1879-eleme | ellas-ofrec | oido-zarza
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1 Texto| Emilio Castelar~Septiembre de 1879.~ ~
2 Texto| día de su Natividad, el 8 de Septiembre.~ Son
3 Texto| dejándolos sin escrúpulo abandonados como los avestruces dejan
4 Texto| lejana estrella, como la abeja miel en la flor del cantueso
5 Texto| cargada con las heridas abiertas a la fe antigua. ¡Cuánto
6 Texto| encontrar a la mujer amada y no abismarse en sus ojos, y no estremecerse
7 Texto| aceituna se ennegrece y se ablanda; la almendra cae de su encierro,
8 Texto| con la higuera, sólo para abrazar aquellas ramas, las cuales
9 Texto| mi huertecito mereció un abrazo. Yo le recomendé al azofaifillo
10 Texto| el más sabroso alimento. Abren de par en par las puertas
11 Texto| Nosotros, que reproducimos y abreviamos en el compendio de nuestra
12 Texto| poder apagarlo; que no hayan abrigado esperanzas e ilusiones sin
13 Texto| mejor nos quedamos en un abrir y cerrar de ojos, hasta
14 Texto| el cristiano viejo sin un abuelo que oliera a hereje, el
15 Texto| Jaime el Conquistador, que acaba de tomar a Mallorca y a
16 Texto| Inquisición antigua se han acabado al eco de nuestra voz, aún
17 Texto| le pusiera Agatócles. No acabaríamos nunca si hubiéramos de decir
18 Texto| entendimientos! Seis siglos hace que acabaron las guerras de árabes y
19 Texto| hora siniestra para mí, acabáronse las mayores alegrías para
20 Texto| como si el mundo entero se acabase y la familia entera se muriese
21 Texto| indios y formulada en la Academia, a la sombra de los plátanos
22 Texto| vuelto a empeñarse ninguna acción ni a verse ningún encuentro.
23 Texto| el higo ya gotea miel; la aceituna se ennegrece y se ablanda;
24 Texto| trenos de Jeremías, cuyos acentos me daban el escalofrío de
25 Texto| bebedizos árabes. En la acequia, llena de guijas y de limo,
26 Texto| repicaban a regocijo, no acertaban a sacudirme con emociones
27 Texto| desconocidas caretas. No acertaría a decir lo que era un carnaval
28 Texto| precedido de heraldos y pajes, acompañado de pomposa comitiva, en
29 Texto| entre nubes de inciensos, acordes de dulces melodías y susurros
30 Texto| despertarnos cuando estábamos acostumbrados a que nos despertara nuestra
31 Texto| esperanza para mi alma.~ ¿Te acuerdas? No quería separarme de
32 Texto| arrojando moros muertos por los adarbes, y persistiendo hasta poner
33 Texto| anticuario y que nosotros aderezábamos de pintoresca manera, sin
34 Texto| cuyo volumen no pueden adivinar nuestros mezquinos cálculos.
35 Texto| es, limitada; cuando se admiten como una necesidad inevitable
36 Texto| en su mayor parte al dios Adonis. La fiesta de las flores
37 Texto| amapolas en señal de mística adoración. Paréceme que oigo las marchas
38 Texto| de follaje; las ventanas adornadas de colgaduras; los niños
39 Texto| ha de enrojecer con sus adornos carmesíes; la palma ha de
40 Texto| disfrazados de esta suerte, ni advertíamos bajo el disfraz su propia
41 Texto| su propia condición, ni advertidos la creíamos, pues en la
42 Texto| por facetas, o en masas aeriformes de azul celeste, como pedazos
43 Texto| moviéndose como enjambres de aerolitos; la bella efigie, vestida
44 Texto| meses; el inmenso ejército africano, cuyos alquiceles y alfanjes,
45 Texto| terrible asedio que le pusiera Agatócles. No acabaríamos nunca si
46 Texto| principio, o por lo menos, agente del mal, con nuestro Dios,
47 Texto| según se movían por los agrios riscos y bajo el peso de
48 Texto| vuestro sabor en el hilo de agua clara que despide la modesta
49 Texto| las alondras y el grito agudo de los gallos, mezclados
50 Texto| haber robado su vuelo a las águilas, según se movían por los
51 | ajeno
52 Texto| y el pensamiento en su Alah; mientras de otro lado,
53 Texto| vivas de entusiasmo y los alardes de alegría. Yo no he visto
54 Texto| antes y nos lleva en sus alas a otro mundo, dentro de
55 Texto| que iba caballero en su alazán, precedido de heraldos y
56 Texto| moviéndose sobre los lomos de los alazanes del desierto, aseméjanlos
57 Texto| campana que saludaba al alba, entre el coro de las alondras
58 Texto| el nombre pintoresco de «albada», la media noche, en que
59 Texto| Yo les pedí perdón a los albaricoqueros por haberles mil veces arrancado
60 Texto| mil veces arrancado sus albaricoques, antes de madurar, con desapoderada
61 Texto| crepúsculo de la juventud con albores teñidos de encantadora poesía.
62 Texto| rosal amarillo y fuera del alcance de nuestras manos y del
63 Texto| tamboril y dulzaina de mi aldea, que en la fiesta de San
64 Texto| con emociones tristes o alegres como las campanas de mi
65 Texto| acabáronse las mayores alegrías para el corazón y perdieron
66 Texto| africano, cuyos alquiceles y alfanjes, moviéndose sobre los lomos
67 | algunas
68 | algunos
69 Texto| turbantes de gasa llenos de alharacas, las babuchas de tunecino
70 Texto| estremecerse al soplo de su aliento, y no caer de rodillas al
71 Texto| cuya savia creía yo que se alimentaba, como las raíces de los
72 Texto| más rico y el más sabroso alimento. Abren de par en par las
73 | allá
74 Texto| cadencias de Palestrina o de Allegri, y sólo pude encontrarla
75 | allí
76 Texto| granos están ya recogidos y almacenados. Las cosechas de otoño,
77 Texto| escondites del lagar y de la almazara, me enterré en los pajares,
78 Texto| combatían cuerpo a cuerpo en las almenas, arrojando moros muertos
79 Texto| ennegrece y se ablanda; la almendra cae de su encierro, perfumada
80 Texto| habían ofrecido sabroso almuerzo, sazonado con el rocío de
81 Texto| Veía, pues, los altos de Almuradiel pintados de flores por los
82 Texto| alba, entre el coro de las alondras y el grito agudo de los
83 Texto| ejército africano, cuyos alquiceles y alfanjes, moviéndose sobre
84 Texto| hierro en la mina, por las alquimias de la nutrición y de la
85 Texto| el espacio inmenso, por altar las cordilleras, entonaron
86 Texto| prender a las cimas de las altas cordilleras, prometiendo
87 Texto| las Navas. Veía, pues, los altos de Almuradiel pintados de
88 Texto| inclínanse las espigas y alzan sus encendidos cálices las
89 Texto| propia, en la hacendosa ama de casa, en la buena madre,
90 Texto| será encontrar a la mujer amada y no abismarse en sus ojos,
91 Texto| seres nacen bendecidos y amados por sus padres; en la sociedad,
92 Texto| salve dicha a la luz del amanecer, al toque de la campana
93 Texto| sus encendidos cálices las amapolas en señal de mística adoración.
94 Texto| el aire, ni un dejo del amargor de aquellos recuerdos en
95 Texto| gloria, pero tampoco la amargura de la calumnia; cierto que
96 Texto| pantalones bombachos de seda amarilla, las fajas multicolores,
97 Texto| opulencia propia de un rosal amarillo y fuera del alcance de nuestras
98 Texto| hereje, el sacristán de amén, parecíanos Muza o Tarik,
99 Texto| Asia hasta la desconocida América, llamadas a llevar más tarde
100 Texto| si fueran una legión de amigos.~ No lo olvidaré. En
101 Texto| reparan poco en cualquier anacronismo. Nada de brocado, de malla,
102 Texto| reverberando el sol de Andalucía en sus petos y en sus cascos,
103 Texto| sometido primero, y después, andando el tiempo, expulsado. Ni
104 Texto| felicidad no se encuentra en el aniquilamiento, sino en la plenitud del
105 Texto| de animados diamantes. El anís ha de blanquear en sus flores
106 Texto| despidiendo de las manos flores y anises; las velas y los hachones
107 Texto| festividades mayores del año. Si las campanas de la ciudad
108 Texto| procesión como aquella al anochecer, con las calles enarenadas
109 Texto| con que hoy comerciaría un anticuario y que nosotros aderezábamos
110 Texto| cirios, corresponden a las antiguas fiestas lupercales. Los
111 Texto| Misa del gallo, como en la antigüedad tenían otros festejos, destinados
112 Texto| consagrados a Lucina por los antiguos griegos son los santuarios
113 Texto| que en la fiesta de San Antón congregaban todo el pueblo
114 Texto| paz al corazón lacerado, anunciaban que la yema iba a dar el
115 Texto| y ha cumplido su destino anunciando en el crepúsculo de la juventud
116 Texto| que nuestra melancólica y apagada luna. Ese polvillo que pasa,
117 Texto| años, cuando la vejez haya apagado la voz en mi garganta, la
118 Texto| vuestra sed, mientras que la apagáis a vuestro sabor en el hilo
119 Texto| férvidas espumas, no podéis apagar vuestra sed, mientras que
120 Texto| el amor intenso sin poder apagarlo; que no hayan abrigado esperanzas
121 Texto| en cuya comparación debe aparecer más pálido, más blanquecino
122 Texto| fundido en sus mares de fuego, aparecería en los espacios más bella,
123 Texto| pasa, ese átomo de polen apenas perceptible al microscopio,
124 Texto| No puedo decir cuánto me apenó su inesperada ausencia. ¡
125 Texto| la uva se endulza, como apercibiéndose a la vendimia; el higo ya
126 Texto| color de los limones, que se apresurara a endulzar la aspereza de
127 Texto| de la cosecha. Cuentan la aproximación de esta festividad con los
128 Texto| casacón antiguo, sombrero apuntado, distinguían a los católicos
129 Texto| la excomulga. Pero, sin apurar el revelador de Dios las
130 Texto| bendecida y esperada como en la Arabia, se ha de prender a las
131 Texto| hazaña; el rey D. Pedro II de Aragón a un lado, y a otro lado
132 Texto| con tantos recuerdos. Cada árbol de mi huertecito mereció
133 Texto| como las raíces de los árboles y de las plantas, las raíces
134 Texto| palabra a cada cepa, a cada arbusto, a cada retoño, como si
135 Texto| se levantaban sobre los arbustos y las rotondas sobre los
136 Texto| fiesta: tal sonaban los arcabuces, las descargas, los cañonazos,
137 Texto| Roma. Bajo sus grandiosos arcos buscaba una emoción religiosa,
138 Texto| festividad, participaban con ardor infantil de aquella mogiganga.
139 Texto| los viñedos, dando toques argentados al oscuro follaje; los álamos
140 Texto| calzón corto, zapato con argénteas hebillas, medias de seda,
141 Texto| pero tampoco rodado a los ariales donde se clavan las espinas
142 Texto| era en el estruendo que armaban por cuarenta y ocho horas
143 Texto| bajo el peso de las graves armaduras; el rey D. Alfonso VIII
144 Texto| campo no tendrá los mismos aromas, ni el horizonte los mismos
145 Texto| albaricoqueros por haberles mil veces arrancado sus albaricoques, antes
146 Texto| y les daban sus variados arreboles. La salvia y el tomillo
147 Texto| comparsas y sus disfraces los arreos de nuestros antepasados,
148 Texto| experimentar el éxtasis y el arrobo de los primeros amores.
149 Texto| a cuerpo en las almenas, arrojando moros muertos por los adarbes,
150 Texto| visto las obras maestras de arte, pero tampoco las profanaciones
151 Texto| el centro, asistido del arzobispo D. Rodrigo, que peleaba
152 Texto| divinidades en el terrible asedio que le pusiera Agatócles.
153 Texto| los alazanes del desierto, aseméjanlos a nubes atravesadas por
154 Texto| apresurara a endulzar la aspereza de sus frutos con la jugosa
155 Texto| a la ciencia sino por el áspero camino de la investigación,
156 Texto| nuestros votos aún yacería atado a su ignominia y desprovisto
157 Texto| melocotón ofrece, tras la aterciopelada pelusilla, sus ricas carnes;
158 Texto| chirrido de las cigarras áticas, halla todavía altares en
159 Texto| tus moléculas para sus átomos; muchos habrán llorado en
160 Texto| salido de ahí, hemos dejado atrás esos símbolos, nos hemos
161 Texto| desierto, aseméjanlos a nubes atravesadas por rayos, el Emir de los
162 Texto| salísteis de ese nido, ni atravesásteis las tempestades del mundo.
163 Texto| gallardía no usada sus hojas de áureo verde y sus frutas relucientes
164 Texto| desde el destello de la aurora boreal en el cielo hasta
165 Texto| cuánto me apenó su inesperada ausencia. ¡Pobrecillos! Plegue al
166 Texto| tiene la tradición! ¡Cómo avasalla las voluntades y los entendimientos!
167 Texto| humanos progresos? Como el ave no se puede quedar en su
168 Texto| cantaba en competencia con las aves, exhuberantes de vida y
169 Texto| escrúpulo abandonados como los avestruces dejan sus crías en el desierto,
170 Texto| me lo digas, y déjame que avive en la memoria, con toda
171 Texto| los fuegos fatuos hasta el ázoe de los estiércoles inmundos,
172 Texto| abrazo. Yo le recomendé al azofaifillo que siguiera creciendo para
173 Texto| extienden por los templos de Babilonia y por las tierras interiores
174 Texto| llenos de alharacas, las babuchas de tunecino tafilete. Una
175 Texto| de las hogueras y hacían bailar las parejas a su compás
176 Texto| infancia, y pido al aire que baja de sus montañas oxígeno
177 Texto| seguirlas. La revelación no ha bajado al mundo en una hora. Patriarcas,
178 Texto| el cordero al cuchillo. Bajé a las bodegas, subí a los
179 Texto| mi alma dolorida necesita bálsamo; que mis fuerzas fatigadas
180 Texto| Toda obra grande aparece bañada en los sudores del trabajo;
181 Texto| persistiendo hasta poner la bandera española en la más alta
182 Texto| militares con sus hábitos y banderas y divisas de matices diversos;
183 Texto| un Miércoles Santo en la basílica de Roma. Bajo sus grandiosos
184 Texto| las huríes del edén los bebedizos árabes. En la acequia, llena
185 Texto| que hoy, como aparece más bello el encendido volcán que
186 Texto| los tarayes; la nube, allí bendecida y esperada como en la Arabia,
187 Texto| primeras oraciones, el sitio bendecido por los primeros amores!~
188 Texto| naturaleza los seres nacen bendecidos y amados por sus padres;
189 Texto| Candelaria, dedicadas a bendecir los cirios, corresponden
190 Texto| hierbas secas y motas de lana blanca. Contra las naturales inclinaciones
191 Texto| envueltas en sus mantillas blancas, despidiendo de las manos
192 Texto| lágrimas. Los olivares se blanqueaban y se oscurecían al soplo
193 Texto| diamantes. El anís ha de blanquear en sus flores circulares;
194 Texto| aparecer más pálido, más blanquecino y más humilde que nuestra
195 Texto| al cuchillo. Bajé a las bodegas, subí a los desvanes, me
196 Texto| que vestían los pantalones bombachos de seda amarilla, las fajas
197 Texto| descargas, los cañonazos, las bombas, las tracas, los morteretes,
198 Texto| el destello de la aurora boreal en el cielo hasta el polvillo
199 Texto| leyendas paganas a nado el Bósforo por recoger la mirada de
200 Texto| estatuas vemos bajo las bóvedas de la catedral de Toledo,
201 Texto| No vale menos el sol, ni brilla menos, porque en vez de
202 Texto| hojas de color de las lilas brillaban los membrillos del color
203 Texto| pie del retablo antiguo no brillará como antes a mis ojos, y
204 Texto| palmera, mecida por las brisas; el racimo ha de lucir sus
205 Texto| otros por las calles en una broma continua. Y no digo nada
206 Texto| gracia. Si las máscaras bromeaban en el carnaval, no podían
207 Texto| El demonio persa, que ha brotado de la religión, mazdea,
208 Texto| pámpanos; el espino ha de brotar sus guirnaldas, que envidiaría
209 Texto| que la yema iba a dar el brote, la larva el insecto, la
210 Texto| Bajo sus grandiosos arcos buscaba una emoción religiosa, oyendo
211 Texto| tiempos de gozo, en que buscábamos para las comparsas y sus
212 Texto| embajador cristiano, que iba caballero en su alazán, precedido
213 Texto| solían vestir, no como los caballeros de la Vega, cuyas estatuas
214 Texto| mazorca ostenta su sedosa cabellera; la uva se endulza, como
215 Texto| no caían sobre nuestras cabezas las escarchas. Volver a
216 Texto| pueblo; porque, al fin y al cabo, resultaban sus propios
217 Texto| verdad que hemos roto las cadenas de algún esclavo, el cual
218 Texto| emoción religiosa, oyendo las cadencias de Palestrina o de Allegri,
219 Texto| se ablanda; la almendra cae de su encierro, perfumada
220 Texto| soplo de su aliento, y no caer de rodillas al crujido de
221 Texto| contábamos los años y en que no caían sobre nuestras cabezas las
222 Texto| realizarlas; que no hayan caído en la celada del cazador
223 Texto| muchos habrán recogido tu cal para sus huesos, tu fósforo
224 Texto| adivinar nuestros mezquinos cálculos. Cuando la tierra se extendía
225 Texto| como lo creía el pastor caldeo en la inmensidad del desierto,
226 Texto| espigas y alzan sus encendidos cálices las amapolas en señal de
227 Texto| cota, de pacete; al revés, calzón corto, zapato con argénteas
228 Texto| en vez de una madre; los camaradas en vez de los hermanos;
229 Texto| inmutable esencia y sólo habrá cambiado lo permanente, lo imperecedero,
230 Texto| vuestros huesos. Nosotros cambiamos de hogares como de camisas,
231 Texto| deben conservar los mismos cambiantes que las tornaban en piedras
232 Texto| ciencia sino por el áspero camino de la investigación, ni
233 Texto| cambiamos de hogares como de camisas, dejándolos sin escrúpulo
234 Texto| amanecer, al toque de la campana que saludaba al alba, entre
235 Texto| natural que aquellos sencillos campesinos consagren un día de regocijo
236 Texto| sustituyendo a la libertad campestre, la ciudad indiferente en
237 Texto| riachuelo se deslice entre los cañaverales y los tarayes; la nube,
238 Texto| parto. Las fiestas de la Candelaria, dedicadas a bendecir los
239 Texto| arcabuces, las descargas, los cañonazos, las bombas, las tracas,
240 Texto| toda la muchachería que cantaba en competencia con las aves,
241 Texto| parece a ella más ajeno, el cántico que parece a sus ideas más
242 Texto| salmodiaban los sacerdotes el canto llano, oído tantas veces
243 Texto| abeja miel en la flor del cantueso y del romero? Si ha de suceder
244 Texto| gente en gente con fuerza capaz de dar calor a muchas sociedades
245 Texto| Navarra, ambos heroicos capitaneando ambos aquellas huestes,
246 Texto| sin otro consejo que el capricho de nuestra desenfrenada
247 Texto| giros del viento y a los caprichos de la suerte.~ Partíme
248 Texto| la semilla el tallo, y el capullo la flor. Paréceme que las
249 Texto| hueso como desconocidas caretas. No acertaría a decir lo
250 Texto| seculares, toda ciencia nueva cargada con las heridas abiertas
251 Texto| a mi madre debían, a su caridad inagotable por los seres
252 Texto| enrojecer con sus adornos carmesíes; la palma ha de susurrar
253 Texto| aterciopelada pelusilla, sus ricas carnes; el melón y la sandía convidan
254 Texto| Judea, como los degolló Cartago para desarmar a sus divinidades
255 Texto| pólvora. El castillo de cartón pintado, parecíanos real
256 Texto| habían corrido la tuna, las casacas moradas que habían asistido
257 Texto| hebillas, medias de seda, casacón antiguo, sombrero apuntado,
258 Texto| salvia y de espliego; las casas ceñidas de follaje; las
259 Texto| Andalucía en sus petos y en sus cascos, la cruz al frente, los
260 Texto| humana conciencia.~Emilio Castelar~Septiembre de 1879.~ ~
261 Texto| el uno de catalanes, y de castellanos el otro. Desde entonces
262 Texto| regiones intermedias entre Castilla, Valencia y Murcia, regiones
263 Texto| explosiones de la pólvora. El castillo de cartón pintado, parecíanos
264 Texto| reconquistas, el uno de catalanes, y de castellanos el otro.
265 Texto| vemos bajo las bóvedas de la catedral de Toledo, sino como petimetres
266 Texto| apuntado, distinguían a los católicos de los mahometanos. Pero
267 Texto| el hombre a quien no le cautiva el hogar de su familia,
268 Texto| contrario, la Sibila en su caverna y el Pontífice en su ara,
269 Texto| hayan caído en la celada del cazador o en la traición del enemigo,
270 Texto| que no hayan caído en la celada del cazador o en la traición
271 Texto| del espíritu, pues para celebrar sus nupcias con esta entidad
272 Texto| y de espliego; las casas ceñidas de follaje; las ventanas
273 Texto| suelo, deshacerme en la ceniza del hogar, evaporarme en
274 Texto| rey D. Alfonso VIII en el centro, asistido del arzobispo
275 Texto| los hermanos; el pasante ceñudo que venía a despertarnos
276 Texto| dije una palabra a cada cepa, a cada arbusto, a cada
277 Texto| cuarenta y ocho horas seguidas cerrando el uno contra el otro con
278 Texto| nos quedamos en un abrir y cerrar de ojos, hasta sin patria,
279 Texto| perdidos en los abismos cerúleos, cuyo volumen no pueden
280 Texto| fajas multicolores, las chaquetas bordadas de lentejuelas,
281 Texto| evaporarme en el humo de la chimenea, a dejar aquellos sitios,
282 Texto| los plátanos del Pireo, al chirrido de las cigarras áticas,
283 Texto| la Reina María Luisa, las chupas de raso bordadas con guirnaldillas
284 Texto| habían vencido al infiel en cien batallas y reconquistado,
285 Texto| todas las fiestas, ninguna ciertamente como la fiesta consagrada
286 Texto| Pireo, al chirrido de las cigarras áticas, halla todavía altares
287 Texto| española en la más alta cima, el «Te Deum» que estallaba
288 Texto| santuarios donde las mujeres en cinta piden hoy a los santos de
289 Texto| todavía esconderse por las cintas de las hierbecillas las
290 Texto| tienda de riquísimos colores, circuído de sus negros encadenados,
291 Texto| blanquear en sus flores circulares; el granado se ha de enrojecer
292 Texto| dedicadas a bendecir los cirios, corresponden a las antiguas
293 Texto| sabor en el hilo de agua clara que despide la modesta y
294 Texto| rodado a los ariales donde se clavan las espinas de la envidia.
295 Texto| No tenemos nosotros la clave del Universo, no hemos escrito
296 Texto| hierbecillas las luciérnagas, cogidas a mano por nosotros y presentadas
297 Texto| todas repican al vuelo, los cohetes serpentean por los aires;
298 Texto| cuando me obligaban a ir al colegio. Un maestro en vez de una
299 Texto| las ventanas adornadas de colgaduras; los niños vestidos de ángeles
300 Texto| su tienda de riquísimos colores, circuído de sus negros
301 Texto| llevando el oxígeno puro en sus columnas de llamas y el platino fundido
302 Texto| empleado el trabajo, el combate, el dolor, el martirio y
303 Texto| nuestros por las escalas y combatían cuerpo a cuerpo en las almenas,
304 Texto| gritería universal de los combatientes, trepaban los nuestros por
305 Texto| mil objetos con que hoy comerciaría un anticuario y que nosotros
306 Texto| estado feudal como en los comienzos y fundación de las monarquías
307 Texto| pajes, acompañado de pomposa comitiva, en requerimiento y demanda
308 Texto| la prosaica, pero fecunda compañera de la vida, cuyos oídos
309 Texto| superior a la suerte de su compañero. Plegue al cielo que no
310 Texto| vasallo de otro sol, en cuya comparación debe aparecer más pálido,
311 Texto| que buscábamos para las comparsas y sus disfraces los arreos
312 Texto| recreo de una existencia compartida entre la religión y la naturaleza!
313 Texto| bailar las parejas a su compás moruno con gravedad que
314 Texto| reproducimos y abreviamos en el compendio de nuestra vida el alma
315 Texto| muchachería que cantaba en competencia con las aves, exhuberantes
316 Texto| rositas, los enormes relojes competidores de los que sonaban en las
317 Texto| cristianos. La ilusión era completa. El tabernero de la esquina,
318 Texto| universal, en los elementos componentes de nuestro hermoso organismo.~
319 Texto| cuerpo y el alma como si compusieran una sola sustancia. Muchos
320 Texto| redimir la conciencia y comunicarla libremente con su fe interior;
321 Texto| bajo el disfraz su propia condición, ni advertidos la creíamos,
322 Texto| sonriendo con el amor divino, conducida entre nubes de inciensos,
323 Texto| reja ni el suspiro del amor confiado al aire de la noche, porque
324 Texto| cual en nuestro ser se confunden e identifican el cuerpo
325 Texto| lo que ambos ejércitos se confundían, era en el estruendo que
326 Texto| rotondas sobre los álamos, confundiéndose los signos de la religión
327 Texto| estallaba en nuestro pecho podía confundirse, por lo religioso y lo sincero,
328 Texto| en la fiesta de San Antón congregaban todo el pueblo en torno
329 Texto| han dado algo al divino conjunto de dogmas, que las generaciones
330 Texto| Covadonga hasta Granada, y conmover desde la vieja Asia hasta
331 Texto| tan alegre como la hora conocida por ellos con el nombre
332 Texto| en lugar del pueblo, tan conocido y tan amado como la propia
333 Texto| San Fernando y D. Jaime el Conquistador, que acaba de tomar a Mallorca
334 Texto| recién venidos de Mauritania, conquistadores de España, a los cristianos
335 Texto| ciertamente como la fiesta consagrada a la Virgen el día de su
336 Texto| Felices, muy felices los que consagrásteis todos los días a Dios vuestras
337 Texto| aquellos sencillos campesinos consagren un día de regocijo a la
338 Texto| pintoresca manera, sin otro consejo que el capricho de nuestra
339 Texto| amores. Las montañas deben conservar los mismos cambiantes que
340 Texto| oración murmurada como una consigna de cuartel, y no aquella
341 Texto| aquellas festividades, que constituían todo el esparcimiento y
342 Texto| aquellos días en que no contábamos los años y en que no caían
343 Texto| que parece a sus ideas más contrario, la Sibila en su caverna
344 Texto| Si fuera verdad que hemos contribuido a emancipar el pensamiento;
345 Texto| y seguía con ellos una conversación muy tirada, diciéndoles
346 Texto| las generaciones venideras convertirán en leyes e instituciones,
347 Texto| pajares, pues prefiriera convertirme en la piedra del suelo,
348 Texto| carnes; el melón y la sandía convidan con su frescor, en tales
349 Texto| e instituciones, como se convierte desde el fósforo de los
350 Texto| necesiten paz: a la continua convierto el pensamiento con amor
351 Texto| jugosa savia. Yo me subí a la copa con la higuera, sólo para
352 Texto| contra el otro con mortal coraje. Diríase que estábamos en
353 Texto| pedazos. Resistíme como el cordero al cuchillo. Bajé a las
354 Texto| saludaba al alba, entre el coro de las alondras y el grito
355 Texto| pedrería, con los rayos de su corona rnística en las sienes,
356 Texto| mar inmenso, en sus olas coronadas de férvidas espumas, no
357 Texto| niños de ángeles con sus coronas de rosas y sus alitas de
358 Texto| rnística en las sienes, con sus coros de querubines a los pies,
359 Texto| perdurables pensamientos, que corren de tiempo en tiempo y de
360 Texto| zarzarrosa; el jilguero ha de correr por la enramada, mientras
361 Texto| dedicadas a bendecir los cirios, corresponden a las antiguas fiestas lupercales.
362 Texto| más dificultades que las corrientes, así en todo estado feudal
363 Texto| pacete; al revés, calzón corto, zapato con argénteas hebillas,
364 Texto| muy tirada, diciéndoles cosas tiernas de su madre y de
365 Texto| llegar en paz al día de la cosecha. Cuentan la aproximación
366 Texto| recogidos y almacenados. Las cosechas de otoño, si maduras, no
367 Texto| muerte de las ideas y de las costumbres y de las instituciones en
368 Texto| de brocado, de malla, de cota, de pacete; al revés, calzón
369 Texto| que debió resonar desde Covadonga hasta Granada, y conmover
370 Texto| creíamos, pues en la fuerza creadora de nuestra fantasía estaba
371 Texto| inmensidad del desierto, le creamos vasallo de otro sol, en
372 Texto| habíamoslos respetado y vístolos crecer sin hurgarlos. Si piaban,
373 Texto| azofaifillo que siguiera creciendo para dar al viento con gallardía
374 Texto| hermoso organismo.~ Creedlo; hay una cadena eléctrica,
375 Texto| Madre, por cuya intercesión creen haberse preservado de los
376 Texto| quedar en. su primitiva creencia. Si tal hiciera, sabría
377 Texto| desdichados náufragos. ¡Y nos creeréis felices porque oís resonar
378 Texto| menos, porque en vez de creerlo un Dios, como lo creía el
379 Texto| sin hurgarlos. Si piaban, creíame que hablaban algo, y seguía
380 Texto| condición, ni advertidos la creíamos, pues en la fuerza creadora
381 Texto| destino anunciando en el crepúsculo de la juventud con albores
382 Texto| orillas del Ganges en los crepúsculos matutinos de la historia,
383 Texto| por rayos, el Emir de los creyentes, sentado bajo su tienda
384 Texto| inanimados, el haber podido criarse entre la opulencia propia
385 Texto| los avestruces dejan sus crías en el desierto, y a lo mejor
386 Texto| sudores del trabajo; toda criatura humana cubierta con la sangre
387 Texto| doscientos cuarenta años antes de Cristo, y se reproduce a nuestros
388 Texto| después, de porfiados y cruentísimos combates. ¿Qué queréis?
389 Texto| y no caer de rodillas al crujido de sus vestiduras, y no
390 Texto| regocijos o sus dolores cuál los sentía en otro tiempo,
391 Texto| abrazar aquellas ramas, las cuales tantas veces me habían ofrecido
392 | cualquier
393 | cuándo
394 | Cuánta
395 Texto| murmurada como una consigna de cuartel, y no aquella salve dicha
396 Texto| trabajo; toda criatura humana cubierta con la sangre del parto,
397 Texto| Resistíme como el cordero al cuchillo. Bajé a las bodegas, subí
398 Texto| paz al día de la cosecha. Cuentan la aproximación de esta
399 Texto| sabría de la historia los cuentos de su abuela, y del universo
400 Texto| sacerdotes de todos los cultos, filósofos de todas las
401 Texto| ilusiones a las realidades y ha cumplido su destino anunciando en
402 Texto| pasado y haciendo de la cuna su mortaja.~ Encaraos
403 Texto| en los abismos cerúleos, cuyo volumen no pueden adivinar
404 Texto| tristezas; cuando se les da su parte de poder al sentimiento,
405 Texto| interiores del Asia. Las virtudes dadas por la Edad Media al número
406 Texto| la humanidad, todos han dado algo al divino conjunto
407 Texto| el río entre los viñedos, dando toques argentados al oscuro
408 Texto| música popular, que veo las danzas de nuestros gigantones monstruosos,
409 Texto| sol, en cuya comparación debe aparecer más pálido, más
410 Texto| primeros píos, pues a mi madre debían, a su caridad inagotable
411 Texto| nuestros un «Te Deum» que debió resonar desde Covadonga
412 Texto| fiestas de la Candelaria, dedicadas a bendecir los cirios, corresponden
413 Texto| esta festividad con los dedos. Guardan para ella todo
414 Texto| inocentes en Judea, como los degolló Cartago para desarmar a
415 Texto| religión sabeísta. Herodes degüella a los inocentes en Judea,
416 Texto| hemos salido de ahí, hemos dejado atrás esos símbolos, nos
417 Texto| suceder así, no me lo digas, y déjame que avive en la memoria,
418 Texto| abandonados como los avestruces dejan sus crías en el desierto,
419 Texto| hogares como de camisas, dejándolos sin escrúpulo abandonados
420 | dejar
421 Texto| combates en el aire, ni un dejo del amargor de aquellos
422 Texto| comitiva, en requerimiento y demanda de la fortaleza, llevaba
423 Texto| y en nuestra Iglesia. El demonio persa, que ha brotado de
424 Texto| en sus alas a otro mundo, dentro de algunos años, cuando
425 Texto| desprovisto de todo humano derecho; si fuera verdad que algún
426 Texto| el fingir, moros hechos y derechos, recién venidos de Mauritania,
427 Texto| albaricoques, antes de madurar, con desapoderada impaciencia. Yo le encargué
428 Texto| los degolló Cartago para desarmar a sus divinidades en el
429 Texto| tiempo, expulsado. Ni sus descendientes pudieron tener un hogar
430 Texto| esos símbolos, nos hemos desceñido de muchas de esas creencias;
431 Texto| desde la vieja Asia hasta la desconocida América, llamadas a llevar
432 Texto| rostros de carne y hueso como desconocidas caretas. No acertaría a
433 Texto| ojos, hasta sin patria, desdichados náufragos. ¡Y nos creeréis
434 Texto| que el capricho de nuestra desenfrenada fantasía, ni más fin que
435 Texto| llegarse sino mediante el desengaño. Encaraos con Dios, y preguntadle
436 Texto| los alcances de nuestro deseo, nos ha hecho los guerreros
437 Texto| en la piedra del suelo, deshacerme en la ceniza del hogar,
438 Texto| mientras el riachuelo se deslice entre los cañaverales y
439 Texto| santuario solitario, el ara desnuda, el velo del templo rasgado,
440 Texto| muriese para mí, tanta era mi desolación, tan grande mi resistencia,
441 Texto| fecundar los campos, y el despertar de toda la muchachería que
442 Texto| acostumbrados a que nos despertara nuestra abuela; el régimen
443 Texto| pasante ceñudo que venía a despertarnos cuando estábamos acostumbrados
444 Texto| el hilo de agua clara que despide la modesta y recatada fuente.
445 Texto| en sus mantillas blancas, despidiendo de las manos flores y anises;
446 Texto| Encaraos con Dios, si esto os desplace, y preguntadle por qué ha
447 Texto| necesitado enfriarse mucho, desprenderse de mucha luz y de mucho
448 Texto| azul celeste, como pedazos desprendidos del cielo a la tierra, sobre
449 Texto| yacería atado a su ignominia y desprovisto de todo humano derecho;
450 Texto| estiércoles inmundos, desde el destello de la aurora boreal en el
451 Texto| el horizonte los mismos destellos que en mi infancia, cuando
452 Texto| antigüedad tenían otros festejos, destinados en su mayor parte al dios
453 Texto| realidades y ha cumplido su destino anunciando en el crepúsculo
454 Texto| las bodegas, subí a los desvanes, me encerré en los escondites
455 Texto| su Divino Hijo, así como devolvían la paz al corazón lacerado,
456 Texto| trenzas a guisa de animados diamantes. El anís ha de blanquear
457 Texto| reposo; que mis combates diarios necesiten paz: a la continua
458 Texto| opuestos ejércitos. Sobre todo, dibujábanse a mi vista los incidentes
459 Texto| imaginaciones de la mente, como dicen que hacen soñar con las
460 Texto| cuartel, y no aquella salve dicha a la luz del amanecer, al
461 Texto| conversación muy tirada, diciéndoles cosas tiernas de su madre
462 Texto| Cuánto se parecen y cuánto se diferencian la sociedad y la naturaleza!
463 Texto| aquellos territorios, sin más dificultades que las corrientes, así
464 Texto| Paréceme que las letanías se difunden aún por los aires en las
465 Texto| de suceder así, no me lo digas, y déjame que avive en la
466 Texto| una broma continua. Y no digo nada de los moros y cristianos.
467 Texto| rocío de la mañana. Yo le dije una palabra a cada cepa,
468 Texto| fiestas de la infancia, dilatándonos cada vez más en los recuerdos,
469 Texto| las velas y los hachones dilatándose en dos largas hileras, como
470 Texto| medida que menos podemos dilatarnos ya en las esperanzas. Felices
471 Texto| otro con mortal coraje. Diríase que estábamos en plena batalla,
472 Texto| nuestra abuela; el régimen disciplinario sustituyendo a la libertad
473 Texto| para las comparsas y sus disfraces los arreos de nuestros antepasados,
474 Texto| ni advertíamos bajo el disfraz su propia condición, ni
475 Texto| tunecino tafilete. Una vez disfrazados de esta suerte, ni advertíamos
476 Texto| antiguo, sombrero apuntado, distinguían a los católicos de los mahometanos.
477 Texto| banderas y divisas de matices diversos; el horror de la batalla,
478 Texto| fantasía, ni más fin que divertirnos todos, viéndonos los unos
479 Texto| rosas llenan los altares divinos de María. Como Leandro pasa
480 Texto| sus hábitos y banderas y divisas de matices diversos; el
481 Texto| que rizaba sus hojas de doble color; los palmerales vibraban,
482 Texto| algo al divino conjunto de dogmas, que las generaciones presentes
483 Texto| fuente. Será que mi alma dolorida necesita bálsamo; que mis
484 Texto| hermosura, como queda la doncella de los primeros amores en
485 Texto| hachones dilatándose en dos largas hileras, como sartas
486 Texto| fiesta de las flores se funda doscientos cuarenta años antes de Cristo,
487 Texto| sino entre el oleaje de la duda. Encaraos con Dios, y preguntadle
488 Texto| de inciensos, acordes de dulces melodías y susurros de místicas
489 Texto| en cuya virtud nacieron y duraron. ¿Cómo puede ya extrañarnos
490 Texto| antigua se han acabado al eco de nuestra voz, aún podríamos
491 Texto| soñar con las huríes del edén los bebedizos árabes. En
492 Texto| pintado, parecíanos real y efectiva fortaleza, en cuyos muros
493 Texto| enjambres de aerolitos; la bella efigie, vestida de brocado, reluciente
494 Texto| las iras de los Faraones egipcios, y el revelador de la conciencia
495 Texto| sociedad, al revés; engendra Egipto a la Sinagoga, y la rechaza;
496 Texto| primaverales meses; el inmenso ejército africano, cuyos alquiceles
497 | él
498 Texto| la iglesia de mi valle de Elda.~ ¡Dios mío! ¡Cómo guardo
499 Texto| Creedlo; hay una cadena eléctrica, nunca interrumpida, entre
500 Texto| respiración universal, en los elementos componentes de nuestro hermoso
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