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José Zorrilla
La oliva y el laurel

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Escena II

EL GENIO DE LA PAZ. EL DE LA GUERRA. Sus GENIOS.

 

EL GENIO DE LA GUERRA

(Saliendo de repente)

    Será, mujer imbécil, mi palacio;

 y el campo, despojado de verdura,

 circo será de suficiente espacio

 donde ensayarme en la pelea dura.

 Y si el suelo a brotar está reacio

 de sus olmos y robles la espesura,

 al riego del sudor de mis corceles

 lo poblaré de bosques de laureles.

    ¿Qué falta nos hará tu vil descanso?

 ¿Qué valen tus pacíficos primores,

 ni qué importa la orilla de un remanso

 cercar de huesos o de breves flores?

 ¿Qué más da que repita el aire manso

 tus himnos o el doblar de mis tambores?

 ¿Por qué han más de valer tus torpes vicios

 que mis nobles y ardientes ejercicios?

    Tú, ¿qué has creado? Imbéciles varones

 que consumen su vida en dictar leyes,

 que hacen desesperar a las naciones,

 y acudir a las armas a los reyes;

 y al fin de sus discursos baladrones,

 cuando han uncido para arar los bueyes,

 que es fuerza ven, para guardar su tierra,

 uncirlos en el carro de la guerra.

    Para venir a tales resultados,

 no por qué la tierra dividida

 entrambos ha de estar; pues tus estados

 por mí te tienen siempre defendida,

 y tu prez y valor son mis soldados,

 y mis bravos ejércitos tu vida;

 protegida es igual que encarcelada;

 quédate, pues, a mi laurel atada.

 

EL GENIO DE LA PAZ    Genio de sangre y mortandad sediento,

 si guarda aún tu corazón de roca,

 de compasión un solo sentimiento,

 una súplica atiende de mi boca.

 

EL GENIO DE LA GUERRA    Templo es mi pecho del altivo aliento

 que mantener al vencedor le toca;

 habla, y si ves que con orgullo escucho,

 ve que en oirte sólo, aun hago mucho.

 

EL GENIO DE LA PAZ    Oye un instante, pues: en una punta

 de esa altanera tierra, de la Europa,

 una noble nación hay, que se junta

 contra sí misma en iracunda tropa.

 Diez años dormí allí casi difunta,

 del regio manto en la rasgada ropa,

 y diez años guardé con pobres leyes

 el combatido solio de sus reyes.

    Diez años son de llanto y de amargura,

 en abandono y soledad pasados,

 mas diez años que llevo por ventura

 en mi memoria y corazón grabados;

 y con tan honda y maternal ternura

 me aduermo en sus recuerdos encantados,

 que me holgara en yacer en aquel suelo

 que con tan puro azul cobija el cielo.

    Pon mi cárcel allí, será mi trono:

 señálame en su centro, en breve espacio,

 mansión, y el universo te abandono,

 por si te ves al fin de sangre sacio.

 No más entre los dos lucha ni encono;

 en pocos pies de tierra, mi palacio

 tendré, y bajo tus leyes, de exterminio

 tendrás al universo en tu dominio.

    Esto conviene más a tu bravura

 y al excelso esplendor de tu corona,

 que dar en tal mansión cárcel obscura

 a una pobre y pacífica matrona.

 

EL GENIO DE LA GUERRA    Bien merece un rincón por sepultura

 quien todo el universo me abandona;

 mas, veamos, ¿cuál es la tierra extraña

 do ese rincón anhelas?

 

EL GENIO DE LA PAZ                                   Es España.

 

EL GENIO DE LA GUERRA    ¡España!

 

EL GENIO DE LA PAZ              Sí; que en su feraz terreno

 revientan las espigas entre flores,

 y de sus valles el sombrío ameno

 orea con purísimos olores,

 en amarillas chozas, lechos de heno

 que acunaron del mundo a los señores.

 España, sí, donde a la par se anida

 el germen del honor y de la vida.

    Allí es sufrida la briosa gente;

 allí el pueblo es leal, sobrio y sencillo;

 allí segura la amistad no miente,

 no ciega allí del oro el falso brillo;

 allí se escucha la vejez prudente;

 allí ase el mozo a par espada o trillo,

 y allí, según que la ocasión requiere,

 se vive labrador y héroe se muere.

    Hartos siglos en guerras desastrosas,

 allí siguieron tu sangriento carro,

 y tuvieron sedientos sus sabrosas

 aguas que serenar en rojo barro.

 Déjame, pues, que las marchitas rosas

 fecundice otra vez del fresco Darro,

 y el son alegre de tranquila zambra

 a encantar los patios de la Alhambra.

 

EL GENIO DE LA GUERRA    Ten esa lengua, y que jamás me pida

 lo que jamás me comprarán tesoros.

 Pidiérasme la Italia corrompida,

 que alza a su esclavitud himnos sonoros;

 pidiérasme la Grecia empobrecida,

 las tostadas arenas de los Moros,

 y cuanto el mar sobre la Europa baña,

 antes que un pie de la atrevida España.

    Allí nace el varón constante y fiero;

 allí nace el soldado vigoroso;

 allí se forja irresistible acero,

 y allí se cría el bruto poderoso

 qué saca del combate al caballero,

 o da con él su aliento generoso;

 y allí mueren invictos capitanes

 los que nacieron rústicos jayanes.

    ¿Darte la España yo? Nunca; sería

 cederte imbécil el mejor pedazo

 de mi solio imperial, preferiría

 sentir sin fuerzas mi potente brazo

 y sin fe el corazón, mejor querría

 trocar por una rueca o un cedazo

 la ponderosa lanza, y entre flores

 presa yacer de estúpidos amores.

    No; mi esclava serás. Yace aquí sola,

 mientras yo con mis fieros españoles

 conquistaré la mar ola tras ola,

 la tierra ganaré soles a soles.

 

EL GENIO DE LA PAZ ¿Y qué esa raza logrará española,

 cuando con ella el universo asoles?

 

EL GENIO DE LA GUERRA Sus huesos formarán una montaña

 donde clavemos el pendón de España.

    Allí roto jirón, mas siempre honrado,

 cuando la noche con sus velos ciña

 los ámbitos del mundo desolado,

 derramará la luz por la campiña;

 y al abrirse el Oriente purpurado,

 espantará las aves de rapiña

 que a guarecerse de él habrán venido

 con corvo vuelo y gutural graznido.

    ¡Sus, pues, ¡oh genios de la Guerra hermanos!

 nuestro alcázar obscuro abandonemos!

 ¡Sus, y en los corazones castellanos

 de las lides el vértigo soplemos!

 Sangre goteen nuestras rojas manos;

 y pues cautiva ya la Paz tenemos,

 libres volad, ¡oh genios de la Guerra!

 y en España caed: nuestra es la tierra.

 

(Vase el GENIO DE LA GUERRA seguido de los que han atado al de la PAZ y de los que han salido con él, al ruido de música marcial que se pierde a lo lejos)

 




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