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Emilio Castelar
Recuerdos de Elda o las fiestas de mi pueblo

IntraText - Concordancias

(Hapax Legomena)


1879-eleme | ellas-ofrec | oido-zarza

                                                  negrita = Texto principal
     Texto                                        gris = Texto de comentario
501 | ellas 502 Texto| que hemos contribuido a emancipar el pensamiento; si fuera 503 Texto| si de real y no fingida embajada se tratase. El día primero 504 Texto| vejaban a la patria. El embajador cristiano, que iba caballero 505 Texto| cerebro aquellas esencias embriagadoras que lo hacían soñar con 506 Texto| exhuberantes de vida y embriagados de luz.~     Recuerdo mi 507 Texto| habéis probado el licor embriagante de la gloria, pero tampoco 508 Texto| de la humana conciencia.~Emilio Castelar~Septiembre de 1879.~ ~ 509 Texto| atravesadas por rayos, el Emir de los creyentes, sentado 510 Texto| grandiosos arcos buscaba una emoción religiosa, oyendo las cadencias 511 Texto| obstante esto, las guerras se empeñan todavía en simulacros y 512 Texto| hace que no ha vuelto a empeñarse ninguna acción ni a verse 513 Texto| aún podríamos dar por bien empleado el trabajo, el combate, 514 Texto| guardapiés de tisú, las pelucas empolvadas, los mil objetos con que 515 Texto| resguardo, puesta la mano en la empuñadura de su sable, los ojos en 516 Texto| anochecer, con las calles enarenadas de salvia y de espliego; 517 Texto| circuído de sus negros encadenados, que ofrecían viviente muro 518 Texto| juventud con albores teñidos de encantadora poesía. Toda obra grande 519 Texto| desapoderada impaciencia. Yo le encargué al membrillero, entre cuyas 520 Texto| en mi corazón, y la luz encendida al pie del retablo antiguo 521 Texto| como aparece más bello el encendido volcán que la muda nieve 522 Texto| las espigas y alzan sus encendidos cálices las amapolas en 523 Texto| esta entidad misteriosa y encerrarlo en la cadena de las formas 524 Texto| subí a los desvanes, me encerré en los escondites del lagar 525 Texto| ablanda; la almendra cae de su encierro, perfumada por las olorosas 526 Texto| sentía en otro tiempo, será encontrar a la mujer amada y no abismarse 527 Texto| del mismo Guadalete y nos encontráramos la iglesia profanada por 528 Texto| de Allegri, y sólo pude encontrarla en el punto en que salmodiaban 529 Texto| pesimistas, felicidad no se encuentra en el aniquilamiento, sino 530 Texto| sedosa cabellera; la uva se endulza, como apercibiéndose a la 531 Texto| limones, que se apresurara a endulzar la aspereza de sus frutos 532 Texto| el revelador del Verbo la enemiga de los fariseos judíos, 533 Texto| cazador o en la traición del enemigo, ya que se entregan, como 534 Texto| fortaleza, en cuyos muros los enemigos de nuestra religión oprimían 535 Texto| organismo, ha necesitado enfriarse mucho, desprenderse de mucha 536 Texto| nosotros en los espacios el enigma de los humanos destinos.~      537 Texto| astros y moviéndose como enjambres de aerolitos; la bella efigie, 538 Texto| gotea miel; la aceituna se ennegrece y se ablanda; la almendra 539 Texto| guirnaldillas de rositas, los enormes relojes competidores de 540 Texto| jilguero ha de correr por la enramada, mientras el riachuelo se 541 Texto| circulares; el granado se ha de enrojecer con sus adornos carmesíes; 542 Texto| avasalla las voluntades y los entendimientos! Seis siglos hace que acabaron 543 Texto| llorado como si el mundo entero se acabase y la familia 544 Texto| lagar y de la almazara, me enterré en los pajares, pues prefiriera 545 Texto| celebrar sus nupcias con esta entidad misteriosa y encerrarlo 546 Texto| por altar las cordilleras, entonaron los nuestros un «Te Deum» 547 | entonces 548 Texto| traición del enemigo, ya que se entregan, como nosotros, a los giros 549 Texto| mezcladas con los vivas de entusiasmo y los alardes de alegría. 550 Texto| clavan las espinas de la envidia. En el mar inmenso, en sus 551 Texto| brotar sus guirnaldas, que envidiaría una novia; la retama ha 552 Texto| de santos; las jóvenes, envueltas en sus mantillas blancas, 553 Texto| del parto, todo progreso envuelto en las ruinas de instituciones 554 Texto| que naciera en aquellos épicos e inolvidables combates.~     ¡ 555 Texto| microscopio, resulta en el equilibrio universal tan necesario 556 | esa 557 | esas 558 Texto| trepaban los nuestros por las escalas y combatían cuerpo a cuerpo 559 Texto| cuyos acentos me daban el escalofrío de lo sublime, y que veo 560 Texto| sobre nuestras cabezas las escarchas. Volver a mi pueblo y no 561 Texto| roto las cadenas de algún esclavo, el cual sin nuestras palabras 562 Texto| y de limo, deben todavía esconderse por las cintas de las hierbecillas 563 Texto| desvanes, me encerré en los escondites del lagar y de la almazara, 564 Texto| Rodrigo, que peleaba y escribía, soldado e historiador, 565 Texto| camisas, dejándolos sin escrúpulo abandonados como los avestruces 566 Texto| la vida, cuyos oídos no escuchan ya la serenata al pie de 567 Texto| filósofos de todas las escuelas, mil esperanzas varias, 568 Texto| permanecerá en su inmutable esencia y sólo habrá cambiado lo 569 Texto| mandar al cerebro aquellas esencias embriagadoras que lo hacían 570 Texto| después de tantos prodigiosos esfuerzos, teniendo por templo el 571 | esos 572 Texto| teniendo por templo el espacio inmenso, por altar las cordilleras, 573 Texto| Mauritania, conquistadores de España, a los cristianos viejos 574 Texto| persistiendo hasta poner la bandera española en la más alta cima, el « 575 Texto| las guerras de árabes y españoles en aquellas regiones intermedias 576 Texto| que constituían todo el esparcimiento y el recreo de una existencia 577 Texto| monstruosos, que asisto al espectáculo de vestir a los niños de 578 Texto| la nube, allí bendecida y esperada como en la Arabia, se ha 579 Texto| por sus campanarios, fe y esperanza para mi alma.~     ¿Te acuerdas? 580 Texto| los campos, inclínanse las espigas y alzan sus encendidos cálices 581 Texto| ariales donde se clavan las espinas de la envidia. En el mar 582 Texto| transparentes bajo los pámpanos; el espino ha de brotar sus guirnaldas, 583 Texto| bella, más luminosa, más esplendente que hoy, como aparece más 584 Texto| en gran parte su antiguo esplendor celeste. Digan lo que quieran 585 Texto| olas coronadas de férvidas espumas, no podéis apagar vuestra 586 Texto| completa. El tabernero de la esquina, el mojigato de la vecindad, 587 Texto| creadora de nuestra fantasía estaba el fingir, moros hechos 588 Texto| llamarse el campo, en semejante estación, el festín de los festines. 589 Texto| corrientes, así en todo estado feudal como en los comienzos 590 Texto| alta cima, el «Te Deum» que estallaba en nuestro pecho podía confundirse, 591 | están 592 Texto| rocío; de suerte que todo estará lo mismo, todo permanecerá 593 Texto| caballeros de la Vega, cuyas estatuas vemos bajo las bóvedas de 594 Texto| verdad social y política la estética religiosa de nuestros primeros 595 Texto| fatuos hasta el ázoe de los estiércoles inmundos, desde el destello 596 | estos 597 Texto| esperanzas en la lejana estrella, como la abeja miel en la 598 Texto| abismarse en sus ojos, y no estremecerse al soplo de su aliento, 599 Texto| Yo de mí sé decir que estudiando en aquella sazón la historia 600 Texto| permanente, lo imperecedero, lo eterno: nuestra alma.~     Felices, 601 Texto| del Pirineo los seguros eternos de la patria; las órdenes 602 Texto| incidentes se libró la suerte de Europa; y la alegría de la victoria, 603 Texto| en la ceniza del hogar, evaporarme en el humo de la chimenea, 604 Texto| moruno con gravedad que no excluía ni la ligereza ni la gracia. 605 Texto| iglesia a la revolución, y la excomulga. Pero, sin apurar el revelador 606 Texto| competencia con las aves, exhuberantes de vida y embriagados de 607 Texto| esparcimiento y el recreo de una existencia compartida entre la religión 608 Texto| preguntadle por qué a la experiencia no puede llegarse sino mediante 609 Texto| de sus vestiduras, y no experimentar el éxtasis y el arrobo de 610 Texto| supersticiones de su infancia, explicando lo porvenir por lo pasado 611 Texto| morteretes, los petardos, las mil explosiones de la pólvora. El castillo 612 Texto| después, andando el tiempo, expulsado. Ni sus descendientes pudieron 613 Texto| vestiduras, y no experimentar el éxtasis y el arrobo de los primeros 614 Texto| cálculos. Cuando la tierra se extendía en lo infinito, llevando 615 Texto| tradiciones tales, que se extienden por los templos de Babilonia 616 Texto| templo rasgado, las lámparas extintas en el luctuoso Viernes Santo. 617 Texto| ellas los pueblos. Así, no extrañaremos que, viviendo todavía divinidades 618 Texto| duraron. ¿Cómo puede ya extrañarnos ninguno de estos grandes 619 Texto| abuela, y del universo las fábulas de su pueblo, y de la sociedad 620 Texto| bombachos de seda amarilla, las fajas multicolores, las chaquetas 621 Texto| de Dios las iras de los Faraones egipcios, y el revelador 622 Texto| Verbo la enemiga de los fariseos judíos, y el revelador del 623 Texto| bálsamo; que mis fuerzas fatigadas necesiten reposo; que mis 624 Texto| el fósforo de los fuegos fatuos hasta el ázoe de los estiércoles 625 Texto| nodriza, en la prosaica, pero fecunda compañera de la vida, cuyos 626 Texto| de la labranza que iban a fecundar los campos, y el despertar 627 Texto| quieran nuestros pesimistas, felicidad no se encuentra en el aniquilamiento, 628 Texto| al lado de su padre San Fernando y D. Jaime el Conquistador, 629 Texto| en sus olas coronadas de férvidas espumas, no podéis apagar 630 Texto| antigüedad tenían otros festejos, destinados en su mayor 631 Texto| en semejante estación, el festín de los festines. Nada más 632 Texto| estación, el festín de los festines. Nada más natural que aquellos 633 Texto| sacerdotes de todos los cultos, filósofos de todas las escuelas, mil 634 Texto| votos, como si de real y no fingida embajada se tratase. El 635 Texto| nuestra fantasía estaba el fingir, moros hechos y derechos, 636 Texto| juntamente con las pálidas florecitas de la zarzarrosa; el jilguero 637 Texto| ilusiones se teñían en las florestas como las alitas de las mariposas, 638 Texto| pólvora, el relampagueo de los fogonazos y de los tiros, el estruendo 639 Texto| encerrarlo en la cadena de las formas por medio del humano organismo, 640 Texto| prevista por los indios y formulada en la Academia, a la sombra 641 Texto| la sandía convidan con su frescor, en tales términos, que 642 Texto| Valencia y Murcia, regiones fronterizas. Seis siglos hace que no 643 Texto| hojas de áureo verde y sus frutas relucientes como granillos 644 Texto| tallo a flor, de flor a fruto, pasa el alma del predominio 645 Texto| endulzar la aspereza de sus frutos con la jugosa savia. Yo 646 Texto| desde el fósforo de los fuegos fatuos hasta el ázoe de 647 Texto| despide la modesta y recatada fuente. Será que mi alma dolorida 648 | fueran 649 Texto| lado el rey D. Sancho «el Fuerte» de Navarra, ambos heroicos 650 Texto| en la vanguardia con sus fuertes montañeses, que parecían 651 Texto| necesita bálsamo; que mis fuerzas fatigadas necesiten reposo; 652 | fuese 653 Texto| fiesta de las flores se funda doscientos cuarenta años 654 Texto| como en los comienzos y fundación de las monarquías modernas. 655 Texto| columnas de llamas y el platino fundido en sus mares de fuego, aparecería 656 Texto| creciendo para dar al viento con gallardía no usada sus hojas de áureo 657 Texto| Noche Buena, La Misa del gallo, como en la antigüedad tenían 658 Texto| y el grito agudo de los gallos, mezclados con el rumor 659 Texto| fiesta, en que los moros ganaban la batalla, nos íbamos tristes 660 Texto| nacidas a las orillas del Ganges en los crepúsculos matutinos 661 Texto| haya apagado la voz en mi garganta, la luz en mi inteligencia, 662 Texto| lentejuelas, los turbantes de gasa llenos de alharacas, las 663 Texto| inspiración y la servidumbre del genio; cierto que no habéis probado 664 Texto| veo las danzas de nuestros gigantones monstruosos, que asisto 665 Texto| entregan, como nosotros, a los giros del viento y a los caprichos 666 Texto| licor embriagante de la gloria, pero tampoco la amargura 667 Texto| inteligencia y con todos los goces a los alcances de nuestro 668 Texto| perfumada por las olorosas gomas; el melocotón ofrece, tras 669 Texto| la vendimia; el higo ya gotea miel; la aceituna se ennegrece 670 Texto| carnaval en aquellos tiempos de gozo, en que buscábamos para 671 Texto| Dios mío! ¡Cómo guardo grabada en mi memoria cada una de 672 Texto| excluía ni la ligereza ni la gracia. Si las máscaras bromeaban 673 Texto| de mucho fuego, perder en gran parte su antiguo esplendor 674 Texto| resonar desde Covadonga hasta Granada, y conmover desde la vieja 675 Texto| sus flores circulares; el granado se ha de enrojecer con sus 676 Texto| basílica de Roma. Bajo sus grandiosos arcos buscaba una emoción 677 Texto| frutas relucientes como granillos de pórfido. Yo les pedí 678 Texto| reposo para el labrador. Los granos están ya recogidos y almacenados. 679 Texto| parejas a su compás moruno con gravedad que no excluía ni la ligereza 680 Texto| riscos y bajo el peso de las graves armaduras; el rey D. Alfonso 681 Texto| estruendo de las descargas y la gritería universal de los combatientes, 682 Texto| coro de las alondras y el grito agudo de los gallos, mezclados 683 Texto| si volviéramos del mismo Guadalete y nos encontráramos la iglesia 684 Texto| torre» en el antiguo hebreo, guarda tradiciones tales, que se 685 Texto| sonaban en las torres, los guardapiés de tisú, las pelucas empolvadas, 686 Texto| Elda.~     ¡Dios mío! ¡Cómo guardo grabada en mi memoria cada 687 Texto| En la acequia, llena de guijas y de limo, deben todavía 688 Texto| espino ha de brotar sus guirnaldas, que envidiaría una novia; 689 Texto| chupas de raso bordadas con guirnaldillas de rositas, los enormes 690 Texto| prendiesen a sus trenzas a guisa de animados diamantes. El 691 Texto| a los albaricoqueros por haberles mil veces arrancado sus 692 Texto| preguntadle por qué en vez de habernos hecho los soberanos del 693 Texto| por cuya intercesión creen haberse preservado de los pedriscos 694 | había 695 Texto| inclinaciones de los niños, habíamoslos respetado y vístolos crecer 696 Texto| montaña; pero no podría ser habitación del espíritu, pues para 697 Texto| órdenes militares con sus hábitos y banderas y divisas de 698 Texto| Si piaban, creíame que hablaban algo, y seguía con ellos 699 Texto| la mente, como dicen que hacen soñar con las huríes del 700 Texto| en la mujer propia, en la hacendosa ama de casa, en la buena 701 Texto| anises; las velas y los hachones dilatándose en dos largas 702 Texto| porvenir por lo pasado y haciendo de la cuna su mortaja.~      703 Texto| de las cigarras áticas, halla todavía altares en nuestro 704 Texto| cristianos; el buen don Lope de Haro en la vanguardia con sus 705 | hay 706 Texto| historiador, en aquella hazaña; el rey D. Pedro II de Aragón 707 Texto| corto, zapato con argénteas hebillas, medias de seda, casacón 708 Texto| decir «torre» en el antiguo hebreo, guarda tradiciones tales, 709 Texto| estaba el fingir, moros hechos y derechos, recién venidos 710 Texto| huéspedes, que llegan a henchir la casa. No recuerdo ninguna 711 Texto| su alazán, precedido de heraldos y pajes, acompañado de pomposa 712 Texto| sin un abuelo que oliera a hereje, el sacristán de amén, parecíanos 713 Texto| verticales del sol poniente las herían y les daban sus variados 714 Texto| ciencia nueva cargada con las heridas abiertas a la fe antigua. ¡ 715 Texto| elementos componentes de nuestro hermoso organismo.~     Creedlo; 716 Texto| quedan ahí en su inmaculada hermosura, como queda la doncella 717 Texto| por recoger la mirada de Hero, un joven cristiano, allá 718 Texto| de la religión sabeísta. Herodes degüella a los inocentes 719 Texto| Fuerte» de Navarra, ambos heroicos capitaneando ambos aquellas 720 Texto| primitiva creencia. Si tal hiciera, sabría de la historia los 721 Texto| revelador de la tierra la hiel de los sabios salmantinos, ¿ 722 Texto| verderones tenían su nido de hierbas secas y motas de lana blanca. 723 Texto| esconderse por las cintas de las hierbecillas las luciérnagas, cogidas 724 Texto| apercibiéndose a la vendimia; el higo ya gotea miel; la aceituna 725 Texto| me subí a la copa con la higuera, sólo para abrazar aquellas 726 Texto| la Virgen con su Divino Hijo, así como devolvían la paz 727 Texto| dilatándose en dos largas hileras, como sartas de astros y 728 Texto| apagáis a vuestro sabor en el hilo de agua clara que despide 729 Texto| peleaba y escribía, soldado e historiador, en aquella hazaña; el rey 730 Texto| huesos. Nosotros cambiamos de hogares como de camisas, dejándolos 731 Texto| el pueblo en torno de las hogueras y hacían bailar las parejas 732 Texto| inocencia. ¡Malhadado el hombre a quien no le cautiva el 733 Texto| pensamiento con amor hacia el hondo valle de mi infancia, y 734 Texto| armaban por cuarenta y ocho horas seguidas cerrando el uno 735 Texto| de matices diversos; el horror de la batalla, a cuyos incidentes 736 Texto| salmantinos, ¿cuándo se hubiera escrito en la historia el 737 Texto| No acabaríamos nunca si hubiéramos de decir cuánto han perdurado 738 Texto| cuando las plantas los huellen, mandar al cerebro aquellas 739 Texto| recuerdos. Cada árbol de mi huertecito mereció un abrazo. Yo le 740 Texto| en par las puertas a sus huéspedes, que llegan a henchir la 741 Texto| capitaneando ambos aquellas huestes, que habían vencido al infiel 742 Texto| pálido, más blanquecino y más humilde que nuestra melancólica 743 Texto| respetado y vístolos crecer sin hurgarlos. Si piaban, creíame que 744 Texto| que hacen soñar con las huríes del edén los bebedizos árabes. 745 Texto| ganaban la batalla, nos íbamos tristes a nuestra casa, 746 Texto| instrumentos de la labranza que iban a fecundar los campos, y 747 Texto| sentimiento y dolor son casi idénticos en nuestra alma, como son 748 Texto| nuestro ser se confunden e identifican el cuerpo y el alma como 749 Texto| nuestros juegos. Se habían ido como yo me iba. No puedo 750 Texto| conciencia el odio de los idólatras griegos, y el revelador 751 Texto| votos aún yacería atado a su ignominia y desprovisto de todo humano 752 Texto| hazaña; el rey D. Pedro II de Aragón a un lado, y a 753 Texto| los moros y cristianos. La ilusión era completa. El tabernero 754 Texto| poder al sentimiento, a la imaginación y a la idea. Sí, hermanos 755 Texto| lo hacían soñar con mil imaginaciones de la mente, como dicen 756 Texto| madurar, con desapoderada impaciencia. Yo le encargué al membrillero, 757 Texto| cambiado lo permanente, lo imperecedero, lo eterno: nuestra alma.~      758 Texto| madre debían, a su caridad inagotable por los seres racionales 759 Texto| por los seres animados e inanimados, el haber podido criarse 760 Texto| grandes sultanes de serrallo, incapaces de probar el torrezno y 761 Texto| conducida entre nubes de inciensos, acordes de dulces melodías 762 Texto| blanca. Contra las naturales inclinaciones de los niños, habíamoslos 763 Texto| plata sobre los campos, inclínanse las espigas y alzan sus 764 Texto| libertad campestre, la ciudad indiferente en lugar del pueblo, tan 765 Texto| Verbo, casi prevista por los indios y formulada en la Academia, 766 Texto| decir cuánto me apenó su inesperada ausencia. ¡Pobrecillos! 767 Texto| admiten como una necesidad inevitable sus transformaciones; cuando 768 Texto| participaban con ardor infantil de aquella mogiganga. Los 769 Texto| verdad que algún resto de la injusticia feudal y algunas sombras 770 Texto| creencias quedan ahí en su inmaculada hermosura, como queda la 771 Texto| creía el pastor caldeo en la inmensidad del desierto, le creamos 772 Texto| ázoe de los estiércoles inmundos, desde el destello de la 773 Texto| todo permanecerá en su inmutable esencia y sólo habrá cambiado 774 Texto| emociones perfumadas por la inocencia. ¡Malhadado el hombre a 775 Texto| Herodes degüella a los inocentes en Judea, como los degolló 776 Texto| naciera en aquellos épicos e inolvidables combates.~     ¡Cuánta fuerza 777 Texto| y algunas sombras de la Inquisición antigua se han acabado al 778 Texto| cielo la persecución de los inquisidores romanos, y el revelador 779 Texto| dar el brote, la larva el insecto, la semilla el tallo, y 780 Texto| las profanaciones de la inspiración y la servidumbre del genio; 781 Texto| mezclados con el rumor de los instrumentos de la labranza que iban 782 Texto| no hayan sentido el amor intenso sin poder apagarlo; que 783 Texto| la Virgen Madre, por cuya intercesión creen haberse preservado 784 Texto| podían de ninguna suerte interesarme como aquellas máscaras de 785 Texto| comunicarla libremente con su fe interior; si fuera verdad que hemos 786 Texto| Babilonia y por las tierras interiores del Asia. Las virtudes dadas 787 Texto| españoles en aquellas regiones intermedias entre Castilla, Valencia 788 Texto| cadena eléctrica, nunca interrumpida, entre los abismos del cielo 789 Texto| grande mi resistencia, casi invencible, a ser trasplantado de aquel 790 Texto| solsticios de verano y de invierno tienen la velada de San 791 Texto| ahí cuando me obligaban a ir al colegio. Un maestro en 792 Texto| el revelador de Dios las iras de los Faraones egipcios, 793 Texto| por los seres racionales e irracionales, por los seres animados 794 Texto| padre San Fernando y D. Jaime el Conquistador, que acaba 795 Texto| Paréceme que oigo los trenos de Jeremías, cuyos acentos me daban 796 Texto| florecitas de la zarzarrosa; el jilguero ha de correr por la enramada, 797 Texto| recoger la mirada de Hero, un joven cristiano, allá en las leyendas 798 Texto| ángeles o de santos; las jóvenes, envueltas en sus mantillas 799 Texto| tienen la velada de San Juan, la Noche Buena, La Misa 800 Texto| degüella a los inocentes en Judea, como los degolló Cartago 801 Texto| enemiga de los fariseos judíos, y el revelador del cielo 802 Texto| del torbellino de nuestros juegos. Se habían ido como yo me 803 Texto| aspereza de sus frutos con la jugosa savia. Yo me subí a la copa 804 Texto| predominio de la razón y del juicio. Los símbolos de las primeras 805 Texto| en sus flores amarillas juntamente con las pálidas florecitas 806 Texto| anunciando en el crepúsculo de la juventud con albores teñidos de encantadora 807 Texto| en los versículos de su Korán, y el pensamiento en su 808 Texto| aquellos recuerdos en los labios; y no obstante esto, las 809 Texto| verdadero reposo para el labrador. Los granos están ya recogidos 810 Texto| de los instrumentos de la labranza que iban a fecundar los 811 Texto| devolvían la paz al corazón lacerado, anunciaban que la yema 812 Texto| piedras preciosas, con las laderas por facetas, o en masas 813 Texto| encerré en los escondites del lagar y de la almazara, me enterré 814 Texto| del templo rasgado, las lámparas extintas en el luctuoso 815 Texto| hierbas secas y motas de lana blanca. Contra las naturales 816 Texto| hachones dilatándose en dos largas hileras, como sartas de 817 Texto| yema iba a dar el brote, la larva el insecto, la semilla el 818 Texto| altares divinos de María. Como Leandro pasa en las leyendas paganas 819 Texto| generación como un sacratísimo legado, sobreviviendo a la muerte 820 Texto| retoño, como si fueran una legión de amigos.~     No lo olvidaré. 821 Texto| libaba esperanzas en la lejana estrella, como la abeja 822 Texto| casi sinónimos en nuestra lengua. Encaraos con Dios, y preguntadle 823 Texto| las chaquetas bordadas de lentejuelas, los turbantes de gasa llenos 824 Texto| la flor. Paréceme que las letanías se difunden aún por los 825 Texto| oscuro follaje; los álamos se levantaban sobre los arbustos y las 826 Texto| mañanas de Mayo, y que al levantarse la cruz de plata sobre los 827 Texto| venideras convertirán en leyes e instituciones, como se 828 Texto| de las mariposas, o la fe libaba esperanzas en la lejana 829 Texto| disciplinario sustituyendo a la libertad campestre, la ciudad indiferente 830 Texto| conciencia y comunicarla libremente con su fe interior; si fuera 831 Texto| presentimientos misteriosos, el libro que parece a ella más ajeno, 832 Texto| batalla, a cuyos incidentes se libró la suerte de Europa; y la 833 Texto| que no habéis probado el licor embriagante de la gloria, 834 Texto| gravedad que no excluía ni la ligereza ni la gracia. Si las máscaras 835 Texto| cuyas hojas de color de las lilas brillaban los membrillos 836 Texto| cuando se la toma como es, limitada; cuando se admiten como 837 Texto| acequia, llena de guijas y de limo, deben todavía esconderse 838 Texto| membrillos del color de los limones, que se apresurara a endulzar 839 Texto| sus palmas fuese verdadera lira pulsada por el viento; serpenteaba 840 Texto| la desconocida América, llamadas a llevar más tarde marcado 841 Texto| términos, que bien puede llamarse el campo, en semejante estación, 842 Texto| puro en sus columnas de llamas y el platino fundido en 843 Texto| los sacerdotes el canto llano, oído tantas veces en la 844 Texto| quienes ninguna victoria llega, sino después, de porfiados 845 Texto| pedriscos y haber podido llegar en paz al día de la cosecha. 846 Texto| bebedizos árabes. En la acequia, llena de guijas y de limo, deben 847 Texto| de Mayo, cuando las rosas llenan los altares divinos de María. 848 Texto| lentejuelas, los turbantes de gasa llenos de alharacas, las babuchas 849 Texto| no nos visita antes y nos lleva en sus alas a otro mundo, 850 Texto| demanda de la fortaleza, llevaba consigo nuestros votos, 851 Texto| extendía en lo infinito, llevando el oxígeno puro en sus columnas 852 Texto| desconocida América, llamadas a llevar más tarde marcado el sello 853 Texto| cordilleras, prometiendo su lluvia y su rocío; de suerte que 854 Texto| alfanjes, moviéndose sobre los lomos de los alazanes del desierto, 855 Texto| cristianos; el buen don Lope de Haro en la vanguardia 856 Texto| de la religión, mazdea, lucha aún, principio, o por lo 857 Texto| de las hierbecillas las luciérnagas, cogidas a mano por nosotros 858 Texto| Los sitios consagrados a Lucina por los antiguos griegos 859 Texto| brisas; el racimo ha de lucir sus uvas transparentes bajo 860 Texto| lámparas extintas en el luctuoso Viernes Santo. Paréceme 861 Texto| recibimiento de la Reina María Luisa, las chupas de raso bordadas 862 Texto| los pies, reflejando las luminarias en las facetas de sus piedras 863 Texto| espacios más bella, más luminosa, más esplendente que hoy, 864 Texto| nuestra melancólica y apagada luna. Ese polvillo que pasa, 865 Texto| corresponden a las antiguas fiestas lupercales. Los solsticios de verano 866 Texto| sus albaricoques, antes de madurar, con desapoderada impaciencia. 867 Texto| Las cosechas de otoño, si maduras, no llegan aún al tiempo 868 Texto| no habéis visto las obras maestras de arte, pero tampoco las 869 Texto| obligaban a ir al colegio. Un maestro en vez de una madre; los 870 Texto| Marta. El nombre de María de Magdala, que quiere decir «torre» 871 Texto| el corazón y perdieron su magia las festividades mayores 872 Texto| distinguían a los católicos de los mahometanos. Pero en lo que ambos ejércitos 873 Texto| por lo menos, agente del mal, con nuestro Dios, no sólo 874 Texto| quieran, la vida no es tan mala cuando se la toma como es, 875 Texto| Sinagoga a la iglesia, y la maldice; engendra la iglesia a la 876 Texto| perfumadas por la inocencia. ¡Malhadado el hombre a quien no le 877 Texto| anacronismo. Nada de brocado, de malla, de cota, de pacete; al 878 Texto| Conquistador, que acaba de tomar a Mallorca y a Valencia, repartiéronse 879 Texto| las plantas los huellen, mandar al cerebro aquellas esencias 880 Texto| aderezábamos de pintoresca manera, sin otro consejo que el 881 Texto| jóvenes, envueltas en sus mantillas blancas, despidiendo de 882 Texto| ojos como en relieve los mapas de nuestras grandes batallas, 883 Texto| espinas de la envidia. En el mar inmenso, en sus olas coronadas 884 Texto| llamadas a llevar más tarde marcado el sello de la nación inmortal 885 Texto| adoración. Paréceme que oigo las marchas de nuestra música popular, 886 Texto| el platino fundido en sus mares de fuego, aparecería en 887 Texto| florestas como las alitas de las mariposas, o la fe libaba esperanzas 888 Texto| por recoger la palabra de Marta. El nombre de María de Magdala, 889 Texto| el combate, el dolor, el martirio y hasta la calumnia.~      890 Texto| laderas por facetas, o en masas aeriformes de azul celeste, 891 Texto| y banderas y divisas de matices diversos; el horror de la 892 Texto| Ganges en los crepúsculos matutinos de la historia, vivan también 893 Texto| derechos, recién venidos de Mauritania, conquistadores de España, 894 Texto| festejos, destinados en su mayor parte al dios Adonis. La 895 Texto| brotado de la religión, mazdea, lucha aún, principio, o 896 Texto| reducidos nosotros a las mazmorras y señaladas las mujeres 897 Texto| tiempo de la recolección. La mazorca ostenta su sedosa cabellera; 898 Texto| susurrar en la alta palmera, mecida por las brisas; el racimo 899 Texto| experiencia no puede llegarse sino mediante el desengaño. Encaraos con 900 Texto| con argénteas hebillas, medias de seda, casacón antiguo, 901 Texto| más en los recuerdos, a medida que menos podemos dilatarnos 902 Texto| cadena de las formas por medio del humano organismo, ha 903 Texto| más humilde que nuestra melancólica y apagada luna. Ese polvillo 904 Texto| por las olorosas gomas; el melocotón ofrece, tras la aterciopelada 905 Texto| inciensos, acordes de dulces melodías y susurros de místicas y 906 Texto| pelusilla, sus ricas carnes; el melón y la sandía convidan con 907 Texto| impaciencia. Yo le encargué al membrillero, entre cuyas hojas de color 908 Texto| las lilas brillaban los membrillos del color de los limones, 909 Texto| mil imaginaciones de la mente, como dicen que hacen soñar 910 Texto| Cada árbol de mi huertecito mereció un abrazo. Yo le recomendé 911 Texto| cristianos en nuestras provincias meridionales.~     Nosotros, que reproducimos 912 Texto| reproduce a nuestros ojos en el mes de Mayo, cuando las rosas 913 Texto| flores por los primaverales meses; el inmenso ejército africano, 914 Texto| regocija; las músicas suenan mezcladas con los vivas de entusiasmo 915 Texto| grito agudo de los gallos, mezclados con el rumor de los instrumentos 916 Texto| pueden adivinar nuestros mezquinos cálculos. Cuando la tierra 917 | mía 918 Texto| polen apenas perceptible al microscopio, resulta en el equilibrio 919 Texto| Yo recuerdo siempre un Miércoles Santo en la basílica de 920 Texto| de la patria; las órdenes militares con sus hábitos y banderas 921 Texto| polvillo del hierro en la mina, por las alquimias de la 922 Texto| en que suena el primer minuto de la víspera. Las campanas 923 | mío 924 Texto| a la idea. Sí, hermanos míos; hemos salido de ahí, hemos 925 Texto| Juan, la Noche Buena, La Misa del gallo, como en la antigüedad 926 | misma 927 Texto| nupcias con esta entidad misteriosa y encerrarlo en la cadena 928 Texto| varias, mil presentimientos misteriosos, el libro que parece a ella 929 Texto| las amapolas en señal de mística adoración. Paréceme que 930 Texto| dulces melodías y susurros de místicas y suavísimas oraciones.~      931 Texto| fundación de las monarquías modernas. No queda, pues, ni un átomo 932 Texto| agua clara que despide la modesta y recatada fuente. Será 933 Texto| ardor infantil de aquella mogiganga. Los nuestros solían vestir, 934 Texto| tabernero de la esquina, el mojigato de la vecindad, el cristiano 935 Texto| hierro para su sangre, tus moléculas para sus átomos; muchos 936 Texto| comienzos y fundación de las monarquías modernas. No queda, pues, 937 Texto| danzas de nuestros gigantones monstruosos, que asisto al espectáculo 938 Texto| que la muda nieve en la montaña; pero no podría ser habitación 939 Texto| vanguardia con sus fuertes montañeses, que parecían haber robado 940 Texto| corrido la tuna, las casacas moradas que habían asistido al recibimiento 941 Texto| y haciendo de la cuna su mortaja.~     Encaraos con Dios, 942 Texto| el uno contra el otro con mortal coraje. Diríase que estábamos 943 Texto| bombas, las tracas, los morteretes, los petardos, las mil explosiones 944 Texto| las parejas a su compás moruno con gravedad que no excluía 945 Texto| nido de hierbas secas y motas de lana blanca. Contra las 946 Texto| a las águilas, según se movían por los agrios riscos y 947 | mucha 948 Texto| nosotros y presentadas a las muchachas para que las prendiesen 949 Texto| el despertar de toda la muchachería que cantaba en competencia 950 Texto| encendido volcán que la muda nieve en la montaña; pero 951 Texto| traen consigo las mundanas mudanzas, todavía guardan vivas en 952 Texto| almenas, arrojando moros muertos por los adarbes, y persistiendo 953 Texto| antepasados, los tricornios mugrientos que habían corrido la tuna, 954 Texto| seda amarilla, las fajas multicolores, las chaquetas bordadas 955 Texto| combates como traen consigo las mundanas mudanzas, todavía guardan 956 Texto| entre Castilla, Valencia y Murcia, regiones fronterizas. Seis 957 Texto| acabase y la familia entera se muriese para mí, tanta era mi desolación, 958 Texto| propia familia; la oración murmurada como una consigna de cuartel, 959 Texto| encadenados, que ofrecían viviente muro a su seguridad y resguardo, 960 Texto| efectiva fortaleza, en cuyos muros los enemigos de nuestra 961 Texto| oigo las marchas de nuestra música popular, que veo las danzas 962 Texto| entera se regocija; las músicas suenan mezcladas con los 963 Texto| vieron frente a frente sus mutuas reconquistas, el uno de 964 Texto| sacristán de amén, parecíanos Muza o Tarik, grandes sultanes 965 Texto| la naturaleza los seres nacen bendecidos y amados por 966 Texto| divinidades como las divinidades nacidas a las orillas del Ganges 967 Texto| llorado en tu regazo y habrán nacido o muerto en tu seno; pero 968 Texto| de la nación inmortal que naciera en aquellos épicos e inolvidables 969 Texto| instituciones en cuya virtud nacieron y duraron. ¿Cómo puede ya 970 Texto| tarde marcado el sello de la nación inmortal que naciera en 971 Texto| muerto en tu seno; pero nadie te habrá amado como te he 972 Texto| a la Virgen el día de su Natividad, el 8 de Septiembre.~      973 Texto| de los festines. Nada más natural que aquellos sencillos campesinos 974 Texto| lana blanca. Contra las naturales inclinaciones de los niños, 975 Texto| sin patria, desdichados náufragos. ¡Y nos creeréis felices 976 Texto| D. Sancho «el Fuerte» de Navarra, ambos heroicos capitaneando 977 Texto| equilibrio universal tan necesario como los astros mayores 978 Texto| Será que mi alma dolorida necesita bálsamo; que mis fuerzas 979 Texto| del humano organismo, ha necesitado enfriarse mucho, desprenderse 980 Texto| colores, circuído de sus negros encadenados, que ofrecían 981 Texto| encendido volcán que la muda nieve en la montaña; pero no podría 982 Texto| ninguna acción ni a verse ningún encuentro. El infiel quedó 983 | ninguno 984 Texto| buena madre, en la próvida nodriza, en la prosaica, pero fecunda 985 Texto| porque oís resonar por ahí nombres antes oscuros, cuando los 986 Texto| guirnaldas, que envidiaría una novia; la retama ha de poner en 987 Texto| cañaverales y los tarayes; la nube, allí bendecida y esperada 988 Texto| seculares, toda ciencia nueva cargada con las heridas 989 Texto| dadas por la Edad Media al número siete, como se ve por los 990 Texto| pues para celebrar sus nupcias con esta entidad misteriosa 991 Texto| por las alquimias de la nutrición y de la respiración universal, 992 Texto| pelucas empolvadas, los mil objetos con que hoy comerciaría 993 Texto| separarme de ahí cuando me obligaban a ir al colegio. Un maestro 994 Texto| encantadora poesía. Toda obra grande aparece bañada en 995 Texto| que no habéis visto las obras maestras de arte, pero tampoco 996 Texto| recuerdos en los labios; y no obstante esto, las guerras se empeñan 997 Texto| que armaban por cuarenta y ocho horas seguidas cerrando 998 Texto| profanada por los ulemas, y ocupado el hogar por los guerreros, 999 Texto| revelador de la conciencia el odio de los idólatras griegos, 1000 Texto| olorosas gomas; el melocotón ofrece, tras la aterciopelada pelusilla, 1001 Texto| transformaciones; cuando se ofrecen al bien de la humanidad 1002 Texto| negros encadenados, que ofrecían viviente muro a su seguridad 1003 Texto| cuales tantas veces me habían ofrecido sabroso almuerzo, sazonado


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