| Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText |
| José Zorrilla Cada cual con su razón IntraText CT - Texto |
|
|
|
ESCENA PRIMERA DOÑA ELVIRA y DON PEDRO. PEDRO Decidme al menos su nombre.
ELVIRA No le debéis conocer.
PEDRO Y eso, ¿no es darme á entender que amáis, Elvira, á ese hombre?
ELVIRA Ya dije que es un secreto.
PEDRO Mas si el secreto no sé, ¿cómo de él me fiaré?
ELVIRA Por mi palabra sujeto. Yo os amo, don Pedro, á vos; mas creedme, y no os asombre, os juro á Dios que de ese hombre necesitamos los dos.
PEDRO No lo comprendo, señora; quién soy yo, dónde he nacido, quiénes mis padres han sido, estoy ignorando ahora. Vivo desde que nací acaso á merced ajena, sin que pudiera mi pena llegar á costumbre en mí. Siempre (¡inocente quizás!), tan negro destino lloro, mas cuando sé que os adoro no necesito yo más.
ELVIRA Don Pedro, sin freno vais buscando mi perdición.
PEDRO Me haréis perder la razón.
ELVIRA Nada de ese hombre temáis.
PEDRO ¿Que nada tema decís de un hombre que os enamora, cuando estoy viendo, señora, que favores le admitís?
ELVIRA ¡Hay, don Pedro, tal afán! Pues ¿yo misma no os lo digo? Puede ese hombre ser mi amigo; pero nunca mi galán.
PEDRO Y ¿cómo creeros puedo si sé que os habla de amor? No dudo de vuestro honor, mas tengo á su audacia miedo. Cuando os contemplo con él, Elvira, en conversación, me rebosa el corazón en lugar de sangre, hiel. Vos me lo habéis suplicado ante mí puesta de hinojos, y aunque es para darme enojos, con causa os habréis hallado. Pues tan liviana no os creo que para mentir mejor hicierais mi propio amor segundo con tal devaneo. Obedezco, lloro, y callo sentencias de vuestra boca, porque al fin sólo le toca obedecer al vasallo. Mas en causa tan sagrada, aun isiendo mi propio hermano, echara menos la mano el gavilán de mi espada.
ELVIRA Por medio, don Pedro, estoy en tan espinoso asunto, y os ruego que en él, ni un punto os olvidéis de quién soy.
PEDRO Eso solo me contiene, y si es fuerza que os lo diga, eso tan sólo me obliga á respetar al que viene. Que os juro que de otro modo, si en mi razón me fiara, en la calle le esperara atropellando por todo.
ELVIRA Bien; pues os vuelvo á advertir que en paz á ese hombre dejéis, y no más me preguntéis, que no os puedo más decir.
PEDRO No más os preguntaré pues tal es vuestra sentencia, mas si podrá mi paciencia tener á raya, no sé.
ELVIRA Cómo la tenéis mirad, que porque me importa mucho, al preveníroslo lucho con mi propia voluntad. Mandároslo no quisiera, mas á faltarme él ó vos, don Pedro, de entre los dos yo no sé á cuál eligiera.
PEDRO ¡Loco me habéis de volver! ¡No es, decís, vuestro galán, y evitáis con tanto afán cuanto le puede ofender! Que me adoráis me decís, y á vuestro amor siendo fiel, comparándome con él, que dudáis me prevenís. Decidme si podéis, pues, ¿es vuestro padre, señora?
ELVIRA No, por cierto.
PEDRO ¿Es en mal hora hermano?
ELVIRA No.
PEDRO Pues ¿quién es? ¿Debéisle tantos favores, vida, hacienda, honor quizás?...
ELVIRA No le debo á ese hombre más que penas y sinsabores.
PEDRO ¿Y le amáis?
ELVIRA No, le respeto.
PEDRO ¿Y el respeto solamente puede en vos...
ELVIRA Andad prudente, que tocáis en mi secreto.
PEDRO ¡Oh! Por cuanto sois y amáis, fiad el secreto en mí, que al depositarlo aquí, en un pozo lo enterráis.
ELVIRA Díjeos, don Pedro, que no.
PEDRO ¡Morir de celos me haréis!
ELVIRA De celos no os acordéis mientras os los guarde yo.
PEDRO Mas ved que es duro castigo para un amante, señora, ser, por secretos que ignora, de ajenas dichas testigo. Pensad lo cruel del tormento de esperar puesto en un potro, sabiendo que tiene otro entrada en vuestro aposento.
ELVIRA ¿En mi aposento? Eso no; reparad que jardín es.
PEDRO Para estar á vuestros pies por igual lo tengo yo. Y aun es peor, en verdad, que un techo de roble ó piedra, un banco de verde hiedra y un techo de obscuridad.
ELVIRA Callad ya, que me ofendéis; pues ¿con sospecha tan ruin á solas en mi jardín, que estáis conmigo no veis? Y si soy quien soy con vos, con quien á casarme voy, ¿dejaré de ser quien soy con quien odiamos los dos? Don Pedro, pensadlo bien, y no así, de celos loco, tengáis á una dama en poco sin razón y sin por quién.
PEDRO ¿Sin por quién? Pues ¿y ese hombre a quien vais á recibir?
ELVIRA Necio andáis en insistir, que nunca os dirá su nombre. Y escuchadme en conclusión, don Pedro, porque á fe mía que es ya larga esta porfía tenga ó no tenga razón. Yo os amo. ¿Qué más queréis? No hubo jamás hombre alguno que no me fuera importuno desque vos me conocéis. Si cansado de mi amor me dejarais inconstante, no fuera un claustro bastante para enterrar mi dolor. Por ello en el alma herida, olvidando al mismo cielo, osara en mi desconsuelo atentar contra mi vida. Mas es, don Pedro, preciso que á ese hombre reciba aquí, y ha de ser, don Pedro, así aunque importe el Paraíso. Mirad si causa tendré cuando así ante vos me humillo.
PEDRO Asombrado estoy de oillo, y aun no lo comprendo, á fe. ¿Que murierais me decís si yo os dejara de amar; eso debéis esperar, y sin embargo, insistís?
ELVIRA Eso esperar no debía; mas ya que desde hoy lo espero, espero en Dios, caballero, que os arrepintáis un día.
PEDRO ¡Mas lloráis!... Decidme al fin el secreto, y concluyamos.
ELVIRA Mirad, don Pedro, que estamos á solas en el jardín.
PEDRO ¡Oh, tanto dudar me ofende! ¿No puedo ayudaros yo en ese secreto?
ELVIRA No, que si se aclara se vende.
PEDRO ¡Señora!
ELVIRA Que desconfío de vos nunca imaginéis; quien le venda no seréis, seré yo, porque no es mío.
PEDRO Una palabra no más, y perdonádmela, Elvira: ¿desconfianza os inspira mi nacimiento quizás?
ELVIRA Don Pedro, yo en vos no amé la cuna en que habéis nacido; hidalgo os he conocido, siempre hidalgo os amaré. Cuando en mi antigua aflicción me hallasteis, de amor ajena, vos consolabais mi pena sin preguntar la razón. Nada vos sabéis de mí, ni de vos nada sé yo; puesto que no nos pesó, sigamos, don Pedro, así y retiraos.
PEDRO Adiós, señora, y ved lo que hacéis.
ELVIRA Lo que he resuelto sabéis.
REDRO Dios os guarde.
ELVIRA Va con vos. Inés, á don Pedro guía y cierra luego el portal. (Secreto triste y fatal que me pone en la agonía.) (Siéntase en el banco ocultando el rostro con sus manos con profunda agitación, mientras en el lado opuesto pasa aparte la segunda escena.)
|
Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText |
Best viewed with any browser at 800x600 or 768x1024 on Tablet PC IntraText® (V89) - Some rights reserved by EuloTech SRL - 1996-2007. Content in this page is licensed under a Creative Commons License |