidos
|
|
|
Bajo severas reglas, se miraban
|
|
|
Cual en todo distintos y
arredrados
|
|
|
Del
resto de los hombres, y en las aras
|
|
|
Votos solemnizando rigurosos,
|
|
|
Al servicio de Dios se
consagraran.
|
|
|
Unos
en soledades se sumían,
|
|
|
Gozando de la paz profunda
calma.
|
|
|
En su ascética vida inaccesibles
|
|
|
A atractivos del mundo y pompas
vanas,
|
|
|
Celosos
de un reposo dulce y blando
|
|
|
Que
robarles no pueden, de la humana
|
|
|
Mundanal
sociedad, que bien pudieran
|
|
|
Útilmente servir, huyen las
cargas.
|
|
|
De ellos, otros no pocos, sus
funciones
|
|
|
Haciendo de más pública
importancia,
|
|
|
De la Iglesia a las cátedras
subiendo,
|
|
|
No poco la sirvieran e
ilustraran:
|
|
|
Pero bien prontamente, por
desdicha,
|
|
|
Embriagados e ilusos con el aura
|
|
|
Que
sus talentos captan lisonjeros,
|
|
|
En
el siglo esparcidos, sus profanas
|
|
|
Costumbres adquiriendo, no
ignoraron
|
|
|
De una sorda ambición arteras
ansias,
|
|
|
Y
ya de sus intrigas y manejos
|
|
|
Más de un país a veces se
quejara.
|
|
|
Así
entre los mortales, el abuso
|
|
|
Del
más perfecto bien, en desgraciada
|
|
|
Fatal fuente del mal llega a
tornarle.
|
|
|
Los que la vida y regla
profesaran
|
|
|
De Domingo en España, largo
tiempo
|
|
|
Viéranla
florecer, y de la plaza
|
|
|
Más
obscura de empleos harto humildes,
|
|
|
A
los regios palacios de monarcas
|
|
|
Remontada bien presto la
miraron.
|
|
|
No con menos fervor, si limitada
|
|
|
A influencia menor y poderío,
|
|
|
Prosperó con respeto en nuestra
Patria,
|
|
|
Asaz
bien de los Reyes protegida
|
|
|
Apacible, y al fin afortunada,
|
|
|
Si en su materno seno, por
ventura,
|
|
|
Nunca al traidor Clemente
cobijara. 46
|
|
|
Desde
edad juvenil, llevado había
|
|
|
Al
retiro, Clemente, en que habitaba,
|
|
|
Los
tétricos accesos y fiereza
|
|
|
De una virtud selvaje y
arriesgada.
|
|
|
Feble, y crédulo simple, lleno
siempre
|
|
|
De devoción frenética e
insensata,
|
|
|
Su
espíritu sombrío, rudo y triste,
|
|
|
De
la facción rebelde y desbordada
|
|
|
El torrente seguía. Sobre joven
|
|
|
Vertiendo tan insano, en
abundancia,
|
|
|
La funesta Discordia el cruel
veneno
|
|
|
De su boca infernal, tanto le
exalta,
|
|
|
Que
al pié de los altares prosternado,
|
|
|
Con
criminales votos y plegarias,
|
|
|
Cada día más túrbido y
ferviente,
|
|
|
Los Cielos importuno fatigaba;
|
|
|
Y aunque cubierto, dicen, y
manchado
|
|
|
De
polvo y de ceniza, a Dios orara
|
|
|
Un día en esta horrible impía
forma.
|
|
|
«¡Dios,
que a tu Iglesia vengas, y las tramas
|
|
|
De
opresores castigas y tiranos!
|
|
|
¿Habrá de verse siempre, que
abismada
|
|
|
De
tus hijos la raza así consientas,
|
|
|
Y
de un Rey que te insulta, que te ultraja,
|
|
|
La sacrílega mano armando
impura,
|
|
|
El perjurio bendigas por su
causa,
|
|
|
Y el bárbaro homicidio
favorezcas?
|
|
|
Con dureza ¡Gran Dios!
desmesurada,
|
|
|
Los
rigores nos prueban de tu azote.
|
|
|
Harto
ya nos afligen y maltratan.
|
|
|
Contra tus enemigos levantarte
|
|
|
Dígnate ya Señor. Suspende,
aparta
|
|
|
De
nosotros la muerte y la miseria.
|
|
|
Líbranos de ese Rey, sobre la
Francia
|
|
|
En tu montada cólera arrojado,
|
|
|
Y del airado Cielo el furor
calma.
|
|
|
Ven, Señor: y ante ti marchando
venga
|
|
|
Del Exterminador la horrenda
espada.
|
|
|
Ten clemencia ¡mi Dios! Llega:
desciende:
|
|
|
Ármate,
y tus centellas inflamadas,
|
|
|
A nuestra vista hieran, quemen,
hundan
|
|
|
Su sacrílega hueste. Ambos
monarcas,
|
|
|
Sus
jefes y soldados, expirando,
|
|
|
Caigan cual hojas leves
dispersadas
|
|
|
A discreción del viento; y los
valientes
|
|
|
Católicos, que lidian por tu
causa,
|
|
|
Salvos
de tu justicia y tu clemencia
|
|
|
Por el poder inmenso y virtud
santa,
|
|
|
De ese ejército infiel sobre los
mismos
|
|
|
Cadáveres sangrientos, de
alabanza
|
|
|
Eucarísticos himnos te
enderecen.»
|
|
|
Cruzando
por los aires, escuchaba
|
|
|
Estos impíos ecos, la Discordia.
|
|
|
Recógelos al punto: entre ellos
baja
|
|
|
Del Tártaro a los lóbregos
imperios,
|
|
|
De donde la maléfica no tarda
|
|
|
En tornar, conduciendo de ellos
todos
|
|
|
Al
más cruel azote y atroz plaga.
|
|
|
Llega ya: Fanatismo, horrible
nombre,
|
|
|
El tirano diabólico se llama.
|
|
|
Hijo desnaturado de la misma
|
|
|
Religión
apacible dulce y mansa,
|
|
|
Armado de ella en pro, su ruina
intenta,
|
|
|
Y en su piadoso seno ya lograda
|
|
|
Una incauta acogida, al mismo
tiempo
|
|
|
Que
en sus brazos la estrecha, la desgarra.
|
|
|
El
fue, quien en Rabá, sobre los bordes
|
|
|
Condujo del Arnón, feroz guiaba
|
|
|
Del desgraciado Ammón los
descendientes
|
|
|
Cuando a su Dios Moloc, toda
bañada
|
|
|
En lágrimas la madre, del
hijuelo
|
|
|
Palpitando ofrecía las entrañas.
|
|
|
El de Jephté dictando el duro
voto,
|
|
|
Inhumano llevó la fiera daga
|
|
|
De su hija al corazón. Él mismo
ha sido
|
|
|
Quien en Aulida abriendo del
cruel Calcas
|
|
|
La despiedada boca, por su
acento
|
|
|
De Ifigenia la muerte audaz
reclama.
|
|
|
Él,
allá en lo sombrío de tus selvas,
|
|
|
Habitó largo tiempo ¡o antigua
Galia!
|
|
|
De
tus patrios aromas ha incensado
|
|
|
De
Teutatés la horrible Deidad vana.
|
|
|
Tú quizá, todavía, no olvidaste
|
|
|
Los
sacros homicidios que en las aras
|
|
|
De
tus indignos Dioses, frecuentaron
|
|
|
Los sanguinarios Druidas. En voz
alta,
|
|
|
Del Capitolio augusto allá en la
cumbre,
|
|
|
Herid,
a los Gentiles les gritaba,
|
|
|
Desgarrad y acabad a esos
Cristianos.
|
|
|
Más luego que abjurando las
paganas,
|
|
|
Y del Hijo de Dios la ley
siguiendo,
|
|
|
De Roma la cerviz le fue
postrada,
|
|
|
Del Capitolio hundido ya en
cenizas,
|
|
|
A la triunfante Iglesia veloz
pasa,
|
|
|
Y su furor frenético inspirando
|
|
|
En
las devotas almas que infectara,
|
|
|
Sus
índoles, de mártires piadosas
|
|
|
Cambia en perseguidoras y
tiranas.
|
|
|
La
secta turbulenta formó en Londres, 47
|
|
|
Que sobre un Rey imbécil mano
armada
|
|
|
Ensangrentar
osó; y allá en Lisboa,
|
|
|
No menos que en Madrid, fiero
atizaba 48
|
|
|
Los solemnes braseros, do anualmente
|
|
|
Sacerdotes serenos arrojaran
|
|
|
En magnífica pompa a los
hebreos,
|
|
|
En
quienes la firmeza castigaban
|
|
|
De
no querer jamás de sus mayores
|
|
|
El culto renegar y fe heredada.
|
|
|
En sus disfraces, de
ornamentos sacros
|
|
|
De ministros del cielo se
adornaba,
|
|
|
Revestíase siempre: pero adopta
|
|
|
Del Infierno, esta vez, en la
morada
|
|
|
De una noche eternal, la forma
nueva
|
|
|
Que a su nuevo delito acomodaba.
|
|
|
La Audacia y Artificio, los
disfraces
|
|
|
Con oportuno amaño le preparan.
|
|
|
De Guisa, con el talle, toman
luego
|
|
|
Los
rasgos, que a aquel héroe más marcaban;
|
|
|
De
aquel soberbio Guisa, en quien se viera
|
|
|
Del Estado al tirano, y al
monarca
|
|
|
De
su propio Señor, que en todos tiempos,
|
|
|
Y
aun después de su muerte desastrada,
|
|
|
Poderoso
y terrible, de la guerra
|
|
|
A los horrores todos y
desgracias
|
|
|
Nuestra
Francia inducía, y de los suyos
|
|
|
A ambiciosas empresas
arrastraba.
|
|
|
De un casco espantador arman su
frente,
|
|
|
Y empuñan en su mano lucia
espada
|
|
|
Siempre a la muerte pronta. En
su costado
|
|
|
Las mortales heridas también graban,
|
|
|
Con que a aquel jefe un día de facciosos
|
|
|
En
la ciudad blesense asesinaran;
|
|
|
Y
por tales heridas de la sangre,
|
|
|
Que corría abundosa, la voz
agria,
|
|
|
Acusar a Valois aún parecía,
|
|
|
Y reclamar sobre él cruda
venganza.
|
|
|
Tal el lúgubre fue ficto aparato,
|
|
|
Con que entre la amapola, que
derrama
|
|
|
El
dulce y blando sueño, y en el fondo
|
|
|
Del lóbrego retiro de su
estancia,
|
|
|
Vino aquel disfrazado horrible
espectro
|
|
|
A traer a Clemente su embajada.
|
|
|
De la fe religiosa el celo
falso,
|
|
|
Que una encendida cólera
inflamaba,
|
|
|
Con la Superstición, su fiel
amiga,
|
|
|
Y la inquieta y maléfica Cábala,
|
|
|
Unidos en su guarda de continuo
|
|
|
A
Clemente asistían de su estancia
|
|
|
Velándole al cancel, por el que
al punto
|
|
|
Al feroz Fanatismo dan entrada.
|
|
|
Llega; y con voz altiva y
majestuosa,
|
|
|
«Dios
tus votos acepta y tu demanda:
|
|
|
¿Pero acaso, le dice, ni otro
culto,
|
|
|
Ni otro incienso al Señor tu fe
consagra,
|
|
|
Que un voto estéril y un
perpetuo llanto?
|
|
|
Otras
ofrendas más, son necesarias
|
|
|
Al Dios que nuestra Liga ampara
y sirve.
|
|
|
Él
exige de ti, de ti demanda
|
|
|
Lo mismo que le pides. Si allá
un tiempo,
|
|
|
Para salvar Judith su nación
cara,
|
|
|
Lágrimas solo a Dios, solo
clamores
|
|
|
Consagrado le hubiera, si
alarmada
|
|
|
Por
el mal de su pueblo, por sus días
|
|
|
Temblado a un tiempo hubiese,
las murallas
|
|
|
Abatir
de Betulia Judith viera.
|
|
|
He aquí, he aquí, Clemente, las hazañas,
|
|
|
Las sagradas empresas cuyo
ejemplo,
|
|
|
Cuyo digno valor y ofrenda grata
|
|
|
Debrías imitar... más ya, ya
miro
|
|
|
Que
te avergüenzas, si, de la tardanza.
|
|
|
Vuela, pues; y tu mano, con la
sangre
|
|
|
Salvando del Ungido nuestra
Patria,
|
|
|
Vengue Roma, París, a mí, y al
mundo.
|
|
|
Por un asesinato vio segada
|
|
|
Mi vida ese Valois. Vengada
quede
|
|
|
Por otro golpe igual su aleve
saña.
|
|
|
De asesino el vil nombre no te
espante.
|
|
|
En ti será, Clemente, virtud
clara,
|
|
|
Lo
que en Valois fue crimen. A quien venga
|
|
|
La Iglesia, todo es justo.
Entonces nada
|
|
|
De
malo tiene y cruel el homicidio.
|
|
|
El Cielo lo autoriza ¡qué! lo
manda.
|
|
|
Él por mi voz te intima, que tu
brazo
|
|
|
Para dar ha elegido en su
venganza
|
|
|
Pronta muerte a Valois ¡Cuánta,
Jacobo,
|
|
|
Cuánta tu dicha fuera, tu honra
cuanta,
|
|
|
Si en seguida o de un golpe al
mismo tiempo,
|
|
|
Al tirano pudieses de la Francia
|
|
|
El Navarro juntar; si de ambos
Reyes
|
|
|
Tu Religión y Patria viendo
salvas,
|
|
|
Te pudiesen!... más no, no son
llegados
|
|
|
Esos
tiempos aún. Vida más larga
|
|
|
Disfrutar
debe Enrique. El Dios, que impío,
|
|
|
Que insolente persigue,
reservada
|
|
|
Al brazo de otro tiene tanta
gloria.
|
|
|
Tú,
de este Dios celoso, que en mí te habla,
|
|
|
El gran designio cumple, y dél
recibe
|
|
|
El don que por mi mano te
regala.»
|
|
|
Al
decir esto, ostenta y vibrar hace
|
|
|
Una daga brillante aquel
fantasma,
|
|
|
Que
del Averno en aguas por el odio
|
|
|
Fuera al intento bárbaro
templada.
|
|
|
Y
el don fatal poniendo de Clemente
|
|
|
En la mano feroz, súbito escapa;
|
|
|
Y
en la infernal morada se rehunde.
|
|
|
Del solitario joven deslumbrada
|
|
|
La gran facilidad, depositario
|
|
|
De intereses del Cielo se
juzgaba.
|
|
|
Besa el fatal presente con
respeto.
|
|
|
De
rodillas hincado, sus plegarias
|
|
|
Del Todo-poderoso el brazo
imploran,
|
|
|
Y
del terrible monstruo que le hablara,
|
|
|
Guiado del furor, con aire y
tono
|
|
|
De santificación, se preparaba
|
|
|
Al pérfido y horrendo regicidio.
|
|
|
¡A
cuanto error sujeto e ilusión vana
|
|
|
Está del hombre el ánimo! Clemente,
|
|
|
En
horas y ocasión tan desdichadas,
|
|
|
De la paz disfrutaba más
dichosa.
|
|
|
A su espíritu iluso confortaba
|
|
|
Aquella confianza leda y dulce,
|
|
|
Que
de los hombres justos en el alma,
|
|
|
Afirman el candor y la
inocencia.
|
|
|
Místicamente grave el furor
marcha
|
|
|
Del devoto traidor, bajos los
ojos.
|
|
|
Su sacrílego voto al Cielo
alzaba.
|
|
|
Su sosegada frente, marcas ciñen
|
|
|
De una austera virtud, y la vil
daga
|
|
|
Del parricida atroz cubre el
cilicio.
|
|
|
Seguros
sus amigos de tan alta
|
|
|
Tan celestial empresa, con mil
flores,
|
|
|
Que su celo fanático derrama
|
|
|
Bajo
sus pies, de aromas perfumando
|
|
|
El camino cubriendo por do pasa,
|
|
|
A
las puertas le guían, llenos todos
|
|
|
De
la veneración más pía y santa.
|
|
|
Sus designios bendicen: le
reaniman:
|
|
|
Instrúyenle,
y por fin, su nombre exaltan
|
|
|
Al número de tantos, como Roma
|
|
|
En
sus perpetuos fastos consagrara.
|
|
|
De
Francia el vengador, en altas voces,
|
|
|
Con furioso entusiasmo le
proclaman;
|
|
|
Y
ya con incensarios en las manos,
|
|
|
A invocarle propicio se
adelantan.
|
|
|
No transportados tanto ni
fervientes,
|
|
|
De la muerte solícitos con
ansia,
|
|
|
Los
primeros cristianos, que de apoyo
|
|
|
De
la fe de sus padres se gloriaban,
|
|
|
Allá
en más simples tiempos sus hermanos
|
|
|
Con placer al martirio
acompañaran,
|
|
|
Y de fin codiciando tan felice
|
|
|
Las
celestes dulzuras, de sus plantas
|
|
|
Las venerables huellas
tiernamente
|
|
|
Con mil devotas lágrimas
besaban.
|
|
|
El iluso, el fanático más ciego,
|
|
|
Ostentar, brillar hizo, veces
varias,
|
|
|
Un carácter igual al del
cristiano
|
|
|
Más cándido y sincero. De igual
gracia,
|
|
|
De
igual valor entrambos pruebas dieron.
|
|
|
Tiene
el error sus mártires, sus palmas.
|
|
|
Sus
héroes tiene el crimen, y sus glorias.
|
|
|
¡Cuán
vanos de los hombres, en las causas
|
|
|
Del falso y veraz celo, son los
fallos!
|
|
|
A
los más grandes hombres se equiparan
|
|
|
Muchas veces los más facinerosos.
|
|
|
Cual zahorí Mayenne, que las tramas
|
|
|
Descubría
más hondas, de la Liga
|
|
|
El maquinado golpe no ignoraba;
|
|
|
Ignorarlo, no obstante, astuto
finge.
|
|
|
Su sagaz artificio, que con
maña,
|
|
|
Del crimen horroroso asir el
fruto,
|
|
|
Más sin comprometerse meditara,
|
|
|
Cauteloso procede, y con
misterio,
|
|
|
Deja
a los más facciosos, que en el alma
|
|
|
Del joven furibundo aliento
inspiren.
|
|
|
Mientras que de la Liga una
vil banda,
|
|
|
Al traidor regicida, hasta las
puertas
|
|
|
De París conduciendo, fomentaba,
|
|
|
Los
Dez y seis, a un tiempo deslumbrados,
|
|
|
Con sacrílego esfuerzo
proyectaran,
|
|
|
De la empresa fatal sobre el
suceso
|
|
|
La suerte consultar ¡vana
observancia!
|
|
|
Curiosa allá en su tiempo
Catalina,
|
|
|
Audazmente buscó la ciencia
insana
|
|
|
De arcanos tan odiosos.
Cavilosa,
|
|
|
Aprendiera a sabor, y profundara
|
|
|
Un
arte tan ridículo y sombrío,
|
|
|
Tan
sobrenatural, y veces tantas,
|
|
|
Tan quimérico, y siempre
delincuente.
|
|
|
Todo siguió su ejemplo, y
desvariada
|
|
|
La
imbécil muchedumbre, de los vicios
|
|
|
De
las cortes secuaz ciega y esclava,
|
|
|
Por lo maravilloso loca siempre,
|
|
|
Y de la novedad siempre
encantada,
|
|
|
A
tan torpes pueriles impiedades,
|
|
|
De tropel neciamente se librara. 49
|
|
|
Entre
lóbregas sombras de la noche,
|
|
|
Bajo una oscura bóveda, llevaba
|
|
|
De la mano el Silencio
enderezando
|
|
|
A la Asamblea estólida en su
marcha.
|
|
|
Allá al pálido y lúgubre reflejo
|
|
|
De una mágica antorcha, una vil
ara
|
|
|
Sobre fúnebre tumba se erigiera,
|
|
|
Do con hondo rencor de ambos
monarcas
|
|
|
Los majestuosos bustos
colocaron,
|
|
|
De
su terror objetos y su saña.
|
|
|
Su sacrílega mano, al mismo
tiempo,
|
|
|
Sobre el sórdido altar mezclar
osara,
|
|
|
A
mil hórridos nombres infernales
|
|
|
El sacro del Eterno, y ordenadas
|
|
|
Sobre aquellas paredes tenebrosas,
|
|
|
Pusiéranse también funestas
lanzas,
|
|
|
Cuyas agudas puntas remojaron
|
|
|
De
sangre en negros vasos; circunstancia
|
|
|
Del sortilegio horrible
amenazante.
|
|
|
De este templo ministro se
ostentaba
|
|
|
Uno de esos hebreos, que
proscritos
|
|
|
Sobre la tierra ya, sin Rey ni
Patria,
|
|
|
Ciudadanos
del Orbe, de unos mares
|
|
|
A
los otros errantes, transportaran
|
|
|
Su profunda miseria por el
Mundo,
|
|
|
Y
de un cúmulo antiguo de cábalas
|
|
|
Y
de supersticiones harto impías,
|
|
|
Ya tiempo largo había, que
infestaban,
|
|
|
Del Universo henchían las
naciones.
|
|
|
De
tan vil sacerdote colocada
|
|
|
En
contorno, y ardiendo en fieras iras,
|
|
|
La junta de Ligados insensata,
|
|
|
Con destemplados gestos y
clamores
|
|
|
El torpe sacrificio comenzara.
|
|
|
Su regicida brazo en sangre
tiñen,
|
|
|
Y a
herir, sobre el altar, de Valois saltan
|
|
|
Veloces y furiosos el costado.
|
|
|
Si con mayor temor, aún con más
rabia,
|
|
|
Derriban
a sus pies de Enrique el busto;
|
|
|
Creyendo,
que a sus furias fiel, volara
|
|
|
A
transmitir la muerte a los dos Reyes,
|
|
|
La
herida de su afrenta y de su lanza.
|
|
|
Junta, en tanto, el hebreo a preces pías
|
|
|
De la Iglesia, sacrílegas
plegarias,
|
|
|
Y entre la imprecación y la
blasfemia,
|
|
|
Invoca de consuno, con insania,
|
|
|
El
Infierno, los Cielos, Dios, sus Santos,
|
|
|
Los
inmundos Espíritus, que vagan
|
|
|
Y
el Universo turban, de las nubes
|
|
|
El rayo, y del Averno al fin las
llamas.
|
|
|
Tal
en Gelboé fue un día el sacrificio
|
|
|
Que a infernales Deidades
dedicara
|
|
|
La ilusa y furibunda Pitonisa
|
|
|
De
rapto en el momento, en que evocaba
|
|
|
Delante un Rey feroz, el
simulacro
|
|
|
De Samuel espantoso. Así tronara
|
|
|
De
Samaria un tiempo en las alturas,
|
|
|
De Judá contra el pueblo, voz
profana
|
|
|
De
los falsos profetas. De igual modo,
|
|
|
Del inflexible Ateyo dura saña,
|
|
|
Allá
en Roma, y a nombre de sus Dioses,
|
|
|
Maldiciones de Craso echó a las
armas.
|
|
|
A mágicos acentos del judío,
|
|
|
Alcanzar temerarios esperaban
|
|
|
Los Dez y seis, del Cielo la
respuesta.
|
|
|
Por tal medio forzarle
maquinaran,
|
|
|
A que ya de su suerte el velo
alzase.
|
|
|
Para castigo el Cielo de su
audacia,
|
|
|
Escucharles queriendo, de natura
|
|
|
El orden y las leyes cesar
manda;
|
|
|
Y
de aquellas profundas mudas cuevas
|
|
|
Un lúgubre murmullo se levanta.
|
|
|
Redoblados relámpagos, del seno
|
|
|
De noche profundísima abortaran
|
|
|
Día
horrible y fugaz, que por momentos
|
|
|
Trémulo renacía y expiraba.
|
|
|
En medio de aquel fuego, y de
una llama
|
|
|
De deslumbrante gloria, se
aparece
|
|
|
A
sus ojos Enrique, de la ufana
|
|
|
Victoria sobre un carro. Su
serena
|
|
|
Noble frente laureles coronaban,
|
|
|
Y
el cetro de los Reyes en su mano
|
|
|
Majestuosa, magnífico brillaba.
|
|
|
Parten de un trueno súbito
centellas,
|
|
|
Que
el aire encienden, el altar abrasan,
|
|
|
Y
envuelto entre mil llamas, cae y se hunde
|
|
|
De
la tierra en el seno. Tiemblan, pasman
|
|
|
Los
Dez y seis, absortos y perdidos.
|
|
|
Del hebreo de horror se abisma
el alma,
|
|
|
Y a
esconder huyen todos en tinieblas,
|
|
|
El
crimen y terror, que les acaba.
|
|
|
Aquel trueno, aquel ruido, y aquel fuego,
|
|
|
Con espanto la pérdida
anunciaban
|
|
|
De
Valois, infalible. Dios, sus días
|
|
|
Del alto de su trono ya contara.
|
|
|
Lejos
dél retirando sus auxilios,
|
|
|
Impaciente la muerte, ya
esperaba
|
|
|
Su destinada víctima; y el
Cielo,
|
|
|
Por perder a Valois, y en su
venganza,
|
|
|
Justiciero permite un alto
crimen.
|
|
|
Clemente, sin pavor, a su Real
marcha:
|
|
|
Llega a su pabellón: pide su
audiencia,
|
|
|
Y entre tanto, el hipócrita
propala,
|
|
|
Que a aquel lugar por Dios es
conducido,
|
|
|
Donde de la diadema soberana
|
|
|
A restaurar venia sacros fueros,
|
|
|
Y a
revelar arcanos, que importaban
|
|
|
Altamente a su Rey. Por largo
espacio
|
|
|
Se vacila; le observan; se le
indaga;
|
|
|
Un funesto misterio se recela
|
|
|
Bajo su hábito oculto. Sin
alarma,
|
|
|
Severo examen sufre. Satisface
|
|
|
Con simple calma a todo; finge;
engaña;
|
|
|
Cada cual la verdad ve en sus
discursos,
|
|
|
Y a los ojos del Rey, al fin, su
guardia
|
|
|
Llega ya sin recelo a
presentarle.
|
|
|
Al
devoto traidor, no sobresalta
|
|
|
De regia majestad la faz
augusta.
|
|
|
A sus pies su rodilla
prosternada,
|
|
|
Con tranquilo y humilde
continente,
|
|
|
El punto de su golpe atento
marca;
|
|
|
Y la diestra mentira, que su
labio
|
|
|
Para empresa tan pérfida
ensayara,
|
|
|
Esta insidiosa arenga en aquel
trance
|
|
|
A Clemente dictó. «Sufrid, así
habla,
|
|
|
¡O Gran Rey! que mi voz tímida y
débil,
|
|
|
Al poderoso Dios de las
batallas,
|
|
|
Por quien los Reyes reinan, se
enderece.
|
|
|
Permitid,
que ante todo, aquí humillada
|
|
|
Le
ensalce el alma mía por los dones,
|
|
|
De que a colmaros va la mano
grata
|
|
|
De
su excelsa justicia. De enemigos
|
|
|
Entre el número inmenso, que se
alzara
|
|
|
Contra
vos, generosos y constantes,
|
|
|
Impávidos, Señor, fe grande os
guardan
|
|
|
El virtuoso Potier, con quien
ligado
|
|
|
El prudente Villroá se
conformaba, 50
|
|
|
Y
Harley, el gran Harley, de cuyo celo
|
|
|
La ardiente intrepidez, la
virtud rara,
|
|
|
Fue siempre al pueblo infiel tan
formidable.
|
|
|
Todos, del fondo oscuro, en que
moraban
|
|
|
De
su estrecha prisión entre cadenas,
|
|
|
Los ánimos reúnen: juntan,
calman
|
|
|
Todos
vuestros vasallos, y confunden
|
|
|
Los
de la Liga todos. Miras sabias
|
|
|
De
aquel Dios, que, tal vez por humil mano
|
|
|
Llevar se digna al fin empresas
altas,
|
|
|
Desdeñando entendidos y
potentes,
|
|
|
Hasta el virtuoso Harley guió mi
planta;
|
|
|
Y
de sus luces lleno, y por un labio
|
|
|
Instruido tan fiel, del celo en
alas,
|
|
|
En busca de mi Rey volando llego
|
|
|
A entregaros, Señor, aquesta
carta,
|
|
|
Que el presidente Harley a mi
leal mano,
|
|
|
Poco ha para vos de fiar acaba.»
|
|
|
A
recibirla incauto se apresura
|
|
|
El infeliz Valois, quien por
mudanza
|
|
|
Tan rápida, los cielos bendecía.
|
|
|
«¿Cuando podré, le dice, ley, fe
tanta
|
|
|
Recompensar, pagar tu buen
servicio
|
|
|
De mi justicia a gusto?» A estas
palabras,
|
|
|
Los
brazos le tendía, en cuyo instante,
|
|
|
Su asesino puñal el monstruo
arranca,
|
|
|
Y descargando el golpe, en el
costado
|
|
|
Con repentina furia se lo clava.
|
|
|
Sangre arroya; se asombran:
corren: gritan:
|
|
|
Mil brazos en un punto se
levantan
|
|
|
A castigar del Rey el alevoso,
|
|
|
Quien, sin bajar los ojos, los
miraba,
|
|
|
A todos con desden. Del
regicidio
|
|
|
Vanaglorioso, y quito con su
patria,
|
|
|
De
rodillas la muerte aguarda en premio;
|
|
|
Y
en la fiel y tranquila seguranza
|
|
|
De ser de Roma y Francia un
santo apoyo,
|
|
|
Las puertas del Empíreo ver ya
francas
|
|
|
Para acogerle en triunfo, se
imagina.
|
|
|
Del martirio a su Dios la
ilustre palma
|
|
|
Pidiéndole, al caer, los mismos
golpes
|
|
|
De
que expira, bendice como gracias.
|
|
|
¡Terrible ceguedad, ilusión
fiera,
|
|
|
Digna a un tiempo de lástima y
de saña!
|
|
|
De
la muerte del Rey menos culpable
|
|
|
Que
la turba, tal vez, desaforada
|
|
|
De
los sacros Doctores, que enemigos
|
|
|
Tan viles cuanto aleves del
monarca,
|
|
|
Por su labio, de máximas
funestas
|
|
|
La ponzoña vertiendo sobre el
alma
|
|
|
De un iracundo joven solitario,
|
|
|
Dejó su mente débil extraviada.
|
|
|
Ya
al infeliz Valois su final hora
|
|
|
La mortífera herida le cercaba.
|
|
|
Ya
anublados sus ojos, solamente
|
|
|
De luz un débil resto divisaban.
|
|
|
De aflicción con suspiros y
lamentos,
|
|
|
Sus cortesanos todos le
cercaran;
|
|
|
Y
aunque en secreto allá por sus designios,
|
|
|
Discordes
entre sí, se concertaban
|
|
|
En el lúgubre tono de su llanto;
|
|
|
Y todos, a una voz, ayes exhalan
|
|
|
De dolor, ora falso, ora
sincero.
|
|
|
Aquí el uno, a quien dulces
esperanzas
|
|
|
De la pronta mejora de destino,
|
|
|
Que
un nuevo orden le ofrece, lisonjeaba,
|
|
|
Débilmente en su pecho se
afligía
|
|
|
Del peligro mortal de su
monarca.
|
|
|
Y allí el otro, que embarga un
servil miedo
|
|
|
De arriesgar su interés, solo
lloraba
|
|
|
En lugar del monarca, su
fortuna.
|
|
|
Entre
el rumor confuso de afectadas
|
|
|
O
ingenuas erupciones de tal duelo,
|
|
|
¡Vos,
Enrique! lloráis; lágrimas sanas
|
|
|
Vertéis del corazón. Vuestro
enemigo
|
|
|
Fuera un tiempo, es verdad; más
¿que importaba?
|
|
|
Sensibles corazones, como el
vuestro,
|
|
|
En
tan horribles puntos de desgracia,
|
|
|
Fácilmente se afectan y
enternecen.
|
|
|
No de antiguos agravios se
acordaba,
|
|
|
Sino de su amistad el gran
Enrique:
|
|
|
Del Héroe generoso las ventajas
|
|
|
En balde con su lástima allí
luchan;
|
|
|
Y que un diadema el Rey le
traspasaba
|
|
|
Por su muerte, a sí mismo se
escondía.
|
|
|
Por
un final esfuerzo, una mirada
|
|
|
De
sus lánguidos ya pesados ojos,
|
|
|
Que la muerte a cerrar se
apresuraba,
|
|
|
Tiende
Valois y clava sobre Enrique;
|
|
|
Y con trémula mano, cuasi
helada,
|
|
|
La del Héroe tocando victoriosa,
|
|
|
«Contén lágrimas, dice, pena
tanta.
|
|
|
El Universo, amigo, habrá,
indignado,
|
|
|
De
lamentar la muerte a tu Rey dada.
|
|
|
Tú,
combate, ¡Borbón! Véngame, y reina.
|
|
|
Yo muero ¡caro hermano! Entre
borrascas,
|
|
|
Sentado ya te dejo sobre
escollo,
|
|
|
Que cubierto, aunque altivo,
todo se halla
|
|
|
De
mis tristes despojos y naufragios.
|
|
|
Ya te espera mi trono. Herencia
es clara
|
|
|
De
tu sangre, Borbón. Manos le gocen,
|
|
|
Que defendido le han. Nunca
olvidada
|
|
|
Dejarás
la verdad, de que le cerca
|
|
|
En todo tiempo el rayo. Cuando
se alzan
|
|
|
Al trono tus virtudes, a Dios
teme,
|
|
|
Que
es quien al trono, Enrique, te levanta;
|
|
|
Y
del culpable dogma, que aún profesas,
|
|
|
Desengañado, al fin, puedan sus
aras
|
|
|
Restablecer
tus manos y su culto.
|
|
|
A Dios. Reina felice; y de tu
guardia
|
|
|
Ángel más poderoso salvar
quiera,
|
|
|
Tus
días de otra vil aleve daga.
|
|
|
De
la Liga conoces la cruel furia;
|
|
|
Ella el rayo, que a mí de
herirme acaba,
|
|
|
Odiosa a nuestro nombre, que
algún día
|
|
|
Hasta ti vuele eléctrico,
prepara.
|
|
|
Quizá, Enrique, y no tarde,
alguna mano
|
|
|
Más injusta, más bárbara, e
inhumana...
|
|
|
Virtud tan singular ¡O justo
Cielo!
|
|
|
Perdonad, permitid...» A estas
palabras,
|
|
|
Sobre
su fría frente inexorable
|
|
|
Cae, y su suerte ya fija la
Parca.
|
|
|
De
su muerte al estruendo, París todo,
|
|
|
A
transportes odiosos se entregara,
|
|
|
De un delincuente júbilo
embriagado.
|
|
|
Mil gritos de victoria al aire
lanza.
|
|
|
Cesaron
los trabajos. De los templos
|
|
|
Las puertas por do quier se
observan francas.
|
|
|
Habitantes estólidos, sus
frentes
|
|
|
De floridas guirnaldas
coronadas,
|
|
|
Al regicidio infame aniversarios
|
|
|
Perpetuos y magníficos
consagran.
|
|
|
Borbón,
no es ya a sus ojos más que un Héroe
|
|
|
Sin
apoyo y poder, por quien estaban
|
|
|
Su ardor solo y su gloria; más
¿podría
|
|
|
Resistir a la Liga ya afirmada,
|
|
|
De la Iglesia al enojo, y sus
funestos
|
|
|
Y
tremebundos rayos, de la España
|
|
|
Al enemigo auxilio formidable,
|
|
|
Y en fin, del Nuevo-mundo a esa
su plata
|
|
|
De
mayor poderío y de más fuerza?
|
|
|
Ya guerreros no pocos, que
abrigaban
|
|
|
Una infausta política en su
pecho,
|
|
|
Más
malos ciudadanos, por desgracia,
|
|
|
Que celosos católicos, tapando
|
|
|
De escrúpulos con velo sus
privadas
|
|
|
Ambiciosas hipócritas intrigas,
|
|
|
De Enrique el campo dejan, y
separan
|
|
|
Del pendón de Calvino sus
banderas:
|
|
|
Pero inflamando al resto más
honrada
|
|
|
Conciencia y fiel valor, su celo
dobla
|
|
|
De
sus reyes la justa y noble causa.
|
|
|
Estos a prueba amigos, estos
fuertes
|
|
|
Generosos guerreros, que guiara
|
|
|
Ya de muy largo tiempo la Victoria,
|
|
|
Del imperio francés, que
vacilaba,
|
|
|
Al legítimo dueño reconocen,
|
|
|
Y el campo todo unido, que
probara
|
|
|
La
dignidad de Enrique para el cetro,
|
|
|
De
Francia, en alta voz, Rey le proclama.
|
|
|
Los
Civrís y De Aumonts, bravos caudillos,
|
|
|
Leales caballeros, que acompañan
|
|
|
Los
grandes Montmorencis, los Crillones,
|
|
|
Y
los Saussis, su fe le dan sagrada
|
|
|
De seguirle del uno al otro
polo.
|
|
|
Para el campo más bien que para
el aula
|
|
|
Formados sus espíritus,
constantes,
|
|
|
A su Dios y su Príncipe fe
guardan,
|
|
|
Y al hablar el honor, tras él
corrían.
|
|
|
«Mis
amigos, Borbón así les habla,
|
|
|
Vos,
los varones sois, cuya fiel mano,
|
|
|
De héroes cien de mi sangre, a
mi sien ata
|
|
|
La heredada corona. Eso de
Pares,
|
|
|
Esa celeste Ampolla, y esa sacra
|
|
|
Regia inauguración, pompas del
trono,
|
|
|
No los derechos son. Sobre una
adarga
|
|
|
Vuestros reyes se vieron
primitivos,
|
|
|
De
vuestros nobles padres la fe santa
|
|
|
Recibir
de los pleitos homenajes.
|
|
|
De la Victoria el campo, sea el
ara,
|
|
|
Do
vuestras justas y triunfantes manos,
|
|
|
A
las naciones den dignos monarcas.»
|
|
|
Esto dijo: y bien presto se apresura
|
|
|
El trono a merecer, y fe jurada
|
|
|
Por
tan bravos e ilustres campeones,
|
|
|
A su frente marchando a las
batallas.
|