ESCENA V
EL MARQUÉS.
Sí, partiremos en la noche obscura,
y escondiendo al huir nuestras
facciones,
iremos como va por la
espesura
cuadrilla de rebeldes
ó ladrones.
Acaso al verse en su
ilusión burlado,
empañando la fe de los que huyeron,
«¡Seguidles por doquier, dirá irritado,
que á su patria y su Rey traidores fueron!»
(Pausa.)
¡Tal mancha sobre mí!
¡Oh! Y los que queden,
oyéndole ignorantes cortesanos
crédito dar á su despecho pueden,
y dirán sin razón: «Fueron villanos.»
No partiremos, ¡vive Dios!... ¡Elvira!...
(Llamando.)
Tente, viejo infeliz:
¿cómo dejarla
por el necio temor de
una mentira
en poder del que así podrá ultrajarla?
¡Oh! Partiremos. ¿Para tanta mengua,
en injusta prisión por tantos años,
su honor velando encadenó mi lengua?
¡Me excusara á
matarle tantos daños!
¿No pude hacerlo con
razón bastante?
¿No le encontré en los brazos de doña Ana?
¿Y no era, á fe, la ofensa del amante
igual con la vileza
soberana?
(Reportándose.)
Miento: ¡jamás! Si en
honra había nacido,
necia razón en mis
blasones hallo.
Robó mi amor, dejóme
envilecido;
mas obré cual debí,
que era el vasallo.
Partiremos, sí, ¡por
Dios!
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