Escena II
EL MONJE y
THEUDIA embozado.
THEUDIA
Gracias.
ERMITAÑO
Mas ¿quién se guarece
de esta choza?
THEUDIA
Un caballero.
(Entra THEUDIA y se desemboza. Quedan mirándose un momento.)
Sorprendido os hais quedado.
¿Qué es lo que tenéis, buen hombre?
ERMITAÑO Y ¿no
queréis que me asombre
de que hayáis aquí llegado?
THEUDIA En verdad
que es aprensión
tener, como una cigüeña,
en la punta de esta
peña
un hombre su habitación.
ERMITAÑO Mis
votos me retrajeron
á esta triste soledad.
THEUDIA. ¡Monje
sois! ¡Oh, perdonad
mis palabras si os pudieron
ofender!
ERMITAÑO
No, en modo alguno.
Acogíme á esta
montaña
sin creer que gente
extraña
me hallara en tiempo
ninguno.
THEUDIA Si os estorbo...
ERMITAÑO (Interrumpiéndole)
Aparte Dios
tal pensamiento de
mí.
Contento os tendré yo
aquí
como estéis contento
vos.
THEUDIA Yo estaré siempre contento,
que mil noches he
pasado
peor
acondicionado
en mitad del
campamento.
ERMITAÑO ¿Soldado sois?
THEUDIA Helo sido,
porque salí de mi tierra.
ERMITAÑO ¿Os cansaba ya la guerra?
THEUDIA No; pero nos han vencido,
merced á infames traidores,
y evito la suerte, huyendo
de vivir esclavo siendo
de mis fieros vencedores.
ERMITAÑO Mas
huir...
THEUDIA
Téngase, anciano:
contra ellos se alzó
bandera,
y yo voy
adondequiera
que la defienda un
cristiano.
Pero fatigado
estoy;
¿tenéis algo que
cenar?
ERMITAÑO Fruta seca os puedo dar;
no os regalo.
THEUDIA
Sobrio soy.
(El ERMITAÑO le pone delante
algunas frutas y una vasija con agua; THEUDIA come y bebe.)
ERMITAÑO
Ea, pues, tomad, sentaos.
Dadme la capa, os la cuelgo.
THEUDIA Que así
me tratéis me huelgo;
mas yo...
ERMITAÑO No; vos calentaos,
que bien lo necesitáis.
THEUDIA Buen
viejo, ¡por Dios que sí!
(El ERMITAÑO mira á la parte de afuera teniendo abierta la
puerta.)
Pero ¿qué hacéis
¡pese á mí!
que esa puerta no
cerráis?
¿No veis que empieza
á llover,
y el aire no hay
quien resista?
ERMITAÑO Eso es lo que me contrista.
THEUDIA Pues ¿qué
nos da que temer?
ERMITAÑO Nada; por un compañero
siento, en verdad,
pesadumbre.
THEUDIA ¿Fuera está?
ERMITAÑO Sí.
THEUDIA Ya costumbre
tendrá en ese ruin
sendero.
ERMITAÑO ¡Ay, infeliz! No lo sé.
Dios en sus pies
ponga tino.
THEUDIA Pues ¿no conoce el camino?
ERMITAÑO No siempre.
THEUDIA
Torpe es, á fe.
ERMITAÑO Hablad de él con más respeto,
que aunque es hoy bien desdichado,
hombre es que no fué criado
de invectivas para objeto.
THEUDIA Perdonad.
ERMITAÑO
De ello no hablemos;
sabedlo, que no es de más.
THEUDIA Si es que
me juzgáis quizás
útil, descender podemos
á ayudarle.
ERMITAÑO
No es preciso,
que todo el auxilio
humano
le fuera ofrecido en
vano;
mas estamos sobre
aviso.
(Va á la puerta otra vez)
THEUDIA (Aparte.)
¡Si equivocado me
habré
y á caer habré
venido
en la cueva de un
bandido!
(Veamos.) ¿Buen
viejo?
ERMITAÑO (Volviendo á
la escena.)
¿Qué?
THEUDIA Yo, como soldado, soy
algo hablador y
curioso.
Decidme, pues, si
enojoso
con mis preguntas no
estoy:
puesto que es un
compañero
ese hombre á quien
aguardáis,
¿por qué recelando
estáis
que no dé con el
sendero?
ERMITAÑO Porque es capaz por sí mismo,
si su demencia le
apura,
de abrirse la
sepultura
en el fondo de ese
abismo.
THEUDIA ¡Jesús! ¿La mente le falta?
ERMITAÑO De lo pasado el recuerdo
le pone tan sin
acuerdo,
que algunas veces le
asalta
una fiebre tan
cruel,
un delirio tan
insano,
que no hallo remedio
humano
que pueda acabar con
él.
Y aunque, ó engañado
estoy,
ó ningún acceso
extraño
le ha acometido hace
un año,
me temo que le dé hoy.
THEUDIA Y ¿sabe
de él la razón?
ERMITAÑO Guarda un silencio profundo
de lo que le hizo en el mundo
tan íntima sensación.
THEUDIA Picáis mi curiosidad;
de historia debe ser hombre.
ERMITAÑO Me ha callado hasta su nombre.
THEUDIA Padre, ¿os burláis?
ERMITAÑO No, en
verdad:
cinco años hace que vino
á demandarme asistencia
en una grave dolencia,
y estuvo á morir
vecino.
Mas sanó al fin, y
tornar
no quiso al mundo
otra vez,
viviendo en esta
estrechez
con una vida
ejemplar.
¡Oh! Si él su perdón
no alcanza
con vida tan
penitente;
no sé quién sea el
viviente
que de ello tenga
esperanza.
THEUDIA. Mas ¿no decís que está loco?
ERMITAÑO Dejóle su enfermedad
extrema
debilidad
que hirió su cerebro
un poco.
Y cuando en algún
acceso
el desdichado no
entra,
es un hombre en quien
se encuentra
mucho valor, mucho
seso;
mas cuando el mal le
acomete,
¡oh! entonces es
extremado.
THEUDIA Pero ¿nunca os ha contado?...
ERMITAÑO Jamás; y
si se le mete
conversasión de su historia,
según que tiembla y se espanta,
parece que se levanta
un espectro en su
memoria.
THEUDIA. ¡Es bravo caso, á fe mía,
y que atención me merece!
Y ¿en qué da cuando enloquece?
ERMITAÑO En una horrible manía.
Tiene consigo una
daga
que jamás del cinto quita,
y dice que está maldita
y que á su existencia amaga.
Y en su demencia al entrar,
exclama con gran pavor:
«Con ese puñal
traidor,
con ése, me ha de
matar.»
THEUDIA ¡Raro es,
por Dios! Y ¿conviene
con período ó día
alguno
fijo su mal?
ERMITAÑO Hoy es uno;
el más terrible que tiene.
THEUDIA ¡Hoy!
ERMITAÑO Por
eso es mi recelo
mayor.
THEUDIA ¿Sabéis
si ese hombre es
de esta tierra?
ERMITAÑO ¿Portugués?
Creo que no.
THEUDIA ¡Por el cielo,
que á ser español, podría
su demencia comprender!
ERMITAÑO Pero
¿qué tiene que ver
ese mal con este día?
THEUDIA ¡Hoy es
un día de hiel,
de luto, baldón y saña
para la infeliz España!
Y ¡ay de quien fué causa de él!
Mas hablemos de otra cosa.
¿Vos sois portugués?
ERMITAÑO Sí soy,
mas hace once años que estoy
morando aquí.
THEUDIA Y ¿no os acosa
el deseo de saber
lo que por el mundo
pasa?
ERMITAÑO Dióme el dolor tan sin tasa
y con tal tasa el placer
ese mundo que mentáis,
que los días de mis años
conté en él por desengaños,
y huyo de él.
THEUDIA Y lo acertáis.
ERMITAÑO Mas
callad... Oigo rumor
en la maleza. ¿Quién va?
RODRIGO (Dentro.)
Yo, hermano.
THEUDIA
¿Es él?
ERMITAÑO Aquí está.
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