| Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText |
| José Zorrilla La Calentura IntraText CT - Texto |
sed de volverte á ver, de hablar contigo,
porque tú ves la desventura mía
tan inmensa cual es; porque testigo
de mi poder y de mi gloria un día,
tú solo puedes consolarme amigo;
porque rey, necesito un caballero,
no un monje en mi pesar por compañero.
ni soldado ni rey; ni nació godo;
ni vió jamás su nombre escarnecido
y su honor arrastrado por el lodo;
ni se vió de su pueblo maldecido,
y rechazado, en fin, del mundo todo.
¿Qué decir puede semejante amigo
al inmenso dolor de don Rodrigo?
Nada. Siento exaltarse mi cabeza
en esta soledad, y se enloquece
débil ya mi razón. Sí; la pereza
de esta vida inactiva me enflaquece.
Theudia, bullir en mi cerebro siento
mil siniestras imágenes, que aumenta
como una inundación cada momento.
THEUDIA Quimeras son con que Satán os tienta.
RODRIGO ¡Pero odiosas, proféticas acaso!
¡Tentaciones horribles que no puedo
vencer! ¡Qué vida tan horrenda paso,
Theudia! ¡Ah, no me abandones! Tengo miedo.
THEUDIA ¡Miedo, señor! ¿De qué?
de todo cuanto siento y cuanto miro;
de todo cuanto lleva un nombre godo:
de Dios, de mí, del aire que respiro.
THEUDIA ¿De Dios? ¿No es infinita su clemencia?
RODRIGO Y también su justicia. ¿Crees que alcanza
un día de forzada penitencia,
el rayo á detener de su venganza?
No; un reino entero pereció á mis manos
por mi crimen fatal, y un pueblo entero,
esclavo de los fieros africanos,
venganza pide contra mí..., y yo infiero
que Dios se la ha de dar. La tierra hispana,
tinta en la sangre de mi pueblo humea,
sangre doquiera que la huella mana,
sangre por mí vertida! Hay una idea
arraigada en mi mente, una profunda
convicción en mi seno guarecida,
en que mi sino proverbial se funda,
y que es, Theudia, el tormento de mi vida,
RODRIGO Tal vez; pero se aferra
más cada día al corazón; se extiende
más cada día por mi mente, y cierra
más mi horizonte á cada punto: atiende.
Es la ley celestial; sobre la tierra
abre Dios un infierno al rey que vende,
cual yo, á sus pueblos; á este rey malvado
le señala un espíritu, que impío
le acosa, al pueblo hasta dejar vengado;
y yo siento ese espíritu á mi lado
que venga de su rey al reino mío.
RODRIGO No, no; yo sé, yo creo
que, de Dios mensajero, tras mí vaga
Inístico ser que por doquier me amaga,
y por doquiera junto á mí lo veo.
THEUDIA Mas ¿quién es ese ser?
que marcha tras de mí cuando camino;
su huella siento, y dé terror me pasma;
va á mi lado, es mi sombra, mi destino.
Escucha: á veces, á la luz postrera
del día, bajo hacia la mar; me place
verla estrellarse humilde en la ribera,
al triste son que con sus hondas hace.
¿Qué busco allí? No sé. Voy arrastrado
allí por un instinto poderoso,
á esperar al fantasma, amedrentado;
porque le temo, aunque le busco ansioso,
y no en vano. Del África viniendo,
acercarse le veo de ola en ola,
su caprichosa oscilación siguiendo,
la playa hasta tocar callada y, sola,
Huyo al verle llegar, y me parece
(yo no sé si es el viento que murmura);
mas creo que se ríe y me escarnece,
y en lengua que no sé, volver me jura.
RODRIGO Hoy le esperé; del horizonte
destacarse le vi, crecer, llegarse
más que nunca visible; huí hacia el monte,
mas mi sangre sentí paralizarse
cuando lo oí lanzar hondo lamento
que estuvo en tierra para dar conmigo,
y gritarme le oí: «¡Vuelve, Rodrigo,»
Y esta vez fué su voz, no la del viento.
THEUDIA Fué, señor, vuestra loca fantasía;
fué que la soledad y la abstinencia
exaltan vuestra mente cada día
más, y os minan la frágil existencia.
RODRIGO Theudia, ya te he dicho: esta es la hora
del crimen; es el de hoy el mismo, día
del año, y esa sombra vengadora
sale hoy á reclamarme del abismo.
El eco de su voz, en mi memoria
toda entera evocó la edad pasada;
sí, todo cuanto fué, toda mi historia;
fué voz por un espíritu lanzada.
THEUDIA Fué voz por vuestro espíritu forjada.
RODRIGO ¡Ah! Lo ignoras tal vez. Hoy ha diez años
(THEUDIA va á hablar, D. RODRIGO le pone la mano en la boca)
No lo repitas.
Hoy en la soledad ecos extraños
que te devolverían mis malditas
palabras...; pero sábelo: á esta hora...
en mi palacio de Toledo... Aun veo
aquella escena amante, abrasadora;
veo aun su rostro virginal que llora...,
y aun ¡sacrílego amor! que la amo creo.
RODRIGO ¿Tú alguna vez en el seguro
recinto del palacio no la viste?
THEUDIA ¡Jamás la conocí, ¡mas la maldigo!
RODRIGO ¡Theudia! Inocente fué; yo te lo juro.
THEUDIA Pero os perdió su amor.
cuando Dios nos le da para castigo?
RODRIGO ¡Lloras, Theudia! Te comprendo:
es porque vos no veis y yo estoy viendo
que Dios, que de piedad es un tesoro,
á vos me guía por su propia mano,
porque guíe desde hoy vuestro destino
porque os recuerde yo que el ser humano
tiene su origen en el Ser divino.
Avergüénceos, pues, vuestra locura;
los ojos levantad al Dios que dijo:
«Venid á mí en las horas de amargura;
padre, os perdono en nombre de mi hijo»
Necesitáis trabajo y ejercicio;
las fieras de las selvas nos convidan
á sacudir de la pereza el vicio,
y así echaréis las sombras que se anidan,
de la inercia á favor, en vuestro juicio.
¿Recordáis que sois rey? He aquí un vasallo.
¿Que sois harto infeliz? He aquí un amigo.
¿Cenobita os hacéis? Como batallo,
rezo; mandad, llorad, orad conmigo,
pronto á partir con vos la vida me hallo;
tendréis en mí un esclavo, don Rodrigo;
de cuanto vuestro fué, yo solo os quedo,
mas aun sois para mí rey de Toledo.
Mientras que viva yo, vuestra ventura
seguirá, atado siempre á vuestra huella;
si os condena la suerte á vida obscura,
no ha de faltaros, pese á vuestra estrella,
ni un vasallo que os cave sepultura,
ni un amigo leal que os llore en ella;
y siempre queda mundo, don Rodrigo,
al que le queda Dios y un buen amigo.
RODRIGO Theudia, tienes razón; Dios te me envía
cual hora de consuelo y de bonanza
en la borrasca de la angustia mía,
cual iris mensajero de esperanza;
tienes razón: tú irás siempre conmigo.
THEUDIA Siempre.
RODRIGO Y emprenderemos otra vida
cobraréis vuestra quietud perdida.
al amor, de otros tiempos hablaremos.
juntos todas las noches.
Theudia, que el campamento.,...
en mí amenguara? ¡Oh, no! Con alegría
(Con amargura)
¿La corte mía
THEUDIA Jamás; noble he nacido,
mas vivir en la corte no he querido
nunca.
RODRIGO Por eso crees, y el alma pura
necesita, señor, vuestra amargura:
fe cierta, y lealtad consoladora.
Mas se hace tarde; reposad tranquilo
esta noche, señor, y nuestra nueva
vida mañana empezará. Este asilo
es seguro, y no hay nadie que se atreva
RODRIGO Pero
si esta noche...
THEUDIA El pavor echad del alma;
yo estoy con vos, y yo soy un guerrero.
RODRIGO Mas ¿ya no te me irás?
de fatiga; esta noche necesitas
reposo tú. Mi lecho muy mullido
no es, mas yo te le doy con infinitas
quiero estarme á la vera de la lumbre
conmigo mismo á solas.
THEUDIA Mas...
el sueño huye de mí, y es mi costumbre
no tardaréis.
RODRIGO No á fe, que con el día
te pienso despertar. Vé, pues; lo quiero.
yo te despertaré.
(Va D. RODRIGO á sentarse á la lumbre; THEUDIA, contemplándole, dice desde la puerta, levantando los ojos al cielo:)
yo adoro tu piedad! Si tardo un poco,
desventurado rey, le encuentro loco.