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| José Zorrilla El caballo del rey Don Sancho IntraText CT - Texto |
(Don Ramiro corre el cerrojo de la puerta por donde entró la Reina.)
suben..., veamos lo que aquí me espera.
(Se cubro bien con el saco de soldado, aparentando estar de centinela.)
Ya basta, ¡vive Dios! Me importa hablarla,
(En la escena.)
¡Tanta osadía,
y en defender la entrada tanto empeño
GARCÍA ¡Tal vez tiene razón! ¿Á qué su sueño
turbar? Tranquila acaso en su inocencia,
duerme sin miedo á la fatal sentencia,
mientras que yo ¡ay de mí! tiemblo y me agito
en continuo velar, y aquí en mi pecho,
de la conciencia el torcedor maldito
halla en mi corazón ámbito estrecho.
Sí, por doquier me espanta mi delito,
y en torno de mi mesa y de mi lecho
ronda, y ante mis ojos se presenta,
y ante mí marcha y ante mí se sienta.
Mas venzamos las necias aprensiones
del corazón cobarde...; es fuerza hablarla:
apartaos, quiméricas visiones;
este es el torreón...; voy á llamarla.
(Don García va á poner mano al cerrojo que ha corrido D. Ramiro. Éste, al verlo, avanza dos pasos hacia él. Don García se detiene.)
GARCÍA Mas ¡cielos! ¿Quién está aquí?
que me oigáis...
GARCÍA ¿Cómo, qué? ¿Dónde está ese hombre?
RAMIRO No;
como á vil calumniador,
GARCÍA Acaba, no me entretengas
con necias bachillerías.
RAMIRO No son intenciones mías
pero ya que os hallo aquí,
para gobernaros.
RAMIRO El Rey, con una francesa
os trataba un matrimonio.
GARCÍA Sí.
RAMIRO Pues llevóle el demonio.
GARCÍA ¿Qué?
GARCÍA ¿Qué diablos estás diciendo,
RAMIRO Escuchad, que poco á poco
lo iréis, señor, entendiendo.
su buen padre, hecho una brasa,
por doquiera... ¡Inútilmente!
Pues bien; ese hombre..., el del potro,
vos, y á todos la ocultasteis
guardándola en esa torre.
GARCÍA Mas cuando ese hombre me achaca
¿qué espera de mí? ¿Qué de ella?
O ¿qué consecuencia saca?
RAMIRO Una, señor, muy sencilla:
GARCÍA ¿Y qué? Tan sandia impostura
es también ese tunante...,
GARCÍA Me confundes cada instante
más.
RAMIRO Pues poco hay que entender:
destruisteis para así
GARCÍA Sí.
RAMIRO Pues bien; él os torció el juego.
para obligaros después
á que, probando quién es,
de ella á Francia respondierais.
GARCÍA Pero en mi poder estando...
RAMIRO ¡Quia! A ofenderla, ¡vive Dios!
De modo que con lo mismo
¿Conque ese hombre, esa quimera,
conmigo por dondequiera
para contrariarme va?
RAMIRO Ya veis, dondequiera os reta.
Y aquí por calumniador,
GARCÍA Que venga, pues, ¡vive Dios!
Pues me hace tan cruda guerra,
RAMIRO No le llaméis, que, á mi ver,
GARCÍA Que venga, nada me espanta;
Ya veis que os tengo en un caos;
aun es tiempo, retractaos,
porque la victoria es mía.
RAMIRO No os ciegue el furor, garcía;
que aun para ello os doy un día.
GARCÍA No vivirás ni una hora.
(Don García, desde la puerta que se supone dar al caracol, llama bajando un escalón, de modo que oculte medio cuerpo en el bastidor, volviendo la espalda á la escena. Don Ramiro le empuja, cierra y corre el pasador.)