Escena IX
El EMPERADOR y SILANO
EMPERADOR Silano...
(Sale SILANO.)
A ese hombre por doquier se espíe;
lleva
en su corazón sospecha sorda
y de todo es capaz su ánimo osado
á impulso de los
celos que le ahogan.
SILANO Bien espiado está: ni una palabra,
ni
una acción, ni la idea más recóndita
se escapará á los linces que le cercan.
EMPERADOR Intentará tal vez...
SILANO Su esclavo ahora
dispone sus caballos más veloces,
y á favor de la noche
protectora,
partiendo de les
pórticos de Veste,
saldrán de la ciudad
él y Sofronia.
EMPERADOR ¿Es, pues, Silano, el disimulo inútil?
¿Inútil mi templanza
generosa?
¿Fuerza será que de
una vez anuncie
mi
imperial voluntad?
SILANO Su misma
boca
le
reveló el secreto, y ella misma
le
entregó vuestra carta; nada ignora.
EMPERADOR
Tórnese, pues, en ley este capricho:
todas las vallas de
mi amor se rompan,
y aprendan de una vez
que á los esclavos
sólo postrarse
ante el señor les toca.
De ese Publio me cansa la justicia,
su
rectitud estúpida me enoja,
y
no quiero escucharle los consejos
con
que el placer me amengua ó me le estorba.
Juez le nombro de hoy más de los cristianos
Procónsul va de mis provincias todas
á exterminar en todas
á esa raza
que de un suplicio
vil el signo adora.
Así le mantendré de Roma lejos,
y de mí mismo así
gozaré en Roma.
Mis antojos son ley: todos la acaten:
derecho es éste que
mi sangre goza.
Cuida de que se cumplan mis mandatos,
que arda mi
imperio en fiestas ostentosas;
y
esa fiera beldad aquí condúceme,
Silano, y estas salas abandona.
SILANO Halagadla, señor, que es muy altiva,
y
á los amigos su cerviz no dobla.
EMPERADOR La amo como jamás amé á ninguna,
pero
si nada mi cariño logra,
soy
el Emperador, y á fuerza ó ruego,
todo
ante el sacro Emperador se postra.
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