Capitulo
1 I | de su creador. Murmura el mar, suspiran los cielos, y
2 II | su cielo siempre azul, su mar siempre de color de cielo,
3 II | verde bosque, a orillas del mar, parece la paloma torcaz,
4 II | se dirige a la orilla del mar, cual una de esas gasas
5 III | mira la vasta extensión del mar. Si observáis su blanca
6 IV | firmamento, ya se convierten al mar. Todo está tan hermoso,
7 VII | mi barca, y me lancé al mar, a buscarte María, a sentir
8 VII | yo te veo también. Si el mar está en calma y rizado por
9 VII | dicha! Este campo y ese mar están unidos a nuestro corazón.~ ¡
10 VII | Aún te parece estrecho ese mar?~ Anhelo un premio.~ ¿
11 VII | el cielo lo comparo a ese mar, porque alguna vez desde
12 VII | una choza a orillas del mar; y de lecho las hojas que
13 IX | numerosos que las arenas del mar. No en vano dijeron los
14 XV | desengaño. Después se tirará al mar si está aquí, o al canal
15 XVI | peñasco, delante siempre del mar, su alma se abría gozosa
16 XVI | pensamientos te revelaba el mar! Tranquilo, azulado juguetea
17 XVIII | entregose en brazos del mar para que le llevase a do
18 XXIII | libertado de los escollos del mar.~ ¡Ay Ernesto! Si alguna
19 XXIII | Cuadro encantador! El mar, el cielo, la luna, las
20 XXIII | corazón! A sus ojos aquel mar era el abismo de la eternidad,
21 XXV | cielo despejado y sereno el mar. Un suave aliento de las
22 XXV | gigantesco cetáceo. Suspiraba el mar, llorando tal vez por la
23 XXV | casa tendía sus brazos al mar. Ernesto sintió que le traspasaban
24 XXVIII| siempre sola a orillas del mar. Cuando miraba la vasta
25 XXVIII| y que en el tempestuoso mar de la vida el viento del
26 XXVIII| de Homero. ¿Hay amor? El mar de Leucades llorará eternamente
27 XXVIII| paseaba sola a orillas del mar.~Al reclinarse en el peñasco
28 XXXI | que serena el tempestuoso mar de las pasiones, es otras
29 XXXII | confiando mis amores al mar.~¡María! El sol se ha apagado
30 XXXII | dulcísimo que serena el mar, y tiñe con los colores
31 XXXII | aparece en el ocaso. El mar calla como si se entregase
32 XXXIV | su lecho veía el azulado mar, por do bogaba la frágil
33 XXXVI | recordáis lo que a la orilla del mar me prometisteis?~Una nube
34 XL | se perdían mis ojos en el mar, porque allí bogaba tu barca.
35 XL | canción que a orillas del mar me enseñaste, cuando la
36 XLI | salir de la iglesia y ver el mar sacudió aquel letargo y
37 XLII | calor era sofocante, el mar, como muerto, ni se movía,
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