Capitulo
1 III | embelesa el corazón, sus ojos tienen algo de divino, la
2 IV | como buen hijo del sol, de ojos rasgados, vivos y negros,
3 IV | presurosa las olas. Sus ojos ya se fijan en el firmamento,
4 V | tan encantador, aquellos ojos tan divinos. ¡Pobre mujer!
5 VII | en el mundo; como son tus ojos mi inspiración y mi vida.~¿
6 XXIII | XXIII~Apartemos nuestros ojos de tanta degradación; de
7 XXIII | tierra.~Convirtamos nuestros ojos a la barca de Ernesto: que
8 XXIII | siempre te estoy oyendo. Mis ojos han recogido con tanto afán
9 XXIII | exclamó María, con los ojos arrasados de lágrimas.~Protégelo.~
10 XXIII | barca. Ernesto cerró los ojos como demente, y corriendo
11 XXIII | afligido corazón! A sus ojos aquel mar era el abismo
12 XXIII | lágrimas de hiel, y anublan los ojos, y turban la cabeza, y ahogan
13 XXIV | camino, y en pos de mis ojos fue mi corazón, o a mis
14 XXIV | querían los pobres, o los ojos de la viuda deprimí, o comí
15 XXV | isla de Tabarca con los ojos arrasados de lágrimas: Era
16 XXVI | de la honra; cuando a los ojos del mundo somos viles, porque
17 XXVI | nos miran todos con torvos ojos, es preciso acudir a la
18 XXVII | que quiero verte con mis ojos, porque eres tan hermosa,
19 XXVIII| lágrimas brotaban de sus ojos. Se reclinaba en el peñasco,
20 XXVIII| matices, encubriendo a sus ojos despeñaderos, por do se
21 XXIX | que en el mal ponen sus ojos se asocian para realizar
22 XXX | estuviese loca, con los ojos nublados, y el paso vacilante
23 XXXII | cual las lágrimas de tus ojos suspendidas de las rosas,
24 XXXII | corazón y lágrimas en los ojos; que los celos me ahogaran,
25 XXXII | lágrimas que se agolpan a mis ojos, los dolores que acosan
26 XXXIII| María había abierto sus ojos a la luz de la vida, llenando
27 XXXIV | ante nuestros extraviados ojos; olvidamos todo cuanto nos
28 XXXV | ese retrato, no. Son sus ojos que aún me buscan, sus labios
29 XXXVI | de placer oscureció los ojos de aquel hombre, su sangre
30 XL | emponzoñará mis días. Mis ojos se entornarán para siempre,
31 XL | algunas lágrimas en mis ojos. Son el último tributo que
32 XL | escribiéndote, nunca mis ojos llegarían a secarse. También
33 XL | tu isla; y se perdían mis ojos en el mar, porque allí bogaba
34 XLII | recuerdos de ayer, cuando mis ojos buscaban el rostro de mi
|