ESCENA III
DOÑA ELVIRA. Después INÉS.
ELVIRA ¡Qué noche tan triste! Cual lúgubre sueño
que rueda en tinieblas, medrosa pasó.
En vano á la reja por verles me empeño,
la sombra callada mis ojos cegó.
Ni un paso, ni un bulto, ni un ¡ay! ni un
gemido
llegué en las tinieblas á ver ni escuchar.
Si al duelo volvieron, alguno ha
caído...;
cualquiera que caiga tendré que llorar.
¿Por qué ese don Pedro se afana
imprudente
mi triste secreto
tenaz en saber?
Sin duda hará un
crimen de un hecho inocente,
que herir en la honra
podrá á una mujer
Mas ¡ay! Se lo dije,
tal es mi secreto.
¿Por qué si es que me
ama de mí no fiar?
¿No puede haber nunca
sagrado un objeto
que obligue á una
dama á mentir ó á callar?
¿No ve cuánto sufro?
¿No ve cuánto duelo
me cuestan de ese
hombre las citas de amor?
¿No ve que si á
medios indignos apelo,
serán mis razones de mucho valor?
Mas ¡ah! que si al cabo descubre su nombre,
¡por más que inconstante tal vez me tendrá!
¡Conséjele el cielo, que á mí sólo ese
hombre
la paz y la vida
volverme podrá!
Mas ¿cómo tan tarde
ninguno parece?
(Llamando.)
Inés tal vez teme mi
enojo excitar;
mas yo la perdono,
que no lo merece;
mandando don Pedro,
no hay más que callar.
(Llamando.)
¡Inés..., dueña!
INÉS ¿Qué mandáis?
ELVIRA ¿Cómo
despiertas tan tarde?
¿No ves que es ya día claro?
INÉS Dispensad...
ELVIRA Las rejas abre,
que entre el aire.
(Inés abre el balcón, y va hacia la puerta con
intento de volver á salir.)
¿Dónde vas?
¿Tan presto quieres marcharte?
Acábame de vestir,
aquestos corchetes dame,
prende bien estos cabellos...
torpe estás; no sé qué canse
tanto desamaño en ti;
cerca de dos horas
hace
que andando estoy por
la casa:
¿no me sentistes enantes?
INÉS Señora...
ELVIRA
El jardín anduve
,registrando.
INÉS (Aparte.)
¡Cristo, valme!
ELVIRA ¿Qué
hablas?
INÉS Nada.
ELVIRA Me parece
que una exclamación soltaste.
INÉS Yo,
señora...
ELVIRA Inés, despacha,
y tanto afán no te pases.
por culpa que en ti no estuvo.
INÉS ¡Cómo, señora! Del lance
de ayer noche...
ELVIRA No hay que hablar.
Supongo, Inés, á qué artes
acudiría don Pedro.
INÉS ¡Es tan violento!
ELVIRA Adelante.
Ya sé bien que cuando manda
no es el resistirle fácil.
INÉS Conque al fin perdonaréis...
ELVIRA Ya dije que más no se hable
de ello; aunque tu
indiscreción
me puso en extremo
trance,
sé que eres fiel servidora
y que de necia pecaste.
A otra cosa. Esta mañana
vendrá...
INÉS ¿Quién?
ELVIRA Pues ¿no lo
sabes?
El Rey.
INÉS ¿Conque vos sabíais
quién era?
ELVIRA
Sí.
INÉS
¿Y liviandades
de tal peso no os
espantan?
Quien al Rey sus puertas abre
cuando se muestra embozado
por una calle
adelante,
no por el Rey, por el hombre...
ELVIRA (Interrumpiéndola.)
Esa torpe lengua
calle,
y acuérdese que á mi
casa
para obedecer la traje.
INÉS Señora...
ELVIRA ¿Con él de amores
piensa la necia que trate?
INÉS Pues ¿de qué
sino de amor
pueden tratar los galanes?
¿No le llamáis al
jardín?
¿Requiebros no le
escuchasteis?
¿No os dijo que erais
hermosa?
¿No se llevó vuestro
guante?
ELVIRA ¡Cómo!
INÉS
Perdonad, mas ya
no pretendo
disculparme;
desde ese balcón
velaba
vuestra honra.
ELVIRA (Con indiferencia.)
Muy bien hace
servidor que tanto cura
de sus amos... Á esta parte
siento ruido, ve
quién entra.
INÉS Es don
Pedro.
ELVIRA Bien; que pase.
INÉS Pues ¿y el
Rey?
ELVIRA ¿Qué se la importa?
Obedezca á quien la mande.
INÉS (Aparte.)
¡De tanta cita y visita
con bien el Señor nos saque!
¡Buena se arma si otra vez
vuelven todos á
encontrarse!
|