Escena XIII
SOFRONIA Se turba
mi razón: convulsa, ardiente,
al
corazón la sangre se me agolpa,
y la altivez, la indignación y el miedo,
mi fe
extravían, mi valor agotan.
«El cadáver será, tú
esclava mía»,
dijo
¡Sentencia bárbara y diabólica,
que
con la infamia de la esposa amante
la
infame vida del esposo compra!
¡Publio! ¡Mi bien!....., ¿te salvaré vendiéndote?
¿Yo vida te he
de dar á tanta costa?
Jamás. Llama, tirano,
á tus verdugos,
nuestra
sangra leal mezclada corra
con
indeleble mancha, al derramarse,
salpicará
tu rostro cada gota.
Muramos, sí.....Mas ¡ay! sueño, deliro
¡que antes del vulgo vil nos hará mofa!
Porque ¿qué de virtud ni gloria entiende
esta
generación torpe é hipócrita,
ni esta ciudad envilecida y ebria
con el placer de sus
inmundas orgías?
¡Evohé! gritarán:
nuevo espectáculo
será
para ellos la virtud heroica,
y
al tigre azuzarán con sus aullidos
a
consumar su crimen. ¡Espantosa
perspectiva,
mas cierta! Sí, lo veo;
esos
romanos nobles que ambicionan
el poder, hechos perros de sus príncipes,
mañana en una
fiesta escandalosa
le
cercarán, y de su boca misma
escucharán
mi desdichada historia,
y
le dirán: «Tenéis razón, Augusto,
es
vuestra esclava, vuestro amor la honra;
rendida
caiga, y de escarmiento sirva.....»
Y ebrio él me hará llevar, y allí angustiosa
yo
lloraré á sus plantas, arrastrándome
del
solio hollado en la manchada alfombra,
mientras
canta su triunfo y mi ignominia
al son alegre de las anchas copas.
Ese es el porvenir que me preparan:
sí, que á todos los
Césares se arrojan,
todo su cetro
lo atropella, todo
á su absoluta
autoridad se postra,
y á par con ellos, la embriaguez del crimen
en su vaso
imperial apura Roma.
¡Miserable de mí! De fuerza ó grado,
en sus brazos caeré,
sin que me acorran,
porque en un pueblo
que su honor olvida,
fe y virtud y valor
están de sobra.
Caeré....., y
el triste Publio deshonrado,
blanco
inocente de su injusta cólera,
errante,
perseguido, esclavo, muerto.....
¡Déjame, aparta,
pesadilla odiosa!
Tentación infernal,
¡húyeme, déjame,
que
á vacilar mi fe siento muy próxima!
Para tan grande prueba, ¡oh cielo santo!
virtud
me distes en verdad muy poca,
pues
aun vacila el corazón de tierra,
y
el alma imbécil su deber ignora.
(Pausa:
transición repentina: completo trastorno de ideas.)
No
cederé jamás: muerta primero.
Mas si él se salva, cederé gustosa:
la
fe....., el amor....., su muerte....., mi ignominia.....
No
puedo más deliro; me acongoja
este
tropel de ideas..... ; mi cerebro,
mi
corazón, mis ojos....., todo es sombra.
¡Paso, verdugos,
paso! ¡Publio, sálvate!
Ya estoy aquí.....: sacrificadme sola.
(Cae desfallecida.)
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