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Escena primera
ROMANO, solo.
ROMANO Señor, Tú,
que al más mezquino
gusano
infundes aliento
para
que pueda contento
cumplir
su vital destino;
Tú, cuyo soplo divino
á cuanto crece y respira
fe en tu omnipotencia
inspira,
no dejes que sólo el
hombre
tu poder tenga y tu
nombre
por una inútil
mentira.
Fué rey, y se ve
sin trono;
noble, y se ve sin honor;
soldado, y perdió el
valor.
¿Qué le resta
en su abandono?
Doquier cree tu eterno encono
ver; nadie en su mal le abona;
todo el mundo
le abandona;
vuelve
¡oh Dios! al que olvidado
se
ve rey, noble y soldado,
sin
valor, honra y corona.
Jesús, hijo de
María,
Redentor del universo,
por
el justo y el perverso
expiraste
el mismo día.
Duélete de su agonía,
por la que en la cruz
sufriste,
y que no imagine el
triste
que si por todos
bajaste,
al desdichado
olvidaste
y
al pecador redimiste.
Mas ya es de noche; el nublado
espesa; brilla
la llama
del
relámpago; el mar brama
á lo
lejos irritado.
¡Infeliz! Él, descarriado,
ni aun verá los
elementos
turbarse, y á pasos
lentos
cruzando el
monte sin tino,
lo arrastrará el torbellino
de sus tristes
pensamientos.
En fin, Dios cuidará de él.
Nada se puede esperar
de
tan intenso pesar
ni de infortunio tan cruel.
Henchido tiene de hiel
su
corazón, y enemigo
siempre
invencible, consigo
le
lleva siempre. (Escuchando) Ya creo
que sube.. Pero, ¡qué veo!
(Entra THEUDIA embozado)
¿Quién es?
THEUDIA
(Mostrándose)
Un antiguo amigo.
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