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José Zorrilla
La oliva y el laurel

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ESCENA VI

EL GENIO DE LA PAZ. EL TIEMPO. LA BUENA FE. ECO, oculta. EL GENIO DE LA GUERRA, seguido de los otros genios secuaces suyos.

 

EL GENIO DE LA GUERRA Así que vuestros gritos de victoria

 la cavidad de mi recinto atruenen,

 y las hojas del árbol de mi gloria

 a vuestra voz estremecidas suenen.

 Tejedme de laurel doble corona,

 cuya sacra verdura inmarcesible

 hasta el rayo de Júpiter perdona,

 prestándonos valor irresistible.

 Lejos de aquí las de aromosos ramos

 del arrayán de Venus, que cautiva

 de amor el corazón; nunca ciñamos

 encina verde ni jugosa oliva.

 El laurel nada más, que es lo que toca

 a quien con su valor domó la tierra;

 laurel que arraiga en la escarpada roca

 al dintel del alcázar de la guerra.

 Y tú de serenatas y festines

 Genio entre la molicie envilecido,

 yace ahí, mientras tienen mis clarines

 el aire de tu España ensordecido.

 Yace mientras agita la discordia

 su fiera población: llorando queda,

 mientras caen tus olivas de concordia

 de mi carro triunfal bajo la rueda.

 

ECO                                                       Rueda.

 

EL GENIO DE LA GUERRA ¿Quién remeda mi voz bajo ese hueco?

 

ECO                                                            Eco.

 

EL GENIO DE LA GUERRA Esa audacia ¡por Hércules! me admira.

 

ECO                                                            Mira.

 

EL GENIO DE LA GUERRA Arrastrad a mis plantas a quien sea.

 

ECO                                                      Sea.

(Los genios sacan a LA NINFA ECO)

 

EL GENIO DE LA GUERRA ¿Quién eres tú?

 

ECO                        De hoy mas, soy tu cautiva.

 El eco soy de la infeliz España,

 a quien traen tus combates fugitiva

 de montaña en montaña.

 

EL GENIO DE LA GUERRA Y ¿quién te trajo aquí?

 

ECO                                   Mi pie extraviado.

 

EL GENIO DE LA GUERRA Reconozco la mano del destino

 que me quiere dejar de ti vengado.

 Yo por los campos con afán corría

 de España; a lid sus pueblos convocaba,

 y tan sólo mi voz se obedecía

 en el círculo escaso en que sonaba.

 Y ¿eras tú quién mi voz entorpecía

 porque mi ronca voz te amedrentaba,

 porque tu eco mi voz no repetía

 y en tus mudas cavernas expiraba?

 Pues bien: de tu traición y tu malicia

 el vengarme a mi vez será justicia.

 Atadla allí también con nudo recio,

 y que mueran las dos.

 

LA BUENA FE                                  Son dos mujeres,

 señor.

 

EL GENIO DE LA GUERRA          ¿Otro extranjero? Y ¿tú, quién eres?

 

LA BUENA FE Yo... soy... la Buena Fe.

 

EL GENIO DE LA GUERRA                                      Por eso, necio,

 perdón para los otros solicitas

 cuando al par para ti lo necesitas,

 pues que las tiende tu amistad la mano.

 

LA BUENA FE Es cierto; yo jamás mentí villano.

 

EL GENIO DE LA GUERRA Bien: pagaréis los tres al mismo precio;

 mueran sin compasión.

 

EL TIEMPO                                   Tente, tirano.

 

EL GENIO DE LA GUERRA ¡Fuera, estúpido viejo! Aparta ahora,

 y cuenta sus instantes postrimeros.

 

EL TIEMPO ¿Ni aun, tu ira calma la mujer que llora?

 ¿Qué te harán esos pobres prisioneros?

 ¿Rendidos no los ves bajo tu planta?

 ¿Qué podrán estorbarte, si les dejas

 con el dogal atado en la garganta?

 

EL GENIO DE LA GUERRA Excusa, anciano, impertinentes quejas;

 mis enemigos son, y si que vivan

 dejo, y te imitan en tu porte ambiguo,

 tal vez mañana libertad reciban

 vuelvan otra vez al daño antiguo.

 

EL TIEMPO Escucha, pues.

 

EL GENIO DE LA GUERRA                       Aparta; nada escucho.

 

EL TIEMPO Repara que es el tiempo poderoso.

 

EL GENIO DE LA GUERRA ¿Quién más que yo?

 

EL TIEMPO                                Quien menos orgulloso,

 

 blasona poco, pero alcanza mucho.

 

EL GENIO DE LA GUERRA Inútil bravear. Yo sólo quiero

 el orbe dominar, y a España toda

 de mi parte tener, que al orbe entero

 prefiero el germen de su sangre goda;

 sí, este sol de la Paz es el postrero.

 

EL TIEMPO Piénsalo bien y al tiempo te acomoda.

 

EL GENIO DE LA GUERRA Quiero ser solo, y morirá sin duda,

 por más que el tiempo a su socorro acuda.

 

EL TIEMPO Mira que avanza de su triunfo el día.

 

EL GENIO DE LA GUERRA Su triunfo a detener, basta mi mano.

 

EL TIEMPO Puede esa arena acelerar la mía.

 

EL GENIO DE LA GUERRA No; caer debe hasta el postrero grano,

 y quedan los de un año todavía.

 

EL TIEMPO Tal vez no.

 

EL GENIO DE LA GUERRA                 ¿Me provocas?

 

EL TIEMPO                                        La cabeza

 respeta de la Paz.

 

EL GENIO DE LA GUERRA                            Ruegas en vano.

 

EL TIEMPO No puedo con tan torpe villanía;

 ríndeme vil tu bárbara fiereza:

 suprimo ese año en que tu rabia fía;

 mira, EL REINADO DE ISABEL EMPIEZA.

 

(EL TIEMPO vuelve su reloj de arena)

 




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