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ESCENA IV
DON GARCÍA y D. RAMIRO
RAMIRO Y ¿en qué
pensáis?
GARCÍA. ¿Por dó
entrasteis?
RAMIRO ¿No lo visteis? Por la
puerta.
¿Ó juzgáis que sea brujo
que entro por las
chimeneas?
Ya sé que el vulgo lo dice,
pero
¿yo?... ¡Vaya una idea!
(Riéndose.)
GARCÍA Acabemos
de una vez,
¡voto á Dios!..., quienquier que seas...
RAMIRO ¡Ésta es
mejor! ¿Estáis loco?
Pues me gusta
la manera
de
pagarme el hospedaje!
¡Bah! Dejad la espada quieta
y cenemos en sosiego,
que es lo que nos
interesa.
GARCÍA (No sé qué es lo que me
pasa:
jamás
vi tanta impudencia.)
RAMIRO Conque ¿qué hay nuevo en la corte?
¿Qué es lo que se sabe en ella
de don Sancho
vuestro padre?
¿Avanza mucho en la
guerra
con
los moros?
GARCÍA Los navarros
siempre en las
campañas llevan
lo
mejor, y hombre es mi padre
ante quien calla la tierra.
RAMIRO ¡Bien
dicho, viven los cielos!
(Sacan en un
canastillo platos, manteles; etc.)
Pero aquí está ya la cena,
y pues que viene a propósito,
vaciemos una
botella
con
un brindis á don Sancho
y
á su pronta y feliz vuelta.
(Llena las copas y le ofrece una.)
Tomad.
GARCÍA Yo no bebo.
RAMIRO Cómo!
Mirad que así las sospechas
corroboráis de quien
dice
que esperáis con impaciencia
la muerte de
vuestro padre
para
heredarle la hacienda.
GARCÍA ¡Villano!
RAMIRO
Bebed entonces,
y brindemos porque
vuelva.
GARCÍA No bebo nunca.
RAMIRO ¡Ésta es otra!
Pues ¿qué hacéis en esas fiestas
y en esas orgias en
que
pasáis las noches
enteras?
¡Bah, bah! Tomad esa copa
y sin recelo bebedla,
que no es mano de
traidor,
señor, quien os la
presenta.
GARCÍA Hablemos
de una vez claro,
que siento que
mi paciencia
se
va menguando, y escúchame.
RAMIRO Hablad.
GARCÍA
Quienquiera que seas,
ya
hombre vulgar como todos,
ya
ministro de esa ciencia
diabólica
y misteriosa
que
lo escondido penetra;
siquiera fueres el mismo
espíritu de
tinieblas,
hombre soy en cuyo
pecho
ningún vil
temor se alberga,
que he nacido en regia cuna
y sangre de rey me
alienta.
Cómo he venido á esta casa,
y á qué, no creo que deba
á tus ojos
esconderse,
y esas ambiguas
maneras
que usas conmigo,
intenciones
recónditas
manifiestan.
Pues bien; de una vez declárate,
que á mí nada
me amedrenta
cuando
en la ocasión me encuentro.
RAMIRO ¡Bah! Todo eso es bagatela;
aquí
estáis en vuestra casa,
aunque
os roa la conciencia
al
acordaros del modo
con que habéis entrado en ella.
Pero eso no es dé cuidado.
Si
os pareció hermosa Elena,
si
á galantearla vinisteis,
si
os rechazó esquiva ella,
todo eso es muy natural
y no sale de las
reglas:
vos ignorabais que es
de otro,
y ella ignoraba quién
erais.
Y en cuanto á esos temores,
que parece que os
inquietan,
sobre quién
soy ó quién no,
sólo
son vanas quimeras.
Confieso que hago una
vida
montaraz en estas peñas,
y que á veces tengo
antojos
tan raros y tan
diversas
costumbres de las que
suelen
los hijos de Adán y
Eva,
que tiene razón el
vulgo
cuando me hace en mil
consejas
el héroe misterioso
y el poder que las
maneja.
Mas veo que estáis inquieto
y que volvéis con
frecuencia
los ojos á esa
ventana.
¡Ah! Ya caigo: bajo de ella
habéis la
gente apostado
para
que os guarde la puerta.
Bien hecho; pero si os place
mandaré que en mis
paneras
los alojen, que hace
frío
y ningún peligro
altera
la
comarca. Juan...
JUAN (Saliendo.)
Señor...
RAMIRO A ésos que allá bajo esperan
hospedaje
da y regálalos
con
todo cuanto apetezcan.
GARCÍA (¡Cielo
santo! ¿Qué hombre es éste?
Mas disimular es fuerza,
pues tanto en
sí no podría
fiar
si solo estuviera.)
Gracias, huésped; mas
son muchos
y
os van á causar molestia...
RAMIRO Nada de eso.
GARCÍA
A más, ya es tarde,
y en esa vecina aldea
nos esperan los
caballos
y monteros.
RAMIRO
¡Qué simpleza!
¿Ir á atravesar el
valle
con
una noche como ésta?
No, no; aquí la
pasaréis,
y
mañana, cuando vuelva
el
claro sol, todos juntos
á la corte iremos.
Ea,
remitid, pues, los cumplidos
y sentaos. Nada
alegra
ni entona mejor á un
hombre,
que un par de viandas
recias
y un par de sabrosos
tragos
de pura sangre de
cepa.
GARCÍA Sea: ¿por
qué como huésped
despreciar
tales ofertas
con
mala cara? Escanciad,
y
brindo á vuestra franqueza,
y á los ojos de esa hermosa,
sea de vos lo que
sea...
RAMIRO Sí, sí,
bebamos en tanto
que se pasa la
tormenta,
y con la copa en la
mano
la mañana nos
sorprenda.
Bebed, y el ceño severo
desembozad.
GARCÍA Sí, ¡por Dios!
que veo, huésped, en
vos
un bizarro compañero.
RAMIRO Dispuesto á cuanto gustéis,
sea de paz ó de guerra.
GARCÍA Fama por toda esta tierra
de gran corazón tenéis.
Dicen que en estas montañas
no hay quien
os resista un bote,
ni
fiera á quien no acogote
vuestro
puño.
RAMIRO
¡Bah! Patrañas:
no
niego que soy osado;
y cual veis recio y fornido,
jamás me he
visto vencido
cuando
á reñir me han sacado.
Pero no habléis de
ello vos.
Con justador tan famoso,
el
jayán más vigoroso,
¿qué tiene que ver?
GARCÍA ¡Por Dios,
que á ser como
bravo noble,
y príncipe cual vasallo,
jinete en un buen
caballo
y con buen lanzón de
roble,
en cierta
fiesta que espero
dar
muy pronto, me holgaría
teneros
de parte mía
como
al mejor caballero!
RAMIRO Lo siento de corazón,
mas
no es posible.
GARCÍA Me
pesa.
RAMIRO Me he metido en otra empresa
de más especulación.
GARCÍA ¿De más? Ignoráis
la mía.
RAMIRO Yo nada ignoro, señor.
GARCÍA Esto salvo.
RAMIRO
Es un error
que
padecéis, don García.
GARCÍA Yo no creo á ningún hombre
con
sobrehumano poder,
y mal podéis vos saber
lo aquí aún...
RAMIRO
No os asombre;
bien
sé que con tanta maña
conducís vuestros secretos,
que aun los que están
más sujetos
en la red de su
maraña
su parte saben
no más
y
aunque á soltarse llegara
cualquier
nudo, no soltara
el
nudo de los demás.
Y está bien; pues de ese modo
contáis seguro
vivir.
Mas ¿no hais oído
decir
que
el diablo lo sabe todo?
GARCÍA Voto á...
RAMIRO
¡Bah! No os enojéis
si
en vuestro secreto os hablo;
es
porque al cabo, del diablo
ocultarlo
no podéis.
Parece que esto que
os digo,
algo
en vuestro ánimo influye;
mas
el vulgo me atribuye
cierto
prestigio... ¡Ay, amigo!
¡El diablo es gran
personaje!
Y en todas artes maestro,
no hay humano
que en lo diestro
ni en lo sabio le aventaje.
Mas ya es hora de dormir;
en lo dicho
meditad,
y
consecuencia sacad
de aquí para el porvenir.
En esta alcoba tenéis
blanda cama; si
queréis,
dadme hora en que se
os despierte
para partir á
Pamplona.
GARCÍA Enviadme á
Lucas de Arjona,
y yo haré con él de
suerte
que sin que se os
incomodo
yo esté
servido, y mi gente
esté
á hora competente
pronta
á lo que me acomode.
RAMIRO Voy á enviárosle, señor.
Dios os guarde.
GARCÍA El os asista.
RAMIRO (No te perderé de vista.)
GARCÍA (No te escaparás, traidor.)
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