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1 X | bien medirse de arriba a abajo su brevísimo cuerpo. Cuando
2 XXVIII | amante, un hombre que te abandona por los placeres voluptuosos
3 XXVIII | que sus favorecidos le abandonan, regalándose, en sus orgías
4 VII | Vuelves a tu idea de abandonarme?~ No, sino para volver
5 XXIII | me ruboriza.~ Por fin abandonas estas playas, tan amadas
6 XXXVII | El día en que el Creador abandonó los cielos para redimir
7 XXV | para contrastar el ánimo abatido con el aspecto guerrero,
8 XVI | divina que envuelve en el abatimiento al cuerpo, y engrandece
9 XXXIII | allí en fin, María había abierto sus ojos a la luz de la
10 XXXV | delante de la autoridad. Abiertos están los tribunales donde
11 IV | naturaleza, y su ser se abisma estático en aquel océano
12 XVII | buen tío jamás se había ablandado, contestando siempre: Puede
13 IX | Y me contestó: oí a los abogados de ambas partes. Después
14 XLII | se movía, ni suspiraba. Abrasados los campos, marchitos los
15 XXIX | en lo perverso es imagen abreviada del mundo.~Así que amaneció
16 XVI | siempre del mar, su alma se abría gozosa para recibir todas
17 XXVIII | situación.~ Sí, María. Abrid esos labios y los créditos
18 XXV | se meció la cuna que nos abrigaba, y vivió la madre que nos
19 V | verdadero nombre, es decir, abrojo. Me explicaré, estoy por
20 XXIX | acreedor. Sabía que nadie, absolutamente nadie, tendería al infeliz
21 XXIII | ignorancia dominando como absolutos señores, la virtud escarnecida,
22 XXXIII | habían nacido y espirado los abuelos y padres de don Pedro; allí
23 XXIV | gabinete, después de haberse aburrido, agrupando números que sólo
24 XXVI | no está en nuestras manos acallar las murmuraciones de las
25 XXXIX | tribunal.~ Ha sido un acaloramiento.~ Y va V. a entrar en
26 XXVII | tan sólo que mil veces he acariciado con gusto la idea del suicidio.~ ¡
27 XL | cuando tantos castigos me acarrea.~Ernesto: tal vez otra mujer,
28 | acaso
29 XXXVI | deseo ser vuestra esposa. ¿Accedéis?~ No accedo.~ Y querréis
30 XXXVI | esposa. ¿Accedéis?~ No accedo.~ Y querréis ver morir
31 IX | los tiempos en que para la acción de esta novela, Ernesto
32 XXXI | podido alcanzar; porque hay acciones cuyos móviles son diversos,
33 XXX | María con humilde y amargado acento.~ ¡Duerme, cuando está
34 XL | del eco que repetía tus acentos. Yo quería que nadie te
35 XXXVI | Sí, para siempre.~Y María acentuaba aquellas palabras con indefinible
36 XLI | resolución de María, que aceptó su triste destino de víctima
37 XXVIII | paladar, le causará los más acerbos dolores. Y cuando vea que
38 XXVI | queréis que a pesar de mis achaques os salte la tapa de los
39 XXXII | tus recuerdos. El sol me acompaña y me consuela; porque es
40 XLI | única amiga de María, la acompañaba. Y la sostenía; porque la
41 XLII | tormenta. María aterrada oraba acompañada de Isabel en un gabinete,
42 XXIII | Tendrás mis cartas que te acompañarán en la soledad; mis palabras
43 XXXIV | imaginación tan triste idea, acordándose del amor infinito que la
44 XXVIII | se helará en tus labios, acordándote de que padece los tormentos
45 XXXII | felicidad. Mientras brille me acordaré de que te veía por la ribera,
46 XXXIV | asesinado a María. No podía acordarse de Ernesto, sin sentir también
47 XVIII | su conciencia, porque se acordó de María. Siempre la felicidad
48 XXVIII | desgracia. Le mataría el verse acosado por sus acreedores; el contemplar
49 XXXII | mis ojos, los dolores que acosan mi corazón, me muestran
50 XXXII | y pide a la Virgen que acreciente nuestro amor, y que nos
51 XXXV | vecinos de las cercanías que acuden ansiosos a ver alguaciles,
52 XXVI | torvos ojos, es preciso acudir a la muerte porque la tierra
53 XL | Adiós para siempre. No te acuerdes de mí. Sí, sí, acuérdate
54 XL | a los cielos.~Tal vez me acusarás. Entonces te compadeceré
55 XXXVIII| encarecidamente que no pases más adelante.~~ ~~~~~~
56 | Además
57 XXIII | de gloria que nos es dado adivinar en la tierra.~ Momentos
58 XXXV | si aprontáis el dinero se adjudicará al que más puje.~ Callad,
59 III | esperanza; el que la ve la admira, el que la contempla la
60 XXV | risueña campiña que todos admiraban, dejaba él sus amores, su
61 XII | finca, pero donde se detuvo admirado aquel informe hombre, fue
62 XVIII | espectáculo, para que la admiren las gentes. Ernesto tenía
63 XX | hasta de sacrificar a su adorada hija en aras de su propio
64 XLII | Qué ideas! Amar es adorar sin fin, sin medida, vivir
65 XL | cuidadosamente el lazo celeste que adornaba mi cabeza la vez primera
66 XXXII | suspendidas de las rosas, con que adornábamos el ara de la Virgen. Cercano
67 XL | hermosas me traías para adornar el altar de la Virgen! ¡
68 V | vida del hombre, y si te adornas es sin duda para divertir
69 VII | separación.~ Me basta para mi adorno las rosas que tu me traes.~ ¡
70 XXX | Mejor sería que pensase en adquirir dinero para pagar sus deudas.~
71 XXXIII | no eran suyas, sino de su adversa suerte. La casa debía pasar
72 XX | XX~Advertencia.~Don Pedro temía mucho una
73 XXIII | Decía para sí. (Era muy aficionado a los monólogos).~No tuvo
74 XXXIV | acusaba de las desgracias que afligían a su esposo; que murmuraba
75 XXXIV | amparo; y que llorosa y afligida le echaba en cara la debilidad
76 XXIII | vertieron amarga hiel en su afligido corazón! A sus ojos aquel
77 XXIII | pedazos.~ Mira. No te aflijas. En la vida es necesario
78 XL | clemencia embriagadora, que afortunadamente causa la muerte. Loca con
79 XXVIII | que vuestras palabras me afrentan. Nunca, nunca... Antes morir
80 XXVI | veras? Decídmela si no es afrentosa. Imponedme condición; pero
81 XXV | suave aliento de las costas africanas rizaba las olas. El vapor
82 XXVIII | brisas de amorosas ilusiones agitaban sus cabellos, y la esperanza
83 XXXII | trenzas de tu blonda cabellera agitada por las brisas; y el aliento
84 VII | aliento refrescando mis agitadas sienes, a adorarte con todo
85 XXXIV | el soplo de la felicidad, agitando las alas de su risueña imaginación,
86 XXVII | resignación los males que se agolpaban sobre nosotros.~ ¡Padre
87 XXXII | padecimientos. Las lágrimas que se agolpan a mis ojos, los dolores
88 XXVIII | le encontrarás ahorcado, agonizante; maldiciendo a los hombres
89 XL | fuentes de mi dolor están agotadas. ¡He sufrido tanto! Tampoco
90 XXVI | Para mí todo se ha agotado, hasta la esperanza; esa
91 XXIV | después de haberse aburrido, agrupando números que sólo demostraban
92 XXXIV | de verter unas gotas de agua en su bebedero. Algunas
93 IV | dibujan en el espejo de las aguas, de modo que si un cielo
94 XXXVII | Su corona de estrellas aguda corona de espinas. Aquellos
95 XXXII | primera vez en mi pecho el agudo aguijón del dolor. ¡Oh María,
96 XXXII | vez en mi pecho el agudo aguijón del dolor. ¡Oh María, María!
97 V | mujer! Siempre te pintan aguijonearla por el orgullo, cuando eres
98 XLI | chorrera, una grandísima aguja de diamantes, un reloj descomunal
99 XIV | me voy a Alicante.~ Agur, señor don Braulio, me voy
100 VII | solo puede separarnos.~ ¡Ah! No temo a la muerte, porque
101 XXXV | amorosa tu madre.~María se ahogaba de dolor.~ Un velador
102 V | la mujer la sensibilidad ahogada por el despego del hombre,
103 XXIII | ojos, y turban la cabeza, y ahogan y sin embargo no matan.
104 XI | cosas del mundo. Os estáis ahogando; mañana quedaréis afrentado,
105 XXVIII | los malvados. Entonces te ahogará la pena, el remordimiento;
106 XXXII | los ojos; que los celos me ahogaran, y que tanto sufrimiento
107 XI | náufrago en el momento de ahogarse en su desgracia.~El bueno
108 XLII | Esperad un instante. Me ahogo. Tocad mi frente, y sentiréis
109 XXVIII | la cárcel, le encontrarás ahorcado, agonizante; maldiciendo
110 XXIII | azucenas. ¡Tanto mejor! Así me ahorro el gasto de jardín. Con
111 XXV | los vientos. Aquel monte aislado, fecundo para la guerra,
112 XXIX | se asocia. Los esfuerzos aislados del individuo chocan contra
113 XXVI | de los sesos.~ No os alarméis. Quise decir que vuestra
114 XXXVII | felicidad, y la poesía son los albores de Dios, el crepúsculo que
115 II | palmas.~En el reloj de la aldea de San Juan suenan las doce.
116 XLII | mientes. Eres una esposa alegre y divertida.~ ¡Esposa,
117 XXXIV | su desgraciado padre; ya alejaba espantada de su imaginación
118 XXVIII | Viviremos en una choza alejados del mundo. Dios nos sostendrá.
119 XXIII | aquel punto negro que se iba alejando, y del pañuelo de Ernesto,
120 XXVIII | rugiendo desesperado y alejándose de do María estaba. La joven
121 XXVI | Así que vio don Braulio alejarse a su sobrino, respiró; le
122 XXI | para la murmuración.~ Alerta; que don Braulio compra
123 XVI | inmensidad como una cinta de alga arrastrada por el viento.
124 XXXV | que acuden ansiosos a ver alguaciles, juez y escribanos reunidos
125 | algún
126 XXV | las hermosísimas mariposas alicantinas, gala la más bella, la más
127 VIII | era hija de un comerciante alicantino. Su padre era viudo y sin
128 VII | en suavísima luz, si lo alimentase otra atmósfera.~ ¿Con
129 VII | prendan nos servirán de alimento; de palacio una choza a
130 XXIX | poblaciones; de medios para aliviar la desgracia del pobre y
131 XXII | revolución; con papel se allanan las montañas. El papel moneda
132 XLII | un templo, al pie de sus altares, he jurado en falso; he
133 XXXII | porque es el mismo sol que alumbraba nuestra felicidad. Mientras
134 XXXII | amor; bendito el sol que te alumbró para que yo te viera; bendito
135 XXIII | Ernesto, al ver a María, alzando sus brazos al cielo, al
136 III | el que la contempla la ama; porque encierra compendiadas
137 XXVI | contratos. Los hombres no aman. Dios, al verlos tan miserables;
138 XXXII | fuerza tus caricias; que yo amándote, no tuviera de tu amor más
139 XXVIII | en una cárcel, de verlo amanecer algún día colgado de la
140 XL | vez otra mujer, que no te amará tanto como yo, te hará más
141 XXIII | mi existencia.~ ¿Nos amaremos siempre?~ Siempre. ¿No
142 XXVIII | poesía, y yo te hablo de la amarguísima verdad; le prefieres porque
143 XI | recrea en contemplar el amarillento oro; sin escuchar los lastimeros
144 XLI | etc.; los guantes era amarillos y el sombrero de color de
145 XXV | sólo delante de María juró amarla por toda una eternidad,
146 XXVIII | hombres.~ Si yo no puedo amaros, si mi alma no me pertenece,
147 XXVIII | porque huele su aliento a ámbar y mi aliento huele a hiel;
148 XLII | mundo temblase al verse amenazado por el látigo de la tormenta.
149 XLII | Sí, sí. ¿No oís ese amenazador ruido, no veis esos siniestros
150 XXX | Ernesto! ¡Cuántos males nos amenazan! A esta horrible desgracia
151 XXXIX | sintieron que todo se arreglase amistosamente. Cuando oyeron que don Braulio
152 XXXIX | entrar en transacciones amistosas con un hombre que no tiene
153 XXXVI | vuestro corazón con el oro que amontona mi avaricia.~ ¡Ay! gritó
154 XXVIII | desnudo y hambriento para amontonar el oro que me ofrecéis.
155 XXVIII | vuestro padre. El hambre, amoratando sus labios, secando su paladar,
156 XXVIII | de la vida, las brisas de amorosas ilusiones agitaban sus cabellos,
157 XXXIV | tanta ingratitud su dulce amparo; y que llorosa y afligida
158 XXVII | Pedro.~ Esperemos... añadió María por no desconsolar
159 VII | sombreadas de palmas!Quiero anchura.~ ¿Aún te parece estrecho
160 XLI | su hija. Este venerable anciano jamás pudo consentir de
161 XXXIX | para los pobres. En cambio anda vendiendo sus favores a
162 X | de mal humor. Su físico andaba en armonía con su moral;
163 XLI | novia, arrastrado por potros andaluces en un suntuoso carruaje.
164 XXVIII | horrible parodia!~Siempre andamos extraviándonos. Imagen fiel
165 XVII | olvidemos que en el mundo andan unidos lo sublime y lo ridículo,
166 XXIV | su amargado corazón.~«Si anduve, y se precipitó sobre la
167 XXXIII | el amor, uniéndose a una angelical mujer, que bajo aquel sagrado
168 XLII | brazos refugiándose en un ángulo de la estancia.~ ¿Huyes
169 XXIV | la pobreza de su caja, su angustioso estado; abrió la Biblia
170 XXXVI | salvadme a mí.~ ¿Qué anheláis de mí?~ ¿Ya no traéis
171 XXXII | también. Las estrellas corren anhelantes en pos del sol, y ruedan
172 VII | parece estrecho ese mar?~ Anhelo un premio.~ ¿No te basta
173 XLI | epístola de San Pablo; tocó un anillo pronunciando un sí, y al
174 XXIII | desierto la brisa que le anima, la fuente que le refrigera.~
175 XLII | La tempestad comenzó al anochecer a extender sus alas. El
176 XXIII | corazón. Yo trabajaré con ansia, con fervor para labrar
177 XXIII | su vivienda; mi corazón ansía triunfos para depositarlos
178 XVI | poeta de la naturaleza ansiaba la corte; donde la naturaleza
179 XV | la única dicha que podía ansiar, él allá recoge la amarga
180 XXIII | verte!~ Ya escuchaba ansiosa creyendo oír tu cantar:
181 XXXV | las cercanías que acuden ansiosos a ver alguaciles, juez y
182 | ante
183 XXXIII | profanar el sepulcro de sus antepasados, y la cuna de su hija. Y
184 XXXV | ministril algo usado y de gran antigüedad.~Don Pedro estaba apartado
185 IX | No en vano dijeron los antiguos que eras la ciencia universal.
186 XXX | Podéis hacer cuanto se os antoje.~ ~María~ ¡Quedad con
187 XIX | Así se denomina hoy por antonomasia a todas las gentes honradas.
188 XVI | triste destello de funeral antorcha tendía su pálida luz por
189 XXIII | arrancan lágrimas de hiel, y anublan los ojos, y turban la cabeza,
190 XXXIV | más negro remordimiento, anublando sus días, oscureciendo su
191 XXXV | pronto el deshonor había de anublar la frente de su hijo? ¿Quién
192 XXV | dejar en su ánimo gratos y apacibles recuerdos. Por eso la ciudad
193 XVI | calenturiento león; cuando el sol apagaba su luz en la sombría bruma
194 XLII | fuerte ráfaga de viento apagó las bujías que ardían en
195 XXIII | multiplicas para seguirme. Te apareces en la iglesia, centelleas
196 XXXIV | barca de Ernesto. Su isla aparecía risueña y encantadora entre
197 V | V~Desde que la barca ha aparecido, María está arrodillada.
198 XLII | sola; cuando don Braulio apareció a la puerta del gabinete.~ ¡
199 XXXV | antigüedad.~Don Pedro estaba apartado de todos con su hija.~
200 XXIII | cual si nunca de mi lado te apartaras.~ Y es María, que hemos
201 XXIII | XXIII~Apartemos nuestros ojos de tanta degradación;
202 XLII | corazón, pero la joven se apartó de sus brazos refugiándose
203 X | Evitaremos mientras podamos citar apellidos por prudencia.~~ ~~~~~~
204 IX | Estéban y la mujer un Asmodeo. Apeló a otras informaciones en
205 IX | sin que Ernesto de ello se apercibiese.~~ ~~~~~~
206 X | frente era una cinta rugosa apergaminada. Por escudo de armas ostentaba
207 XXII | caen los ministros, se aplaca la revolución; con papel
208 XXVI | noche buscando medios para aplacar mi suerte y no he hallado
209 XLII | que se retiró a uno de los aposentos de la casa.~María quedó
210 XXV | alguno de sus hijos.~Un joven apoyado en la proa del barco, miraba
211 XXXVIII| sus quejidos, si no puedes apreciar cuánto pierde por salvar
212 XXIII | su luz los mundos; donde aprenden sus armonías los ángeles
213 XXXV | pino.~ En ese velador aprendiste a leer. ¡Cuán extasiada
214 XXXVI | XXXVI~Don Braulio siguió apresurado a María con el rostro radiante
215 XXV | centinela que guarda los mares y aprisiona los vientos. Aquel monte
216 XXIX | os echan el guante y os aprisionan por conspirador, por revolucionario.
217 XXV | entretejer lazos con que aprisionar al viajero. Las ciudades
218 XXXV | que debe verificarse, si aprontáis el dinero se adjudicará
219 XXX | XXX~Cuanto más se aproximaba don Braulio a casa de don
220 XXX | las manos. Don Braulio, aproximándose al oído de María, murmuró
221 XVII | deseo de partir a Madrid. Apruebo tu resolución como dictada
222 XXII | derrotado a la esperanza.~Apuesto, querido lector, a que no
223 XXXV | al paso, y el escribano apuntaba con estoica indiferencia
224 XLI | su hija, pero la infeliz apurando hasta las heces el cáliz
225 XXVI | remedio. Don Braulio quería apurar más a don Pedro para conseguir
226 XXXII | con que adornábamos el ara de la Virgen. Cercano a
227 IV | hermosísimas formas. Es un tipo árabe; moreno como buen hijo del
228 VIII | desgraciado. Eso prueba que el arancel de la felicidad es muy difuso
229 I | semejante a un hermoso árbol cargado con las perlas del
230 XXVII | naturaleza. El cuerpo como es de arcilla no puede sufrirlos, y se
231 X | melliza podía competir con los arcos de herradura; rematando
232 XXIII | centelleas en la lámpara que arde en el altar, te reflejas
233 XLII | viento apagó las bujías que ardían en las estancias, y como
234 XV | su disposición. Y él está ardiendo en deseos de ir a Madrid.
235 IX | son más numerosos que las arenas del mar. No en vano dijeron
236 XXV | de tristeza, porque las arenosas playas que le circundan
237 IX | francés, que pasaba a la Argelia. El padre de Ernesto, como
238 XXV | algunas palmeras son también áridas como las rocas que sostiene
239 XXXIII | definitiva. Sacó una pistola del armario que próximo tenía, y se
240 X | apergaminada. Por escudo de armas ostentaba una descomunal
241 XVI | la fe de los amantes, sus armoniosas palabras, y sus celestiales
242 XXV | traspasaban el corazón, que le arrancaban el alma. En medio de aquella
243 XXIV | coma; y mis retoños sean arrancados.». ~«Si desestimé la justicia
244 XXXIV | sumergiéndole en el dolor, arrancarían a sus labios la blasfemia
245 XV | que mientras yo aquí le arranco la única dicha que podía
246 VII | hojas que a los árboles arranque el viento del otoño. Pero
247 XVI | inmensidad como una cinta de alga arrastrada por el viento. Entonces
248 XLI | de la casa de su novia, arrastrado por potros andaluces en
249 XXVIII | dolores; perdido su juicio, arrastrando la cadena de todas las desgracias;
250 XXIII | soplo de lo infinito que me arrebata en sus alas, guiado por
251 XXV | viento de la fortuna se arrebataba en sus alas. A la izquierda
252 XXXII | nuestras almas. Mi cuerpo arrebatado por la fuerza del destino,
253 XL | con que derecho pretendo arrebatarte la dicha, que te reserve
254 XLII | superior a sus fuerzas la arrebatase en sus alas. Llegó a una
255 XXXIV | Y su padre? ¿y si en un arrebato se daba la muerte, no quedaría
256 XXVIII | nuestros deseos? Ni nos arredra el ejemplo, ni nos detiene
257 XLII | arrastraba en sus alas; ni la arredraba el fulgor de los relámpagos,
258 XXXIX | cuánto sintieron que todo se arreglase amistosamente. Cuando oyeron
259 XXXII | barco de vela. Los marineros arrodillados dan gracias a la Virgen,
260 XXIII | llorando a su barca, y a María arrodillarse en la arena, no pudo contener
261 XXXVI | pedirme de rodillas lo que arrogante me negabas.~ Os lo pido
262 XXVIII | comparáis con el que se arroja para salvar al náufrago,
263 XXXIV | desposeídos de vida que nosotros arrojamos de nuestro seno, les abre
264 XXIII | gozosas las cadenas que arrojan a sus hombros los impotentes
265 XXIX | siniestra pluma del censor arrojando una línea de negra tinta
266 XXXVII | sueño constante del alma, arrojar del pecho el sentimiento
267 XXVIII | eclipsado por el oro que arrojaré a vuestras plantas.~
268 XXIX | la puerta de su casa, y arrojarla de ella ignominiosamente.
269 VII | quién tendrá poder para arrojarnos al uno lejos del otro? Preguntó
270 XXX | vencido. O me pagáis, u os arrojo mañana mismo de esta casa.~
271 XXIX | horrible.~Y don Braulio arrojó una carcajada epiléptica.~~ ~~~~~~
272 XXXIV | acusaba de no tener valor para arrostrar el martirio, y salvar de
273 XL | mientras yo lavaba en un arroyo las yerbas que habíamos
274 XXIII | soledad! Allí han hablado de arroyos, de fuentes, de poesía,
275 XIX | comerciante.~Sólo medra el que arruina a los demás; el que no tiene
276 XXVI | ciencia ha consistido en arruinarme; en dispendiar los caudales
277 XXXIX | me entiendo.~ Va V. a arruinarse.~ No importa.~ ¿Pagará
278 XXXIV | naturaleza sus entrañas, y los arrulla en su eterno sueño.~~ ~~~~~~
279 XXXVI | situación le dijo sonriendo con artificioso disimulo:~ No os comprendo,
280 I | el cuadro inanimado del artista, hay murmullos, que embriagan
281 XXVIII | mecería ya en sus olas, le asaltaba el dolor, y amargas lágrimas
282 XL | repugna; Ernesto; que me da asco. Y no puedo libertarme,
283 XXVI | de una butaca-cama para asentarnos con mayor comodidad.~No
284 XXX | Una hija despiadada asesina al más desgraciado de los
285 XXXIV | placer, aquella carta hubiera asesinado a María. No podía acordarse
286 XXVIII | porque habéis contribuido al asesinato de vuestro padre. Y cuando
287 X | el mundo. ¿Ladrón? No. ¿Asesino? No. ¿Usurero? Sí. Se llamaba
288 XLII | crimen; y Dios por ese crimen asesta el rayo contra nuestras
289 III | detiene en la orilla, y se asienta silenciosa en un peñasco.
290 VII | escrito a mi tío; pidiéndole asilo en su casa.~ ¿Vuelves
291 IX | san Estéban y la mujer un Asmodeo. Apeló a otras informaciones
292 XXIX | designios. Para el bien nadie se asocia. Los esfuerzos aislados
293 XXIX | el mal ponen sus ojos se asocian para realizar sus perversos
294 XXX | desesperantes, terribles. No asoman al rostro, pero hierven
295 XXVIII | sabemos que todas nuestras aspiraciones han de ser engañadas y burlados
296 XXXII | aspiro embriagado cual si aspirara la esencia de tu alma. He
297 XXXII | blancas rosas que me diste, lo aspiro embriagado cual si aspirara
298 X | como la víbora una saliva asquerosa. Cuando miraba hería como
299 XII | a los pies de aquel ente asqueroso y repugnante. Sería juguete
300 VII | corazones! Pero no quiero atarte con grillos, ni a tu suerte
301 XLI | al verla tan pobremente ataviada.~Isabel, única amiga de
302 XXXIV | inspiraría la duda, y el ateísmo a su impresionable corazón.
303 XLII | exclamó María.~ Todo te aterra, todo te espanta.~ Me
304 XLII | látigo de la tormenta. María aterrada oraba acompañada de Isabel
305 X | orlado siempre de legañas, atisbaba lo que quizá no atisbaría
306 X | atisbaba lo que quizá no atisbaría el más práctico; vencía
307 XXVIII | así? ¿os complaceríais en atormentar al desgraciado?~ ¿Vos
308 XXIII | solitarias playas. Ernesto atracó su pequeña barquichuela,
309 XXIII | el seno de la Divinidad, atraídos por el mismo sentimiento
310 X | cansarse aunque tuviese que atravesar largas distancias; con su
311 XVI | plumas, y la golondrina atraviesa la inmensidad como una cinta
312 XXIII | recuerdos, guiado por tu mirar, atravieso muchas veces en mis delirios
313 XI | honor, sin crédito, y os atrevéis a insultar al que viene
314 XLI | que nace del corazón y se aumenta al parar mientes en la enorme
315 XXIII | puro no puede ofender ni aun al más escrupuloso marido.
316 I | coronada de estrellas, y el aura pronta a obedecer sus mandatos,
317 XVIII | la frente, en vez de la aureola de la felicidad, la corona
318 XL | nos levantaríamos con la aurora para coger flores cargadas
319 XXXII | y te dirá que llora tu ausencia, que padece por ti, y que
320 XXXVI | a ver más, de aquí se ha ausentado para siempre. Sí, para siempre.~
321 XXXV | se insulte delante de la autoridad. Abiertos están los tribunales
322 XXXVI | con el oro que amontona mi avaricia.~ ¡Ay! gritó María con
323 XXXV | otoño.~Don Pedro confundido, avergonzado, no profería la más mínima
324 IX | cuando huyó. No se ha podido averiguar quién tuvo la culpa de tamaño
325 XXXIV | bosques y el canto de sus aves. A los cuerpos desposeídos
326 XIX | la bolsa, no jugaba con avisos ciertos; si emprendía un
327 XXXV | aún pronuncian mi nombre. Ayúdame, María, a rogar... que no
328 I | del rocío, las hojas del azahar caen como lluvia de plata
329 XXXVI | Don Braulio temblaba como azogado. Sus ciegas, sus horribles
330 XXVIII | decía:~ ¡María!~Volviose azorada y vio a don Braulio.~
331 XVI | desatándose de las nubes azotaba los mares que se dolían
332 XI | le queda al pobre; son el azote de toda ciudad; de todo
333 XXV | y en medio de aquellas azoteas tan esmaltadas, son dignas
334 XII | enredaderas cargadas de flores azules, sino para contemplar a
335 XXVII | creer en la maldad y en la bajeza.~ Tal vez haya Dios tocado
336 XXIV | mi pie que se me pese en balanzas justas, y conocerá Dios
337 XXV | pasajeros. Las azuladas costas bañadas por el sol se sonreían con
338 XXV | le rodeaban, parecían una banda de polluelos en torno de
339 XXXV | Pedro.~ Un sillón de baqueta, decía en voz alta, el ministril
340 XXIII | muchedumbres sumidas en la barbarie, lamiendo gozosas las cadenas
341 XXV | bostezase soñoliento. Las barcas le rodeaban, parecían una
342 XXIII | Ernesto atracó su pequeña barquichuela, y al compás de las olas
343 XXV | en medio de innumerables barquichuelos que iban y venían, llevando
344 XXVIII | prostituir mi vida a un bastardo capricho? Callad: que vuestras
345 XXXVII | esta roca solitaria, do bebe las lágrimas del destierro?~¿
346 XXXIV | unas gotas de agua en su bebedero. Algunas lágrimas rodaron
347 XXVIII | desgraciado?~ ¿Vos que bebéis gota a gota el sudor del
348 XI | olfatean los cadáveres; beben las últimas gotas de sangre,
349 XXXVII | palabra la luz sobre el caos, bebieron la hiel de nuestras burlas.
350 XXXVII | Ha de luchar siempre, Bellini con los sonidos, Murillo
351 XII | hombre entusiasta por el bello sexo. Desprovisto de belleza
352 XXXV | cual tantas veces me había bendecido, debía venderse más tarde
353 XXXII | muerte. Te maldeciría, no; te bendeciría amoroso, porque al fin tú
354 XXXII | quitabas la vida. Padezco, y bendigo mis padecimientos. Las lágrimas
355 XXXII | oídos tus primeras palabras; bendita la tierra que te sostenía;
356 XXXII | de tu alma. He mil veces, besado aquel rizo, que en premio
357 XXXVI | de amor. Seré, vuestra... Besaré vuestros pies. Salvad, salvad
358 XXIII | gloria; en la muerte amor es bienaventuranza; amor es el mismo Dios.~
359 IV | sombreados por un ligero bigote rizado sobre unos labios,
360 X | quitado un ojo, el otro era bizco; arrastraba una pierna y
361 IV | rasgados, vivos y negros, de blancos dientes, que se dibujan
362 XLII | temblando.~ No quieres que blasfeme, y reniegue, y me desespere
363 XXXIV | arrancarían a sus labios la blasfemia e inspiraría la duda, y
364 XXXII | brillantes que las trenzas de tu blonda cabellera agitada por las
365 XXV | profundo sueño. Algunas bocanadas de humo salían de su vientre
366 XL | sueños después de nuestras bodas? Viviríamos en el campo
367 XIX | delicadeza. Si jugaba a la bolsa, no jugaba con avisos ciertos;
368 V | hermosura es su cáliz, y su bondad es su aroma, solo así puede
369 XXVIII | sentía que el aire hubiese borrado sus huellas de la arena.~
370 XXIX | sus derechos torpemente borrados por el libro de la historia
371 XXVIII | viento del olvido suele borrar los recuerdos del amor.
372 XXVI | caen en el honor sólo puede borrarlas el aliento de la muerte.~ ¡
373 XXIX | celar esto que escribo y borronear mis papeles y tachar lo
374 II | teatro) en medio de un verde bosque, a orillas del mar, parece
375 XXV | salían de su vientre como si bostezase soñoliento. Las barcas le
376 XLI | chaleco carmesí, frac verde botella con botones de oro, camisa
377 XLI | frac verde botella con botones de oro, camisa con chorrera,
378 XVII | oro del sol; sólo en su bóveda no manchada por nuestro
379 XLII | he oído su voz bajo las bóvedas de la iglesia, y ahora está
380 XXIII | la oración y después de breve pausa dijo Ernesto. Mi partida
381 X | medirse de arriba a abajo su brevísimo cuerpo. Cuando hablaba escupía
382 XVIII | años, edad en que lo pasado brilla con cambiantes de halagüeña
383 XXXII | sol, eran para mí menos brillantes que las trenzas de tu blonda
384 XXXII | nuestra felicidad. Mientras brille me acordaré de que te veía
385 XL | última estrella que apaga su brillo en las tinieblas de los
386 XXIII | viajero en el desierto la brisa que le anima, la fuente
387 XXVIII | dolor, y amargas lágrimas brotaban de sus ojos. Se reclinaba
388 XLI | podía separarse, cayó de bruces sin sentido contra la portezuela
389 XVI | apagaba su luz en la sombría bruma de las negras nubes, y el
390 XXVIII | por la torva luz de sus brutales pasiones, no lo inspiraba
391 XLII | una escondida gruta. El búho, y la lechuza saltaron en
392 XI | despiadados que cual manada de buitres, olfatean los cadáveres;
393 XLII | ráfaga de viento apagó las bujías que ardían en las estancias,
394 XXVIII | aspiraciones han de ser engañadas y burlados todos nuestros deseos? Ni
395 XXXVII | bebieron la hiel de nuestras burlas. Y como Dios es la sublimidad
396 XLII | de ayer, cuando mis ojos buscaban el rostro de mi amado; cuando
397 XXXV | Son sus ojos que aún me buscan, sus labios que aún pronuncian
398 VII | barca, y me lancé al mar, a buscarte María, a sentir tu aliento
399 XXVI | de Londres en pos de una butaca-cama para asentarnos con mayor
400 I | que hicisteis llorar a Byron; vosotras hijas de la imaginación
401 XXX | para pagar sus deudas.~ Caballero. Nadie tiene derecho a insultar
402 XXI | sus deudas.~ Pues no cabe duda, don Braulio compra
403 XXIII | del Salvador que guarda la cabecera de mi lecho, y en el campo,
404 XXXII | las trenzas de tu blonda cabellera agitada por las brisas;
405 XLII | el rayo contra nuestras cabezas.~ No temas; hay aquí
406 XL | pálida que me parezco al cadáver de mi madre. ¡Pobre madre
407 XI | de buitres, olfatean los cadáveres; beben las últimas gotas
408 XXIII | barbarie, lamiendo gozosas las cadenas que arrojan a sus hombros
409 XLII | abismos de la tierra. No caía una gota de las nubes, ni
410 XXVIII | colgado de la reja de su calabozo.~ Estáis loco. Sólo una
411 XXXVI | sangre ardía, pero frío, calculador, y queriendo vengarse exclamó
412 XXVI | No hay sentimientos sino cálculos; no hay pasión que no sea
413 XXXVII | Murillo con el pincel y Calderón con la palabra? Y la humanidad,
414 XVI | quejosos, rugiendo cual calenturiento león; cuando el sol apagaba
415 XXXII | aparece en el ocaso. El mar calla como si se entregase a sus
416 VII | desearía que al pasar por las calles deslumbraras a todos con
417 XXXIX | Interpondrá V. demanda de calumnia?~ No.~ Y le ha llamado
418 XXV | olvidaba decir que en la cámara de las señoras había una
419 XVIII | que lo pasado brilla con cambiantes de halagüeña luz, y con
420 XXXVII | vivir en otra naturaleza, es cambiar el alma por otra alma. Amar
421 XLI | botella con botones de oro, camisa con chorrera, una grandísima
422 XXV | medio de aquella risueña campiña que todos admiraban, dejaba
423 XXV | vientos, lo risueño de las campiñas difunde por los felices
424 XV | al mar si está aquí, o al canal si permanece allá, y requiescat
425 XI | bien espantosa la usura: cáncer que devora las entrañas
426 XXVI | indignos, ha apagado en sus cancerosos pechos la luz purísima del
427 VII | teatro de sus triunfos. Mis canciones aquí son las hojas de la
428 XLI | cargada de dijes a saber: un cañón, corazones traspasados por
429 XXIII | poesía y del amor como busca cansado viajero en el desierto la
430 XXXII | los mundos desmayados de cansancio en su infinita carrera.~¡
431 X | órganos. Corría cojeando, sin cansarse aunque tuviese que atravesar
432 II | mi descripción, y voy a cansarte, amado lector, sin embargo,
433 XVI | viento. Entonces Ernesto cantaba el amor, las ilusiones que
434 XXIII | ansiosa creyendo oír tu cantar: Me he engañado mil veces.~ ¡
435 XL | felicidad. Cuando nadie me oiga cantaré aquella canción que a orillas
436 XL | felicidad y el consuelo. Tú cantarías, con el laúd, nuestros amores,
437 XXXV | almoneda.~ Una cuna de caoba con filetes dorados, gritaba
438 XXXVII | palabra la luz sobre el caos, bebieron la hiel de nuestras
439 XIX | ganar doscientos con uno de capital; si vendía no engañaba al
440 XXXIV | y afligida le echaba en cara la debilidad de su corazón,
441 X | saliente espalda llevaba la carga de una pesada joroba, donde
442 XLI | pendiente de larguísima cadena cargada de dijes a saber: un cañón,
443 XXVIII | grandes hombres? La corona de Carlo-Magno pesa hoy sobre las sienes
444 XLI | Llevaba pantalón azul, chaleco carmesí, frac verde botella con
445 XXXII | luna una pequeña rueda del carro de astros, en que va a llevar
446 XLI | andaluces en un suntuoso carruaje. Llevaba pantalón azul,
447 XLI | Pedro trató de prohibir tal casamiento, pero sus prohibiciones
448 XXVI | tiene dote. En el mundo los casamientos son ya contratos. Los hombres
449 XL | Ahora la suerte me obliga a casarme con un hombre que me repugna;
450 XLI | hija le dijo que deseaba casarse con don Braulio, y él luchó
451 XVI | a Madrid; allí donde las casas son más altas que los templos;
452 XXVIII | tormentos eternos, con que Dios castiga a los malvados. Entonces
453 XLII | ver en esa tempestad un castigo.~ Risueñas ideas te vienen
454 XL | espantoso cuando tantos castigos me acarrea.~Ernesto: tal
455 XXXIX | desenlace, ni desenlace sin catástrofe. Los curiales fueron las
456 XXVI | arruinarme; en dispendiar los caudales de mis padres, y la fortuna
457 XI | no pase bajo sus horcas caudinas; no hay desgracia que no
458 XXVIII | secando su paladar, le causará los más acerbos dolores.
459 XVI | esmaltes para enamorar al céfiro que cargado de aromas le
460 X | olvidaba decir que no tenía cejas y su frente era una cinta
461 XXIX | tenemos un censor encargado de celar esto que escribo y borronear
462 XLI | un sacerdote le leía la célebre epístola de San Pablo; tocó
463 IX | llevado por su padre, en celebridad de tanta dicha, al teatro,
464 I | obedecer sus mandatos, confía celestes secretos al cáliz de las
465 XXXVII | riberas de nuestra patria celestial. El amor.~~ ~~~~~~
466 VII | nombre. ¡Madrid, Dios mío, cementerio de tantos corazones! Pero
467 XII | hombre, fue en uno de los cenadores del jardín, no para mirar
468 XXIII | escrupuloso marido. María ceñirá siempre a las sienes de
469 XXXII | rompe y se convierte en ceniza. El destino del hombre es
470 XII | su cáliz, y las reduce a cenizas.~Desgraciada, infeliz la
471 XVIII | deslumbradores destellos centellea lo porvenir. Edad que da
472 XIV | usurero a María. Su ojo centelleaba al mirarla, y se enardecía
473 XXIII | apareces en la iglesia, centelleas en la lámpara que arde en
474 XXV | elevado castillo, parece un centinela que guarda los mares y aprisiona
475 | cerca
476 XXXII | adornábamos el ara de la Virgen. Cercano a nuestro vapor pasa un
477 XVI | cárcel, cuyas puertas están cerradas, guardadas por la desconfianza,
478 XXIII | señaló la barca. Ernesto cerró los ojos como demente, y
479 I | de plata sobre el verde césped, y juegan cual inocentes
480 XXV | polluelos en torno de gigantesco cetáceo. Suspiraba el mar, llorando
481 XLI | Llevaba pantalón azul, chaleco carmesí, frac verde botella
482 XXIX | esfuerzos aislados del individuo chocan contra el torrente universal,
483 XLI | el sombrero de color de chocolate.~¡Que exquisito gusto! No
484 XLI | botones de oro, camisa con chorrera, una grandísima aguja de
485 XLI | churrigueresca ornamenta de su churrigueresco novio, el cual hizo un gesto
486 XXXVI | temblaba como azogado. Sus ciegas, sus horribles pasiones
487 XXI | en Madrid...?~ Tiene cien mil. ¡Cómo que le cuestan
488 XI | vagatela! Firmadme un recibo de ciento veinte mil reales; hipotecadme
489 | ciertos
490 XVI | juguetea con las brisas, ciñéndose diademas de espumas; tomando
491 IV | armonías de los astros en sus círculos de luz, las palpitaciones
492 XXV | las arenosas playas que le circundan ornadas con algunas palmeras
493 II | de la blanca luna. Tres circunstancias propias de toda novela,
494 X | Evitaremos mientras podamos citar apellidos por prudencia.~~ ~~~~~~
495 XXVIII | ni nos detiene el inmenso clamoreo de los siglos sepultados
496 XXVIII | comprendo.~ Me explicaré claramente.~ Vuestro padre está
497 XVII | comodidad que correspondo a tu clase.~Manda cuanto gustes a tu
498 XL | loca, pero loca con esa clemencia embriagadora, que afortunadamente
499 XXV | difunde por los felices climas meridionales. Alicante desde
500 XXX | Eso sólo lo hace la torpe cobardía, o la suprema infamia.~
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