ESCENA
X
EL REY, D. ELVIRA, D. PEDRO y EL MARQUÉS.
El Rey recobra la majestad de su persona, aparentando su afectada
galantería. Doña Elvira muestra temor; Don Pedro, celos; y el Marqués sigue
recatando el rostro como en el acto primero.
REY (Con arrogancia)
¿Quién sois vosotros, que doquier tenaces
seguís á vuestro Rey? ¿Dais al olvido
que ahuyenta las
salvajes alimañas
del soberbio león
ronco el rugido?
¿Me entendéis?
Despejad.
PEDRO (Adelantándose
con orgullo.)
Mucho te engañas
si piensas aterrarme con tus voces.
Si imbéciles reptiles de repente
á la voz del león huyen veloces,
atrevida le aguarda
la serpiente.
Bajo tu ley nací,
nací vasallo,
mas también á su
dueño se somete
el orgulloso y
lidiador caballo,
y tira, sin embargo,
á su jinete.
Óyeme ¡oh Rey! y mi
cuestión decide.
(El Rey se cala su
sombrero, que habrá dejado sobre el velador en la anterior escena, y sentándose
en el sillón dice con la altivez y majestad que requiere la situación:)
REY Valiente me
pareces; ya te escucho;
habla, y con tiento tus palabras mide,
que hablando con tu Rey te importa
mucho.
PEDRO No sé quién soy; el nombre con que firmo,
no sé, Felipe cuarto,
á quién le debo;
mas ó villano ó real,
me lo confirmo,
y con audacia y
altivez le llevo.
Ignoro todavía por
qué mano,
de oro y consejos mi porción recibo;
mas buenos son, de noble y castellano,
y humilde yo los obedezco y vivo.
No conocí ni padres ni parientes,
que me esquivó el placer desde la cuna;
solo he vagado entre diversas gentes
esto es mi porvenir y
mi fortuna.
(Mostrando la espada.)
Llegué un día de
Flandes á esta casa,
que en anónima carta
me mostraron
como un asilo en mi
orfandad, y pasa
de años seis que sus puertas me franquearon.
Aquí á Elvira encontré, y aquí amé á Elvira.
La adoro ¡oh Rey! y voto al firmamento
que si no ha sido su
pasión mentira,
su amor con nadie en
dividir consiento.
Yo no tengo más
padres, más hermanos,
más ilusión que Elvira, y más fortuna:
robármela es ahogar con necias manos
al tigre sus cachorros en la cuna.
Ahora bien, pues no tengo otra
esperanza,
ni otra ventura en mi
existencia quiero,
tigre seré que por la selva avanza,
vengador de sus hijos, carnicero.
No transijo con rey ni con villano,
y meditadlo bien, que
yo, altanero,
si noble no nací ni
caballero,
me siento con aliento
soberano.
MARQUÉS Basta, mancebo, basta; tu nobleza
bien la audacia atestigua de tu boca;
tu causa acaba do la mía empieza;
cédeme tu lugar, que á mí me toca.
(Pónese delante del
Rey, recatando el rostro como hasta aquí.)
(Al Rey)
Yo amaba á una mujer
más que á mi vida,
era el único bien que me quedaba;
luz de mis ojos, para mí perdida,
presa de la vejez, ¿qué me restaba?
Un mancebo, señor, fué sin consejo
el bien á hurtarme que perdido lloro;
la sedujo, le amó, y el pobre viejo
quedó en su soledad
sin su tesoro.
REY ¿Sin espada os dejó? ¿Qué hicisteis de ella?
MARQUÉS No me
atreví con él.
REY
Cobarde fuisteis.
MARQUÉS No era esquivar por eso la querella.
REY Entonces,
¿por qué, pues, lo consentisteis?
MARQUÉS Porque
noble nací.
REY Y ¿eso es
nobleza?
MARQUÉS Yo ni ultrajado con mi rey me atrevo.
REY ¡Mentís, anciano!
MARQUÉS (Desembozándose.)
Por mejor
certeza,
doña Ana era mi amor,
vos el mancebo.
(El Rey se levanta y
le mira. Don Pedro pone mano á la daga, y D. Elvira exclama:)
ELVIRA ¡Padre mío!
PEDRO ¡Su padre!
MARQUÉS (Á D. Elvira.)
(Aparta.)
(Á D. Pedro.)
(Tente.)
(Al Rey.)
Perdonar pude al
Príncipe, debía;
mas al futuro Rey
mengua sería
igualar con don Juan de Benavente.
REY ¿Me
amenazáis?
MARQUÉS No sé, mas
escuchadme.
El Rey gozó mi amor, y por cubrillo...
(¿que lo diga teméis?
mas perdonadme),
me encerrasteis, señor, en un castillo.
REY Basta, Marqués; si en el castillo os tuve,
fué por traidor no
más, que vuestra gente
alzasteis contra mí;
mas presto anduve
y sofoqué la hoguera de repente.
¿Calláis? Vos el rebelde fuisteis, sólo
lo sabemos los dos bien á conciencia;
pagarnos fué no más dolo por dolo,
por eso fué prisión
vuestra sentencia.
MARQUÉS Mal lo entendéis; no os pido de doña Ana
cuentas aquí, que de
mi honor las pido.
REY (Con desprecio.)
Si hija hubierais á
fe menos liviana,
jamás hubiera por su
amor venido.
MARQUÉS
(Avergonzado.)
¡Oh, que tenéis razón!
PEDRO Yo no soy
padre.
Yo también de su amor
os pido cuenta;
mirad si me la dais.
REY ¡Tal vez te
cuadre
que olvide que soy rey! ¿No te
contenta?
PEDRO Pláceme, ¡vive Dios! y defendeos.
REY (Sin hacer caso de D. Pedro.)
Marqués, por el balcón llamad mi gente
y que os prenda otra vez.
ELVIRA (Dando el papel á su padre.)
Señor, teneos,
que perdonado estáis,
si no inocente.
REY ¿Qué es eso?
ELVIRA
Su perdón; lo habéis sellado.
MARQUÉS ¡Hija mía!
ELVIRA
Mirad si obré liviana;
tanto á vos por mi
padre me he humillado.
REY (Después de
un momento de silencio.)
Dos partess tiene esa promesa insana;
os perdono, Marqués,
cumplo la mía.
(Don Pedro se adelanta
hacia el Rey. El Rey sin hacerle caso se dirige primero á D. Elvira)
PEDRO Que falta ved la de quien no perdona.
REY (Á D. Elvira.)
Para cumplir la
vuestra os doy un día;
(Á D. Pedro, con desprecio.)
y á vos..., ved quién
os presta una corona.
(El Rey sale apartando
á D. Pedro y cae el telón.)
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