ESCENA VI
EL GENIO DE LA PAZ. EL
TIEMPO. LA BUENA FE. ECO, oculta. EL
GENIO DE LA GUERRA, seguido de los otros
genios secuaces suyos.
EL GENIO DE LA
GUERRA Así que vuestros gritos de victoria
la cavidad de mi recinto atruenen,
y las hojas del árbol
de mi gloria
a vuestra voz estremecidas
suenen.
Tejedme de laurel
doble corona,
cuya sacra verdura
inmarcesible
hasta el rayo de
Júpiter perdona,
prestándonos valor irresistible.
Lejos de aquí las de aromosos ramos
del arrayán de Venus, que cautiva
de amor el corazón; nunca ciñamos
encina verde ni
jugosa oliva.
El laurel nada más,
que es lo que toca
a quien con su valor
domó la tierra;
laurel que arraiga en
la escarpada roca
al dintel del alcázar
de la guerra.
Y tú de serenatas y festines
Genio entre la molicie envilecido,
yace ahí, mientras tienen mis clarines
el aire de tu España ensordecido.
Yace mientras agita la discordia
su fiera población:
llorando queda,
mientras caen tus olivas de concordia
de mi carro triunfal bajo la rueda.
ECO Rueda.
EL GENIO DE LA GUERRA ¿Quién remeda mi voz bajo ese hueco?
ECO
Eco.
EL GENIO DE LA GUERRA Esa audacia ¡por Hércules! me admira.
ECO Mira.
EL GENIO DE LA GUERRA Arrastrad a mis plantas a quien sea.
ECO
Sea.
(Los genios sacan a LA
NINFA ECO)
EL GENIO DE LA GUERRA ¿Quién eres tú?
ECO
De hoy mas, soy tu cautiva.
El eco soy de la
infeliz España,
a quien traen tus combates fugitiva
de montaña en montaña.
EL GENIO DE LA
GUERRA Y ¿quién te trajo aquí?
ECO Mi pie extraviado.
EL GENIO DE LA GUERRA Reconozco la mano del destino
que me quiere dejar
de ti vengado.
Yo por los campos con
afán corría
de España; a lid sus
pueblos convocaba,
y tan sólo mi voz se
obedecía
en el círculo escaso
en que sonaba.
Y ¿eras tú quién mi
voz entorpecía
porque mi ronca voz
te amedrentaba,
porque tu eco mi voz
no repetía
y en tus mudas cavernas expiraba?
Pues bien: de tu traición y tu malicia
el vengarme a mi vez será justicia.
Atadla allí también
con nudo recio,
y que mueran las dos.
LA BUENA FE Son dos
mujeres,
señor.
EL GENIO DE LA GUERRA ¿Otro extranjero? Y ¿tú, quién eres?
LA BUENA FE Yo... soy... la Buena Fe.
EL GENIO DE LA GUERRA Por eso, necio,
perdón para los otros
solicitas
cuando al par para ti
lo necesitas,
pues que las tiende tu amistad la mano.
LA BUENA FE Es cierto; yo jamás mentí villano.
EL GENIO DE LA GUERRA Bien: pagaréis los tres al mismo precio;
mueran sin compasión.
EL TIEMPO Tente,
tirano.
EL GENIO DE LA GUERRA ¡Fuera, estúpido viejo! Aparta ahora,
y cuenta sus instantes postrimeros.
EL TIEMPO ¿Ni aun, tu ira calma la mujer que llora?
¿Qué te harán esos pobres prisioneros?
¿Rendidos no los ves bajo tu planta?
¿Qué podrán estorbarte, si les dejas
con el dogal atado en la garganta?
EL GENIO DE LA GUERRA Excusa, anciano, impertinentes quejas;
mis enemigos son, y si que vivan
dejo, y te imitan en tu porte ambiguo,
tal vez mañana libertad reciban
vuelvan otra vez al
daño antiguo.
EL TIEMPO Escucha, pues.
EL GENIO DE LA GUERRA Aparta; nada escucho.
EL TIEMPO Repara que es el tiempo poderoso.
EL GENIO DE LA GUERRA ¿Quién más que yo?
EL TIEMPO Quien menos
orgulloso,
blasona poco, pero
alcanza mucho.
EL GENIO DE LA GUERRA Inútil bravear. Yo sólo quiero
el orbe dominar, y a
España toda
de mi parte tener,
que al orbe entero
prefiero el germen de
su sangre goda;
sí, este sol de la Paz es el postrero.
EL TIEMPO Piénsalo bien y al tiempo te acomoda.
EL GENIO DE LA GUERRA Quiero ser solo, y morirá sin duda,
por más que el tiempo
a su socorro acuda.
EL TIEMPO Mira que avanza de su triunfo el día.
EL GENIO DE LA GUERRA Su triunfo a detener, basta mi mano.
EL TIEMPO Puede esa arena acelerar la mía.
EL GENIO DE LA GUERRA No; caer debe hasta el postrero grano,
y quedan los de un año todavía.
EL TIEMPO Tal vez no.
EL GENIO DE LA GUERRA ¿Me provocas?
EL TIEMPO La
cabeza
respeta de la Paz.
EL GENIO DE LA GUERRA Ruegas en vano.
EL TIEMPO No puedo con tan torpe villanía;
ríndeme vil tu
bárbara fiereza:
suprimo ese año en
que tu rabia fía;
mira, EL REINADO DE
ISABEL EMPIEZA.
(EL TIEMPO vuelve su
reloj de arena)
|