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José Zorrilla
Cada cual con su razón

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  • Acto tercero
    • ESCENA PRIMERA
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ESCENA PRIMERA

DOÑA ELVIRA y DON PEDRO.

PEDRO    ¿Yo, Elvira, quedarme aquí?

 No, imposible; iré con vos.

 

ELVIRA ¿Y eso podemos los dos?

 

PEDRO ¿Conque al cabo huís de mí?

 Nada os importa mi amor,

 ó al Rey teméis, según veo.

 

ELVIRA Y ¿qué hacer cuando el deseo

 es contrario del honor?

 De ese amor no hago querella,

 que sin vos no sé vivir;

 mas ¿cómo podéis seguir

 sin disfama á tina doncella?

 No soy vuestra esposa yo,

 y va mi padre conmigo...

 por galán ó por amigo,

 ¿creéis que os consienta? No.

 Igual ha de ser la ley

 de mi honor para los dos,

 y nunca ha de huir con vos

 quien huyendo va del Rey.

 

PEDRO Bien, Elvira; ya os comprendo,

 que con el Rey compararme

 es con decoro anunciarme

 que vais de don Pedro huyendo.

 Y si es así, hablad, Elvira,

 decídmelo de una vez,

 que hiere más mi altivez

 que un desaire, una mentira.

 

ELVIRA Demente estáis, y os perdono

 vuestro insulto.

 

PEDRO                          ¿Lo es quizás?

 

ELVIRA ¿No os dijo que tengo en más

 vuestro cariño que un trono?

 Mas ya oísteis que tachó

 mi conducta de liviana,

 y fuera mengua mañana

 que lo acreditara yo.

 

PEDRO ¿Y porque él no crea tal,

 yo sin vos me quedaré?

 Nunca, Elvira; os seguiré,

 que la ley es desigual.

 Él dudó de vuestra fama,

 robaros quiso el honor,

 y tratáis con más rigor

 que al que os ofende, al que os ama.

 Si no me quiere admitir

 vuestro padre como amigo,

 como importuno testigo

 doquiera os he de seguir.

 Y nada por vos me abate;

 iré como vuestro esclavo,

 y si á vuestro padre al cabo

 lo ofendo así, que me mate.

 

ELVIRA Don Pedro, ¿estáis delirando?

 ¿Qué desafueros son éstos?

 Para tan torpes denuestos

 ¿os he dado causa? ¿Cuándo?

 ¿No os amé como á mi vida?

 ¿No os dije que al exponerla,

 de perderos ó perderla

 la daba por bien perdida?

 Mi padre, ¿en qué os injurió?

 Del Rey temiendo el ultraje,

 prepara esta noche el viaje;

 ¿puedo impedírselo yo?

 ¿Contra el Rey ha de ponerse?

 A quien tan de alto pelea,

 no es ceder acción tan fea,

 que el huir es defenderse.

 Si vuestra suerte importuna

 de por medio se metió,

 no tengo la culpa yo,

 sino la mala fortuna.

 

PEDRO Pues bien: de hinojos, tenaz

 por esposa os pediré.

 

ELVIRA Y os lo negarán.

 

PEDRO                            ¿Por qué?

 

ELVIRA La conversación mudad.

 

PEDRO ¿Escucharla no queréis?

 

ELVIRA Dejadla, yo os lo aconsejo.

 

PEDRO Pues que os ofende, la dejo;

 mas la razón me diréis.

 Dadme al fin un desengaño;

 ¿no me amáis ya? Hablad, Elvira.

 Sois mujer... Si al aire gira

 la veleta, ¡no es extraño!

 Pero ¡lloráis, vive Dios!

 De misterios concluid,

 y quién estorba decid

 la ventura de los dos.

 

ELVIRA No lo preguntéis, don Pedro,

 ¡que habrá de pesaros mucho!

 

PEDRO No temáis, sereno escucho;

 de mi suerte no me arredro:

 decidlo.

 

ELVIRA               Fuera un baldón.

 

PEDRO Acabad.

 

ELVIRA                Vais á ofenderos.

 

PEDRO ¡Pronto!

 

ELVIRA (Con dignidad, pero sin altanería.)

                 Elvira de Cisneros

 me llamo.

 

PEDRO                  Tenéis razón.

 Por mucho amaros quizás,

 que os llamabais olvidé

 Cisneros y Santa-Fe,

 y yo don Pedro no más.

 ¡Tenéis razón! ¿Cómo osara

 alzarse hasta vos, señora,

 un vagabundo que ignora

 el padre que le engendrara?

 Nacida en hidalga cuna,

 ¿cómo pudierais tomar

 marido que os ha de dar

 amor en vez de fortuna?

 ¡Oh, no faltaría alguno

 de vuestra raza altanera,

 que os casabais os dijera

 con el hijo de ninguno!

 ¡Por Dios, que tenéis razón!

 ¡Qué importa al tomar marido,

 si os le dan con apellido,

 que os le den sin corazón!

 

ELVIRA Y ¿pensáis que yo le tome?

 ¿Pensasteis que hablé por mí?

 No; vuestro amor está aquí,

 y las entrañas me come.

 ¿Me juzgáis tan altanera

 que os negara mi pasión

 por un inútil blasón

 que le dan hoy á cualquiera?

 Mal lo entendisteis, ¡por Dios!

 Si corre ya el mundo así,

 ¿por qué me culpáis á mí?

 ¿Podéis remediarlo vos?

PEDRO Perdón, señora, perdón;

 lo que os he dicho no sé,

 pero es muy amargo, á fe,

 que tengáis tanta razón.

 Perdonad; tanto tiempo ha

 que no pienso en otra cosa,

 que una idea tan odiosa

 no cabe en mi mente ya.

 Cuando de Flandes volví

(Con ternura.)

 mal curado de mi herida,

 sólo por vos esta vida

 en conservar consentí.

 Cuando acudir á mi Dios

 los médicos me mandaban,

 mis potencias se elevaban

 no á los cielos, sino á vos.

 Al porvenir me decían

 mirase, y en aquel punto

 á vuestro bello trasunto

 mis sentidos atendían.

 Si clavados en el cielo

 mis ojos, por un instante

 se inundaba mi semblante

 de esperanza y de consuelo,

 no era que blanca visión

 en su azul me sonreía,

 erais vos, que yo os veía,

 señora, en mi corazón.

 ¿Os acordáis?

 

ELVIRA                        ¡Sí me acuerdo!...

 Fuera olvidarlo morir;

 mas pienso en el porvenir,

 y en su inmensidad me pierdo.

 Con tan hermosas visiones

 doré mi vida, y en tanto

 que fué para vos mi llanto,

 para vos mis oraciones.

 Mi vida ofrecía á Dios

 en inspiración cristiana,

 mas nunca llegó profana

 hasta los cielos, por vos;

 que hasta el cariño filial

 con el vuestro dividía,

 pues de otro modo creía

 que era emplearle muy mal.

 Mas ¿quién creyera que ese hombre

 que nos debía salvar,

 nos viniera á condenar

 ante la ley de su nombre?

 

PEDRO Tenéis razón, ¡vive Dios!

 Mas pues no soy criminal,

 yo solo en su tribunal

 responderé por los dos.

 

ELVIRA ¿Qué estáis diciendo?

 

PEDRO                                    Hombre soy

 sin derecho y sin fortuna;

 puede que el Rey tenga alguna,

 y á que me la preste voy.

 

ELVIRA ¿Eso pensáis?

 

PEDRO                        Eso pienso.

 

ELVIRA ¡Por Dios, don Pedro!...

 

PEDRO                                        Quitad.

 

ELVIRA Si es que me amáis...

 

PEDRO                                   Sí, en verdad,

 con amor insano, inmenso.

 No sé ya sin él vivir;

 mi alma el vuestro necesita,

 por eso á quien me le quita

 se le he pensado pedir.

 

ELVIRA Vais á perderos; la ley,

 por quien la hace ha de fallar.

 

PEDRO Pues para reñir y amar

 soy tan hombre como el Rey.

 Á su alcázar llegaré.

(El Marqués asoma á escuchar.)

 

ELVIRA Y subir no os dejarán.

 

PEDRO Haré frente.

 

ELVIRA                     Y os la harán.

 

PEDRO ¿Á mí?

 

ELVIRA              Á vos.

 

PEDRO                         Le esperaré,

 y una vez ha de salir,

 y sea de día ó de noche,

 salga á pie, á caballo, en coche,

 ¡voto á Dios que me ha de oir!

 

ELVIRA Os apartarán.

 

PEDRO                       ¿Por qué?

 

ELVIRA Porque al Rey cedáis el paso.

 

PEDRO ¡Dios de Dios! En ese caso,

 como vil le mataré.

 




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