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ESCENA IX
LA REINA y D. GARCÍA.
GARCÍA ¿Qué es lo
que ocurre, señora,
que con tal prisa y afán
tras mí vuestros pajes van?
¿Qué pasa de nuevo ahora?
Un momento ha me tuvisteis
con vos en este lugar,
¿y ahora me tenéis que hablar?
¿Por qué entonces no lo hicisteis?
REINA Porque entonces no sabía
lo que ha llegado
después
á mis oídos.
GARCÍA Y ¿qué es?
REINA Lo sabrás.
GARCÍA
¡Por vida mía,
será otro cuento del
viejo
Sesé! Vasallo más
fiel
no tenéis; nada sin
él
podéis, ni sin su consejo.
Sois con él harto benigna,
Y le otorgáis tal franqueza,
que á ser su privanza empieza
de una noble dama
indigna.
REINA ¡García!
GARCÍA No
os irritéis,
madre; mas que haya
un vasallo
que se meta en si un
caballo
darme ó no darme
debéis,
y que pueda más con vos
que el hijo de vos nacido,
es cosa que me ha ofendido
y que me extraña, ¡por Dios!
REINA Y ese
insolente lenguaje
me está ya haciendo, García,
sospechar que no te hacía
quien te acusó grande ultraje.
GARCÍA Quien me
acusó...; pienso quién:
Sesé, sin duda...
REINA Él, ú otro.
GARCÍA ¿De haberos pedido el potro?
REINA Pues.
GARCÍA ¿Lo
quería él también?
Yo que vos, se le daría,
que entre él y yo, él es primero.
REINA Diérasele
al pregonero
antes que á vos, don García.
GARCÍA Lo que con
vos puede veo;
pero ya es mío, señora,
y á demandármele ahora
que no habrá quien ose creo.
REINA (Con ironía.)
¿Le has elegido tal
vez
por su nobleza y
vigor,
para algún campo de
honor
ó alguna lid de gran
prez?
GARCÍA No sé qué misterio encierra
vuestro tono, mas me
temo
que estamos en el
extremo
de la paz ó de la
guerra.
REINA Eso depende de ti:
las frases que á salir van
de tu boca, esas serán
tu ley.
GARCÍA Pues oidlas.
REINA Di.
GARCÍA Hombre soy
ya, y soy tan hombre,
que decir bien alto puedo
que en Navarra ha
puesto miedo
de mi valor el
renombre.
De un reino heredero
soy,
prenda de mi Real
linaje,
y me cansa tanto
ultraje
como recibiendo
estoy.
Mi padre el Rey me
desprecia,
de su sangre en desacato,
por un viejo mentecato
que de leal se le
precia.
Y él, y vos, y todo el mundo
me faltáis al descubierto;
pero de hoy más, os
lo advierto,
no quiero ser el
segundo.
Me harta ya ver que
el cariño
paternal, para mí
escaso,
me desaira á cada
paso
como mientras era niño.
Y pues el cielo lo ha
hecho
y he nacido Real infante,
madre, de aquí en adelante
yo sostendré mi
derecho.
Nadie ha de ir sobre
mí
siendo yo el hijo del
Rey,
así lo dice la ley,
y yo he de exigirlo así.
REINA Pues
mientras esté en mi mano
del rey don Sancho el poder,
vos tendréis que
obedecer
mi capricho soberano.
GARCÍA No os halague esa esperanza,
que no he de ser un pechero
que sirve de aventurero
á quien le compra su lanza.
No, ¡vive Dios! Ya á caballo
y empeñado el trance fiero,
veremos quién es primero,
veremos quién el
vasallo.
REINA ¡Insensato! No tendrás
ni un corcel mientras
yo viva
que en sus lomos te reciba,
y el de don Sancho, jamás.
GARCÍA No tanto, por vuestra vida,
blasonéis de bríos, madre,
que sólo el Rey es mi padre,
y cuando cuentas os pida
del poder con que os dejó,
veremos qué cuentas dais.
REINA Más
cumplidas que esperáis
se las daré.
GARCÍA
Tal vez no.
REINA ¡Basta, traidor, basta ya,
que la verdad sin rebozo
en tus ímpetus de mozo
revelándoseme está!
GARCÍA ¡Señora!
REINA ¡Traidor, responde
sin turbarte ni mentir:
¿adónde intentas hoy
ir
con ese caballo?
GARCÍA ¿Adónde?
Y ¿qué os importa?
REINA Tu cara
palidece: el corazón,
García, te hace traición,
y por la faz te declara.
Silencio: bien manifiesta
tu infamia veo.
GARCÍA
Acabemos
de una vez.
REINA
Acabaremos
si tienes una
respuesta.
¿Qué viste, villano,
en mí,
para osar torpe á mi
honor?
GARCÍA ¡Cielos!
REINA ¿Qué viste, traidor,
para mancillarme así?
GARCÍA ¡Rayos del cielo! No más
añadáis... ¡Oh! Me
han vendido.
Mas si creen que he
sucumbido,
se engañaron...; no,
jamás.
Ya es tarde para
ceder;
dijo bien quien tal os dijo,
sí, que á luchar madre é hijo
van, poder contra poder.
REINA Miente
quien diga que tú eres
de la sangre de mis venas
nacido, miente; las hienas
no nacen de las mujeres.
Rebelde y calumniador,
yo te ganaré la mano.
GARCÍA Débil
mujer, será en vano
todo ese inútil furor.
Ya hemos saltado la
valla
ambos á dos, ya nos hemos
conocido, y no podemos
rehusarnos la
batalla.
Veamos quién vencedor
sale de entrambos ahora.
(La Reina va hacia la puerta para llamar á su gente,
diciendo:)
REINA Veamos. ¡Hola!
(El Príncipe lo ataja el paso, y corre el cerrojo a la
puerta.)
GARCÍA Señora,
teneos.
REINA ¡Cómo,
traidor!
GARCÍA Ya no hay
más voz que la mía:
para vos, de este, momento
es prisión vuestro aposento.
¡El rey aquí es don García!
REINA ¡Miserable!
¿Presa yo?
GARCÍA Presa por
el rey, por mí.
REINA ¿Tú rey de
Navarra?
GARCÍA Sí.
RAMIRO (Presentándose.)
¿Rey? ¡Bah! Todavía
no.
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