ESCENA PRIMERA
DOÑA ELVIRA y DON
PEDRO.
PEDRO ¿Yo, Elvira,
quedarme aquí?
No, imposible; iré
con vos.
ELVIRA ¿Y eso podemos los dos?
PEDRO ¿Conque al cabo huís de mí?
Nada os importa mi
amor,
ó al Rey teméis,
según veo.
ELVIRA Y ¿qué hacer cuando el deseo
es contrario del
honor?
De ese amor no hago
querella,
que sin vos no sé
vivir;
mas ¿cómo podéis
seguir
sin disfama á tina
doncella?
No soy vuestra esposa
yo,
y va mi padre conmigo...
por galán ó por
amigo,
¿creéis que os
consienta? No.
Igual ha de ser la
ley
de mi honor para los dos,
y nunca ha de huir con vos
quien huyendo va del Rey.
PEDRO Bien, Elvira; ya os comprendo,
que con el Rey
compararme
es con decoro anunciarme
que vais de don Pedro huyendo.
Y si es así, hablad, Elvira,
decídmelo de una vez,
que hiere más mi
altivez
que un desaire, una
mentira.
ELVIRA Demente estáis, y os perdono
vuestro insulto.
PEDRO ¿Lo es quizás?
ELVIRA ¿No os dijo que tengo en más
vuestro cariño que un
trono?
Mas ya oísteis que
tachó
mi conducta de
liviana,
y fuera mengua mañana
que lo acreditara yo.
PEDRO ¿Y porque él no crea tal,
yo sin vos me quedaré?
Nunca, Elvira; os seguiré,
que la ley es
desigual.
Él dudó de vuestra fama,
robaros quiso el honor,
y tratáis con más
rigor
que al que os ofende,
al que os ama.
Si no me quiere
admitir
vuestro padre como
amigo,
como importuno
testigo
doquiera os he de
seguir.
Y nada por vos me abate;
iré como vuestro esclavo,
y si á vuestro padre
al cabo
lo ofendo así, que me
mate.
ELVIRA Don Pedro, ¿estáis delirando?
¿Qué desafueros son éstos?
Para tan torpes denuestos
¿os he dado causa? ¿Cuándo?
¿No os amé como á mi
vida?
¿No os dije que al
exponerla,
de perderos ó
perderla
la daba por bien
perdida?
Mi padre, ¿en qué os
injurió?
Del Rey temiendo el
ultraje,
prepara esta noche el
viaje;
¿puedo impedírselo
yo?
¿Contra el Rey ha de
ponerse?
A quien tan de alto
pelea,
no es ceder acción
tan fea,
que el huir es
defenderse.
Si vuestra suerte
importuna
de por medio se
metió,
no tengo la culpa yo,
sino la mala fortuna.
PEDRO Pues bien: de hinojos, tenaz
por esposa os pediré.
ELVIRA Y os lo negarán.
PEDRO ¿Por qué?
ELVIRA La conversación mudad.
PEDRO ¿Escucharla no queréis?
ELVIRA Dejadla, yo os lo aconsejo.
PEDRO Pues que os
ofende, la dejo;
mas la razón me diréis.
Dadme al fin un desengaño;
¿no me amáis ya?
Hablad, Elvira.
Sois mujer... Si al
aire gira
la veleta, ¡no es
extraño!
Pero ¡lloráis, vive
Dios!
De misterios
concluid,
y quién estorba decid
la ventura de los
dos.
ELVIRA No lo preguntéis, don Pedro,
¡que habrá de pesaros mucho!
PEDRO No temáis, sereno escucho;
de mi suerte no me
arredro:
decidlo.
ELVIRA
Fuera un baldón.
PEDRO Acabad.
ELVIRA
Vais á ofenderos.
PEDRO ¡Pronto!
ELVIRA (Con dignidad, pero sin altanería.)
Elvira de Cisneros
me llamo.
PEDRO
Tenéis razón.
Por mucho amaros
quizás,
que os llamabais
olvidé
Cisneros y Santa-Fe,
y yo don Pedro no
más.
¡Tenéis razón! ¿Cómo
osara
alzarse hasta vos,
señora,
un vagabundo que
ignora
el padre que le engendrara?
Nacida en hidalga cuna,
¿cómo pudierais tomar
marido que os ha de dar
amor en vez de fortuna?
¡Oh, no faltaría alguno
de vuestra raza
altanera,
que os casabais os dijera
con el hijo de ninguno!
¡Por Dios, que tenéis razón!
¡Qué importa al tomar marido,
si os le dan con
apellido,
que os le den sin corazón!
ELVIRA Y ¿pensáis
que yo le tome?
¿Pensasteis que hablé por mí?
No; vuestro amor está aquí,
y las entrañas me come.
¿Me juzgáis tan altanera
que os negara mi
pasión
por un inútil blasón
que le dan hoy á
cualquiera?
Mal lo entendisteis,
¡por Dios!
Si corre ya el mundo
así,
¿por qué me culpáis á mí?
¿Podéis remediarlo vos?
PEDRO Perdón, señora, perdón;
lo que os he dicho no
sé,
pero es muy amargo, á
fe,
que tengáis tanta
razón.
Perdonad; tanto
tiempo ha
que no pienso en otra
cosa,
que una idea tan
odiosa
no cabe en mi mente
ya.
Cuando de Flandes
volví
(Con ternura.)
mal curado de mi
herida,
sólo por vos esta
vida
en conservar
consentí.
Cuando acudir á mi
Dios
los médicos me mandaban,
mis potencias se elevaban
no á los cielos, sino á vos.
Al porvenir me decían
mirase, y en aquel
punto
á vuestro bello
trasunto
mis sentidos atendían.
Si clavados en el cielo
mis ojos, por un instante
se inundaba mi
semblante
de esperanza y de
consuelo,
no era que blanca
visión
en su azul me sonreía,
erais vos, que yo os veía,
señora, en mi corazón.
¿Os acordáis?
ELVIRA
¡Sí me acuerdo!...
Fuera olvidarlo
morir;
mas pienso en el porvenir,
y en su inmensidad me pierdo.
Con tan hermosas visiones
doré mi vida, y en tanto
que fué para vos mi llanto,
para vos mis oraciones.
Mi vida ofrecía á Dios
en inspiración
cristiana,
mas nunca llegó
profana
hasta los cielos, por vos;
que hasta el cariño filial
con el vuestro
dividía,
pues de otro modo creía
que era emplearle muy mal.
Mas ¿quién creyera que ese hombre
que nos debía salvar,
nos viniera á condenar
ante la ley de su nombre?
PEDRO Tenéis razón, ¡vive Dios!
Mas pues no soy criminal,
yo solo en su tribunal
responderé por los dos.
ELVIRA ¿Qué
estáis diciendo?
PEDRO Hombre soy
sin derecho y sin
fortuna;
puede que el Rey
tenga alguna,
y á que me la preste voy.
ELVIRA ¿Eso pensáis?
PEDRO
Eso pienso.
ELVIRA ¡Por Dios, don Pedro!...
PEDRO Quitad.
ELVIRA Si es que
me amáis...
PEDRO Sí, en
verdad,
con amor insano,
inmenso.
No sé ya sin él
vivir;
mi alma el vuestro
necesita,
por eso á quien me le quita
se le he pensado pedir.
ELVIRA Vais á perderos; la ley,
por quien la hace ha
de fallar.
PEDRO Pues para reñir y amar
soy tan hombre como
el Rey.
Á su alcázar llegaré.
(El Marqués asoma á escuchar.)
ELVIRA Y subir no
os dejarán.
PEDRO Haré
frente.
ELVIRA Y os la harán.
PEDRO ¿Á mí?
ELVIRA Á vos.
PEDRO Le esperaré,
y una vez ha de salir,
y sea de día ó de noche,
salga á pie, á caballo, en coche,
¡voto á Dios que me ha de oir!
ELVIRA Os
apartarán.
PEDRO ¿Por qué?
ELVIRA Porque al Rey cedáis el paso.
PEDRO ¡Dios de
Dios! En ese caso,
como vil le mataré.
|