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Lope de Vega
El antecristo

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  • Jornada tercera
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Jornada tercera

Salen CAMILO y FABIO y los dos gentiles.

 

 

 

FABIO.

Hoy se cumplen los tres días

 

 

en que prometió Titán

 

 

que todos los que aquí están

 

 

verán que sus profecías

 

 

tendrán efecto debido,

 

 

porque ha de resucitar

 

 

después de muerto.

 

CAMILO.

Dudar

 

 

deste suceso he podido;

 

 

pero él lo certificó

 

 

de tal suerte, que imagino

 

 

que ha de cumplirlo.

 

FABIO.

  Es divino,

 

 

y así no lo dudo yo,

 

 

porque maravillas tantas

 

 

como hemos visto, acredita

 

 

su opinión.

 

CAMILO.

  Gente infinita

 

 

adoraron a sus plantas.

 

FABIO.

Resucite si pretende

 

 

que crean todos en él.

 

 

Salen LIDORO y RUFINO.

 

LIDORO.

Hoy prometió aquel infiel,

 

 

que a Dios atrevido ofende,

 

 

que había de volver al mundo.

 

 

¡No lo permitáis, mi Dios!

 

RUFINO.

Y aunque sois piadoso vos,

 

 

hoy le sepulte el profundo.

 

 

Sacro Señor, que por mí

 

 

tantas penas padeciste

 

 

desde el día que naciste,

 

 

y la causa dellas fui,

 

 

¡no permitáis que hoy así

 

 

este segundo Luzbel

 

 

cumpla lo que dicen dél!

 

 

Antes, para vuestra gloria,

 

 

no haya en el mundo memoria:

 

 

todo se oculte con él.

 

 

Bastan, Señor, tantos males

 

 

como el mundo ha padecido,

 

 

que este tirano ha tenido

 

 

engañando los mortales;

 

 

a vuestras plantas reales

 

 

llegan, Señor, los cristianos,

 

 

que esperan de vuestras manos,

 

 

como prometido habéis,

 

 

los favores que soléis

 

 

dar con liberales manos.

 

RUFINO.

Piadoso padre y pastor

 

 

de las ovejas perdidas,

 

 

hoy aclaman nuestras vidas

 

 

a vuestro inmenso valor:

 

 

cese, Señor, el rigor;

 

 

y pues sois padre piadoso,

 

 

aqueste monstruo espantoso

 

 

oculte la triste tierra,

 

 

porque no haga más la guerra

 

 

al lucido Sol hermoso.

 

FABIO.

Música pienso, Lidoro,

 

 

que suena, y si resucita...

 

LIDORO.

Entre la gloria infinita,

 

 

solo digo que le adoro.

 

 

Suena música.

Dentro:

 

 

 

 

Hoy resucita Titán,

 

 

si anteayer muerto le visteis.

 

 

Aparece TITÁN arriba, en una media nube, como resucitado, y suena música.

 

TITÁN.

Estad todos atentos

 

 

y mi nombre reverencien

 

 

los reinos distintos

 

 

y las más remotas gentes;

 

 

tres días ha que dije

 

 

que de la tierra ausente

 

 

y muerto por tres días

 

 

en las cumbres celestes

 

 

había de asistir,

 

 

y que glorioso viesen

 

 

a la parte humana

 

 

triunfando de la muerte.

 

 

Muerto y resucitado,

 

 

¿qué esperáis ofrecerme

 

 

ovación y holocausto,

 

 

pues a mí se me debe?

 

 

Yo descendí al infierno,

 

 

donde perpetuamente

 

 

han de ser castigados

 

 

los que han sido rebeldes.

 

 

Saqué de allí las almas

 

 

que han asistido siempre

 

 

con la justa esperanza

 

 

que han tenido de verme.

 

 

Comuniqué mi gloria

 

 

haciendo que ascendiesen

 

 

con mi propia virtud

 

 

al lugar eminente.

 

 

De allí, con ellos, luego

 

 

los cielos se suspenden,

 

 

porque pisan mis plantas

 

 

sus adornados tapetes;

 

 

gozándome a mí mismo

 

 

con himnos y motetes,

 

 

celebrando mis hazañas

 

 

y mis obras excelentes.

 

 

A la gloria di la gloria,

 

 

porque solo con verme,

 

 

sus delectables gustos

 

 

he querido que aumenten.

 

 

Los ángeles suspensos

 

 

que me acompañan siempre,

 

 

con incesables voces

 

 

me aclaman como agente.

 

 

Nací, como Cristo,

 

 

en un pobre pesebre

 

 

propio para animales

 

 

y propio para reyes.

 

 

La verdad y el engaño

 

 

¡cuan mal se compadecen!

 

 

Y en nacer y en morir,

 

 

es bien se diferencien.

 

 

Yo he cumplido, mortales:

 

 

resucité igualmente

 

 

el día señalado,

 

 

para gozarme y verme.

 

 

No me fiáis glorioso [?]

 

 

de luz resplandeciente,

 

 

todo recreado, ahora

 

 

sí que podéis creerme.

 

 

A la tierra desciendo

 

 

a signarse (sic) la gente,

 

 

pues su hacedor inmenso

 

 

rayos de vida vierte.

 

 

Satisfaced las dudas;

 

 

que milagros solemnes

 

 

han siempre conmovido

 

 

los pechos más rebeldes.

 

 

Gocen ya los humanos

 

 

al que piadosamente

 

 

para vida del hombre

 

 

a la tierra desciende.

 

RUFINO.

Todos a Titán

 

 

por omnipotente

 

 

tienen.

 

FABIO.

  Y mueran (sic)

 

 

los que en la Cruz creen.

 

 

Desciende por un artificio al tablado e híncanse de rodillas todos, y sale BAULÍN.

 

BAULÍN.

¡Oh, señor Tristrás!

 

 

Mucho huelgo verle,

 

 

que entre los desvanes

 

 

ya se va y se viene.

 

 

Diga dónde ha estado;

 

 

qué fiesta solemne

 

 

ha visto en los cielos,

 

 

qué talles de gente;

 

 

que lleno de gloria

 

 

de arriba desciende.

 

 

Si anda trastejando

 

 

¿qué quiere que espere?

 

 

Guárdese, no caiga;

 

 

porque siempre suelen

 

 

los de aqueste oficio

 

 

quebrarse las sienes.

 

 

¿Ha visto a mi sirgo?

 

 

¡Quién pudiera verle!

 

 

Que hay heredos [?] de ellos

 

 

como de inocentes.

 

 

¿Qué hay de taberneros,

 

 

que he pensado siempre

 

 

que andan en las nubes

 

 

porque llueven siempre?

 

 

¡Señor, castigadlos!

 

 

que ya no hay quien pruebe

 

 

moza o vino puro.

 

 

y dan gato por liebre.

 

TITÁN.

Ya vuestras desgracias

 

 

es razón que cesen,

 

 

pues siendo el ungido

 

 

me tienes presente.

 

 

Sale FABIO.

 

FABIO.

Señor, tus criados,

 

 

por agradecerte

 

 

tantos beneficios,

 

 

tan inmensos bienes,

 

 

deseosos todos

 

 

de servirte, ofrecen

 

 

a Elías y a Enoc

 

 

a tu mano fuerte.

 

 

A la puerta esperan;

 

 

tu licencia quieren

 

 

si entrar les permites.

 

TITÁN.

Diles luego que entren:

 

 

veránme mudado;

 

 

rigores crueles

 

 

harán sinrazones;

 

 

de poder carecen.

 

 

Sale gente que trae a ELÍAS y a ENOC presos, y dos niños.

 

CAMILO.

Aquestos tiranos;

 

 

por inobedientes;

 

 

porque han despreciado

 

 

tus mandatos, vienen,

 

 

a tus pies rendidos.

 

TITÁN.

¿No miráis, vil gente,

 

 

que de mi poder

 

 

ninguno os defiende?

 

 

¿No miráis que Cristo,

 

 

que engañado os tiene,

 

 

no viene a ayudaros?

 

 

¡Qué engaños crueles!

 

 

Os quita el sentido,

 

 

recordad no esperen

 

 

mi rigor las almas,

 

 

pues a ellas se extiende

 

 

mi poder inmenso.

 

 

¿No miráis, rebeldes,

 

 

que morí y que vivo

 

 

puede el mundo verme?

 

 

Pues este milagro,

 

 

¿no miráis que excede

 

 

al que en el Tabor

 

 

fantásticamente

 

 

quiso, con engaños,

 

 

que algunos le viesen?

 

 

Yo soy vuestro Dios

 

 

tan omnipotente,

 

 

que tengo en mi mano

 

 

la vida y la muerte:

 

 

escoged y gozad

 

 

la vida que ofrece

 

 

mi piadosa mano.

 

ENOC.

¡Bárbaro, insolente,

 

 

qué ciego te traen

 

 

tus vanos deleites!

 

 

No cierres los ojos,

 

 

que el tiempo es tan breve

 

 

que tienes de vida,

 

 

que presto has de verte

 

 

en el hondo abismo,

 

 

conforme tu vida,

 

 

pues a Dios te atreves (sic).

 

 

Tú eres aquel monstruo

 

 

que tiene en la frente

 

 

diez cuernos que Juan

 

 

de vista excelente,

 

 

vio salir del mar.

 

 

¿Por qué pretendes

 

 

ser Dios, pues que sabes

 

 

como en todo mientes?

 

TITÁN.

Pertinaces viejos,

 

 

indignos de verme

 

 

y hablaros piadoso,

 

 

¿cómo ya no viene

 

 

ese Cristo vuestro

 

 

que en pobres pesebres

 

 

nació, y que murió?

 

 

Hoy veréis si puede

 

 

de mi gran poder

 

 

libraros, infieles.

 

 

¿De qué os aprovecha

 

 

que así, ciegamente,

 

 

rebeldes y locos

 

 

estéis de esa suerte?

 

ELÍAS.

¿No miras, tirano,

 

 

que mi Dios nos tiene

 

 

prevenido el lauro

 

 

del martirio, y quiere

 

 

que tú el instrumento,

 

 

seas de la muerte?

 

 

A muchos cristianos

 

 

tus mágicos viendo

 

 

que al mundo suspendes

 

 

reducido habemos,

 

 

pero ya que pueden,

 

 

firmes en su ley,

 

 

contra ti oponerse,

 

 

Dios nos ha llamado,

 

 

y mártires quiere

 

 

conducir al Cielo,

 

 

a donde nos premie

 

 

con eterna gloria,

 

 

con eternos bienes.

 

ENOC.

A Elías y a Enoc

 

 

escuadras celestes

 

 

están aguardando.

 

TITÁN.

¿Cómo estos no mueren?

 

 

Mataldos al punto,

 

 

tormentos crueles,

 

 

padezcan, y vean

 

 

que el que a mí se atreve,

 

 

con penas terribles

 

 

muere desta suerte.

 

NIÑO 1º.

Elías divino,

 

 

santo Enoc fuerte,

 

 

no nos dejen, padres,

 

 

en años tan breves,

 

 

que si de su amparo

 

 

las gentes carecen,

 

 

no es mucho que a Dios

 

 

los cristianos dejen.

 

NIÑO 2º.

No se vayan, padres;

 

 

a mi Dios le rueguen

 

 

que aqueste tirano

 

 

castigue, pues puede.

 

ELÍAS.

Mis hijos amados,

 

 

hoy los cielos quieren

 

 

a nuestros trabajos

 

 

dar descanso alegre;

 

 

enjugad los ojos

 

 

que lágrimas vierten;

 

 

que el piadoso Dios

 

 

mira por sus fieles;

 

 

Él os acompañe,

 

 

rogalde, ofrecelde

 

 

la vida, que Él mira

 

 

por los suyos siempre.

 

TITÁN.

Llevaldos, ministros,

 

 

y con fiera muerte

 

 

paguen su delito.

 

ELÍAS.

Cuando el cuerpo pene

 

 

no importa; ¡ay del alma,

 

 

porque siempre muere!

 

TITÁN.

Pues no me adoraron,

 

 

mis castigos prueben.

 

 

A los que atrevidos

 

 

a mis sacras leyes

 

 

rebeldes desprecian,

 

 

y no me obedecen,

 

 

su infame osadía

 

 

castigo con muerte:

 

 

horcas se levanten,

 

 

cuchillos se templen,

 

 

prepárense luego

 

 

resinas y aceites,

 

 

patíbulos crueles;

 

 

ninguno se perdone,

 

 

a nadie reserven,

 

 

pues ya mi piedad

 

 

en rigor se convierte;

 

 

solo soy dios supremo,

 

 

solo a mí se me deben

 

 

en supremos altares

 

 

sacrificios solemnes.

 

NIÑO 1º.

Pues ven acá, hipocritón,

 

 

que al Cielo te has atrevido,

 

 

¿piensas que no hemos sabido

 

 

tu infame generación?

 

NIÑO 2º.

¿Pues cómo te has hecho dios,

 

 

bellaco, embelecador,

 

 

contra el divino Señor

 

 

que nos da lengua a los dos?

 

 

¿No ignoran los que aquí están

 

 

tu villano nacimiento,

 

 

y que eres vil instrumento

 

 

de aquella tribu de Dan?

 

NIÑO 1º.

Pues tu madre ya sabemos,

 

 

como cosa manifiesta,

 

 

que fue mujer deshonesta

 

 

y de tan viles extremos,

 

 

que con tu padre trató,

 

 

de quien fuiste concebido,

 

 

y siendo padre y marido,

 

 

un monstruo cual tú formó;

 

 

y no contento tampoco

 

 

del delito de tu padre,

 

 

has gozado de tu madre,

 

 

negando a Dios como loco.

 

NIÑO 2º.

Miren aquí quien quería (sic),

 

 

que si Dios ha permitido

 

 

que vivas como has vivido,

 

 

que no siempre lo consiente.

 

 

Ya los tres años y medio

 

 

que Dios te ha dado de vida,

 

 

se cumplen, fiero homicida,

 

 

y así no tendrás remedio.

 

NIÑO 1º.

Tú eres de quien Daniel

 

 

habla y dice tus maldades,

 

 

que envuelto en tus liviandades

 

 

asistes, monstruo cruel.

 

 

Cumplióse la profecía

 

 

del justo y santo Profeta,

 

 

y la que Juan interpreta

 

 

cuando en Patmos asistía.

 

 

Al infierno bajarás,

 

 

donde in aeterno te quejes.

 

NIÑO 2º.

Monstruo de los herejes,

 

 

aquí, aquí, te anegarás.

 

TITÁN.

Matad luego estos villanos,

 

 

¡oh bárbaros atrevidos!

 

 

¿Cómo, ajenos de sentidos,

 

 

con pensamientos tiranos,

 

 

os atrevéis a mi ser?

 

 

¿En qué tenéis confianza?

 

 

¿En qué libráis la esperanza,

 

 

si no fuera en mi poder?

 

 

Dejad todas vuestras leyes,

 

 

cese todo el cristianismo,

 

 

ya no ha de haber más abismo,

 

 

yo soy el rey de los reyes;

 

 

no haya más circuncisión,

 

 

y el fuego que se alimenta

 

 

se apague, que solo intenta

 

 

mi ser justa adoración;

 

 

no ha de haber más ley que una,

 

 

y esa en adorarme estriba;

 

 

aquesta aumento reciba,

 

 

no pende de otra ninguna.

 

 

Ya toda ley se deroga,

 

 

solo me adoren a mí;

 

 

igualmente aborrecí

 

 

la Iglesia y la Sinagoga.

 

UNO.

Pues, señor, ¿no prometiste

 

 

que no se había de entender

 

 

lo que nos mandas hacer

 

 

cuando ley estableciste

 

 

de adorarte? Con nosotros,

 

 

¿cómo haces lo que no es justo?

 

TITÁN.

Porque quiero, porque gusto.

 

 

¿Pues quién os mete a vosotros

 

 

con lo que hago? ¡Callad,

 

 

cumplid todo lo que digo!

 

OTRO.

El cielo será testigo

 

 

de tan extraña maldad.

 

 

Vanse todos, y queda BAULÍN solo.

 

BAULÍN.

Desde hoy me acojo a un jamón,

 

 

pues ya no hay ley que me obligue.

 

 

Al vino no se persigue,

 

 

esta es famosa invención:

 

 

no consentía Moisés

 

 

que comiésemos tocino,

 

 

y quien da tocino y vino,

 

 

sin duda que buen dios es.

 

 

Yo no me quiero meter

 

 

en porfiar y argüir;

 

 

beber quiero por vivir,

 

 

y vivir para beber;

 

 

en tantas dudas, que son

 

 

las que afligen a Baulín,

 

 

adorar pretendo, en fin,

 

 

a mi vino y mi jamón;

 

 

pues tantos han inventado

 

 

dioses a quien adorar,

 

 

otro pretendo buscar,

 

 

que será más acertado,

 

 

que parecerá imprudencia

 

 

cuando se aprueba por justo,

 

 

no adorar dios a mi gusto

 

 

si hay libertad de conciencia.

 

 

Sale la mujer de BAUI.ÍN.

 

MUJER.

Divino Señor, que vos,

 

 

para redención del hombre,

 

 

tomando de humano nombre

 

 

y carne, os quedasteis Dios;

 

 

hoy, pues es justa ocasión,

 

 

contra este monstruo cruel

 

 

vibre el divino Luzbel

 

 

la espada de indignación.

 

 

¡No permitáis, gran Señor,

 

 

que esta ciega gente errada,

 

 

como perdida manada,

 

 

nieguen a su Criador;

 

 

que si la defendéis vos,

 

 

este, que negó el bautismo,

 

 

en las ondas del abismo

 

 

conocerá que no es dios!

 

BAULÍN.

¿A dónde bueno, mujer?

 

MUJER.

¡Oh, Baulín! ¿Tú estás aquí?

 

 

El bien busco que perdí;

 

 

quiérole hallar, no perder.

 

 

Entre tantos desengaños

 

 

que me va poniendo el Cielo,

 

 

con justa causa recelo

 

 

deste Titán los engaños.

 

 

¿Quién no conoce que Cristo

 

 

es Dios y el cierto Mesías,

 

 

y quién con locas porfías

 

 

obedece a este Antecristo?

 

 

Baulín, bien se puede errar,

 

 

que propio en los hombres es;

 

 

mas la porfía, ¿no ves

 

 

que es el camino de errar?

 

 

Dejemos nuestros errores

 

 

y a Dios pidamos perdón,

 

 

pues su humana condición

 

 

siempre oye a los pecadores.

 

BAULÍN.

Mujer, ¿quién os mete a vos

 

 

en aquestas teologías (sic),

 

 

si son buenas las porfías,

 

 

o si este o aquel es Dios?

 

 

A vos os toca callar

 

 

y obedecer al marido;

 

 

en paz y quietud os pido

 

 

que lo dejemos estar.

 

 

Un pedazo de jamón

 

 

puesto entre dos rebanadas,

 

 

han de ser de mí estimadas,

 

 

y aquestas mis dioses son.

 

 

Quien primero dijo vino,

 

 

divino quiso nombrar,

 

 

y así pretendo adorar

 

 

lo que es próximo a divino.

 

 

Venid, aderezad la burra,

 

 

que yo iré con vos también;

 

 

pero atad la bota bien,

 

 

porque el vino no se escurra.

 

 

Y si replicáis palabra

 

 

en si este es buen dios o no,

 

 

la cabeza, juro yo,

 

 

que con una estaca os abra.

 

 

Venid, que estoy esperando.

 

MUJER.

Mi Dios, vuestro amparo os pido,

 

 

pues vuestro favor ha sido

 

 

el que está la vida dando;

 

 

en vuestra clemencia espero,

 

 

a ella acudo triste y sola,

 

 

para que lave mi estola

 

 

en la sangre del Cordero.

 

 

Vanse.

Salen CAMILO, FABIO y RUFINO, y LIDORO a otra parte.

 

 

 

CAMILO.

Aquí fue adonde a Elías

 

 

y a Enoc, el fiero tirano

 

 

mandó el precepto inhumano

 

 

de que acortasen sus días;

 

 

y aquí, siendo obedecido,

 

 

les dieron muerte cruel.

 

FABIO.

¡Cielos! ¡Que viva este infiel

 

 

en sus vicios sumergido!

 

 

¡Cuán incomprensibles son

 

 

vuestros juicios ocultos,

 

 

pues entre tantos insultos,

 

 

muerta vive la razón!

 

 

Pero ¿quién desconfiará

 

 

de vuestro heroico saber?

 

RUFINO.

El porfiar no es vencer,

 

 

y donde el poder está,

 

 

locuras son las porfías.

 

 

Testigo sin excepción

 

 

serán en esta ocasión

 

 

los muertos Enoc y Elías,

 

 

pues opuestos a Titán,

 

 

Dios eterno y soberano,

 

 

el castigo de su mano

 

 

por su inocencia les dan.

 

LIDORO.

Con la suma omnipotencia

 

 

no es razón nadie oponerse,

 

 

ni es fortaleza atreverse

 

 

donde es cierta la sentencia

 

 

de muerte. Solo pretendo

 

 

dar gusto a Titán, que es Dios.

 

FABIO.

Alleguémonos los dos

 

 

hacia esta gente, que entiendo

 

 

que están los cuerpos allí.

 

 

Vamos a tomar lugar,

 

 

pues han de resucitar,

 

 

como dijeron aquí

 

 

cuando les dieron la muerte.

 

 

Gran gente acude por ver

 

 

el milagro que han de hacer.

 

LIDORO.

Vamos allá.

 

CAMILO.

Obedecerte

 

 

es bien, y más que Titán,

 

 

con grande acompañamiento,

 

 

con el mismo pensamiento

 

 

a ver los cuerpos vendrán

 

 

y a ver el modo que Elías

 

 

y Enoc resucitan.

 

LIDORO.

  Ven;

 

 

que en este lugar más bien

 

 

verás sus locas porfías.

 

FABIO.

Todo el mundo se apercibe.

 

CAMILO.

Ya sale este monstruo aleve.

 

FABIO.

El que contra Dios se atreve,

 

 

violento en la vida vive.

 

 

Pónense a un lado; salen TITÁN, LUNA, BAULÍN y la mujer y acompañamiento.

 

 

 

TITÁN.

Luna mía, mi deidad,

 

 

es una cifra del cielo

 

 

que en mí la mayor belleza

 

 

se mira como en espejo:

 

 

¿dudas tú que es mi poder

 

 

tan soberano y excelso,

 

 

que abarco de un polo al otro

 

 

y deste al otro hemisferio?

 

 

¿Ves el mayor imposible?

 

 

Pues facilitallo puedo,

 

 

y que la celeste cumbre

 

 

baje a pedazos al suelo.

 

 

¡A mí los hombres, a mí!

 

 

Por el gran poder que tengo

 

 

por mí mismo, que han de ver

 

 

en mí tan fieros efectos,

 

 

que en su castigo me aclamen

 

 

por la piedad de mi pecho,

 

 

y yo, sordo a sus querellas,

 

 

daré a sus penas aumento.

 

BAULÍN.

(Este pulo [?] guarda fuera)  Aparte.

 

 

Mujer ¿habéis oído este

 

 

Titán? El jamón y el vino,

 

 

son los dioses en quien creo.

 

MUJER.

Calla, Baulín, que verás

 

 

que, más piadosos los cielos,

 

 

deshacen la confusión

 

 

en que este la tierra ha puesto.

 

LUNA.

¡Mi Dios! Por ser vos quien sois

 

 

y por el amor que os tengo,

 

 

os suplico no vibréis

 

 

la eterna espada de fuego

 

 

contra esta gente ignorante

 

 

de los piadosos afectos

 

 

de vuestra misericordia,

 

 

porque el riguroso aspecto

 

 

con que hoy os mostráis al mundo,

 

 

amenaza el universo

 

 

y a su ruina se aplica.

 

 

Cese vuestro enojo fiero,

 

 

que ya los hombres humildes

 

 

piden perdón de su yerro.

 

TITÁN.

No sé qué miro en tus ojos,

 

 

envidias del sol supremo,

 

 

que así aprisionan las almas,

 

 

que así mueven pensamientos;

 

 

yo perdonaré sus culpas

 

 

si es el arrepentimiento

 

 

como dicen.

 

LUNA.

 Yo lo fío,

 

 

y humildemente te beso

 

 

los pies por este favor.

 

TITÁN.

Su duración debe el tiempo

 

 

a sus ruegos; mas ¿no han dado

 

 

la muerte para escarmiento

 

 

del mundo, a Elías y Enoc?

 

LIDORO.

Tu mandato obedecieron,

 

 

y aquí están muertos.

 

TITÁN.

  Alzad;

 

 

veré los difuntos cuerpos,

 

 

cuyas almas por sus culpas

 

 

siempre estarán padeciendo.

 

 

Pueblo, que presente estás

 

 

al espectáculo horrendo,

 

 

de aquesta suerte castigo

 

 

al que quiebra mis preceptos.

 

 

Hoy os perdono por Luna;

 

 

pero no os valdrán sus ruegos

 

 

otra vez: mi indignación

 

 

verá todo el universo,

 

 

y vosotros, vicios locos,

 

 

hombres engañados,

 

 

 

Llégase a un lado, donde habrá una cortina, que se descubre, y veránse muertos ELÍAS y ENOC.

 

 

 

 

que a los rayos de mi gloria

 

habéis querido oponeros,

 

 

estas son vuestras porfías

 

 

v el fin de vuestros intentos:

 

 

la brevedad de la vida

 

 

y el mal que estáis padeciendo.

 

 

Así pagáis, gente infame,

 

 

vuestro loco atrevimiento,

 

 

que rayos por favor saca

 

 

la oposición a los cielos:

 

 

estos son vuestros milagros,

 

 

vuestros engaños son estos:

 

 

esta la resurrección

 

 

que espera el cristiano pueblo.

 

 

Cumplid, cumplid la palabra

 

 

de que con prodigio nuevo,

 

 

a vista de todo el mundo,

 

 

habéis de animar los cuerpos.

 

 

¿Por qué no cumplís agora

 

 

vuestras promesas y enredos,

 

 

y ese Cristo que adoráis

 

 

no viene a favoreceros?

 

 

Yo muerto resucité,

 

 

porque soy Dios verdadero;

 

 

mas vosotros, viejos locos,

 

 

ved la burla que habéis hecho;

 

 

confesad que soy Dios justo,

 

 

y haré otro nuevo portento,

 

 

infundiendo otra vez vida

 

 

a cadáveres funestos.

 

 

Ea, Elías, y tú, Enoc,

 

 

pedid a Dios otro aliento,

 

 

o acudid a mi piedad;

 

 

daré a vuestro mal remedio.

 

 

 

Levántanse.

 

 

 

 

 

ELÍAS.

Pueblo, la palabra cumplo:

 

 

 

hoy resucitamos, veldo,

 

 

 

y que en celestes esferas

 

 

 

nos llama glorioso asiento.

 

 

 

Perseverad en la ley

 

 

 

de Cristo, que es Dios inmenso.

 

 

ENOC.

Titán es falso Antecristo,

 

 

 

Cristo es el Dios verdadero.

 

 

 

 

La tramoya sube a los dos arriba, Y en cerrándose la cortina, suena ruido dentro.

 

Dentro:

 

 

 

 

 

 

Milagro es este, milagro:

 

 

 

hoy se ven los embelecos

 

 

 

del Antecristo.

 

 

FABIO.

  Matalde:

 

 

 

no admita nadie sus ruegos.

 

 

LIDORO.

Cristo es Dios: ¡muera Titán,

 

 

 

falso Antecristo! blasfemo.

 

 

TODOS.

¡Muera Titán!

 

 

BAULÍN.

 ¡Hay tal cosa!

 

 

 

¡Muera este perro zorrero!

 

 

TITÁN.

Oye, atrevida gente:

 

 

 

escucha, bárbaro pueblo,

 

 

 

indigno de la piedad

 

 

 

que para vosotros tengo:

 

 

 

estos son falsos hechizos,

 

 

 

fuerza es de un encantamiento (sic)

 

 

 

con que han Elías y Enoc

 

 

 

alterado vuestros pechos;

 

 

 

pero para que veáis

 

 

 

un testimonio más cierto,

 

 

 

romper quiero las celestes

 

 

 

esferas del firmamento,

 

 

 

y ascendiendo al regio trono,

 

 

 

vibrar la espada de fuego

 

 

 

y fulminar a la tierra

 

 

 

esos atrevidos viejos.

 

 

 

Yo subo a mi patria amada;

 

 

 

mas ¡ay de ti, triste pueblo!

 

 

 

Que tu ruina fatal

 

 

 

llegó por ser tan soberbio.

 

 

 

 

Bajará una nube, en que irá volando, y por otra parte saldrá un ángel con una espada de fuego, dará con ella al Antecristo, que parecerá que se hunde en la tierra, y el ángel se vuela.

 

 

 

 

 

ÁNGEL.

¡Fiero monstruo de la tierra,

 

 

 

el plazo ha llegado! El cielo

 

 

 

al abismo te condena.

 

 

TITÁN.

Hoy me da sepulcro el centro.

 

 

 

 

Húndese: haya gran ruido.

 

 

 

 

 

LUNA.

Extraño prodigio ha sido:

 

 

 

entre los aires serenos

 

 

 

un ángel en forma humana,

 

 

 

con una espada de fuego

 

 

 

ha herido a Titán, y él baja

 

 

 

hecho piezas por los vientos

 

 

 

al abismo. ¡Cielo santo,

 

 

 

misericordia!

 

 

FABIO.

  ¿Qué espero?

 

 

 

¡Santo Dios, misericordia!

 

 

MUJER.

¡A vos solo reverencio

 

 

 

por Dios!

 

 

CAMILO.

A Cristo adoremos:

 

 

 

Titán fue el falso Antecristo,

 

 

 

Cristo es el Dios verdadero.

 

 

LIDORO.

Y aquí tiene fin, senado,

 

 

 

este verdadero ejemplo

 

 

 

del suceso que esperamos:

 

 

 

perdonad sus muchos yerros.

 

 

 




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