ESCENA ÚLTIMA
Cambia la decoración
en deliciosos jardines en el alcázar de la Paz. El laurel a que ésta se halla
atada, se cambia en una oliva, y abriéndose en el fondo un vistoso grupo de
vapores, aparece el retrato de S. M, D. Isabel II, con cetro y corona.
EL GENIO DE LA PAZ
Genio de sangre y lides nunca sacio,
dobla a mis plantas
la cerviz altiva.
EL GENIO DE LA GUERRA ¿Qué es esto? ¿Dónde estoy?
EL GENIO DE LA PAZ
En mi palacio.
EL GENIO DE LA GUERRA ¿Qué árbol es éste?
EL GENIO DE LA PAZ De la Paz la
oliva.
EL GENIO DE LA GUERRA ¡Cielos!
EL GENIO DE LA PAZ Pasó de un punto en el espacio,
a ser señora la que
fue cautiva.
EL GENIO DE LA GUERRA ¿Y ese esplendor que tu palacio
inunda?
EL GENIO DE LA PAZ Es la sonrisa de Isabel segunda.
EL TIEMPO Es Isabel, quien tu furor confunde,
quien tu brazo rindió
jamás vencido,
quien las delicias de
la paz difunde
desde el augusto
solio a que ha subido.
Esa es por quien mi
mano un año hunde
en la lóbrega sima
del olvido,
librando así de tu
sangrienta saña
la dulce paz de la
turbada España.
EL GENIO DE LA GUERRA Sí, me rinde la luz de su semblante:
su tierna edad y su
inocencia pura
esclavizan mi
espíritu arrogante,
que esclavo es el
valor de la hermosura.
Ruede a sus pies mi
escudo rutilante,
caiga rota a sus pies
mi lanza dura:
sépase al fin que en la española tierra
sabe ceder a la razón la guerra.
EL TIEMPO Y yo el
tiempo a los dos sabré marcar
y entre los dos igual le partiré.
Yo sabré tu laurel inmarchitar,
yo tu oliva feraz secundaré.
Yo sabré tu valor utilizar,
yo tus frutos doquier propagaré,
y ambos a dos unidos, su cerviz
podrá España elevar libre y feliz.
(LA PAZ y LA GUERRA se dan la mano)
EL GENIO DE LA
PAZ Yo llenaré sus campos de verdor;
yo cubriré de naves su ancha mar;
yo inspiraré a los vicios noble horror;
yo haré la ciencia y el trabajo amar;
yo a la ley y a las artes daré honor,
yo haré la religión con fe mirar;
yo haré de España, con el tiempo, en fin,
de gloria y de placer, templo y jardín.
EL GENIO DE LA GUERRA Yo guardaré su campo al labrador;
yo haré sus leyes santas respetar;
yo daré a sus ejércitos valor;
yo les haré vencer en tierra y mar;
yo con mi escudo guardaré su honor;
yo haré el nombre español reverenciar;
y su rojo pendón llevaré, en fin,
de uno en otro recóndito confín.
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