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José Zorrilla
Cada cual con su razón

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  • Acto tercero
    • ESCENA IV
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ESCENA IV

EL MARQUÉS y DOÑA ELVIRA.

MARQUÉS                                         Y tú, hija mía,

 á salir de esta casa te apercibe;

 yo lidiaré con mi desdicha impía.

 

ELVIRA Padre, jamás.

 

MARQUÉS                        Mi bendición recibe:

 si oyes que presa de fatal fortuna

 por ti perdí la vida...

 

ELVIRA                                 Padre mío.

 vos me arrullasteis en hidalga cuna,

 no temo el porvenir, le desafío.

 Si al Rey le pesa que el perdón astuta

 yo le arrancara, y por vengarse infame

 me iguala con la torpe prostituta,

 que llame sus verdugos, que los llame.

 Por vos expuse mi virtud al vicio,

 por vos tal vez me llamarán liviana;

 iré, padre, con vos al sacrificio,

 y por entrambos doblarán mañana.

 Abrid, señor, las puertas y balcones,

 á afrontar su insolencia basto sola;

 que manche no temáis vuestros blasones;

 hija vuestra nací, nací española.

 

MARQUÉS Sí, ¡vive Dios! nacistes hija mía,

 bien lo muestran tu intento y tus palabras;

 pero joven aun, tu fantasía

 mengua el peligro, y tu peligro labras.

 ¡Ah! Tú eres una mísera ovejuela

 sin más armas que intentos inocentes:

 ¿qué ha de valerte tu infantil cautela

 contra el león que trae garras y dientes?

 

ELVIRA Pues huyamos los dos.

 

MARQUÉS                                     Es imposible.

 Tigre sin presa, cuanto ve devora.

 Se creyera el audaz irresistible...,

 ¡oh! y contará con lengua mofadora

 que en sus lazos caistes, que una noche,

 ciega de amor te recibió en sus brazos,

 que el suyo ansiando, te prestó su coche,

 donde tu limpio honor llevó en pedazos,

 que eres suya, y le aguardas amorosa

 en escondida quinta... ¡No, hija mía!

 Que encuentre presa, y que su sed impía

 sacie si quiere en sangre generosa.

 

ELVIRA Pues bien, padre, los dos nos quedaremos;

 duda no ha de dejar mi torpe fuga,

 porque el cendal en que el honor tenemos

 no admite mancha, ni vapor, ni arruga.

 

MARQUÉS A entrambos alcanzará su venganza.

 

ELVIRA Entonces, padre, en tan extrema hora

 matadme, sí, y acabe su esperanza,

 que sangre que liberta no desdora.

 

MARQUÉS ¡Tú, hija, morir! ¡Oh, no; partamos!

 

ELVIRA Al punto.

 

MARQUÉS                 Sí, dispón nuestra partida.

 

ELVIRA Pronto, padre, estará.

 

MARQUÉS                                    Ve que arriesgamos

 en cada instante nuestra pobre vida.

 




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