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Manuel José Quintana
El duque de Viseo

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EscenaVIII

ENRIQUE, ATAIDE, ASÁN, ALÍ, GUARDIAS. - Dichos.

ATAIDE.

     Aquél es; vos de su labio

 

Os podéis cerciorar.

MATILDE.

                   ¡Oh Dios eterno!

 

Él es, él es: ¡ay tristes de nosotros!

ENRIQUE.

¡Insensato! Sin duda el justo cielo

 

Por castigar tu atrevimiento loco

 

Aquí te trajo delirante y ciego.

 

¿Quién eres? Mas ¿qué dudo? El miserable

 

Que de Matilde sorprendió el afecto,

 

Y que en engaños pérfidos envuelve

 

Su tierna edad y su inocente pecho.

OREN.

Sí, yo soy; no quien debe a los engaños

 

De su apacible amor el bien inmenso;

 

Mi fe llamó su fe sencilla y pura,

 

Su dulce llama se encendió en mi fuego.

ENRIQUE.

Pues sabe que esa llama es en tu daño

 

Un espantoso inapagable incendio

 

Que te va a devorar: tiembla. ¿Conoces

 

En mí el rival de tu infeliz deseo?

OREN.

Sí, te conozco: en tu insensato orgullo

 

Piensas que al verme en tu presencia tiemblo,

 

Y tu poder frenético me inspira

 

Sólo abominación y menosprecio.

 

¿Yo temblar? Pues, tirano, ¿soy acaso

 

Quien la ha arrancado del hogar paterno?

 

¿Soy el que aspira a conseguir cariños

 

De un corazón con la violencia opreso?

 

Tu bárbara injusticia tiemble sola,

 

No yo, que a ti tan superior me veo.

 

Aquí, en tu alcázar, a tus mismos ojos,

 

De tus viles satélites en medio,

 

Y de tu furia entera amenazado,

 

Triunfando estoy de ti. ¿No lo estás viendo?

 

Ella me ama. A nuestros dulces votos

 

Mirándote presente a tu despecho,

 

Allá dentro de ti mi suerte envidias,

 

Y yo la tuya sin cesar detesto.

MATILDE.

(Poniéndose en medio de los dos.)

¡Ah! ¿Qué haces, infeliz? Ve que te pierdes.

 

 

Y vos, señor, en vuestro noble pecho

 

 

Recordad vuestro nombre, y no a mancharos...

 

ENRIQUE.

(Separándola.) Quítate.- ¿Tú quién eres? En el seno

 

 

De tu fortuna humilde no se crían

 

 

Una arrogancia y ademán tan fieros.

 

 

Dilo; no aguardes a exhalar tu vida

 

 

Al rigor de los hórridos tormentos

 

 

Que te preparo.

 

OREN

  A vista del peligro

 

 

Jamás mi nombre se miró encubierto

 

 

Soy tu igual en poder, igual en sangre

 

 

Es el conde de Oren quien estás viendo.

 

MATILDE.

¡Desdichado! ¿Qué escucho? ¡En cuál abismo

 

 

Me quisisteis hundir, injustos cielos!

 

 

¡Uno me oprime! ¡Otro me engaña! ¡Ingrato!

 

OREN.

Perdona; te engañé, yo lo confieso:

 

 

Quise deber tu amor a mi amor sólo,

 

 

No a la opulencia ni al poder ni al miedo.

 

ENRIQUE.

Pues bien, ni tu poder ni tu opulencia,

 

 

Ni el amor que te trajo aquí encubierto,

 

 

Ni el amor que te tienen y es tu gloria,

 

 

Te librarán de mi rencor violento.

 

 

Ataide, que a una torre del castillo

 

 

Sea prontamente arrebatado; y preso

 

 

De Oren el conde, se acostumbre en ella

 

 

A respetar al duque de Viseo.

 

(ATAIDE y una parte de los guardias rodean a OREN.)

 

ORES.

¡Infame! En insultarme, en oprimirme,

 

 

Cuando me ves sin armas indefenso,

 

 

La ley de los cobardes has seguido,

 

 

No la prez ni el honor de caballero.

 

 

Si digno fueras de tu noble sangre,

 

 

Si digno de tu nombre, en campo abierto

 

 

La dama a tu rival disputarías,

 

 

Blandiendo airado el generoso acero.

 

 

¿Escuchas al valor? Más los crueles

 

 

Siempre cobardes y menguados fueron:

 

 

Responde; tu igual soy.

 

ENRIQUE.

      Tu fin entonces,

 

 

Sin ser por el combate menos cierto,

 

 

Más bello y más espléndido sería.

 

 

Tú has entrado en mi alcázar encubierto

 

 

Y a fuer de un miserable disfrazado

 

 

Yo no conozco así los caballeros.

 

 

Muere pues como un vil oscuramente.-

 

 

Llevadle.

 

(ATAIDE y los guardias salen con OREN.)

 

MATILDE.

       A mí con él, ministros fieros,

 

 

Sacrificad también; vedme aquí pronta.

 

ENRIQUE.

Separadlos. -Asán, llévala lejos

 

 

De mí, donde la ingrata se decida

 

 

Entre su elevación o su escarmiento.

 

(ASÁN y ALÍ se llevan a MATILDE por un lado, y ENRIQUE y el resto de los guardias se van por el otro.)

 




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