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ESCENA I
DON GARCÍA. Después
ARJONA
GARCÍA Ya va la mañana entrando
y aun no parece ese hombre.
ARJONA Señor...
GARCÍA
¡Ah! ¡Gracias á Dios!
¿Cómo estamos?
ARJONA Como anoche.
Desplomáronse uno á
uno
los tostados
paredones.
GARCÍA ¿Y qué?
ARJONA
Nadie ha parecido;
conque quedan los traidores
debajo de los escombros
como bajo siete montes.
GARCÍA ¿No hay,
pues, temor?
ARJONA No hay
ninguno.
GARCÍA ¡Ay! Una losa de bronce
me quitas el corazón;
somos salvos.
ARJONA Se supone.
Nadie salió de las
llamas,
ya lo visteis; desde
entonces
doblé las guardias en torno,
y ahora los muertos tizones
revuelve la gente nuestra,
de Luis Torras á las órdenes.
Todo lo están registrando,
y con todo cuanto logren
les mandé venir al punto.
GARCÍA Bien,
Lucas.
ARJONA
¡Vaya una noche!
Cosa de magia parece.
¡Si vierais cuántos sudores
me costó hacerlos que entraran
á revolver los carbones!
Todavía se temían
que aquel espantoso etíope
de los escombros se alzara,
con su amo dando mandobles.
GARCÍA ¡Mas si se salvó!...
ARJONA ¡Imposible!
La casa encima
cayóle,
y él, viéndose descubierto,
allí achicharrar dejóse
por no dar en nuestras manos.
GARCÍA ¡Ojalá!
ARJONA Dios
le perdone.
Mas ¿tanto ese hombre
estorbaba?
GARCÍA Era muralla de bronce
puesta á mi paso: mis
planes
exactamente conoce.
ARJONA ¡Cómo!
GARCÍA
Todos me los dijo.
ARJONA Si él era solo, temores
vanos desechad del
alma,
y no receléis que
torne.
Allí yacerá enterrado
entre los negros
terrones,
como á un raposo á
quien ciegan
su cueva los
cazadores.
GARCÍA Arjona, todo lo temo
de aquel maldito.
ARJONA Aprensiones,
señor; los muertos no
vuelven
al mundo más.
GARCÍA
Me corroen
el corazón hasta
ahora
desconocidos pavores,
y... Arjona, ya no
hay remedio;
fuerza es que hoy
mismo se logre
ó se pierda todo. Tú
sé el escondido
resorte
que mueva toda la
máquina
de mis proyectos. Vé, corre,
busca á los que en ese escrito
llevan marcados los nombres,
que éstos buscarán á otros,
y éstos á otros, y el golpe
será seguro; vé y diles
que treguas ni dilaciones
no hay ya; que hoy es nuestro día,.
y ya la seña conocen.
El caballo de batalla
de mi padre...
ARJONA
¿Y si se opone
don Pedro Sesé?
GARCÍA ¡Oponerse!
ARJONA Como está sólo á sus órdenes
la caballeriza Real,
y al partir
recomendóle
mucho el Rey ese
caballo,
es muy fácil que os
lo estorbe.
Cambiad la seña.
GARCÍA No hay tiempo.
Ya imposible es que
trastorne
de la concertada
empresa
las señales ni las
voces:
fuera arriesgarse por
poco,
y pueden algunos
torpes...
No, están en lo del
caballo,
y temo que se malogre
si los mudo la señal.
ARJONA Mas si ese viejo de bronce,
os rehusa...
GARCÍA Está previsto:
de mi padre espero
orden
de prenderle con la
Reina.
ARJONA ¡Cómo!
GARCÍA De
un crimen enorme
son reos.
ARJONA
Pero ¿eso es cierto?
GARCÍA Eso no te corresponde
averiguar: obedéceme
sin meterte en más cuestiones.
ARJONA Señor...
GARCÍA Si Sesé se obstina,
sin aguardar á la orden
de mi padre, los
acuso
en público, y acabóse.
Ea, pues, de aquí á una hora
que todo, Arjona, se apronte.
ARJONA Así se hará.
GARCÍA
Corre, pues,
y ¡el diablo con los mejores!
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