Escena XII
El EMPERADOR.
SOFRONIA. SILANO, apresurado y de repente.
SILANO Señor...
EMPERADOR
¿Quién osa sin licencia mía
hasta
aquí penetrar?
SILANO Perdón,
Augusto,
pero
así mi deber lo requería.
EMPERADOR ¿Qué pasa, pues?
SILANO De vuestro edicto
justo
al
oír la sentencia los cristianos,
en tumultuosa sedición rompieron
vuestras estatuas,
con airadas manos.
EMPERADOR Y mis
guardias, ¡por Hércules! ¿qué hicieron?
SILANO Dieron, señor, sobre ellos; pero Roma
arde en nocturna lid, y este tumulto
por todas partes incremento toma.
EMPERADOR Su sangre toda lavará este insulto.
Al punto salga, sin
piedad, Silano,
numerosa
cohorte pretoriana:
no
quede de esa turba ni un villano.
Te sigo; y oye tú, fiera romana:
Concluye para todos mi
indulgencia:
mi
imperial voluntad, manda, no pide.
Publio parte de Roma,
es su sentencia;
un día os doy, que de los dos decide.
Mas cómo ha de acabar
pesa y entiende:
mañana
mismo, al expirar el día,
si
aun tu arrogancia resistir pretende,
él cadáver será, tú
esclava mía.
¡Esclava tuya quien
en Roma nace,
tirano
usurpador!
EMPERADOR Así me place:
de Baco y Flora en el
alegre templo
tú la primera
libación mañana
conmigo harás, y
servirás de ejemplo
á la alegría y
bacanal romana.
Salvas á Publio así,
y eso te abona:
escoge,
pues, la infamia ó la corona.
SOFRONIA Antes morir mil veces, vil tirano.
EMPERADOR Medítalo mejor: vamos, Silano.
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