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José Zorrilla
Cada cual con su razón

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  • Acto tercero
    • ESCENA II
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ESCENA II

EL MARQUÉS sale de repente, dirigiéndose á D. PEDRO. Éste contesta como hombre resuelto á no ceder un punto de su opinión.

 

MARQUÉS ¡Regicida!

 

PEDRO                   Bien está:

 mi único bien es Elvira;

 quien contra mi bien conspira,

 vasallo ó Rey, morirá.

 

MARQUÉS ¡Qué estás diciendo, insensato!

 El labio insolente cierra;

 quien al Rey osa en la tierra,

 hace á Dios un desacato;

 y ni es noble ni español

 quien la vida le consiente.

 

PEDRO (Con ira.)

 Ved que habláis...

 

MARQUÉS (Interrumpiéndole.)

                                Con un demente

 que escupe sin juicio al sol.

 Don Pedro, si á tal ultraje

 fuereis capaz de atreveros,

 mientras viva Juan Cisneros

 hallaréis quien os atajo.

 Tal vez me tiembla la mano

 para defender mi honor,

 mas darála harto vigor

 el honor del Soberano.

 Lo dije: si os atrevéis

 crimen tamaño á intentar,

 por aquí habéis de pasar

 primero que al Rey lleguéis.

 

PEDRO Mi espada no tiene punta

 contra vuestro corazón,

 mas guardad vuestra opinión

 cuando nadie os la pregunta.

 Y permitidine advertir

 que no con qué derecho

 tutor mío os habéis hecho

 y me osáis reconvenir.

 

MARQUÉS Derecho tengo.

 

PEDRO                          No le hallo.

 

MARQUÉS ¿No halláis derecho en la ley

 que defender á su rey

 manda á todo buen vasallo?

 

PEDRO ¿Cómo, si sois tan leal,

 el Rey os llamó traidor?

 

MARQUÉS A informarse el Rey mejor,

 no me lo llamara tal.

 

PEDRO ¡Mas callasteis!

 

MARQUÉS                           Es quien es,

 y era fuerza consentillo.

 

PEDRO Os acordáis del castillo,

 y al león besáis los pies.

 

MARQUÉS Bien, don Pedro; en conclusión,

 al Rey os mando olvidar;

 ved que os lo puedo mandar

 con razón y sin razón.

 

PEDRO Ya os toleré demasiado,

 que tengo sangre española;

 con una condición sola

 me daré por obligado.

 

MARQUÉS Decid.

 

PEDRO             Amo á vuestra hija,

 y pues hay quien la deshonra,

 que fíe en alguien su honra

 y entro el Rey y yo que elija.

 

MARQUÉS ¡Tanta osadía me extraña!

 ¿Entre él y vos escoger?

 ¿Desde cuándo queréis ser

 igual con el Rey de España?

 

PEDRO Como ladrón de su honor,

 de noche el Rey ha venido;

 y más vale un mal marido

 que el mejor galanteador.

 

MARQUÉS Don Pedro, mientras yo viva,

 del Rey no ha de ser la dama;

 mas ya que su honra y su fama

 en la de su esposo estriba,

 aconséjoos que miréis,

 pues la pretendéis tan vano,

 al ofrecerla la mano

 el nombre que la ofrecéis.

 

PEDRO ¿Me insultáis?

 

MARQUÉS                        Una verdad

 no es un insulto, ¡por Dios!

 

PEDRO Y ¿quién sois, que tanto vos

 jugáis con mi vanidad?

 Cuando á la corte al venir

 aquí mi pie dirigieron,

 sin duda que bien supieron

 á quién ibais á admitir.

 Si eso fué por amistad,

 mi nombre no es un borrón;

 y si fué por compasión,

 nada os debo en realidad.

 Si soy noble ó soy villano

 no lo ; mas, caballero,

 tanto acosáis al cordero,

 que os ha de morder la mano.

 Yo no me igualo á mi Rey;

 mas Dios al crear los hombres

 no hizo distinción de nombres

 en la igualdad de su ley.

 

MARQUÉS Pues entendedlo mejor:

 si el Rey tan tirano fuera

 que á sus pueblos se atreviera

 en conciencia y en honor;

 si para su osada huella

 en el rincón mas obscuro

 no hubiera un honor seguro

 en casada ni en doncella;

 si por odio á sus vasallos

 tanto en ellos se ensañase,

 que á su coche les atase

 á la par con sus caballos,

 pudieran, sí, todos ellos

 toda su sangre agotar...,

 y vos no podéis tocar

 al menor de sus cabellos.

 

PEDRO Luego ¿vos sabéis quién soy?

 Decídmelo, pues, al punto.

 

MARQUÉS No.

 

PEDRO (Conteniéndose.)

          De modo os lo pregunto,

 que pruebas de humilde os doy.

 

MARQUÉS Don Pedro, no os lo diré.

 

PEDRO Mirad que si así el camino

 me cerráis de mi destino,

 cuando pueda tentaré.

 

MARQUÉS Todos los podéis tentar.

 

PEDRO Pues adiós.

 

MARQUÉS                    Quedad aquí.

 

PEDRO ¿Es mandar?

 

MARQUÉS                      Lo mando, sí.

 

PEDRO Y ¿quién sois para mandar?

 

MARQUÉS Escúchame, pues lo quieres,

 y después de mis razones

 desprecia mis opiniones,

 insensato, si pudieres.

 ¿Unas cartas no recibes

 en que consejos te dan?

 

PEDRO Sí.

 

MARQUÉS      Y con ellos, di, ¿no van

 los dineros con que vives?

 

PEDRO Sí.

 

MARQUÉS      Y en ocasión alguna,

 ¿oro ó carta te faltó?

PEDRO Nunca.

 

MARQUÉS              Y á quien tal te dió,

 ¿pesarále tu fortuna?

 

PEDRO No, ¡por Dios!

 

MARQUÉS                          ¿Tendrá derecho

 á exigir, por la existencia

 que te aguarda, tu obediencia?

 

PEDRO Y ¿quién por mí tanto ha hecho?

 ¿Quién de mí tanto curó?

 

MARQUÉS ¿Merece respeto?

 

PEDRO                              Sí;

 mas ¿Quién es? ¿Dónde está?

 

MARQUÉS                                                 Aquí.

 Don Pedro, ese hombre soy yo.

 

PEDRO ¡Vos...! Quién soy decidme pues.

 

MARQUÉS ¡Imposible!

 

PEDRO                    Pues mirad

 que secreto por mitad

 callado, secreto es.

 

MARQUÉS ¡Imposible!

 




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