Escena VIII
El EMPERADOR y PUBLIO
EMPERADOR Publio...
PUBLIO
¡Salud, Emperador Augusto!
Tan excelso favor mi
orgullo colma.
¡Vos mismo descender
á mi morada!
EMPERADOR Sin duda, Publio, que descienda importa.
Graves cuidados sin
cesar me abruman,
graves
temores sin cesar me acosan,
y
echar sobre tus hombros necesito
este
peso molesto que me enoja.
PUBLIO Mandad, señor.
EMPERADOR ¿Qué, Publio, me valiera
del
grande imperio la soberbia pompa,
si
yo mismo tuviera que ocuparme
en
cuidar de mi imperio y mi corona?
Las dignidades vuestras, si eso hiciere,
inútiles al fin me
fueran todas,
y en lugar del señor,
fuera el esclavo
quien el sacro laurel
ceñirse logra.
Yo lo entiendo mejor: lidien mis Césares,
defiendan mis
Pretores las remotas
fronteras del
Imperio, mas en tanto,
dulce
tranquilidad disfrute Roma.
De las fiestas de
Flora y Baco, quiero
renovar las antiguas ceremonias;
quiero que el vulgo
se divierta y goce,
y el árbol del placer
nos preste sombra.
Francos los almacenes imperiales
para
el pueblo romano, desde ahora,
de Italia y Grecia los antiguos vinos
para la alegre
muchedumbre corran.
Salgan audaces las Bacantes, salgan
de sus templos las
vírgenes hermosas,
y dancen en las
fiestas Lupercales
las esclavas á par
con las matronas.
Mi imperio es de deleites y de dichas;
el tiempo es
breve y la existencia corta;
quiero
que el pueblo por placeres sólo
cuente
no más de mi reinar las horas.
PUBLIO Señor, estando, en rebelión doquiera
las
provincias lejanas...
EMPERADOR ¡Me acongoja
que me hablen de provincias y de pueblos
que se rebelan!
Publio, ¿qué me importa
que vayan mis
provincias á otras manos,
de las mías pasando
unas tras otras?
Capaz de mil imperios es la tierra;
lógrelos, pues, quien
más los ambiciona.
Cámbiese al fin cada provincia en uno,
como
el imperio mío sea Roma.
Me canso de escuchar reconvenciones,
Prefecto; mi paciencia se desborda,
y
hacer un escarmiento determino
que
muestre mi justicia vengadora.
PUBLIO Hablad.
EMPERADOR Sabes que en Roma hay una raza
que de severa
rectitud blasona,
y que á todo se
atreve y falta á todo,
culpando á nuestra
edad de impía y loca.
PUBLIO Los
cristianos, señor.
EMPERADOR Sí, los
cristianos,
que inculcan su
creencia mentirosa
en las pueriles almas
de los crédulos
y al cielo
ofenden y á la ley provocan,
ante
las mismas puertas del palacio,
con
extraña osadía escandalosa,
han
fijado pasquines esta noche,
muerte
á mi estirpe amenazando pronta.
Bárbaro llaman al
romano pueblo,
y de sus dioses de metal se mofan,
y con el signo de la
Cruz infame,
sus pasquines
sacrílegos coronan.
Pues bien: quiero mostrarles lo que puede
mi raza noble
aun, á extinguirse próxima;
quiero que sacrifiquen ó que mueran;
perjuros han de ser,
ó muertos. Toma,
(Dale pliegos.)
Publio; á cumplir disponte mis decretos;
de ellos no ha
de quedar rastro ni sombra;
ocho veces han sido exterminados,
en mi reinado, pues,
será la nona.
Sus cabezas pondré por los caminos,
con sus pieles haré
curtir alfombras,
y expondré sus
mujeres en los circos
por diversión
y escándalo de Roma.
PUBLIO Mirad...
EMPERADOR
No miro nada: al punto, Publio,
mi
voluntad publica; todos oigan
su
dicha ó su sentencia, y que comiencen
su
exterminio y mis fiestas con la aurora.
PUBLIO Señor...
EMPERADOR
Silencio: sin cumplir mis órdenes,
¡ay de tu vida si á
palacio tornas!
PUBLIO
(Aparte.)
Tirano astuto, tu
intención comprendo:
lejos me quieres, mis estancias solas,
porque el triunfo más
fácil te figuras;
mas ¡ay de entrambos si
mi saña enconas!
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