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ESCENA VI
DON GARCÍA y LUCAS DE ARJONA
GARCÍA ¿Qué es
esto, Arjona?
ARJONA ¿Qué es
esto,
señor?
GARCÍA Lo
ignoro á estas horas.
ARJONA Y yo también.
GARCÍA.
Ese huésped
con
tanta doblez se porta,
que
aun me mantiene indeciso
entre
el temor y la cólera.
¿Y mis monteros?
ARJONA Lo
mismo
que
vos. Han pasado cosas
allá
abajo, que del vulgo
las
hablillas corroboran.
GARCÍA ¿Cómo?... ¡Qué dices!
ARJONA Que el
diablo
parece que cartas
toma
en el juego de esta
noche.
GARCÍA Pues ¿qué pasa?
ARJONA Es una
historia.
GARCÍA Habla; sepámosla pronto
y
evitemos...
ARJONA
Ante todas
cosas,
señor, es preciso
que
sepáis que, con faz torva,
cuando
hacia aquí me condujo
el huésped, me dijo: «Arjona,
si en algo estimas tu
vida,
dile á tu amo que en
todas
las paredes de esta casa,
ojos, oídos y bocas
hay, que ven, oyen y
cuentan
lo que entre ellas
pasa».
GARCÍA ¡Hola!
Pues en cuenta lo tendremos.
Lucas, por si acaso,
ronda
por esos cuartos vecinos;
en todas las puertas
dobla
los pasadores; en esa
antesala las dos
hojas
cierra de la puerta,
mientras
yo voy á ver si en
esta otra
hay salida ó
escondite,
y luego se hará en la
alcoba
igual registro,
veamos.
(Don García y Arjona
entran y salen; D. García por la derecha y Arjona por el fondo.)
ARJONA Aquí hay una puerta sola,
sin
más ventana ni armario
ni
trasto que se interponga;
la
pared lisa y no más.
GARCÍA Lo mismo pasa en esta otra
cámara;
ni en esta alcoba
(La del fondo derecha.)
tampoco
hay nada: habla, pues;
ya estamos, Lucas, á solas.
Y cercado este aposento
de cámaras espaciosas
y solitarias,
no hay miedo;
conque
siéntate, y di, Arjona.
ARJONA Pues atendedme, señor:
tenía
yo con mi tropa
toda
esta casa maldita
circundada
á la redonda,
cuando
salió de ella un hombre
y
enderezó á mi persona;
díjome que vos pasabais
la noche aquí: en una
copa
como un pilón
de una fuente,
nos hizo echar una ronda.
Después nos condujo él mismo
á una casucha á ésta
próxima,
diciendo que allí
tendríamos
que cenar con
vuestras sobras,
pues tal era vuestra
orden.
GARCÍA ¡Cuerpo de
tal! De mi propia
boca debiste
venir
á tomarla.
ARJONA
Esa fué cosa
que
me ocurrió, mas no pude
ponerla,
señor, por obra.
Me sentaron á la
mesa,
trajeron con qué hacer boca,
y el que hacía de
Anfitrión
no me dejó á sol ni á
sombra.
Yo ya intenté á la deshecha
colarme por
una y otra
cámara,
mas él siguióme
como
sirviéndome. Sorda
desde
entonces la sospecha
me
royó el alma. Así toda
la
casa anduvimos ambos,
y
á nadie topé. Una olla
de
agua al fuego vi no más
en la cocina, y seis lonjas
de jabalí en las
parrillas:
¡para cuarenta, gran cosa!
Mas ¡juzgad de mi
sorpresa
cuando
vi que una tras otra
sirvieron ricas viandas
y buen vino en tazas
hondas!
GARCÍA Es que
tendrán las cocinas
en otra parte.
ARJONA
Es que ahora
viene
lo mejor: la mesa
nos
la serviría una moza
como
un sol.
GARCÍA Pues ¡gran pedrada!
ARJONA Mas como las licenciosas
lenguas
de vuestros monteros
al momento se
desbocan,
empezaron á hacerse
agua
con la niña.
GARCÍA
Y vergonzosa,
¿se os escabulló?
ARJONA Y aquí entra,
lo más negro de la
historia:
en su lugar á
servirnos
entró, bajo horrible
forma...
GARCÍA ¿Alguna vieja?
ARJONA
Peor:
el mismo diablo en
persona;
un etíope, con la
cara
más obscura que la
sombra.
Quedámonos como piedras,
pues nos trajo á la memoria
las consejas que se cuentan
de esta casa; mas Luis Torras,
que tiene un vino insolente
y un alma como hay
muy pocas,
le preguntó por la chica.
El etíope, á la boca
se llevó la luz, y
abriéndola,
nos mostró las fauces rojas,
mas sin lengua. En esto el huésped
entró, y héme aquí.
GARCÍA Me asombra
tu relato, tanto más,
cuanto que aquí he
visto cosas
que me dan que
sospechar
alguna traición,
Arjona.
ARJONA ¡Cómo!
GARCÍA Al
instante, es preciso
que de esta casa salgamos,
y á sus dueños sorprendamos.
ARJONA Mas sin
que demos aviso
á la gente...
GARCÍA
¿Es muy distante
donde se aloja?
ARJONA Si fuera
posible que yo
saliera
de aquí, todo era un
instante.
Están en unas paneras
á este edificio
contiguas.
GARCÍA Bueno: á tus mañas antiguas
vuelve; ¿escalador no
eres?
ARJONA Me llevaba en su partida
vuestro padre en los
asaltos.
GARCÍA Ea, pues,
mayores saltos
habrás dado en esta vida.
Salta por esa ventana.
ARJONA Pero, señor, ¿y la reja?
GARCÍA Es de
palo, y está vieja.
(La rompe.)
Ya está rota; tierra
gana
en cuanto afirmes el pie,
y ven con mi gente á mí.
ARJONA Pero ¿y vos?
GARCÍA
Tranquilo aquí
vuestra vuelta
aguardaré;
que es muy astuto el
patrón,
y es fuerza que le imitemos
si salir bien pretendemos.
ARJONA Príncipe,
tenéis razón.
GARCÍA Si
vuelves, los más bizarros
mete por aquí conmigo;
queden los demás contigo,
y Cristo con los navarros.
ARJONA Voy, pues.
(Baja por la ventana; D. García le ayuda.)
GARCÍA Arjona, con tiento.
(Aparece D. Ramiro por el fondo derecha.)
ARJONA Soltadme; ya estoy seguro.
GARCÍA Vé, que
con el huésped, juro
que he de hacer un escarmiento.
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