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| José Zorrilla Sofronia IntraText CT - Texto |
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Escena IV SOFRONIA y PUBLIO
PUBLIO ¡Aún aquí tú, Sofronia mía! Mas ¿qué pesar te asalta? Ese encendido color del rostro..., de tu mano fría el temblor...
SOFRONIA ¡Tu ilusión!
PUBLIO No; yo he sentido minar mi corazón lenta y traidora una sospecha ruin, y harto ha que veo que tu pecho secretos atesora que en vano espío y comprender deseo.
SOFRONIA Publio, y has visto bien; honda tristeza me prensa el corazón.
PUBLIO ¿Quién, dulce amiga te la pudo causar?
SOFRONIA Esta grandeza, este fausto de Roma me fatiga. Ansío soledad, reposo anhelo; pluguiérame un lugar de aquí lejano donde más puro se gozara el cielo, más libre el aire y el placer. más llano. Será un capricho mujeril si quieres, mas á mí que te adoro, esposo mío, tú me bastas, y el lujo y los placeres, de contento en lugar, me dan hastío. Si tú me amas así, la pompa deja de esta corte imperial, y los honores; de esta continua bacanal me aleja, donde parecen mal castos amores. Salgamos de esta Roma corrompida, y uno para otro amor, mutuo consuelo dulce llevemos y envidiable vida en más tranquilo y retirado suelo.
PUBLIO No sé, Sofronia mía, qué adivino de siniestro y fatal en tus palabras; me extraña ese capricho repentino; todo tu corazón fuerza es que me abras. ¿Qué temes, di? ¿Qué dudas? ¿Qué recelas? ¿Qué secreta razón ó qué manía á Roma te hace odiar? ¿Por qué me velas tu recóndito mal, Sofronia mía?
SOFRONIA Siempre, Publio, te amé.
PUBLIO Lo sé.
SOFRONIA Por eso, constante siempre, y respetada esposa, guardar supe tu honor puro e ileso en medio de esta Roma escandalosa. Nunca temí que el viento corrompido que en su recinto infame se respira llegara á un corazón bien defendido; mas esta débil esperanza expira.
PUBLIO Sofronia, si hasta á ti llegar osado pudo algún miserable libertino, muy mal con su razón lo ha consultado. Nómbrale.
SOFRONIA Es más fatal nuestro destino, Publio. El suelo de Roma es una sima que si con pronta fuga no evitamos nos sorberá por fin; mi aviso estima, y cree á mi corazón: Publio, partamos.
PUBLIO ¿Todo un glorioso porvenir es fuerza que abandonemos? Mi fortuna crece, nada hay que mi favor derroque ó tuerza, porque el Emperador me favorece. Mío es su imperio; la pesada carga del gobierno en mis hombros deposita, y á mucho acaso mi ambición se alarga, mucho Roma tal vez me necesita. Te confieso en verdad que algunas veces la licencia imperial me escandaliza; mas hombre soy, y mi ambición atiza el quererte ofrecer cuanto mereces.
SOFRONIA No pienses, P ublio, en mí: yo nada quiero; tú eres mi único bien, mas odio á Roma, y de ella pronto que me alejes quiero.
PUBLIO Sofronia, ahora dejarla es imposible. ¿Mi cargo renunciar, cuando á sus puertas se acerca con ejército terrible Constantino? Sospechas daré ciertas de, traición á Majencio, y será acaso mi sentencia de muerte mi renuncia.
SOFRONIA Nuestra vida se encierra en frágil vaso, Publio, y cercana tempestad se anuncia. Esta ciudad de crimen, que se aduerme arrullando el placer de sus señores, tal vez anhela en su reposo inerme otra estirpe mejor de emperadores.
PUBLIO ¡Sofronia!
SOFRONIA Sí, la sangre y la vergüenza el manto son en que se envuelve Roma. ¿Qué mucho, pues, que Constantino venza á quien el yugo de la infamia doma? ¿Qué hace tu Emperador? Pisa y viola cuantas leyes al pueblo dan amparo; su imperio airado, y sin razón, asola, y celebra sus vicios con descaro. Contribuciones sin poder impuestas, en festines opíparos destruye, embriaga al vulgo con inmundas fiestas y las damas romanas prostituye. Despierta, Publio; nada está seguro; un capricho imperial lo puede todo, y penetra el recinto más obscura su malicia infernal de cualquier modo.
PUBLIO Basta, Sofronia, basta; te comprendo.
SOFRONIA Mira. (Dándole la carta del EMPERADOR.)
PUBLIO ¡Y así me pagas mis servicios! ¡Y mientras yo tu imperio te defiendo, víctima soy de tus horrendos vicios! Claro lo veo al fin: ¡tanta privanza, tanto imperial favor, tanta ventura, mi fe y mi lealtad no me la alcanza! ¡Es el precio no más de su hermosura! ¡Basta, tirano; tu vileza entiendo!
SOFRONIA Salgamos, pues, de Roma.
PUBLIO Sí, salgamos, mas en las sombras de la noche, huyendo, antes que en su poder, ambos caigamos. Tengo ¡oh! Sofronia mía! felizmente, regio poder, y una orden de mi mano nos franqueará las puertas libremente, y el furor burlaremos del tirano. ¡Oh! ¡Bien mi corazón me lo decía! No en vano fermentaban mis recelos. Tienes razón; huyamos, alma mía, y amparen píos nuestro amor los cielos.
SOFRONIA Publio, y que pronto sea, porque acaso ya la astuta serpiente se introduce bajo el lecho nupcial, y un solo paso á la infamia ó á la muerte nos conduce.
PUBLIO ¿Tienes valor?
SOFRONIA Sí, Publio, para todo todo lo renuncié por amor tuyo, y á cuanto me ordenares, me acomodo: «quédate», y permanezco; «húyele», y huyo.
PUBLIO Pues apréstate á huir; oro recoge que nos compre otra vida en otra tierra, y que halle el gavilán, cuando se arroje, que ya la red al colorín no encierra.
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