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| José Zorrilla El caballo del rey Don Sancho IntraText CT - Texto |
ESCENA IV
DON GARCÍA y D. RAMIRO
RAMIRO Y ¿en qué pensáis?
GARCÍA. ¿Por dó entrasteis?
RAMIRO ¿No lo visteis? Por la puerta.
¿Ó juzgáis que sea brujo
que entro por las chimeneas?
Ya sé que el vulgo lo dice,
pero ¿yo?... ¡Vaya una idea!
(Riéndose.)
GARCÍA Acabemos de una vez,
¡voto á Dios!..., quienquier que seas...
RAMIRO ¡Ésta es mejor! ¿Estáis loco?
Pues me gusta la manera
de pagarme el hospedaje!
¡Bah! Dejad la espada quieta
y cenemos en sosiego,
que es lo que nos interesa.
GARCÍA (No sé qué es lo que me pasa:
jamás vi tanta impudencia.)
RAMIRO Conque ¿qué hay nuevo en la corte?
¿Qué es lo que se sabe en ella
de don Sancho vuestro padre?
¿Avanza mucho en la guerra
con los moros?
GARCÍA Los navarros
siempre en las campañas llevan
lo mejor, y hombre es mi padre
ante quien calla la tierra.
RAMIRO ¡Bien dicho, viven los cielos!
(Sacan en un canastillo platos, manteles; etc.)
Pero aquí está ya la cena,
y pues que viene a propósito,
vaciemos una botella
con un brindis á don Sancho
y á su pronta y feliz vuelta.
(Llena las copas y le ofrece una.)
Tomad.
GARCÍA Yo no bebo.
RAMIRO Cómo!
Mirad que así las sospechas
corroboráis de quien dice
que esperáis con impaciencia
la muerte de vuestro padre
para heredarle la hacienda.
GARCÍA ¡Villano!
RAMIRO Bebed entonces,
y brindemos porque vuelva.
GARCÍA No bebo nunca.
RAMIRO ¡Ésta es otra!
Pues ¿qué hacéis en esas fiestas
y en esas orgias en que
pasáis las noches enteras?
¡Bah, bah! Tomad esa copa
y sin recelo bebedla,
que no es mano de traidor,
señor, quien os la presenta.
GARCÍA Hablemos de una vez claro,
que siento que mi paciencia
se va menguando, y escúchame.
RAMIRO Hablad.
GARCÍA Quienquiera que seas,
ya hombre vulgar como todos,
ya ministro de esa ciencia
diabólica y misteriosa
que lo escondido penetra;
siquiera fueres el mismo
espíritu de tinieblas,
hombre soy en cuyo pecho
ningún vil temor se alberga,
que he nacido en regia cuna
y sangre de rey me alienta.
Cómo he venido á esta casa,
y á qué, no creo que deba
á tus ojos esconderse,
y esas ambiguas maneras
que usas conmigo, intenciones
recónditas manifiestan.
Pues bien; de una vez declárate,
que á mí nada me amedrenta
cuando en la ocasión me encuentro.
RAMIRO ¡Bah! Todo eso es bagatela;
aquí estáis en vuestra casa,
aunque os roa la conciencia
al acordaros del modo
con que habéis entrado en ella.
Pero eso no es dé cuidado.
Si os pareció hermosa Elena,
si á galantearla vinisteis,
si os rechazó esquiva ella,
todo eso es muy natural
y no sale de las reglas:
vos ignorabais que es de otro,
y ella ignoraba quién erais.
Y en cuanto á esos temores,
que parece que os inquietan,
sobre quién soy ó quién no,
sólo son vanas quimeras.
Confieso que hago una vida
montaraz en estas peñas,
y que á veces tengo antojos
tan raros y tan diversas
costumbres de las que suelen
los hijos de Adán y Eva,
que tiene razón el vulgo
cuando me hace en mil consejas
el héroe misterioso
y el poder que las maneja.
Mas veo que estáis inquieto
y que volvéis con frecuencia
los ojos á esa ventana.
¡Ah! Ya caigo: bajo de ella
habéis la gente apostado
para que os guarde la puerta.
Bien hecho; pero si os place
mandaré que en mis paneras
los alojen, que hace frío
y ningún peligro altera
la comarca. Juan...
JUAN (Saliendo.)
Señor...
RAMIRO A ésos que allá bajo esperan
hospedaje da y regálalos
con todo cuanto apetezcan.
GARCÍA (¡Cielo santo! ¿Qué hombre es éste?
Mas disimular es fuerza,
pues tanto en sí no podría
fiar si solo estuviera.)
Gracias, huésped; mas son muchos
y os van á causar molestia...
RAMIRO Nada de eso.
GARCÍA A más, ya es tarde,
y en esa vecina aldea
nos esperan los caballos
y monteros.
RAMIRO ¡Qué simpleza!
¿Ir á atravesar el valle
con una noche como ésta?
No, no; aquí la pasaréis,
y mañana, cuando vuelva
el claro sol, todos juntos
á la corte iremos. Ea,
remitid, pues, los cumplidos
y sentaos. Nada alegra
ni entona mejor á un hombre,
que un par de viandas recias
y un par de sabrosos tragos
de pura sangre de cepa.
GARCÍA Sea: ¿por qué como huésped
despreciar tales ofertas
con mala cara? Escanciad,
y brindo á vuestra franqueza,
y á los ojos de esa hermosa,
sea de vos lo que sea...
RAMIRO Sí, sí, bebamos en tanto
que se pasa la tormenta,
y con la copa en la mano
la mañana nos sorprenda.
Bebed, y el ceño severo
desembozad.
GARCÍA Sí, ¡por Dios!
que veo, huésped, en vos
un bizarro compañero.
RAMIRO Dispuesto á cuanto gustéis,
sea de paz ó de guerra.
GARCÍA Fama por toda esta tierra
de gran corazón tenéis.
Dicen que en estas montañas
no hay quien os resista un bote,
ni fiera á quien no acogote
vuestro puño.
RAMIRO ¡Bah! Patrañas:
no niego que soy osado;
y cual veis recio y fornido,
jamás me he visto vencido
cuando á reñir me han sacado.
Pero no habléis de ello vos.
Con justador tan famoso,
el jayán más vigoroso,
¿qué tiene que ver?
GARCÍA ¡Por Dios,
que á ser como bravo noble,
y príncipe cual vasallo,
jinete en un buen caballo
y con buen lanzón de roble,
en cierta fiesta que espero
dar muy pronto, me holgaría
teneros de parte mía
como al mejor caballero!
RAMIRO Lo siento de corazón,
mas no es posible.
GARCÍA Me pesa.
RAMIRO Me he metido en otra empresa
de más especulación.
GARCÍA ¿De más? Ignoráis la mía.
RAMIRO Yo nada ignoro, señor.
GARCÍA Esto salvo.
RAMIRO Es un error
que padecéis, don García.
GARCÍA Yo no creo á ningún hombre
con sobrehumano poder,
y mal podéis vos saber
lo aquí aún...
RAMIRO No os asombre;
bien sé que con tanta maña
conducís vuestros secretos,
que aun los que están más sujetos
en la red de su maraña
su parte saben no más
y aunque á soltarse llegara
cualquier nudo, no soltara
el nudo de los demás.
Y está bien; pues de ese modo
contáis seguro vivir.
Mas ¿no hais oído decir
que el diablo lo sabe todo?
GARCÍA Voto á...
RAMIRO ¡Bah! No os enojéis
si en vuestro secreto os hablo;
es porque al cabo, del diablo
ocultarlo no podéis.
Parece que esto que os digo,
algo en vuestro ánimo influye;
mas el vulgo me atribuye
cierto prestigio... ¡Ay, amigo!
¡El diablo es gran personaje!
Y en todas artes maestro,
no hay humano que en lo diestro
ni en lo sabio le aventaje.
Mas ya es hora de dormir;
en lo dicho meditad,
y consecuencia sacad
de aquí para el porvenir.
En esta alcoba tenéis
blanda cama; si queréis,
dadme hora en que se os despierte
para partir á Pamplona.
GARCÍA Enviadme á Lucas de Arjona,
y yo haré con él de suerte
que sin que se os incomodo
yo esté servido, y mi gente
esté á hora competente
pronta á lo que me acomode.
RAMIRO Voy á enviárosle, señor.
Dios os guarde.
GARCÍA El os asista.
RAMIRO (No te perderé de vista.)
GARCÍA (No te escaparás, traidor.)