ESCENA VI
HOMERO, Shakespeare,
VIRGILIO, LA CRÍTICA y CERVANTES
CERVANTES ¿Quién
con tan negras palabras
llega
á esta mansión audaz,
que
de mi sueño de mármol
me
viene así á despertar?
LA MÍTICA La Crítica soy juiciosa,
en
cuya balanza igual
se
equilibran los tesoros
que debe la ciencia dar.
Yo, por el bien de los hombres
estoy en vela tenaz,
y les marco los
caminos
por do salir
sin errar.
Yo les aparto los brezos,
yo les enseño además
dónde están los
precipicios
y los escollos dó
están.
Yo voy con mi
clara antorcha
guiando
su ceguedad,
y
caen los que no me siguen
á cada paso que dan.
Sin mí no hay nada
perfecto,
sin
mí no podéis hallar
ni
lo justo, ni lo hermoso,
ni la luz, ni la verdad.
Calderón, á quien ufanos
Fénix del Arpa llamáis,
no supo sin mis
auxilios
sino caer y tropezar.
Y pues queréis
como al Genio
divinizarle, mirad
que es perfección lo
divino,
y que quien yerra es
mortal.
Y esto os dice quien lo sabe,
que
no aumento al afirmar,
que aun Dios, al hacer sus obras,
me las consulta
quizás.
CERVANTES Yo te conozco, quién eres
sé bien, y de mí
ocultar
no puedes lo que tu
envidia
dicta á tu lengua
infernal.
Crítica, tú eres un monstruo
sólo de envidia
capaz,
tu lengua mana
veneno,
y en hieles bañada
está.
Pero no puede los bordes
de los sepulcros
pasar,
y aquí no
tienes oídos
para
tu canto mordaz.
Aparta, pobre
sirena,
que
has olvidado el cantar;
huye,
hermosura caduca,
que
has perdido tu beldad.
Tú tienes torpes las manos,
y las alas con que
vas
volando, tan
sólo pueden
tu
cuerpo vil remolcar.
Aparta, lince sin
ojos,
que
lo que no puedes ya
ciega
entender por ti misma,
lo
tienes que preguntar.
Aparta, cuervo
engreído,
que pavoneándote vas,
con las plumas que
recoges,
en pos de la garza
real.
LA CRÍTICA ¡Oh, sí! Vosotros quisierais
al corazón
engañar,
mas
yo quiero recordaros
algo
de la realidad.
Homero, tú que
cantando
hiciste
á Grecia inmortal,
para
alimentarte en Grecia
tuviste que mendigar.
Virgilio, tus ricos cantos,
que á Homero te hacen
igual,
son el incienso que
el César
te hizo á sus plantas
quemar.
Cervantes, la misma tierra
que ahora estatuas te
da,
miserable y
calumniado
te vió morir
sin piedad.
Ni Shakespeare
vigoroso,
ni
Calderón.....
CERVANTES Basta ya;
mi
patria es grande, y no puede,
ni confundir ni olvidar.
(Música
lejos.)
VIRGILIO ¡Silencio! Ya resuenan los himnos
inmortales,
á cuyo justo y santo
y poderoso son,
sus quicios de oro
rompen las puertas celestiales,
y al Genio dan
camino por su imperial mansión.
HOMERO Desciende,
de tu gloria la frente coronada;
baja
á la arena olimpia, ¡oh atleta triunfador!
Ven á dejar tu lira sobre
el laurel colgada,
cuya
tranquila sombra te enjugará el sudor.
Shakespeare Cantor
de los misterios, que ciega no comprende
de
Grecia ni de Roma la inspiración gentil,
los ojos á tu origen divinizado tiende;
tú tienes en tu
patria un trono de marfil.
De Dios siendo en la tierra la soberana
hechura,
derechos inmortales
tenemos hacia él;
ven á gozar tu gloria
sobre la lumbre pura
que radia su
semblante y entolda su dosel.
CERVANTES (Á La Crítica.)
Y tú, que nunca descansas
y que á todos
aconsejas,
ven a
presenciar su gloria,
si
con su gloria no ciegas.
Hoy que le conoce España
y que grande le
confiesa,
en la divina familia
de los inmortales
entra.
Y aquí del mezquino mundo
las
tempestades no llegan,
ni de la envidia los dardos
emponzoñados
penetran.
Que las estrellas no alumbran
por donde el sol
reverbera,
ni suben las
golondrinas
donde las águilas
vuelan.
Vé á contar esto á la España,
y si su amor les conserva
á los hijos que la ilustran
con sus armas ó sus
letras,
ni necesita
extranjeros
que
la enseñen ni defiendan,
ni
ha de faltarla, lidiando,
la libertad ni la tierra.
LA CRÍTICA Sí que
la diré.....
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