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501 XXXII | veo el horizonte que te cobija desvanecerse como una ilusión
502 XXXVI | esposo. Un mismo techo nos cobijará. Nuestra vida será alegría
503 XL | levantaríamos con la aurora para coger flores cargadas de rocío.
504 XXXIII | e indiferencia. Después cogió la pluma y trazó algunos
505 X | monstruosos órganos. Corría cojeando, sin cansarse aunque tuviese
506 XXVIII | verlo amanecer algún día colgado de la reja de su calabozo.~
507 XXI | comerciantes el siguiente coloquio en su dialecto valenciano,
508 V | enemigo, ni enemiga honda combatan aquella barca. Entonces
509 IX | sus amigos de Alicante a comer, y a vagar por la Isla.
510 XIX | purgatorio; pero el mundo comercial es el infierno.~~ ~~~~~~
511 XXVI | han rendido mis empresas comerciales. Mi ciencia ha consistido
512 XXI | tenían algunos corredores y comerciantes el siguiente coloquio en
513 XXIV | ojos de la viuda deprimí, o comí mi torta solo, y no comió
514 XVIII | cada mujer es un hada, y comienza el alma a sentir el amor,
515 XXIV | comí mi torta solo, y no comió el indigente de ella...
516 XXXV | afrentado. No me maldigas. Compadéceme. Veas si puedes ocultar
517 XL | me acusarás. Entonces te compadeceré Ernesto, mucho más de lo
518 XL | mucho más de lo que te compadezco. ¿Se puede renunciar voluntariamente
519 XXVIII | el dolor y la miseria, os comparáis con el que se arroja para
520 VII | Cuando pienso en el cielo lo comparo a ese mar, porque alguna
521 XXVIII | salvar al náufrago, que comparte con el huérfano la mitad
522 V | sensible, pero veleidosa; compasiva, pero coqueta; en fin, mujer,
523 III | la ama; porque encierra compendiadas todas las perfecciones,
524 XXXVII | Universo, para que en él se compendiasen las desgracias de la miserable
525 X | pierna y su melliza podía competir con los arcos de herradura;
526 XXVIII | martirizaríais así? ¿os complaceríais en atormentar al desgraciado?~ ¿
527 XXVI | parecía que su dicha era completa, y que su deseo estaba ya
528 IV | desorden, pero, con gracia, completan su varonil y hermoso rostro.
529 VIII | felicidad es muy difuso y complicadísimo. Decíase en la plaza que
530 XXXIX | No vendrá nadie más. He comprado todos los créditos que contra
531 XIX | si vendía no engañaba al comprador; y si prestaba no exigía
532 XLII | noche de boda! ¡Y para esto, comprando créditos me he gastado más
533 XXI | comerciante.~No puedo creer que compre los créditos de ese hombre;
534 XLI | portezuela del coche.~Don Pedro comprendió entonces cuanto le había
535 XXVIII | Deseoso de pagar a todos se ha comprometido con todos y su casa es un
536 XXIII | en que nuestras almas se comunican como si el soplo de la pasión
537 XVII | carta en estos términos concebida: Querido Ernesto: Con júbilo
538 XL | por un minuto he logrado conciliar el sueño. Escribo delante
539 XXIII | sentimiento de amor y religión.~Concluida la oración y después de
540 XI | que los valga y todo está concluido.~Don Pedro miró espantado
541 XXVIII | feliz, darle el cielo, y le condenaste para siempre.~ ¡Qué horror!
542 V | vida. Pero pido también condiciones, si esa flor, no es de hermosos
543 XLII | tengo sobre ti un poder conferido por Dios.~ Esperad un
544 XXXII | en premio de mi primera confesión me diste, y algunas lágrimas
545 I | a obedecer sus mandatos, confía celestes secretos al cáliz
546 XXXII | barco te adoraba silencioso confiando mis amores al mar.~¡María!
547 XXIX | nadie amaba, con nadie tenía confianza, y con nadie hablaba.~ ¡
548 XXXV | árboles en el otoño.~Don Pedro confundido, avergonzado, no profería
549 XXXII | veces hemos orado juntos, confundiendo nuestras almas. Mi cuerpo
550 XXIII | oraciones de ambos amantes confundiéndose como el aroma de las flores
551 XXXIV | María entre tanto sufría congojoso martirio. En tres noches
552 XXVIII | sólo pronunciar una palabra conjuráis todos los males. Con un
553 XXXVII | rodaron por el desierto sin conmover los corazones. Fue su carrera
554 XXVIII | dijo María profundamente conmovida de compasión por aquel hombre.
555 XXXI | la que tiene por objeto conocer y explicar el corazón de
556 XXIV | pese en balanzas justas, y conocerá Dios mi rectitud. Si extendí
557 XXXI | suprema ciencia consiste en conocerse a sí mismo; yo digo que
558 V | que te ha creado, no te conociera si semejantes cuadros contemplase.
559 XXVII | crueles.~ Ojalá no los conozcas nunca, hija mía, porque
560 XXXIII | de ellos un templo y los consagra con sacratísimos recuerdos.
561 XL | soñar con mis dulces amores consagradas estaban todas mis noches.
562 XL | Todos mis días estaban consagrados a pensar en ti, y a soñar
563 XXVI | apurar más a don Pedro para conseguir sus fines particulares.~
564 XXXIX | Desinteresadamente voy a darle un consejo.~ Tantas gracias.~
565 XLI | venerable anciano jamás pudo consentir de grado en el enlace de
566 XL | noche en que nos despedimos. Conservo cuidadosamente el lazo celeste
567 XXXIX | nada le dijeron. Como le consideraban arruinado huían de él. ¡
568 XXIX | del pensamiento ha sido consignada por todos los filósofos,
569 XXXI | hombre que la suprema ciencia consiste en conocerse a sí mismo;
570 XXVI | comerciales. Mi ciencia ha consistido en arruinarme; en dispendiar
571 XXXI | revestido de fe, de esperanzas, consolador, sublime, soplo de vida,
572 XXIII | Hay dolores que la muerte consolaría, pero la muerte es nuestra
573 XXVIII | buscando la desgracia no para consolarla, sino para explotarla en
574 XXIX | guante y os aprisionan por conspirador, por revolucionario. Me
575 XXI | XXI~En la plaza de la Constitución de Alicante tenían algunos
576 XXVI | esperanza; esa fuente de consuelos inagotable.~ ¿Todo? pues
577 IX | marido o la mujer. Yo lo consulté con un juez, que había oído
578 XXXVI | algunos minutos se haya consumado mi desgracia. Entonces...~
579 XXIV | a don Braulio acababa de consumar su ruina. Sentado en su
580 X | conversación con María ha contado con su tío, del cual dependía
581 I | ramas a la tierra, para contarle los secretos de las nubes,
582 XVI | reclinarse en las ondas. Ernesto contemplaba silencioso el horizonte.
583 VII | cielo, y cuantas veces ha contemplado nuestra dicha! Este campo
584 V | conociera si semejantes cuadros contemplase. Yo que veo en la mujer
585 XXIII | arrodillarse en la arena, no pudo contener la risa.~ ¡Pardiez! ¡
586 XVIII | rivales. Hay almas que no se contentan solamente con la felicidad,
587 VII | Alicante; pronto puedo saber su contestación. Si dentro de un año no
588 XVII | jamás se había ablandado, contestando siempre: Puede ser piloto. ¡
589 XVII | La tardanza de su tío en contestar fue siempre para él presagio
590 XXXII | de Dios, el vaso que lo contiene se rompe y se convierte
591 | contigo
592 XXVIII | la vida, este libro es un continuado extravío.~Decíamos que María
593 II | Era de noche...~Tengo que continuar en mi descripción, y voy
594 XXIII | noble nombre de celos.~Así continuó en su regreso a Alicante.~ ¡
595 XXXII | los colores del iris las contrarias nubes.~No olvidé la palabra
596 XXXV | Justificaréis lo que decís o de lo contrario la ley caerá con todo su
597 XLI | sencillez, propia de una viuda, contrastaba con la churrigueresca ornamenta
598 XXV | Por eso la ciudad para contrastar el ánimo abatido con el
599 XXVI | mundo los casamientos son ya contratos. Los hombres no aman. Dios,
600 XXVIII | triunfante; porque habéis contribuido al asesinato de vuestro
601 XXXVII | que desean ver a la tierra convertida en un espejo del cielo.~
602 XLI | María se había llegado a convertir en una máquina. Vio que
603 VII | me devora, fuego que se convertiría en suavísima luz, si lo
604 IX | caído el premio grande, convidó a todos sus amigos de Alicante
605 XV | monólogo.~Esa muchacha me conviene. Pardiez que es hermosa. ¿
606 XXXII | lo contiene se rompe y se convierte en ceniza. El destino del
607 IV | en el firmamento, ya se convierten al mar. Todo está tan hermoso,
608 XXIII | poderosos de la tierra.~Convirtamos nuestros ojos a la barca
609 V | veleidosa; compasiva, pero coqueta; en fin, mujer, Dios mismo
610 XXV | costas tienen más gracia, más coquetería que las ciudades del interior,
611 XVI | en la orilla mostrando el coral de sus plumas, y la golondrina
612 XV | gallardo, y que yo soy feo y corcovado; pero tengo dinero. Gracias
613 XLI | traspasados por flechas, jabalíes, corderos, etc., etc.; los guantes
614 I | la luna huella los cielos coronada de estrellas, y el aura
615 XXXII | por la fuerza del destino, corre a do la suerte le lleva;
616 XXI | Alicante tenían algunos corredores y comerciantes el siguiente
617 XXXII | es también. Las estrellas corren anhelantes en pos del sol,
618 XVII | con aquella comodidad que correspondo a tu clase.~Manda cuanto
619 X | sus monstruosos órganos. Corría cojeando, sin cansarse aunque
620 XXV | sonreía, y los campos por do corríamos, en pos de un nido, persiguiendo
621 XXVI | numerosos cumplidos y reverentes cortesías no logró don Braulio oír
622 XXX | gabinete. Entonces oyó este corto diálogo.~ Don Pedro.
623 XV | él allá recoge la amarga cosecha del desengaño. Después se
624 XXIV | de los siglos he recogido cosechas de espinas, y soy ahora
625 VII | el viento, al rozar los costados de mi barca, te oigo suspirar
626 XXXII | y esperanza por toda la creación. Tal vez ese cielo sea tan
627 V | mujer, Dios mismo que te ha creado, no te conociera si semejantes
628 XI | afrentado, sin honor, sin crédito, y os atrevéis a insultar
629 VIII | medrar en el comercio. Tal creemos, después que hemos visto
630 XL | que moriré de amor. Esa creencia me consuela. Creo que el
631 XL | que mañana me caso? No lo creerás. Dirás que he perdido el
632 XXIII | esencia es Dios mismo; ¿crees que morirá jamás? No: aquí
633 XXX | a casa de don Pedro, más creía su reconcentrado furor.
634 XXIII | Ya escuchaba ansiosa creyendo oír tu cantar: Me he engañado
635 XVI | poeta. Mecido por las ondas, criado en aquel peñasco, delante
636 XXXVI | soy la culpable, yo soy criminal. Salvad a mi padre, salvadme
637 XXVIII | desgracias; y si esa hija es cristiana, si piensa que la desesperación
638 XXXV | Mártires o el Genio del cristianismo. Y se lo llevarán mañana.~
639 XXXIV | rodaron por sus mejillas. ¡Qué cruel soy! dijo. ¿Por qué no le
640 XXXV | Vale más ver a la puerta la cruz del sacristán que oír la
641 XXXIV | y siniestros relámpagos cruzan ante nuestros extraviados
642 XXIII | plegaria se postró en la arena cruzando sus manos. ¡Cuadro encantador!
643 V | conociera si semejantes cuadros contemplase. Yo que veo
644 | Cuán
645 | Cuándo
646 | cuantas
647 XV | él tiene veinte años y yo cuarenta, que Ernesto es hermoso
648 XXXIX | un hombre que no tiene un cuarto.~ Yo me entiendo.~
649 XXV | meridional ciudad.~A las cuatro de la tarde el vapor se
650 XXIV | por falta de vestido o sin cubierta al menesteroso.»~ ¡Oh
651 XXX | mía esta casa. María se cubrió el rostro con las manos.
652 XI | el hombre que roba con la cuchilla de la ley en la mano; el
653 XXXV | aquella mansión.~Por fin los cuervos de la desgracia han abandonado
654 XXI | dinero!~ Y como a él le cuesta tan poco el dinero.~
655 XXI | Tiene cien mil. ¡Cómo que le cuestan su dinero!~ Y como a
656 XXXIX | respetabilísimamente en aquella cuestión. Con su pan se lo coma.~
657 XL | nos despedimos. Conservo cuidadosamente el lazo celeste que adornaba
658 IX | averiguar quién tuvo la culpa de tamaño entuerto; si el
659 XXXVI | maldición?~ Yo, yo soy la culpable, yo soy criminal. Salvad
660 XL | a la luna? Del rosal que cultivabas para tejerme una corona
661 III | todo prospecto, jamás se cumple.~~ ~~~~~~
662 XXVI | a pesar de sus numerosos cumplidos y reverentes cortesías no
663 XXXVI | Yo seré vuestra esclava. Cumpliré todo capricho que como ley
664 XXIX | Hablad de la miseria que cunde como plaga en las grandes
665 XXI | Esopo, y más enamorado que Cupido.~ Pero decidme, ¿no tenía
666 XXVIII | porque las manías nunca se curan. Cuando vayas a llevarle
667 XXVII | que la ciencia no puede curar, y tu padre la ha sufrido
668 XXXV | agria y descompasada de un curial:~Notificada a don Pedro
669 XXXIX | desenlace sin catástrofe. Los curiales fueron las víctimas de este
670 XXXV | habita don Pedro. Son los curiosos vecinos de las cercanías
671 XVII | inmunda taberna. Sólo en la cúspide del templo, donde no han
672 XVII | gustes a tu tío. Braulio.~P. D: Toda resolución debe ponerse
673 III | es el nombre de la blanca dama, se detiene en la orilla,
674 XXXII | Los marineros arrodillados dan gracias a la Virgen, porque
675 XI | Tomad: dijo con despecho dándole un recibo.~ ¿Qué finca
676 XXXII | que agita mis cabellos te dará nuevas de tu Ernesto, y
677 XVIII | felicidad, sino que anhelan darla en espectáculo, para que
678 XXXVI | Rehusáis la felicidad que puedo daros, desprecias mis caricias?~
679 XXIII | puede llamarse, no debe darse nunca el noble nombre de
680 XXIII | Ernesto: que en el mundo debemos buscar el soplo de la poesía
681 XXIII | pierdo en el foco donde deben su luz los mundos; donde
682 XI | y fatigas; el jornal que debiera saciar el hambre de una
683 XXXIV | afligida le echaba en cara la debilidad de su corazón, y el amor
684 XVIII | padecer las más amargas decepciones, sufrir los embates más
685 XXVIII | un continuado extravío.~Decíamos que María se paseaba sola
686 XXI | enamorado que Cupido.~ Pero decidme, ¿no tenía otra querida
687 XXVI | condición...~ ¿De veras? Decídmela si no es afrentosa. Imponedme
688 XXIX | petulancia; el amor, egoísmo. ¡Decirme a mí que en el mundo no
689 XXXII | melancolía.~Sólo siento no poder decirte cuánto te amo. Es triste
690 XXIII | también?~ Si te amo; no sé decírtelo. Mira, todo cuanto nos rodea
691 XLI | luchó y luchó contra su decisión; pero nada logró alcanzar
692 XXXIX | otros encima y ese hombre se declara insolvente.~ No vendrá
693 XXVIII | arrastraba a sus plantas. Aquella declaración la hirió mortalmente, y
694 XVI | guardadas por la desconfianza, defendidas por hombres-máquinas que
695 XXXIII | quien toma una resolución definitiva. Sacó una pistola del armario
696 XXVIII | porque es hermoso y yo soy deforme, porque su cabello es negro
697 X | pequeño; y tan pequeño que degeneraba en enano. Su saliente espalda
698 XXIII | Apartemos nuestros ojos de tanta degradación; de tanta miseria. Hay momentos
699 X | era lo más infame, lo más degradante que se puede ser en el mundo. ¿
700 I | dormirse sobre las olas deja una cinta de fuego, recuerdo
701 XXV | campiña que todos admiraban, dejaba él sus amores, su felicidad,
702 XXXIX | que ha expedido.~ Pues dejadlo; dijo el juez terciando
703 XL | mi virtud están reñidos. Déjame morir aquí con mi desesperación;
704 I | palmera se eleva al cielo, dejando caer sus lánguidas ramas
705 XXVIII | gota el sudor del pobre, dejándole desnudo y hambriento para
706 XIX | obstáculos de la honra y de la delicadeza. Si jugaba a la bolsa, no
707 XXXVI | Yo os ofrezco una vida deliciosa, una vida de amor. Seré,
708 I | una sagrada ermita. Horas deliciosas, que hicisteis llorar a
709 XLII | dando gritos de loca y delirante alegría. El huracán la arrastraba
710 | demás
711 XXVIII | loco. Sólo una espantosa demencia puede inspiraros esas terribles
712 XXIII | Ernesto cerró los ojos como demente, y corriendo se lanzó a
713 XXIV | agrupando números que sólo demostraban la pobreza de su caja, su
714 XVII | sublime y lo ridículo, para demostrarnos que si el infinito poder
715 XIX | comerciante. Era un tonto. Así se denomina hoy por antonomasia a todas
716 XXVIII | vos, María; porque de vos depende la salvación del que os
717 XXIII | hombre tan repugnante!~ No dependeré de él ni un día siquiera.
718 X | contado con su tío, del cual dependía su ansiada partida para
719 XXIII | polvo terrestre que la vida deposita en nuestro inmortal espíritu.
720 XXXV | es tu cuna, María, ahí te depositaba tierno, amorosa tu madre.~
721 VII | pronto cargado de triunfos, a depositar a tus pies mi corazón y
722 XXIII | corazón ansía triunfos para depositarlos a tus pies.~ ¡Tu tío! ¡
723 XXIV | o los ojos de la viuda deprimí, o comí mi torta solo, y
724 XXIX | que el hombre resolvió sus derechos torpemente borrados por
725 XXXII | madre amorosa del Verbo, derramándose cual nueva savia de vida
726 XVIII | levantado rango. Quería derramar a sus pies un tesoro, y
727 XXII | sustituido a la fe; Y ha derrotado a la esperanza.~Apuesto,
728 IX | acordaba de la escena del desafío; pero no se acordaba de
729 XVII | necesita espacio para volar con desahogoEn Madrid encontrarás tu
730 XXVIII | de espanto echó a correr desalentada hacia su casa y entrando
731 VII | tardado!~ Oí las doce, desamarré mi barca, y me lancé al
732 XXXI | encuentra el infierno del desamor, o el amargo brebaje del
733 XI | el hambre de una familia desamparada; va a parar a las arcas
734 XXXIV | aparece siempre sobre los desastres de todas las tormentas. ¿
735 XVIII | su amargo sacrificio, y desatando su barca entregose en brazos
736 XVI | infinitos; cuando el huracán desatándose de las nubes azotaba los
737 IV | cruzar los mares. En ella descansa un joven, de hermosísimas
738 XXX | el favor de volver. Está descansando. No ha dormido en toda la
739 XVI | XVI~El sol descendía majestuoso a reclinarse
740 XXXV | sacristán que oír la voz agria y descompasada de un curial:~Notificada
741 X | con unos pies hinchados y descomunales. Se me olvidaba decir que
742 XXXVII | la humanidad, ese poeta desconsolado, cuyos cantos se pierden
743 XXVII | Esperemos... añadió María por no desconsolar a su padre.~ Sí, esperemos,
744 VIII | esperanza a despecho de la descreída conciencia, se levanta gozosa
745 II | Tengo que continuar en mi descripción, y voy a cansarte, amado
746 II | cielo, no extrañarás mis descripciones.~¿No te has parado jamás
747 XXXII | la niñez, desde aquí se descubren las costas en que tantas
748 XXIX | tachar lo que le parezca y descubrir ilusiones que no existen
749 XXVI | el único consuelo de mis desdichas, se ve expuesta a la orfandad,
750 XLI | pasaba. Su hija le dijo que deseaba casarse con don Braulio,
751 XXXVII | anhelan la perfección, y que desean ver a la tierra convertida
752 VII | basta mi corazón?~ Pero desearía que al pasar por las calles
753 XXVIII | saber; nada más que, me desechas de tus pies. Bien, puedo
754 XXXIV | Cuando las tempestades se desencadenan en el corazón, y se agota
755 XXVIII | hirió mortalmente, y pálida, desencajada, ni profería palabras ni
756 XXVIII | superiores a sus fuerzas. Deseoso de pagar a todos se ha comprometido
757 XXIII | momentos en que el alma se desespera y duda, cuando ve el mundo
758 XXVI | Vuestra situación es desesperada; pero yo os propongo salvaros...~
759 XXVIII | exclamó don Braulio, rugiendo desesperado y alejándose de do María
760 XXVIII | conozco: nuestra situación es desesperante, exclamó María vertiendo
761 XXX | tempestuosa. Hay dolores desesperantes, terribles. No asoman al
762 XLII | blasfeme, y reniegue, y me desespere cuando te estás allí con
763 XXIV | sean arrancados.». ~«Si desestimé la justicia de mi sirviente
764 XLII | No oís? Parece que se desgaja el cielo y que se hunde
765 XL | moral? ¡El corazón late desgarrado y la esperanza se disipa! ¡
766 XXVIII | Callad, por Dios, que me desgarráis el alma.~ No, María,
767 XV | Ocasión se me presenta de deshacerme de mi rival. Mañana le digo
768 XXVIII | dejó caer sobre su lecho deshecha en amargas lágrimas.~~ ~~~~~~
769 XXXV | dicho que tan pronto el deshonor había de anublar la frente
770 XXIX | para realizar sus perversos designios. Para el bien nadie se asocia.
771 XXXIX | Cómo ha de ser!~ Desinteresadamente voy a darle un consejo.~
772 XVI | celeste rayo de una mirada que deslumbra al corazón, la fe de los
773 XVII | diligencias.~Ernesto quedó como deslumbrado. Extrañaba, infinito tanta
774 XVIII | de halagüeña luz, y con deslumbradores destellos centellea lo porvenir.
775 VII | al pasar por las calles deslumbraras a todos con tu riqueza,
776 XXXII | aliento de amor a los mundos desmayados de cansancio en su infinita
777 XLII | espacio sin fatigarse, sin desmayar como si un genio superior
778 XXVIII | sudor del pobre, dejándole desnudo y hambriento para amontonar
779 XL | Yo desde el fondo de mi desolación pediré a Dios que me olvides
780 VII | María; ángel de paz en mi desolada vida. Tú seras mi estrella
781 IV | negro cabello que cae en desorden, pero, con gracia, completan
782 XXIII | nos amenaza.~ Nuestra despedida debe ser ahora mismo.~
783 XL | llevaba la noche en que nos despedimos. Conservo cuidadosamente
784 XXIII | sospechar que Ernesto debía despedirse de su amada aquella misma
785 V | sensibilidad ahogada por el despego del hombre, el amor amargado
786 XXV | siguiente amaneció el cielo despejado y sereno el mar. Un suave
787 XXVIII | todos los males. Con un sí despejáis el negro horizonte de ese
788 XXVIII | encubriendo a sus ojos despeñaderos, por do se arrastra el corazón.
789 XXXVI | sus horribles pasiones se despertaban con toda su fuerza.~ ¿
790 XI | desgracia humana; esos seres despiadados que cual manada de buitres,
791 XXVIII | cabellos, y la esperanza se desplegaba con sus mil matices, encubriendo
792 XXV | A la izquierda comenzó a desplegarse la huerta. María desde una
793 XVIII | hierve, cuando la fantasía despliega sus alas matizadas de mil
794 XL | blancas; una hermosa corona de desposada, que te recreabas ya; entrelazándola
795 XXXVII | Amar como amaba María, es desposeerse de la naturaleza para vivir
796 XLII | y vos sois poderoso, he despreciado a Ernesto y me he unido
797 XXVIII | olvido para los recuerdos; desprecio para las más altas pasiones;
798 XXXIV | que el alma de su madre, desprendiéndose del cielo la acusaba de
799 XII | entusiasta por el bello sexo. Desprovisto de belleza ardía por la
800 XVI | relámpago, semejante al triste destello de funeral antorcha tendía
801 XVIII | luz, y con deslumbradores destellos centellea lo porvenir. Edad
802 XXXVII | do bebe las lágrimas del destierro?~¿Y el amor? ¿Por qué el
803 IV | pertenece a esa raza de ángeles destinados a consolar a la tierra,
804 XXXII | horizonte que te cobija desvanecerse como una ilusión de la niñez,
805 XXIII | soplo de la pasión hubiese desvanecido nuestros cuerpos; estas
806 II | opulencia, sencilla entre tan desvariado lujo? En una noche de luna (
807 XL | muerte. Loca con todo el desvarío de la razón. Me caso con
808 XI | desprecias mis servicios...~ Deteneos, que no es mi situación
809 XLII | de los relámpagos, ni la detenía en su precipitada carrera
810 XII | la finca, pero donde se detuvo admirado aquel informe hombre,
811 XIV | por la hermosa hija de su deudor.~ ¡Bella es la muchacha!
812 XL | Y los domingos! ¡Con qué devoción oíamos misa! ¡Qué flores
813 XLII | En su afán de libertad devoraba el espacio sin fatigarse,
814 XXXIV | ventana, y el sol había devorado sus antes verdes y lozanas
815 XIX | exclamaron: Es un pobre diablo, se ha metido en lo que
816 XXV | tejiendo para su sien una diadema, y en medio de aquellas
817 XVI | con las brisas, ciñéndose diademas de espumas; tomando celestiales
818 XXI | siguiente coloquio en su dialecto valenciano, que (entre paréntesis)
819 XXX | Entonces oyó este corto diálogo.~ Don Pedro. Aquí tenéis
820 XXIX | si eres tan virtuosa como dicen las gentes. ¿Virtuosa? Como
821 XVII | Apruebo tu resolución como dictada por esa tu noble inteligencia,
822 XXXVI | capricho que como ley me dictéis. Me doblegaré a todas vuestras
823 IX | Trovador. Ernesto a los diez y nueve años se acordaba
824 XXV | risueño de las campiñas difunde por los felices climas meridionales.
825 XXXVII | espinas. Aquellos labios que difundían con una palabra la luz sobre
826 VIII | arancel de la felicidad es muy difuso y complicadísimo. Decíase
827 XXV | azoteas tan esmaltadas, son dignas de verse las hermosísimas
828 XXIX | hombre tan honrado no era digno de compasión, ni acreedor
829 XVIII | por la ambición. ¡Cuántas digresiones! Ernesto lloró su amargo
830 XLI | larguísima cadena cargada de dijes a saber: un cañón, corazones
831 XVIII | corazón de Ernesto, si no dijésemos que entraba por mucho en
832 XI | no es mi situación para dilaciones. ¿No rebajáis nada de ese
833 XVII | Madrid todos los días hay diligencias.~Ernesto quedó como deslumbrado.
834 X | hundía como maldecida su diminuta cabeza. Dios le había quitado
835 XXXII | nuevas de tu Ernesto, y te dirá que llora tu ausencia, que
836 XXXVI | indefinible desesperación. Le diréis a vuestro padre, que me
837 XXXI | causa de este silencio, diremos que nada hemos, podido alcanzar;
838 II | mujer vestida de blanco se dirige a la orilla del mar, cual
839 XXIII | cuando María salió de su casa dirigiéndose hacia la barca.~ ¡Ángel
840 IX | otras informaciones en tal discordia, y como ambas partes influyeron
841 XLI | el cual hizo un gesto de disgusto y despecho al verla tan
842 XXXVI | sonriendo con artificioso disimulo:~ No os comprendo, señorita,
843 V | amor amargado la poesía disipada por el poder de sus tiranos;
844 XXXII | Cuando ese aroma se ha disipado todo en el seno de Dios,
845 IV | árboles, las nubes que se disipan, los insectos que brillan,
846 XXVI | consistido en arruinarme; en dispendiar los caudales de mis padres,
847 XXVIII | los favores que él les ha dispensado; cuando sienta que por haber
848 XV | casa de Madrid está a su disposición. Y él está ardiendo en deseos
849 XXIX | nuevo día, se levantó y dispuso todos sus papeles. Ya hemos
850 X | tuviese que atravesar largas distancias; con su único ojo orlado
851 XVIII | de la alegría no sabemos distinguir el dulce néctar del placer,
852 XLI | reflexión podía ser parte a disuadirla de su propósito. Don Pedro
853 XXXI | acciones cuyos móviles son diversos, oscuros e indefinibles.
854 XLII | Eres una esposa alegre y divertida.~ ¡Esposa, yo!~ Sí,
855 V | adornas es sin duda para divertir su gusto; todos los noveleros
856 XLII | mundo.~ Pues señor, me divierto. Qué importuna tempestad
857 IV | aquel océano de revelaciones divinas.~~ ~~~~~~
858 XXXVII | Dios, el crepúsculo que divisamos desde nuestro hondo valle,
859 XXXVII | grande, todo lo sublime está divorciado de la felicidad. El día
860 IX | había oído la demanda de divorcio entablada un año antes de
861 XXIII | vivienda; porque mi alma no se doblega a recibir humillantes favores.
862 XXXVI | como ley me dictéis. Me doblegaré a todas vuestras exigencias.~
863 III | corazón. La esperanza es un dogal que nos ahoga, la esperanza
864 XVI | azotaba los mares que se dolían quejosos, rugiendo cual
865 I | como las oraciones del alma dolorida.~Hermoso cuadro presentan
866 XXIII | el vicio y la ignorancia dominando como absolutos señores,
867 XL | muerto para siempre. ¡Y los domingos! ¡Con qué devoción oíamos
868 XVIII | los celajes del porvenir dorado por la ambición. ¡Cuántas
869 XXXV | cuna de caoba con filetes dorados, gritaba el alguacil.~
870 XXXVII | desde nuestro hondo valle, dorando con su luz las riberas de
871 I | de Valencia. El sol, al dormirse sobre las olas deja una
872 XIX | llevaba la mira de ganar doscientos con uno de capital; si vendía
873 III | perfecciones, con que Dios ha dotado a la mujer para arrastrar
874 XXVI | buen marido.~ No tiene dote. En el mundo los casamientos
875 XXVIII | y veía en él todas las dotes sobrenaturales que el alma
876 XXII | dirán los noveleros y los dramáticos que el amor es santa emanación
877 XIX | el mayor enemigo de todo ducho comerciante.~Sólo medra
878 XXVII | nuestras frentes; porque dudaba si debía sufrir con resignación
879 XXIII | el crepúsculo extiende su dudosa luz, me postro en mi barca
880 XXXIX | contra su caja existen. Soy dueño de todos los pagarés que
881 XL | He sufrido tanto! Tampoco duermo. Desde que te fuiste, ni
882 XXXII | pronunciado tu nombre, ese nombre dulcísimo que serena el mar, y tiñe
883 XVI | libertad suspiraba por esta dura cárcel, cuyas puertas están
884 XXIX | ejecutar su venganza. No durmió en toda la noche saboreando
885 XIII | prestaba a don Pedro ocho mil duros.~~ ~~~~~~
886 XXXIV | que llorosa y afligida le echaba en cara la debilidad de
887 XXIX | fundada en la desconfianza os echan el guante y os aprisionan
888 XXXIX | aprovecha V. de la ocasión se echarán otros encima y ese hombre
889 XXVIII | joven sobrecogida de espanto echó a correr desalentada hacia
890 XXVIII | el sol mismo palidecerá eclipsado por el oro que arrojaré
891 XVI | carcajada de la embriaguez. Él, educado en la libertad suspiraba
892 XXXIII | la cuna de su hija. Y en efecto, la fortuna en su torrente
893 V | pero vana; amante, pero egoísta; sensible, pero veleidosa;
894 XXIX | Don Braulio se dio prisa a ejecutar su venganza. No durmió en
895 XXVIII | deseos? Ni nos arredra el ejemplo, ni nos detiene el inmenso
896 I | vientos, y la palmera se eleva al cielo, dejando caer sus
897 IV | que refleja alma noble y elevada, y negro cabello que cae
898 XXV | la ciudad en la falda de elevado castillo, parece un centinela
899 | ellas
900 | ello
901 XII | hermosa vuestra hija. Aquel elogio produjo una invencible repugnancia
902 XXII | dramáticos que el amor es santa emanación del cielo; yo les probaré
903 XXXV | la sombra de su madre. No embarguéis, no vendáis lo único que
904 XVIII | decepciones, sufrir los embates más terribles de la suerte,
905 V | eres toda modestia, siempre embebida en ti misma, cuando si de
906 III | un tinte melancólico que embelesa el corazón, sus ojos tienen
907 V | ti te acuerdas, es para embellecer la vida del hombre, y si
908 XL | pero loca con esa clemencia embriagadora, que afortunadamente causa
909 I | artista, hay murmullos, que embriagan el corazón, armonías que
910 XVI | epiléptica carcajada de la embriaguez. Él, educado en la libertad
911 XXVI | han vendido me llamarán embustero. Si me muero de hambre dirán
912 XXVI | O a la soledad, o a la emigración... Una quiebra es cosa muy
913 XLI | padre protestó que de su emoción nacía aquel triste caso.~~ ~~~~~~
914 VIII | uno sus diamantes y los empañan con su aliento; para que
915 XXVII | porque temía que la deshonra empañase nuestras frentes; porque
916 XIV | al escribano.~ Con V. emparentará.~ ¿Cómo?~ Diz que
917 XXV | pintada mariposa.~El vapor empezó a volar sobre las ondas.
918 XL | veneno de mis desgracias emponzoñará mis días. Mis ojos se entornarán
919 XVII | medios necesarios para que emprendas el viaje con aquella comodidad
920 XIX | al norte del egoísmo para emprender sus negocios.~La conciencia
921 XIX | jugaba con avisos ciertos; si emprendía un negocio no llevaba la
922 XXVI | dinero que me han rendido mis empresas comerciales. Mi ciencia
923 XLII | El campo! dijo María enajenada de gozo.~Una fuerte ráfaga
924 XL | como ilusiones nuestras dos enamoradas almas.~Ernesto: ¿Será verdad
925 XXI | más feo que Esopo, y más enamorado que Cupido.~ Pero decidme, ¿
926 XXXIV | festines. Para los corazones enamorados tiene los cantos de sus
927 XVI | celestiales esmaltes para enamorar al céfiro que cargado de
928 XL | las cercanías vagaban se enamorasen de ti. ¡Y todo ha huido!
929 X | pequeño que degeneraba en enano. Su saliente espalda llevaba
930 XIV | centelleaba al mirarla, y se enardecía su sangre. Salió trastornado,
931 XXXVII | canto de todas las esferas encadenadas por el amor, es el soplo
932 XXXVII | están rotas, ¿ha de quedar encadenado siempre a esta roca solitaria,
933 XXIII | Estos momentos de poesía, de encanto, en que nuestras almas se
934 XXVIII | el negro horizonte de ese encapotado porvenir.~ ¿Qué he de
935 XXXVIII| salvar a su padre te ruego encarecidamente que no pases más adelante.~~ ~~~~~~
936 XXIX | aquí tenemos un censor encargado de celar esto que escribo
937 XXXII | amo!. En esa palabra está encerrado mi corazón; todo lo que
938 III | contempla la ama; porque encierra compendiadas todas las perfecciones,
939 XXXIX | ocasión se echarán otros encima y ese hombre se declara
940 XXVIII | sepultura. Cuando a Dios quieras encomendarlo, el rezo se helará en tus
941 XL | porque nuestras súplicas se encontraban en el espacio para subir
942 XXVI | días, don Pedro, cómo nos encontramos de negocios.~ He pasado
943 XLII | camino del crimen no puede encontrarse nada más que el crimen.~
944 XXVIII | desplegaba con sus mil matices, encubriendo a sus ojos despeñaderos,
945 XXIII | tierra, la mágica armonía que endulza las melancólicas horas de
946 III | humana. ¡Cuántas veces nos engaña! Es un prospecto y como
947 XXVIII | aspiraciones han de ser engañadas y burlados todos nuestros
948 XLII | Yo he querido esta mañana engañarle. En un templo, al pie de
949 XVI | abatimiento al cuerpo, y engrandece y vivifica el alma.~ ~Ernesto~
950 XXIII | majestad a los cielos.~María se enjugó las lágrimas y señaló la
951 XVI | Ernesto adoraba a Dios; y enmudeciendo se postraba en la orilla
952 XXXV | ella mi padre escribía y me enseñaba a ser un honrado comerciante.~ ¡
953 XXXI | indefinibles. Los filósofos griegos enseñaban al hombre que la suprema
954 XXIII | temas; porque tú me has enseñado a orar. Abandonado de mi
955 XXV | inspirado sus dulces cantares, y enseñándole a orar le había hecho poeta.~
956 XL | inspiraba; este amor que te enseñó a creer y a orar; este amor
957 IX | oído la demanda de divorcio entablada un año antes de la fuga.~
958 XIX | se ha metido en lo que no entendía. El mundo es el purgatorio;
959 XLI | su hija, serena con voz entera, y rostro tranquilo, le
960 XXIII | el follaje la siguió para enterarse de la naturaleza de los
961 VII | fortuna; María, el mundo entero ha de envidiarte.~ Me
962 X | Madrid. Este era uno de esos entes singulares que Dios echa
963 XXXIX | los gastos de...~ Se entiende.~ Le hacíamos a V. hombre
964 XXXIX | tiene un cuarto.~ Yo me entiendo.~ Va V. a arruinarse.~
965 XVI | encantadora, a cuyo compás entonaba Ernesto sus suaves y mágicos
966 XL | tan nuevos y tan dulces entonabas por las tardes en las playas!
967 XXIII | y al compás de las olas entonó una canción amorosa. Aún
968 XL | emponzoñará mis días. Mis ojos se entornarán para siempre, porque no
969 XXVIII | desalentada hacia su casa y entrando en su gabinete se dejó caer
970 XXXIX | acaloramiento.~ Y va V. a entrar en transacciones amistosas
971 XVI | alma, los hechizos de un entrecortado suspiro, el celeste rayo
972 XXVI | oír de sus labios más que entrecortados monosílabos.~ Buenos
973 VIII | visto la corona del pueblo entregada a los especuladores. Ved,
974 XXIII | duda, cuando ve el mundo entregado al interés, el vicio y la
975 XXXII | El mar calla como si se entregase a sus oraciones; brillan
976 XVIII | sacrificio, y desatando su barca entregose en brazos del mar para que
977 XL | desposada, que te recreabas ya; entrelazándola con mis cabellos? ¿Te acuerdas
978 XXV | embargo, se ha ornado para entretejer lazos con que aprisionar
979 XXX | blanca casa vio a María entretenida en hojear un libro.~
980 IX | tuvo la culpa de tamaño entuerto; si el marido o la mujer.
981 VII | donde el poeta es oído con entusiasmo, donde todos a porfía tejen
982 XII | colorín.~Era aquel hombre entusiasta por el bello sexo. Desprovisto
983 XXXIV | todo lo marchitan, todo lo envenenan. Cuando las tempestades
984 XXVII | si Dios no nos hubiera enviado un protector!~ ¡Un protector!~
985 XXXII | las flores del jardín, y envíame algunas rosas en tus cartas.
986 XVI | que cargado de aromas le envían como regalos los valles
987 IV | unos labios, cuyo color envidiaran las flores del granado,
988 XXVIII | la felicidad. Las reinas envidiarán vuestros diamantes, el sol
989 VII | María, el mundo entero ha de envidiarte.~ Me parece más halagüeña
990 XXXIV | de horrible cuerpo y de envilecida alma? ¿Y su padre? ¿y si
991 XXIII | que le refrigera.~La noche envolvía en su manto las solitarias
992 XLII | era tan oscura quedó todo envuelto en las más profundas tinieblas.
993 XXIII | en caso de haberlos visto envueltos en una nube de voluptuosidad
994 XVI | de esa poesía divina que envuelve en el abatimiento al cuerpo,
995 XLI | sacerdote le leía la célebre epístola de San Pablo; tocó un anillo
996 XXVIII | Su juventud le mata. Hay épocas en la vida en que la sangre
997 XXV | iban y venían, llevando equipajes, transportando a bordo o
998 IX | dijeron los antiguos que eras la ciencia universal. Exclamé
999 I | la campana de una sagrada ermita. Horas deliciosas, que hicisteis
1000 XXIII | conversación de una monja y un ermitaño. Amor tan puro no puede
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