José Echegaray
De mala raza

Acto tercero

Escena VIII

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Escena VIII

ADELINA, CARLOS Y DON ANSELMO. Momentos después asoma PAQUITA Por el fondo y

escucha hasta el fin de la escena.

CARLOS. - (Levantando a ADELINA con violencia.) ¡No es éste tu sitio, Adelina! ¡Te lo he dicho muchas veces!

ANSELMO.-Cuando ella lo ocupaba, por algo sería.

CARLOS. -¡Padre, hoy es día funesto para mí! ¡Desde que amaneció Dios, no han cesado de hostigarme como a fiera enjaulada! ¡Y ya mi razón se oscurece! ¡Te lo juro! ¡Mira que llegó a las lindes de la locura! ¡Tened todos lástima de mí!... ¡O cuenta conmigo!...

ANSELMO.-Contigo cuento, no ya porque eres mi hijo, sino porque creo que eres un hombre de honor... Y por eso te llamo.

CARLOS. -¿Para apretar el tormento?

ANSELMO. -¡Para acabar con él!

CARLOS. -¡Si no puede acabar nunca!

ANSELMO.-Porque tú no quieres.

CARLOS. -¡Pues sí quiero!... ¿Cómo?... ¡Di cómo!

ANSELMO.-Fácilmente... No te propongo un imposible, ni una crueldad, ni un sacrificio...

CARLOS. -¡Acaba! ¿Qué es?

ANSELMO.-Que te entregue Adelina las cartas que ha recibido ahora mismo del marqués.

CARLOS. -¿Ella?

ANSELMO.-Sí

CARLOS. -¿No más?

ANSELMO.-No más.

CARLOS. - (Volviéndose a ADELINA.) Pues sea.

ADELINA. - (Al oído, rápidamente.) ¡Son de Víctor!... ¡Hablan de Paquita!

ANSELMO. -¡Ah!... ¿Ya le ha dicho usted algo?

CARLOS - (A su padre.) lo que contienen... No vale la pena.

ANSELMO. -¡Ah! ¡Mi condenación! ¿Qué influjo maldito tiene esa mujer sobre ti que una palabra suya pesa más en tu corazón que todas las lágrimas de tu padre?

CARLOS. -¡Es porque la amo con toda mi alma! ¡Es porque creo en ella como creo en el cielo!

ANSELMO. -¡Pues dame esa carta, ya que es tuya, y yo haré que ni ames ni creas! ¡Dámela!

CARLOS. -¡No!

ANSELMO. -¡Pues lee en ella!

CARLOS. -¡No!

ANSELMO. -¡Ah! ¡El insensato, que se hunde hasta los labios en el cieno de su deshonra!...

CARLOS. -¡Y hasta el cráneo en el torbellino de la desesperación!...

ANSELMO. -¡Mira que esa mujer!...

CARLOS. -¡Ni una palabra!... (ADELINA se abraza a él; PAQUITA, avanza lentamente.)

ANSELMO, -¡Esa mujer, te digo!...

CARLOS. -¡Es sagrada!

ANSELMO. -¿Más que tu padre?

CARLOS. - (Después de querer decir: «¡Más!») ¡Tanto!

ANSELMO. -¿Por qué?

CARLOS. -¡Porque es mi amor! ¡Porque es mi ! Porque es la madre de mi hijo!

ANSELMO. -¿Tu hijo! ¡Desdichado! ¿Estás seguro? (ADELINA da un grito y se abraza más a CARLOS.)

CARLOS. -¡Ah!... ¡No más!... ¡No más!... Todo acabó!... ¡Acabó todo!.. ¡Todo! ¡Dame! ¡Las cartas! (Arrancándole las cartas a ADELINA.) ¡Pronto!... ¡Sí! ¡Suelta!... (Desprendiéndose de ella.) ¡Toma! (A su padre, dándole las cartas. La situación queda encomendada a los actores.)

ANSELMO. -¡Al fin! (Las coge y lee febrilmente.)

ADELINA. -¡Carlos!

CARLOS. - (Abrazando a ADELINA, apretando contra su pecho la cabeza de su esposa, loco, delirante, llorando.) ¡Adelina!...¡Dios mío! ¿Qué hice? ¡Soy un miserable! ¡No pude más! ¡No pude más! ¡Tus brazos! ¡Tu frente!...

ANSELMO. -¿Qué es esto?... ¡Dios mío! ¡Sí!... ¡Paquita!... (Buscándola con la vista. U posición de los personajes es como sigue: DON ANSELMO, junto al candelabro, leyendo; detrás, PAQUITA; a la derecha, CARLOS y ADELINA, formando un grupo. CARLOS no vuelve la cabeza ni mira a su padre; parece que quisiera esconderse en los brazos de ADELINA.)

PAQUITA. -¡Anselmo!...

ANSELMO. -¡Paquita! ¡Víctor ha muerto!...

PAQUITA. -¡Víctor! ¡Jesús mil veces! (Cae desplomada en el sofá; ADELINA corre a abrazarla.)

ANSELMOEra verdad! (Quiere precipitarse sobre PAQUITA.) ¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Era verdad!

CARLOS. - (Conteniéndole.) La infamia de Víctor, sí...; pero ya la pagó!... (Abrazándose a él.) ¡La infamia de Paquita, no!... ¡Yo te lo juro!

ANSELMO. -¿Quién lo prueba?

ADELINA. -¡Víctor, a la hora de su muerte!

CARLOS. -¡Y yo, que dejo a Paquita junto a ti, en el puesto de mi madre! ¡Cuando no le arranqué la vida es que por honrada la tengo!

ANSELMO. - (Desprendiéndose de su hijo.) ¡Carlos!

CARLOS. -¡Eres demasiado bueno para ser injusto dos veces! ¡Basta con mi pobre Adelina!

ANSELMO. -¡Hijo!

CARLOS. -¡Por el mío fui yo cruel! ¡Por el tuyo piadoso!

ANSELMO. - (Se abrazan.) ¡Carlos!

CARLOS. -¡Aquí!... ¡Aquí!... ¡Ya no sales de mis brazos hasta que sea mía tu alma entera! ¡Y ahora, padre mío, a la felicidad los dos o los dos a la desesperación!

Fin de «de mala raza»


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