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ESCENA V
EL REY. Luego D.
GARCÍA
REY Pero ¡qué altivo tesón!
¡Oh, de ese viejo el
acento,
para agravar mi
tormento
renueva mi confusión!
¡Gran Dios, si fuera posible...
Pero no; ¿cómo podría
caber en mi hijo García
pensamiento tan horrible?
Así mi pena inclemente
á tanto extremo ha
llegado,
que temo hallarle
culpado
y temo hallarle
inocente.
GARCÍA ¡Estabais aquí, señor!
REY García, ¿tal
vez la hora
llegó ya?
GARCÍA
Pronto la aurora
va á alumbrar nuestro
dolor.
REY También como yo padece.
¡Infeliz!
GARCÍA Sí,
padre, mucho;
y esta pena con que
lucho,
por horas é instantes crece...
REY ¡Hijo!
GARCÍA De mí no soy dueño;
y en mi
ardiente frenesí...
ya no encuentro para
mí
ni tranquilidad ni sueño.
REY Y ¿por qué? ¿Porque
leal
á mi defensa
acudiste,
y el esplendor
defendiste
de mi corona Real?
¿Porque, afrontando el encono
de altivos conspiradores,
entregaste á los traidores
que profanaron mi trono?
GARCÍA ¡Oh, callad!
REY Tu corazón
con mis palabras aflijo.
GARCÍA Sí, sí.
REY El vasallo y
el hijo
cumplieron su obligación.
Ahora ya no hay qué
esperar
sino morir.
GARCÍA
(Suerte impía.)
REY ¡Y era tu madre! García,
ven, ven conmigo á
llorar;
llora su infelice
suerte,
ya que el destino
cruento
te escogió por
instrumento
de su castigo y su
muerte.
Llora, y luego á
sostener
nuestra justicia te
apresta,
para cumplir lo que
resta
de tu penoso deber.
GARCÍA ¡Mi madre!
REY
¡Cuánta ternura!
GARCÍA ¿No
hallará clemencia en vos?
REY ¡Clemencia! Téngala Dios
de mi negra desventura.
Contra su torpe
malicia,
como esposo y como
rey,
fié al brazo de la
ley
su crimen y mi
justicia.
Y yo su tremendo
fallo
respetaré, porque así
la ley se respete en mí
como en su primer vasallo.
Mas si no puedo
estorbar
su riguroso suplicio,
y este horrible
sacrificio
es ya fuerza
consumar,
no vea yo en ti, hijo
mío,
ese afán que no te deja,
ese dolor que te aqueja
desesperado y sombrío.
GARCÍA ¡Ah!
Consideradlo vos;
y si ver mi alma pudierais,
yo sé que os estremecierais.
REY Pon tu
confianza en Dios.
Deber fué en ti, no malicia,
y hoy, para mejor
probanza,
aquí sostendrá tu
lanza
tu inocencia y mi
justicia.
GARCÍA (Si eterno este dolor es,
ya no hay para mí
existencia.)
REY (Acercándose á la cortina de la tienda.)
¡De día ya!
GARCÍA
(Mi conciencia
me va arrastrando á sus pies.)
Señor...
REY Mira,
ya veloz
el alba á rayar
comienza.
GARCÍA (De temor y der vergüenza,
ni doy aliento á mi voz.)
REY Adiós; voy á disponer
que la ceremonia
empiece.
GARCÍA Oidme...
REY ¿Qué te
estremece?
Cumplamos nuestro deber.
(Vase.)
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