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| José Zorrilla El caballo del rey Don Sancho IntraText CT - Texto |
DICHOS. LA REINA y SESÉ, á una seña de D. Ramiro
RAMIRO Ya están aquí...; silencio, estadme atentos;
vos también escuchadme, don García,
y si después de oirme unos momentos
la espada alzáis, encontraréis la mía.
(Todos escuchan con asombro y ansiedad. Don Ramiro domina la escena, y recita con dignidad y calma.)
Conocí una mujer..., su nombre Caya.
RAMIRO Es grande historia. Esta matrona,
casada con un noble de Vizcaya,
su sien ceñía con feudal corona.
Un mancebo..., su nombra no hace al caso,
se prendó de su garbo y hermosura;
y ella incauta, él audaz, paso tras paso
fuéles prendiendo amor en red segura.
Él amante, altanera la matrona,
«á todo (la dijo él) por ti me atrevo:
¿quieres cambiar por otra esa corona?»
Y ella, que le entendió, picó en el cebo.
Una noche el Barón, su noble esposo,
a manos pereció de unos bandidos;
dolióse ella del caso lastimoso,
mas siguieron de entonces más unidos
los dichosos amantes. ¡Ay! ¿Qué dicha
es segura en la tierra? El mozo osado
heredó á poco un reino, y por desdicha
de Caya, otra mujer con el reinado.
El la aceptó, pues le traía en prenda
otra corona más, y aunque fingía
falaz con Caya, al fiin cayó la venda
que el corazón amante la cubría.
Dejóla el Rey, y en vez del matrimonio
que la ofreció, del reino desterróla
firmándola un inútil testimonio
para un infante que del Rey quedóla.
Y esta mujer, errante y expatriada...
(Se interrumpe.)
RAMIRO Sucumbió tras largo duelo,
a su hijo dando de la edad pasada
noticia, y por el Rey pidiendo al cielo.
y en Palestina y Francia aventurero
vivió, guardando siempre una esperanza
de ser al fin un noble verdadero.
Topó en Francia por fin á una condesa
que á otro príncipe estaba prometida,
la sedujo y huyó con la francesa,
y aquí vinieron á pasar la vida.
que dió el Rey á su madre, pasó este hombre
vida sin porvenir y sin destino,
sin descubrir su origen ni su nombre.
Dió el caso, que á un traidor, que conspiraba
por impensado azar, halló la huella,
y como en nada este hombre se ocupaba,
dió en seguir holgazán el rastro de ella.
Dios les puso á los dos frente por frente,
y por doquier se hallaban: disponía
el uno en unas ruinas plazo y gente,
y el otro sus secretos sorprendía.
Y...
RAMIRO Ya en concluir veo que tardo;
secreto es que callárosle no debo,
(Á la Reina.)
(Al Rey.)
don García el traidor, y yo el bastardo.
(Don Ramiro presenta al Rey el pergamino en cuestión, hincando la rodilla en tierra.)
REY Sí, es mi firma. ¡Hijo mío!
ciertos de la verdad ambos estamos;
si me tiendes tu mano, ésta es la mía;
si en tu demanda estás, al campo vamos.
REINA Tened, tened; el dedo del destino
manifiesto está aquí, y á la inocencia
el justiciero Dios abre camino.
Que no acrimino.
REY Yo revoco mi bárbara sentencia.
RAMIRO Y yo abrazo la causa de mi hermano:
deróguese la ley, y en su delito
sea el único juez... Dios Soberano.
(De rodillas.)
Pastor tiene la Iglesia, cuya mano
tiene poder y crédito infinito
de atar y desatar... Tu culpa llora,
y de Roma no más perdón implora.
¡Madre!
REINA Mas oye: don Ramiro debe
dar la mano á tu esposa prometida,
y en tu lugar también mando que lleve
tu parte de heredad por mí traída.
Sí: pues solo él á defender se atreve
mi calumniado honor con su honra y vida,
ved en qué precio su virtud estimo:
mi primogénito es; le legitimo.
REY Acepto. Abrid, heraldos, esa tienda.
(Lo Hacen y vuelve á quedar á la vista del público el palenque, cuya arena han ocupado ya los villanos, que, contenidos por los soldados, forman un numeroso grupo alrededor de la tienda.)
Pues mis armas vistió, ya es caballero:
pregonadlo á mi pueblo, y que esto entienda.
Yo le doy mi caballo: que altanero
sobre él las calles cruce; de la rienda
le lleven Reyes de armas, y que atienda
Navarra á que es su Príncipe heredero.
(Clarines y atabales en señal de pregón, y algo lejos tumulto, vivas. Traen más al centro de la escena. el caballo de D. Sancho. El pueblo se agolpa en derredor.)
y á implorar parte tu perdón de Roma.
GARCÍA (Con afán, y pronto á partir.)
Sí, partiré; mas á la vuelta mía,
si traigo, madre, un corazón sincero,
RAMIRO (Interrumpiéndolo y atajando á la Reina, que va á responder.)
yo tras ti quedo; vé, y en mi fe fía:
buen hermano seré; buen caballero.
(Don Ramiro y D. García se dan la mano, y éste parte por la izquierda seguido de Arjona, que se habrá confundido con la multitud durante la anterior escena. Don Ramiro monta á caballo, alejandose todos en tumulto aclamándole. Los Reyes de armas, de pie sobre los andamios del palenque y tremolando los pendones de Castilla, Navarra y Aragón, gritan cada cual á su correspondiente turno.)
(El que tiene el pendón de Castilla, dice:)
(El que tiene el de Navarra, dice:)
¡Viva el rey don Sancho de Navarra!
(El que tiene el de Aragón, dice:)
¡Viva el príncipe don Ramiro, Rey de Aragón!
(Los villanos aplauden, tiran por alto los birretes, etc. Tumulto.)