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José Zorrilla
El caballo del rey Don Sancho

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ESCENA V

EL REY. Luego D. GARCÍA

 

REY Pero ¡qué altivo tesón!

 ¡Oh, de ese viejo el acento,

 para agravar mi tormento

 renueva mi confusión!

 ¡Gran Dios, si fuera posible...

 Pero no; ¿cómo podría

 caber en mi hijo García

 pensamiento tan horrible?

 Así mi pena inclemente

 á tanto extremo ha llegado,

 que temo hallarle culpado

 y temo hallarle inocente.

 

GARCÍA ¡Estabais aquí, señor!

 

REY García, ¿tal vez la hora

 llegó ya?

 

GARCÍA              Pronto la aurora

 va á alumbrar nuestro dolor.

 

REY También como yo padece.

 ¡Infeliz!

 

GARCÍA             Sí, padre, mucho;

 y esta pena con que lucho,

 por horas é instantes crece...

 

REY ¡Hijo!

 

GARCÍA          De mí no soy dueño;

 y en mi ardiente frenesí...

 ya no encuentro para mí

 ni tranquilidad ni sueño.

 

REY Y ¿por qué? ¿Porque leal

 á mi defensa acudiste,

 y el esplendor defendiste

 de mi corona Real?

 ¿Porque, afrontando el encono

 de altivos conspiradores,

 entregaste á los traidores

 que profanaron mi trono?

 

GARCÍA ¡Oh, callad!

 

REY                   Tu corazón

 con mis palabras aflijo.

 

GARCÍA Sí, sí.

 

REY El vasallo y el hijo

 cumplieron su obligación.

 Ahora ya no hay qué esperar

 sino morir.

 

GARCÍA                 (Suerte impía.)

 

REY ¡Y era tu madre! García,

 ven, ven conmigo á llorar;

 llora su infelice suerte,

 ya que el destino cruento

 te escogió por instrumento

 de su castigo y su muerte.

 Llora, y luego á sostener

 nuestra justicia te apresta,

 para cumplir lo que resta

 de tu penoso deber.

 

GARCÍA ¡Mi madre!

 

REY                  ¡Cuánta ternura!

 

GARCÍA ¿No hallará clemencia en vos?

 

REY ¡Clemencia! Téngala Dios

 de mi negra desventura.

 Contra su torpe malicia,

 como esposo y como rey,

 fié al brazo de la ley

 su crimen y mi justicia.

 Y yo su tremendo fallo

 respetaré, porque así

 la ley se respete en mí

 como en su primer vasallo.

 Mas si no puedo estorbar

 su riguroso suplicio,

 y este horrible sacrificio

 es ya fuerza consumar,

 no vea yo en ti, hijo mío,

 ese afán que no te deja,

 ese dolor que te aqueja

 desesperado y sombrío.

 

GARCÍA ¡Ah! Consideradlo vos;

 y si ver mi alma pudierais,

 yo que os estremecierais.

 

REY Pon tu confianza en Dios.

 Deber fué en ti, no malicia,

 y hoy, para mejor probanza,

 aquí sostendrá tu lanza

 tu inocencia y mi justicia.

 

GARCÍA (Si eterno este dolor es,

 ya no hay para mí existencia.)

 

REY (Acercándose á la cortina de la tienda.)

 ¡De día ya!

 

GARCÍA                  (Mi conciencia

 me va arrastrando á sus pies.)

 Señor...

 

REY             Mira, ya veloz

 el alba á rayar comienza.

 

GARCÍA (De temor y der vergüenza,

 ni doy aliento á mi voz.)

 

REY Adiós; voy á disponer

 que la ceremonia empiece.

 

GARCÍA Oidme...

 

REY ¿Qué te estremece?

 Cumplamos nuestro deber.

(Vase.)

 




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