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José Zorrilla
La Calentura

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Escena IV

DON RODRIGO y THEUDIA

RODRIGO ¡Theudia!

THEUDIA               Señor...

RODRIGO                            Escúchame. Tenía

 sed de volverte á ver, de hablar contigo,

 porque tú ves la desventura mía

 tan inmensa cual es; porque testigo

 de mi poder y de mi gloria un día,

 tú solo puedes consolarme amigo;

 porque rey, necesito un caballero,

 no un monje en mi pesar por compañero.

THEUDIA Es un siervo de Dios.

RODRIGO                                Mas nunca ha sido

 ni soldado ni rey; ni nació godo;

 ni vió jamás su nombre escarnecido

 y su honor arrastrado por el lodo;

 ni se vió de su pueblo maldecido,

 y rechazado, en fin, del mundo todo.

 ¿Qué decir puede semejante amigo

 al inmenso dolor de don Rodrigo?

 Nada. Siento exaltarse mi cabeza

 en esta soledad, y se enloquece

 débil ya mi razón. Sí; la pereza

 de esta vida inactiva me enflaquece.

 Theudia, bullir en mi cerebro siento

 mil siniestras imágenes, que aumenta

 como una inundación cada momento.

THEUDIA Quimeras son con que Satán os tienta.

RODRIGO ¡Pero odiosas, proféticas acaso!

 ¡Tentaciones horribles que no puedo

 vencer! ¡Qué vida tan horrenda paso,

 Theudia! ¡Ah, no me abandones! Tengo miedo.

THEUDIA ¡Miedo, señor! ¿De qué?

RODRIGO                                      Theudia, de todo;

 de todo cuanto siento y cuanto miro;

 de todo cuanto lleva un nombre godo:

 de Dios, de mí, del aire que respiro.

THEUDIA ¿De Dios? ¿No es infinita su clemencia?

RODRIGO Y también su justicia. ¿Crees que alcanza

 un día de forzada penitencia,

 el rayo á detener de su venganza?

 No; un reino entero pereció á mis manos

 por mi crimen fatal, y un pueblo entero,

 esclavo de los fieros africanos,

 venganza pide contra mí..., y yo infiero

 que Dios se la ha de dar. La tierra hispana,

 tinta en la sangre de mi pueblo humea,

 sangre doquiera que la huella mana,

 sangre por mí vertida! Hay una idea

 arraigada en mi mente, una profunda

 convicción en mi seno guarecida,

 en que mi sino proverbial se funda,

 y que es, Theudia, el tormento de mi vida,

THEUDIA ¡Superstición!

RODRIGO                           Tal vez; pero se aferra

 más cada día al corazón; se extiende

 más cada día por mi mente, y cierra

 más mi horizonte á cada punto: atiende.

 Es la ley celestial; sobre la tierra

 abre Dios un infierno al rey que vende,

 cual yo, á sus pueblos; á este rey malvado

 le señala un espíritu, que impío

 le acosa, al pueblo hasta dejar vengado;

 y yo siento ese espíritu á mi lado

 que venga de su rey al reino mío.

THEUDIA ¡Superstición!

RODRIGO                       No, no; yo , yo creo

 que, de Dios mensajero, trasvaga

 Inístico ser que por doquier me amaga,

 y por doquiera junto á mí lo veo.

THEUDIA Mas ¿quién es ese ser?

RODRIGO                                      No ; un fantasma

 que marcha tras de mí cuando camino;

 su huella siento, y terror me pasma;

 va á mi lado, es mi sombra, mi destino.

 Escucha: á veces, á la luz postrera

 del día, bajo hacia la mar; me place

 verla estrellarse humilde en la ribera,

 al triste son que con sus hondas hace.

 ¿Qué busco allí? No . Voy arrastrado

 allí por un instinto poderoso,

 á esperar al fantasma, amedrentado;

 porque le temo, aunque le busco ansioso,

 y no en vano. Del África viniendo,

 acercarse le veo de ola en ola,

 su caprichosa oscilación siguiendo,

 la playa hasta tocar callada y, sola,

 Huyo al verle llegar, y me parece

 (yo no si es el viento que murmura);

 mas creo que se ríe y me escarnece,

 y en lengua que no , volver me jura.

THEUDIA. ¡Mísero!

RODRIGO                Hoy le esperé; del horizonte

 destacarse le vi, crecer, llegarse

 más que nunca visible; huí hacia el monte,

 mas mi sangre sentí paralizarse

 cuando lo lanzar hondo lamento

 que estuvo en tierra para dar conmigo,

 y gritarme le : «¡Vuelve, Rodrigo

 Y esta vez fué su voz, no la del viento.

THEUDIA Fué, señor, vuestra loca fantasía;

 fué que la soledad y la abstinencia

 exaltan vuestra mente cada día

 más, y os minan la frágil existencia.

RODRIGO Theudia, ya te he dicho: esta es la hora

 del crimen; es el de hoy el mismo, día

 del año, y esa sombra vengadora

 sale hoy á reclamarme del abismo.

 El eco de su voz, en mi memoria

 toda entera evocó la edad pasada;

 sí, todo cuanto fué, toda mi historia;

 fué voz por un espíritu lanzada.

THEUDIA Fué voz por vuestro espíritu forjada.

RODRIGO ¡Ah! Lo ignoras tal vez. Hoy ha diez años

 que á Florinda ultrajé.

(THEUDIA va á hablar, D. RODRIGO le pone la mano en la boca)

                                  No lo repitas.

 Hoy en la soledad ecos extraños

 que te devolverían mis malditas

 palabras...; pero sábelo: á esta hora...

 en mi palacio de Toledo... Aun veo

 aquella escena amante, abrasadora;

 veo aun su rostro virginal que llora...,

 y aun ¡sacrílego amor! que la amo creo.

THEUDIA ¡Señor!

RODRIGO            ¿Tú alguna vez en el seguro

 recinto del palacio no la viste?

THEUDIA ¡Jamás la conocí, ¡mas la maldigo!

RODRIGO ¡Theudia! Inocente fué; yo te lo juro.

THEUDIA Pero os perdió su amor.

RODRIGO                                     ¿Quién le resiste

 cuando Dios nos le da para castigo?

THEUDIA ¡Infeliz!

RODRIGO           ¡Lloras, Theudia! Te comprendo:

 te inspiro compasión.

THEUDIA                                 Señor, sí lloro,

 es porque vos no veis y yo estoy viendo

 que Dios, que de piedad es un tesoro,

 á vos me guía por su propia mano,

 porque guíe desde hoy vuestro destino

 porque os recuerde yo que el ser humano

 tiene su origen en el Ser divino.

 Avergüénceos, pues, vuestra locura;

 los ojos levantad al Dios que dijo:

 «Venid á mí en las horas de amargura;

 padre, os perdono en nombre de mi hijo» 

 Necesitáis trabajo y ejercicio;

 las fieras de las selvas nos convidan

 á sacudir de la pereza el vicio,

 y así echaréis las sombras que se anidan,

 de la inercia á favor, en vuestro juicio.

 ¿Recordáis que sois rey? He aquí un vasallo.

 ¿Que sois harto infeliz? He aquí un amigo.

 ¿Cenobita os hacéis? Como batallo,

 rezo; mandad, llorad, orad conmigo,

 pronto á partir con vos la vida me hallo;

 tendréis en mí un esclavo, don Rodrigo;

 de cuanto vuestro fué, yo solo os quedo,

 mas aun sois para mí rey de Toledo.

 Mientras que viva yo, vuestra ventura

 seguirá, atado siempre á vuestra huella;

 si os condena la suerte á vida obscura,

 no ha de faltaros, pese á vuestra estrella,

 ni un vasallo que os cave sepultura,

 ni un amigo leal que os llore en ella;

 y siempre queda mundo, don Rodrigo,

 al que le queda Dios y un buen amigo.

RODRIGO Theudia, tienes razón; Dios te me envía

 cual hora de consuelo y de bonanza

 en la borrasca de la angustia mía,

 cual iris mensajero de esperanza;

 tienes razón: tú irás siempre conmigo.

THEUDIA Siempre.

RODRIGO              Y emprenderemos otra vida

 mejor para mi espíritu.

THEUDIA                                   Y os digo que

 cobraréis vuestra quietud perdida.

RODRIGO Batiremos el monte.

THEUDIA                               Y volveremos

 con hambre á la cabaña.

RODRIGO                                     Y de la lumbre

 al amor, de otros tiempos hablaremos.

THEUDIA Y oraremos también.

RODRIGO                                Tengo costumbre

 de orar al acostarme.

THEUDIA                                 Pues lo haremos

 juntos todas las noches.

RODRIGO                                          Me temía,

 Theudia, que el campamento.,...

THEUDIA                                                  ¿Lo cristiano

 en mí amenguara? ¡Oh, no! Con alegría

 sufro, y tengo fe en Dios.

RODRIGO 

(Con amargura)

                                        ¿La corte mía

 frecuentaste?

THEUDIA                    Jamás; noble he nacido,

 mas vivir en la corte no he querido

 nunca.

RODRIGO          Por eso crees, y el alma pura

 conservas y leal.

THEUDIA                         Es lo que ahora

 necesita, señor, vuestra amargura:

 fe cierta, y lealtad consoladora.

 Mas se hace tarde; reposad tranquilo

 esta noche, señor, y nuestra nueva

 vida mañana empezará. Este asilo

 es seguro, y no hay nadie que se atreva

 á penetrar en esta selva.

RODRIGO                                     Pero

 si esta noche...

THEUDIA                        El pavor echad del alma;

 yo estoy con vos, y yo soy un guerrero.

RODRIGO Mas ¿ya no te me irás?

THEUDIA                                   Dormid en calma,

 señor; yo velo aquí.

RODRIGO                              No; estás rendido

 de fatiga; esta noche necesitas

 reposo tú. Mi lecho muy mullido

 no es, mas yo te le doy con infinitas

 albricias por tu vuelta.

THEUDIA                                  ¿Y vos?

RODRIGO                                              Un rato

 quiero estarme á la vera de la lumbre

 conmigo mismo á solas.

THEUDIA                                     Mas...

RODRIGO                                               Ingrato

 el sueño huye de mí, y es mi costumbre

 recogerme á altas horas.

THEUDIA                                     Hoy, empero,

 no tardaréis.

RODRIGO                   No á fe, que con el día

 te pienso despertar. , pues; lo quiero.

THEUDIA Os obedezco.

RODRIGO                      , y en mí confía;

 yo te despertaré.

(Va D. RODRIGO á sentarse á la lumbre; THEUDIA, contemplándole, dice desde la puerta, levantando los ojos al cielo:)

THEUDIA ¡Dios justiciero,

 yo adoro tu piedad! Si tardo un poco,

 desventurado rey, le encuentro loco.

 




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