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José Zorrilla
Cada cual con su razón

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  • Acto segundo
    • ESCENA PRIMERA
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ESCENA PRIMERA

EL MARQUÉS.

    La puerta vuelvo á cerrar.

 Santo Dios, ¡que entre hoy así

 como un ladrón, quien aquí

 como dueño puede entrar!

 En mis seis años de ausencia,

 con ella estuve soñando...

 Y estoy, ¡vive Dios! temblando

 de ponerme en su presencia!

 ¡Si ciega tras el placer

 corriendo, de mí olvidada,

 me tuviera avergonzada

 que salir á responder!

 ¡Si á los halagos de ese hombre

 al fin su virtud rendida,

 la encontrara envilecida

 indigna ya de su nombre!...

 ¡Oh, que vileza tamaña

 quepa en un alma Real!

 ¡Que obre villano tan mal

 todo un Monarca de España!

 ¿No debiera estar contento

 ¿quien me ha robado mi amor,

 que aun llega á mi propio honor

 con tan torpe atrevimiento?

 Mas es fuerza que me oculte

 si al cabo de obrar con tino,

 no sea que errando el camino,

 más luego le dificulte.

(Párase delante del gabinete de D. Elvira.)

 No, que el Rey puede tardar

 y acudir antes Elvira.

(Delante de las celosías.)

 A salvo de aquí se mira,

 pero no sé cómo entrar.

 Este pasadizo cierto,

 corresponde al corredor...

 mas el peligro es mayor

 si el corredor no está abierto.

(Delante de la puerta que da al exterior.)

 Da esta escalerá al jardín...

 Mas desde un balcón pudiera

 verme en el jardín cualquiera,

 y es vano el secreto al fin...

 ¡Pobre Elvira! ¡Elvira mía!

 ¡Cómo podrás suponer!

 que te venga á sorprender

 quien á abrazarte venía!

 Pobre niña encantadora,

 mitad de mi corazón,

 secretos del cielo son

 que el hombre imbécil ignora.

 ¡Oh cuántos años sin verte,

 hermosa luz de mis ojos,

 llamé, al son de los cerrojos,

 desesperado, á la muerte!

 Colmó mi temor por ti

 mis penas y mis desvelos,

 pero al fin, ¡viven los cielos,

 que de vuelta estoy aquí!

 Y ¡ay del que pudo á tu honor

 osar, niña abandonada!

 No me tendrá ya la espada

 el respeto ni el temor;

 ni me ha de arredrar la ley,

 que de ira y de celos loco,

 tendré, por mi honor, en poco

 á la justicia y al Rey.

 Mas ¡qué digo! ¡Loco estoy!

 ¿Yo á mi rey? Mas, si es preciso...

 No, que injuriarme no quiso,

 pues aun ignora quién soy.

(Mirando.)

 Alguno viene...; es Inés.

 ¡Dueña constante y leal,

 que tan amiga en el mal

 como en la fortuna es!

 De ella asegurarme quiero,

 que pues fiel aun la hallo aquí,

 que ha de hacer tanto por mí

 como por Elvira, infiero.

(Se retira á un lado.)

 




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