Escena II
EL GENIO DE LA PAZ. EL DE LA GUERRA. Sus GENIOS.
EL GENIO DE LA GUERRA
(Saliendo de repente)
Será, mujer imbécil,
mi palacio;
y el campo, despojado
de verdura,
circo será de
suficiente espacio
donde ensayarme en la
pelea dura.
Y si el suelo a
brotar está reacio
de sus olmos y robles
la espesura,
al riego del sudor de mis corceles
lo poblaré de bosques de laureles.
¿Qué falta nos hará tu vil descanso?
¿Qué valen tus pacíficos primores,
ni qué importa la orilla de un remanso
cercar de huesos o de breves flores?
¿Qué más da que repita el aire manso
tus himnos o el doblar de mis tambores?
¿Por qué han más de valer tus torpes vicios
que mis nobles y ardientes ejercicios?
Tú, ¿qué has creado? Imbéciles varones
que consumen su vida en dictar leyes,
que hacen desesperar a las naciones,
y acudir a las armas a los reyes;
y al fin de sus discursos baladrones,
cuando han uncido para arar los bueyes,
que es fuerza ven,
para guardar su tierra,
uncirlos en el carro de la guerra.
Para venir a tales resultados,
no sé por qué la tierra dividida
entrambos ha de estar; pues tus estados
por mí te tienen siempre defendida,
y tu prez y valor son mis soldados,
y mis bravos ejércitos tu vida;
protegida es igual que encarcelada;
quédate, pues, a mi
laurel atada.
EL GENIO DE LA PAZ
Genio de sangre y mortandad sediento,
si guarda aún tu
corazón de roca,
de compasión un solo
sentimiento,
una súplica atiende
de mi boca.
EL GENIO DE LA GUERRA
Templo es mi pecho del altivo aliento
que mantener al
vencedor le toca;
habla, y si ves que
con orgullo escucho,
ve que en oirte sólo,
aun hago mucho.
EL GENIO DE LA PAZ
Oye un instante, pues: en una punta
de esa altanera
tierra, de la Europa,
una noble nación hay,
que se junta
contra sí misma en
iracunda tropa.
Diez años dormí allí
casi difunta,
del regio manto en la
rasgada ropa,
y diez años guardé con pobres leyes
el combatido solio de sus reyes.
Diez años son de llanto y de amargura,
en abandono y soledad pasados,
mas diez años que llevo por ventura
en mi memoria y corazón grabados;
y con tan honda y maternal ternura
me aduermo en sus recuerdos encantados,
que me holgara en yacer en aquel suelo
que con tan puro azul cobija el cielo.
Pon mi cárcel
allí, será mi trono:
señálame en su
centro, en breve espacio,
mansión, y el
universo te abandono,
por si te ves al fin
de sangre sacio.
No más entre los dos lucha ni encono;
en pocos pies de tierra, mi palacio
tendré, y bajo tus leyes, de exterminio
tendrás al universo en tu dominio.
Esto conviene más
a tu bravura
y al excelso esplendor de tu corona,
que dar en tal mansión cárcel obscura
a una pobre y pacífica matrona.
EL GENIO DE LA GUERRA
Bien merece un rincón por sepultura
quien todo el
universo me abandona;
mas, veamos, ¿cuál es la tierra extraña
do ese rincón anhelas?
EL GENIO DE LA PAZ Es España.
EL GENIO DE LA GUERRA
¡España!
EL GENIO DE LA
PAZ Sí; que en su feraz
terreno
revientan las espigas entre flores,
y de sus valles el sombrío ameno
orea con purísimos olores,
en amarillas chozas, lechos de heno
que acunaron del mundo a los señores.
España, sí, donde a la par se anida
el germen del honor y de la vida.
Allí es sufrida la briosa gente;
allí el pueblo es leal,
sobrio y sencillo;
allí segura la
amistad no miente,
no ciega allí del oro
el falso brillo;
allí se escucha la
vejez prudente;
allí ase el mozo a
par espada o trillo,
y allí, según que la ocasión requiere,
se vive labrador y héroe se muere.
Hartos siglos en guerras desastrosas,
allí siguieron tu sangriento carro,
y tuvieron sedientos sus sabrosas
aguas que serenar en rojo barro.
Déjame, pues, que las marchitas rosas
fecundice otra vez del fresco Darro,
y el son alegre de tranquila zambra
a encantar los patios de la Alhambra.
EL GENIO DE LA GUERRA
Ten esa lengua, y que jamás me pida
lo que jamás me
comprarán tesoros.
Pidiérasme la Italia
corrompida,
que alza a su
esclavitud himnos sonoros;
pidiérasme la Grecia
empobrecida,
las tostadas arenas
de los Moros,
y cuanto el mar sobre
la Europa baña,
antes que un pie de
la atrevida España.
Allí nace el varón constante y fiero;
allí nace el soldado vigoroso;
allí se forja
irresistible acero,
y allí se cría el
bruto poderoso
qué saca del combate
al caballero,
o da con él su
aliento generoso;
y allí mueren invictos capitanes
los que nacieron rústicos jayanes.
¿Darte la España yo? Nunca; sería
cederte imbécil el
mejor pedazo
de mi solio imperial,
preferiría
sentir sin fuerzas mi
potente brazo
y sin fe el corazón,
mejor querría
trocar por una rueca
o un cedazo
la ponderosa lanza, y entre flores
presa yacer de estúpidos amores.
No; mi esclava serás. Yace aquí
sola,
mientras yo con mis fieros españoles
conquistaré la mar ola tras ola,
la tierra ganaré soles a soles.
EL GENIO DE LA
PAZ ¿Y qué esa raza logrará española,
cuando con ella el universo asoles?
EL GENIO DE LA GUERRA Sus huesos formarán una montaña
donde clavemos el pendón de España.
Allí roto jirón, mas siempre
honrado,
cuando la noche con
sus velos ciña
los ámbitos del mundo
desolado,
derramará la luz por
la campiña;
y al abrirse el
Oriente purpurado,
espantará las aves de
rapiña
que a guarecerse de
él habrán venido
con corvo vuelo y
gutural graznido.
¡Sus, pues, ¡oh genios de la Guerra hermanos!
nuestro alcázar obscuro abandonemos!
¡Sus, y en los corazones castellanos
de las lides el vértigo soplemos!
Sangre goteen nuestras rojas manos;
y pues cautiva ya la Paz tenemos,
libres volad, ¡oh genios de la Guerra!
y en España caed: nuestra es la tierra.
(Vase el GENIO DE LA
GUERRA seguido de los que han atado al de la PAZ y de los que han salido con
él, al ruido de música marcial que se pierde a lo lejos)
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