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José Zorrilla
Apoteosis de Don Pedro Calderón de la Barca

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ESCENA VI

HOMERO, Shakespeare, VIRGILIO, LA CRÍTICA y CERVANTES

 

CERVANTES    ¿Quién con tan negras palabras

 llega á esta mansión audaz,

 que de mi sueño de mármol

 me viene así á despertar?

 

LA MÍTICA    La Crítica soy juiciosa,

 en cuya balanza igual

 se equilibran los tesoros

 que debe la ciencia dar.

    Yo, por el bien de los hombres

 estoy en vela tenaz,

 

 y les marco los caminos

 por do salir sin errar.

    Yo les aparto los brezos,

 yo les enseño además

 dónde están los precipicios

 y los escollos están.

    Yo voy con mi clara antorcha

 guiando su ceguedad,

 y caen los que no me siguen

 á cada paso que dan.

 Sin mí no hay nada perfecto,

 sin mí no podéis hallar

 ni lo justo, ni lo hermoso,

 ni la luz, ni la verdad.

    Calderón, á quien ufanos

 Fénix del Arpa llamáis,

 no supo sin mis auxilios

 sino caer y tropezar.

    Y pues queréis como al Genio

 divinizarle, mirad

 que es perfección lo divino,

 y que quien yerra es mortal.

    Y esto os dice quien lo sabe,

 que no aumento al afirmar,

 que aun Dios, al hacer sus obras,

 me las consulta quizás.

 

CERVANTES    Yo te conozco, quién eres

  bien, y de mí ocultar

 no puedes lo que tu envidia

 dicta á tu lengua infernal.

    Crítica, tú eres un monstruo

 sólo de envidia capaz,

 tu lengua mana veneno,

 y en hieles bañada está.

    Pero no puede los bordes

 de los sepulcros pasar,

 y aquí no tienes oídos

 para tu canto mordaz.

    Aparta, pobre sirena,

 que has olvidado el cantar;

 huye, hermosura caduca,

 que has perdido tu beldad.

    Tú tienes torpes las manos,

 y las alas con que vas

 volando, tan sólo pueden

 tu cuerpo vil remolcar.

    Aparta, lince sin ojos,

 que lo que no puedes ya

 ciega entender por ti misma,

 lo tienes que preguntar.

    Aparta, cuervo engreído,

 que pavoneándote vas,

 con las plumas que recoges,

 en pos de la garza real.

 

LA CRÍTICA    ¡Oh, sí! Vosotros quisierais

 al corazón engañar,

 mas yo quiero recordaros

 algo de la realidad.

    Homero, tú que cantando

 hiciste á Grecia inmortal,

 para alimentarte en Grecia

 tuviste que mendigar.

    Virgilio, tus ricos cantos,

 que á Homero te hacen igual,

 son el incienso que el César

 te hizo á sus plantas quemar.

    Cervantes, la misma tierra

 que ahora estatuas te da,

 miserable y calumniado

 te vió morir sin piedad.

    Ni Shakespeare vigoroso,

 ni Calderón.....

 

CERVANTES                        Basta ya;

 mi patria es grande, y no puede,

 ni confundir ni olvidar.

(Música lejos.)

VIRGILIO    ¡Silencio! Ya resuenan los himnos inmortales,

 á cuyo justo y santo y poderoso son,

 sus quicios de oro rompen las puertas celestiales,

 y al Genio dan camino por su imperial mansión.

 

HOMERO    Desciende, de tu gloria la frente coronada;

 baja á la arena olimpia, ¡oh atleta triunfador!

 Ven á dejar tu lira sobre el laurel colgada,

 cuya tranquila sombra te enjugará el sudor.

Shakespeare    Cantor de los misterios, que ciega no comprende

 de Grecia ni de Roma la inspiración gentil,

 los ojos á tu origen divinizado tiende;

 tú tienes en tu patria un trono de marfil.

    De Dios siendo en la tierra la soberana hechura,

 derechos inmortales tenemos hacia él;

 ven á gozar tu gloria sobre la lumbre pura

 que radia su semblante y entolda su dosel.

 

CERVANTES (Á La Crítica.)

 Y tú, que nunca descansas

 y que á todos aconsejas,

 ven a presenciar su gloria,

 si con su gloria no ciegas.

    Hoy que le conoce España

 y que grande le confiesa,

 en la divina familia

 de los inmortales entra.

    Y aquí del mezquino mundo

 las tempestades no llegan,

 ni de la envidia los dardos

 emponzoñados penetran.

    Que las estrellas no alumbran

 por donde el sol reverbera,

 ni suben las golondrinas

 donde las águilas vuelan.

    á contar esto á la España,

 y si su amor les conserva

 á los hijos que la ilustran

 con sus armas ó sus letras,

    ni necesita extranjeros

 que la enseñen ni defiendan,

 ni ha de faltarla, lidiando,

 la libertad ni la tierra.

LA CRÍTICA Sí que la diré.....

 




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