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José Zorrilla
Apoteosis de Don Pedro Calderón de la Barca

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    • ESCENA II
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ESCENA II

Ábrese la puerta del centro, y aparece en un lecho EL REPOSO

coronado de adormideras.

EL REPOSO ¿Qué pasa, pues, en la fatal mansión?

 ¿Llegó el instante en que sin tino tengo

 los sellos que romper de mi panteón?

    ¿Tocó en su colmo la locura humana?

 ¿La cólera de Dios se desbordó,

 y el orbe á polvo tornará mañana?

 ¿Vuelve la nada á su principio?

 

LA FAMA                                              No.

    El tiempo sigue su veloz carrera,

 el mundo, largo tiempo vivirá,

 y largo sueño en tu mansión espera

 á los que su antro cobijando está.

    Mas óyeme un instante, y tus oídos

 la nueva que divulgo escucharán,

 y tus genios, de gozo estremecidos,

 en su lecho de mármol se alzarán.

    Hay un rincón de la atrevida Europa

 do una raza de inmenso corazón

 vive, y guarece su triunfante tropa

 la sombra de un castillo y un león:

    España, sí, que vencedora un día,

 dos mundos ocupó con estrechez;

 España, que negaba y concedía

 tierra donde vivir, con altivez,

    existe libre de extranjero yugo

 por más que Europa la contemple audaz,

 y ser quisiera su fatal verdugo,

 siempre envidiando su valor tenaz.

    La inquieta Europa, que intentó humillarla,

 no la conoce todavía bien,

 y atenta solamente á encadenarla,

 la mira desde lejos con desdén.

    Pobre, ignorante y sin poder la entiende,

 de sí misma la juzga sin amor,

 y ella á su vez su libertad defiende

 con su fe solamente y su valor.

    Tinta en la sangre de sus propios hijos,

 cercenada de intrusos por doquier,

 no ha sabido á desastres tan prolijos

 la gloria de sus hijos posponer.

    Templos les abre, y les eleva estatuas,

 y «esos son (dice á los extraños), sí,

 los que pregonan vuestras lenguas fatuas

 sin recompensa ni memoria en mí.

    «¿No hay aquí gloria? Sin que mucho tarde,

 Calderón y Cervantes lo dirán.

 ¿No hay libertad? Daoiz y Velarde

 á daros un ¡mentís! despertarán

 Eso dice la España postergada,

 eso la fama anunciará veloz;

 díselo tú, Reposo de la nada,

 a esos que duermen sin oír mi voz.

    Si al viento de las recias tempestades

 con que su patria desolar se ve,

 ardiendo se desploman sus ciudades,

 sus mausoleos quedarán en pie.

    Diles que duerman sin odiar los hombres

 á esos que grandes y españoles son,

 y que no ignoren que escribió sus nombres

 á par de los más grandes, su nación.

 

EL REPOSO    Sí les diré. Sus almas bienhadadas

 con tus nuevas ¡oh Fama! gozarán,

 y con blanda sonrisa, en sus almohadas

 a posar la cabeza tornarán.

    Que aquí halla amparo, protección y asilo

 cuanto atañe al descanso y al placer,

 aquí reposa el corazón tranquilo

 de la ansiedad con que acertó á nacer.

 

LA FAMA    ¡Oh! Tengan ese mísero consuelo

 que el envidioso mundo les negó,

 ahora que ven que sin premiar el cielo

 jamás el genio y la virtud dejó.

 

EL REPOSO    Las alas otra vez tiende segura,

 tórnate en calma donde alumbra el sol;

 ellos sabrán en mi mansión obscura

 la gloria de ese Fénix español.

 

LA FAMA    ¿Quién trajo aquí sin mi poder la nueva?

 

EL REPOSO Ha siglo y medio ¡oh Fama! que la ,

 que ha siglo y medio que en el mundo prueba

 con sus palabras Calderón quién fué.

 

LA FAMA    La lumbre de su gloria reverbera

 por cuanto alumbra el rutilante sol,

 y España olvida su contienda fiera

 escuchando su Fénix español.

 

EL REPOSO    Por quien es, está aquí; yo que le guardo,

 el primero á, mi vez le conocí.

 

LA FAMA Su triunfo dile.

 

EL REPOSO                       A que se torne aguardo.

 

LA FAMA ¿No está en tus reinos?

 

EL REPOSO                                    Volveráse á mí.

    A recibir la merecida palma,

 á su alcázar la gloria le llamó,

 y hoy volverá regocijada el alma

 al lecho que un instante abandonó.

 

LA FAMA    A Dios te queda, pues.

 

EL REPOSO                                       tu camino,

 y allá en los sitios por do errante vas,

 venga á la España y su cantor divino,

 que bien merecen los de España más.

 

LA FAMA    ¡Guay de quien mira necio ó atrevido

 con ojos insolentes su pendón!

 ¡Guay del que asome cuando un rugido

 y despierte iracundo su león!

(Vuela)




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