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ESCENA VII
DON GARCÍA y D.
RAMIRO
RAMIRO Decidlo bajo.
GARCÍA
¡Gran Dios!
¿Vos aquí?
RAMIRO
Viéndolo estáis.
GARCÍA Mas ¿cómo? ¿Por dónde entráis?
RAMIRO Por dónde, no es para vos.
Tratáis de iros, don García;
en buen hora, libre os dejo;
mas escuchadme un consejo
que os interesa, á fe mía.
Hay un hombre que os espía,
que sabe cuanto intentáis,
que os escucha cuando habláis,
que cuanto pensáis sorprende,
que os penetra y os comprende
aun lo que á solas soñáis.
Mirad, pues, lo que emprendéis,
porque si no andáis con tino,
en vuestro mismo camino
es fuerza que os le encontréis.
Y sé que á nadie teméis,
que alienta sangre Real
vuestro valor
proverbial;
mas mirad que hay experiencia
de que es la mala conciencia
el contrario más fatal.
GARCÍA Pues conoces mi valor
y estás viendo que te escucho,
verás que no temo mucho
tu vaticinio
impostor.
No, no me infunden pavor
las extrañas aventuras
de que con artes obscuras
me has hecho el juguete aquí,
pues cuanto sepas de mí
no serán más que imposturas.
RAMIRO ¿Queréis
que hora á hora os cuente
cuanto hoy por vos ha pasado?
GARCÍA ¡Va!
RAMIRO Pues
bien: ¿no habéis estado
hoy
en la ermita del puente?
GARCÍA Sí.
RAMIRO ¿No habéis
á vuestra gente
puesto y día
señalado?
GARCÍA Sí.
RAMIRO ¿No
enviasteis á cada uno
un emisario diverso,
para que en un caso
adverso
no lo pierda todo
alguno.
GARCÍA Sí.
RAMIRO ¿No es la
última señal
para que rompan la
valla,
el caballo de batalla
y el paramento Real
de vuestro padre?
GARCÍA ¡Ah!
RAMIRO Si en él
salís jinete á
pasearos,
al volver, ¿no han de
aclamaros
rey de Navarra?
GARCÍA Sí.
RAMIRO Y fiel
vuestro bando á estas
señales,
¿no estará en
tranquilidad
si salís por la
ciudad
sin los paramentos
Reales?
GARCÍA Sí.
RAMIRO Y la Reina,
vuestra madre,
que es quien os estorba sólo,
¿no acaba de ser con dolo
acusada á vuestro padre...
GARCÍA ¡Cielos!
RAMIRO De un crimen horrible
de adulterio?
GARCÍA ¡Santo Dios!
RAMIRO Y el
acusador sois vos...,
que me parece increíble.
GARCÍA Sí, todo es cierto.
RAMIRO ¡Pardiez!
En ese caso, señor,
estudiad para otra
vez
vuestro papel de traidor.
GARCÍA Pesadilla,
espectro, ú hombre
que mis secretos más graves
cual yo mismo lees y sabes...
¿quién eres? ¿Cuál es tu nombre?
RAMIRO ¿Confesáis
que cuanto os hablo
es la verdad, don García?
GARCÍA Sí.
RAMIRO Pues soy desde este día
vuestro ángel ó vuestro diablo.
Doquiera tras vos iré,
uniré á vos mi destino,
vuestro malo ó buen camino,
diablo ó ángel,
seguiré.
GARCÍA ¡El diablo! Invención grosera
que sólo en el vulgo cabe;
mas oye, quien tanto sabe,
fuerza es que me mate ó muera.
Nadie me amedrenta, no;
puédeme el diablo
vender,
y aquí el diablo ha
de caer,
ó aquí bajo él caeré
yo.
RAMIRO Tened: caerá uno, sí,
mas advertid, don García,
que ni hoy ha de ser el día,
ni el sitio ha de ser aquí.
Por esa noble matrona
tiempo vendrá en que lidiemos,
y uno de los dos caeremos.
GARCÍA (Con la espada en la mano.)
Cúbrete, pues.
RAMIRO
No; en Pamplona.
(Don Ramiro al fin de esta escena se habrá ido retirando al
fondo hacia la puerta por donde salió, la cual cierra de repente, dejando á D.
García solo en la escena. Al mismo tiempo sale por fuera de la casa Arjona con
monteros y caballerizos, con armas y antorchas. Don García se abalanza á la
puerta por donde entró D. Ramiro, y Arjona sube al mismo tiempo por la ventana,
y varios tras él.)
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