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XXI
En la plaza de la Constitución
de Alicante tenían algunos corredores y comerciantes el siguiente coloquio en
su dialecto valenciano, que (entre paréntesis) es muy idóneo para la
murmuración.
Alerta;
que don Braulio compra todos los créditos existentes contra don Pedro de Urgel.
¡Contra don Pedro! Pues quedará lucido.
Ese hombre se ha vuelto loco.
Le ha trastornado el seso la
horrible bailarina que galantea.
¿Galantea a
una bailarina?
Es más feo que Esopo, y más
enamorado que Cupido.
Pero decidme, ¿no
tenía otra querida en Madrid...?
Tiene cien mil. ¡Cómo que le
cuestan su dinero!
Y como a
él le cuesta tan poco el dinero.
Vamos al asunto:
que yo tengo créditos contra don Pedro, que ya los daba hasta por un ochavo;
exclamó un panzudo comerciante.
No
puedo creer que compre los créditos de ese hombre; que se ha retirado
voluntariamente a la huerta por no poder sufrir a sus acreedores y por ocultar
su torpeza.
¡Si que es torpe!
Y
tonto.
Y
pródigo.
Y
capaz de trabajar hasta morir por satisfacer sus deudas.
Pues no cabe duda, don Braulio compra los créditos.
Pues
entonces a venderlos.
Como
que no tiene de qué pagar don Pedro.
Ya se sabe; los hombres como
las mujeres pasan murmurando el tiempo. [11]
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