ESCENA II
Ábrese la puerta del centro, y aparece en un lecho EL REPOSO
coronado
de adormideras.
EL REPOSO ¿Qué
pasa, pues, en la fatal mansión?
¿Llegó el instante en que sin tino tengo
los sellos que romper
de mi panteón?
¿Tocó en su colmo la locura humana?
¿La cólera de Dios se desbordó,
y el orbe á polvo
tornará mañana?
¿Vuelve la
nada á su principio?
LA FAMA No.
El tiempo sigue su
veloz carrera,
el
mundo, largo tiempo vivirá,
y
largo sueño en tu mansión espera
á los que su antro
cobijando está.
Mas óyeme un instante, y tus oídos
la nueva que divulgo
escucharán,
y tus genios, de gozo
estremecidos,
en su lecho de mármol
se alzarán.
Hay un rincón de
la atrevida Europa
do
una raza de inmenso corazón
vive,
y guarece su triunfante tropa
la sombra de un castillo y un león:
España, sí, que vencedora un día,
dos mundos ocupó con
estrechez;
España, que negaba y concedía
tierra donde vivir,
con altivez,
existe libre de
extranjero yugo
por más que Europa la
contemple audaz,
y ser quisiera
su fatal verdugo,
siempre
envidiando su valor tenaz.
La inquieta Europa,
que intentó humillarla,
no
la conoce todavía bien,
y
atenta solamente á encadenarla,
la
mira desde lejos con desdén.
Pobre, ignorante y
sin poder la entiende,
de
sí misma la juzga sin amor,
y
ella á su vez su libertad defiende
con
su fe solamente y su valor.
Tinta en la sangre
de sus propios hijos,
cercenada
de intrusos por doquier,
no
ha sabido á desastres tan prolijos
la gloria de sus hijos posponer.
Templos les abre, y les eleva estatuas,
y «esos son (dice á
los extraños), sí,
los que pregonan
vuestras lenguas fatuas
sin recompensa
ni memoria en mí.
«¿No hay aquí
gloria? Sin que mucho tarde,
Calderón y Cervantes lo dirán.
¿No hay libertad? Daoiz y Velarde
á daros un ¡mentís! despertarán.»
Eso dice la España postergada,
eso
la fama anunciará veloz;
díselo
tú, Reposo de la nada,
a
esos que duermen sin oír mi voz.
Si
al viento de las recias tempestades
con
que su patria desolar se ve,
ardiendo se desploman sus ciudades,
sus mausoleos quedarán
en pie.
Diles que duerman sin odiar los hombres
á esos que grandes y
españoles son,
y que no ignoren que
escribió sus nombres
á par de los más
grandes, su nación.
EL REPOSO Sí les diré. Sus almas bienhadadas
con tus nuevas
¡oh Fama! gozarán,
y con blanda sonrisa, en sus almohadas
a posar la
cabeza tornarán.
Que aquí halla
amparo, protección y asilo
cuanto
atañe al descanso y al placer,
aquí
reposa el corazón tranquilo
de
la ansiedad con que acertó á nacer.
LA FAMA ¡Oh! Tengan
ese mísero consuelo
que el envidioso mundo les negó,
ahora que ven que sin
premiar el cielo
jamás el genio y la
virtud dejó.
EL REPOSO Las alas
otra vez tiende segura,
tórnate en calma donde alumbra el sol;
ellos sabrán en mi mansión
obscura
la gloria de ese
Fénix español.
LA FAMA ¿Quién
trajo aquí sin mi poder la nueva?
EL REPOSO Ha siglo y medio ¡oh
Fama! que la sé,
que
ha siglo y medio que en el mundo prueba
con
sus palabras Calderón quién fué.
LA FAMA
La lumbre de su gloria reverbera
por
cuanto alumbra el rutilante sol,
y
España olvida su contienda fiera
escuchando
su Fénix español.
EL REPOSO Por quien
es, está aquí; yo que le guardo,
el
primero á, mi vez le conocí.
LA FAMA Su triunfo dile.
EL REPOSO A que se torne aguardo.
LA FAMA ¿No está
en tus reinos?
EL REPOSO Volveráse á
mí.
A recibir la
merecida palma,
á su alcázar la gloria le llamó,
y
hoy volverá regocijada el alma
al lecho que un instante abandonó.
LA FAMA A Dios te queda, pues.
EL REPOSO Vé tu
camino,
y allá en los sitios
por do errante vas,
venga á la España y
su cantor divino,
que bien merecen los
de España más.
LA FAMA ¡Guay de
quien mira necio ó atrevido
con
ojos insolentes su pendón!
¡Guay del que asome
cuando dé un rugido
y despierte iracundo su león!
(Vuela)
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